viernes, 23 de abril de 2010

Mendicidad de afecto.

Vuelvo a la realidad de bruces. Otra vez esta sensación de salida a la superficie, a una superficie que conozco bien: unas matas por aquí, unas charcas por allá, unas rocas más allá... y todo ello asolado por el sol. Sequía cuarteada... El sol se sostiene en la inmensa cúpula de cristal cuyos límites nunca alcanzaré a romper, porque se mueven conmigo, un círculo móvil en cuyo centro estoy yo. Un círculo de radio amplio, porque hasta donde me alcanza la vista, sólo veo lo mismo en todas direcciones.

Ahora me he sentado, esperando a recuperar fuerzas, y me he entretenido con una piedra de una forma curiosa, a la que estoy mirando detenidamente y dándole vueltas...

Es llamativo pensar en los mendigos: piden dinero, algo lógico, para cubrir sus necesidades básicas, o sus vicios, o las cuotas de sus explotadores.

Pero... ¿alguna vez ha habido un mendigo con un cartel que diga: "Muestras de cariño, por favor"? Eso no da de comer, ni da para comprar alcohol, ni el "capataz"  estará contento cuando venga a comprobar cuánto se ha recaudado. Y sin embargo es una necesidad básica... ¿Cómo reaccionaría la gente de paso? ¿se quedaría de piedra, miraría con lástima, con morbo, con curiosidad... con asco, reflexionarían sobre la metáfora, continuaría andando como si nada...? ¿se arremolinarían en derredor, esperando ver quién es el que da el primer paso, y de qué modo...?

Alguna vez me he visto en ese papel: estaría sentado en un banco de una calle céntrica y transitada, con ropas limpias, afeitado, peinado y tal, pero... con gafas oscuras y cara de palo, mirando a la gente, sus posibles reacciones ante lo insólito de mi petición...

En fin...

¿Se admitiría un mendigo así en un centro comercial? Pensad un poco: en los gigantescos centros comerciales no hay mendigos. ¿Porqué? Sin duda porque los guardas de seguridad los despacharían con discreción, algo que sólo la policía puede hacer en las calles de las zonas comerciales, y ésta suele hacer la vista gorda... Aparte de que el diseño y decoración interiores de esas galerías inhibiría a más de un mendigo, al sentirse como fuera de lugar... ¿Será por esto por lo que la gente va de paseo por esos centros? Mucha luz, muