jueves, 14 de enero de 2010

PARA LEER DESPACIO (PLD): "¡Sé un hombre!"

Si "ser un hombre" implica...

... estar en guardia constantemente, esperando lo peor de las personas que no conozco y tratarlas con distancia y lejanía...

... no mostrar emociones consideradas débiles en público...

... ser indiferente a todo lo que no tenga que ver conmigo, cercano o en las antípodas...

... avasallar con mi presencia, mis modales y mi voz a quien considere mi contrario o mi inferior...

... crearme un halo entre mis semejantes que me haga inaccesible a todo cuanto considere indigno de mí antes de que me vean...

... perder la capacidad de asombrarme, la curiosidad a secas y sin segundas intenciones...

... sentir admiración, respeto o agradecimiento, y no manifestarlo...

... adquirir el hábito de analizar fríamente todo cuanto veo u oigo, sin dejar que las conclusiones me afecten lo más mínimo...

... confundir pragmatismo permisivo con cobardía...

... sumarme a la multitud por algo de lo que no estoy nada convencido, pero cuyos fines me sirven...

... exigir mis derechos siempre y por encima de todo, en cualquier circunstancia...

... preocuparme por mi futuro, desvinculándolo del presente...

... aceptar mis responsabilidades sólo si los demás aceptan las suyas...

... cumplir con unas expectativas impuestas en las que no creo, a pesar de disponer de todos los medios...

... rechazar mis limitaciones, mis desánimos, combatirlas hasta el último aliento, y exigir a los demás que cumplan también con lo mismo...

...y ser hipócrita o fingir ser más en todo cuando no lo soy...


... entonces no quiero ser un hombre.

viernes, 8 de enero de 2010

"¿Falta grave?"

Uno de los errores más comunes de la filosofía es su desvinculación dogmática y académica de la vida real. Sólo estuve en contacto con esa asignatura medio curso, pero fue suficiente como para hacerme con unas bases que vendrían a definir cómo NO debe hacerse filosofía.

Bien, al grano. Esta mañana, dormitando ante un sudoku difícil y calentito, dejé suelto mi razonamiento. Y mediante una cadena de recuerdos, justificaciones, actuaciones, etc., se me ocurrieron las siguientes conclusiones.

Un ser vivo tiende a mirar por la supervivencia de la especie. No soporta estar solo, sin ningún semejante al lado, aunque sea más allá de sus territorios. Simplemente identifica las señales que el vecino le deja para indicar su existencia, y las cruza en la tregua periódica de las épocas de celo.

Bien. Una de las formas de sociabilidad es básica, tanto que se aprende de cachorros: no hacer daño físico, porque en los juegos con sus hermanitos, se aprende lo que sufre si se muerde demasiado fuerte, o araña, o golpea, o le quita la comida... Esto último se puede debatir, por supuesto. Pero si no amenaza a la supervivencia y hay alimento o bebida suficiente, se comparte sin ningún problema. Así que una de las finalidades de los juegos con los semejantes de la manada, o de la tribu, o de la comunidad, es hasta qué punto un hecho puede calificarse como "daño" y experimentar eso de primera mano, para abstenerse de volver ahí en el futuro.. salvo si las circunstancias lo empujan (hambre, sed, lucha por la pareja, colaboración mutua frente a terceros o extraños...). La empatía, definida muy bien en la frase: "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí".

Toda generación joven debe adaptarse velozmente al medio para poder sobrevivir solos cuanto antes. Uno de esos aspectos es el social. El ser humano es un animal social. Vive con otros seres humanos en sociedad, en un espacio relativamente pequeño y concentrado, y colaborando con ellos para sobrevivir. Aún así, hay roces, desencuentros, abusos, violencias...

Aunque parezca mentira, el ser humano es empático por naturaleza. Nunca he visto cómo resultaría la experiencia, pero... me gustaría saber cómo se comportan un grupito de bebés de cierta edad entre sí, si vivieran solos en un espacio cerrado, sin influencias de los adultos: con comida y bebida suministrados a su entera voluntad y sus necesidades básicas cubiertas, me gustaría llegar a ver si realmente se hacen daño entre sí y hasta qué grado. Salvo por los mencionados juegos, curiosidad por saber y experimentar de primera mano qué se siente si se hace daño o se provoca daño, y si se insiste en ello una vez probado el método...

Uno de los rasgos fundamentales de la empatía es la culpa. No la culpa social, la que se presta a manipulaciones más o menos hipócritas y soterradas para conseguir fines retorcidos, sino el remordimiento íntimo. En muchos seres humanos emocionalmente adultos, el remordimiento por una forma de actuación pasada especialmente dañina hacia otros semejantes puede ser autodestructivo. Si se es consciente del sufrimiento que ha provocado, de las consecuencias de un fallo, distracción, dejadez, abuso, indiferencia, empecinamiento en el error, fanatismo... los recuerdos de su actuación vendrán a reconcomerle el resto de su vida. Dependerá de su forma de ser y de encarar las cosas el que dichos recuerdos le aguijoneen más o menos.

Por eso, en las guerras, en las batallas, los soldados que se enfrentan entre sí, los que ponen las manos, el cuerpo, las caras, los ojos... a destruirse mutuamente, son los que quedan más "tocados del ala". Y sin embargo, su actuación se anula para la posteridad. El mérito se lo quedan los generales, los oficiales, los que mantienen su visión preclara detrás de las líneas, ejerciendo sus estrategias más o menos acertadas, como una partida de ajedrez. Los vencedores regresan a sus palacetes colmados de honores, vanagloridados, ensalzados hasta la naúsea. Pero no así los soldados rasos, que dicho sea de paso, son la inmensa mayoría, el grueso del ejército. Y da igual si vencedor o vencido. Lo único que diferencia a un grupo de otro es quizá el destino que les espera y por supuesto, el trato que recibirán las cúpulas mandatarias, siempre al capricho de los vencedores.

Al margen de esta circunstancia extraordinaria (una guerrra es algo que no se da de forma habitual), lo que sí me llama la atención es el... "nivel de depravación" que puede llegar a tener una persona que vive al margen de la ley: un ladrón puede entrar en una casa y arramblar con todo lo que encuentra. Pero raras veces herirá con gran trauma físico a su víctima, mucho menos la matará. En el cine, en la literatura, es típica la expresión "líneas que no se cruzan". Y sin embargo... ¿ese ladrón no es consciente de que, si roba, el daño que puede causar en su víctima puede ser tan grande o más que si existiera un enfrentamiento directo de consecuencias trágicas? Piezas de alto valor sentimental, ahorros trabajosamente reunidos que se destinarían a una jubilación más o menos digna, o a la adquisición de un bien necesario, o a un proyecto costoso de futuro a largo plazo...

"Líneas que no se cruzan..." ¿por qué? Si se cruzan, ¿qué pasaría? ¿se encontraría en una zona de "no retorno"? ¿se trazarían más líneas?

Nuestros antepasados se veían muchas veces abocados a situaciones límite: luchas y asaltos para atacar y para defenderse, y por sí mismos en la mayoría de los casos, con lo que tenían a mano. Alerta casi constante. Aplicaban la pena de muerte sin muchos miramientos. Así que lo único que les quedaba en esta "barra libre" del ojo por ojo sería el remordimiento posterior por el dolor causado a la víctima.

En el cristianismo (hablo de esta religión porque fui educado ahí, y por tanto, sé a qué atenerme en cada momento... hasta cierto punto y a nivel personal, claro está) dicha culpa se trató de suavizar por medio de unos ritos, para que la vida continuase de una forma más o menos provechosa en el afectado y su entorno.

Así que creo que éste es el verdadero significado de la penitencia y del perdón. Actualmente son famosos los ejemplos de soldados que en el calor de la batalla y azuzados por sus superiores, causaron mucho dolor en su momento, y durante el resto de sus vidas intentan librarse de esos recuerdos que conforman casi todas sus pesadillas como de un manto espinoso y rígido pegado a sus cuerpos.

domingo, 3 de enero de 2010

Iconos cálidos: Rutger Hauer.

"Yo... he visto cosas que... vosotros no creeríais... Atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto... rayos C brillar en la oscuridad... cerca de la puerta de Tannhäuser.

Todos esos momentos... se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia.

Es hora de morir."

Roy Batty  ("Blade Runer", 1982)

Palabras que siempre despertarán un aluvión de sentimientos contradictorios en mí. La escena más magistral de todo el cine que he visto. Suena friki, y me importa un bledo que así sea. Lo que importa es el reflejo ya asociado con la vitalidad más expresiva. Mientras sienta dicho reflejo, piense en la paloma blanca que salta volando a la lluvia de las manos del replicante; rememore la tensión de la persecución anterior para acabar así; recuerde la poderosa y amenazante silueta del rebelde saltando y cerniéndose sobre el herido... Mientras recuerde estas escenas y algo en mí se conmueva a continuación, el mensaje de esa gran obra no se habrá perdido del todo.
 
Rutger Hauer ha hecho posible esto. Y se ha ganado un lugar privilegiado en mis recuerdos.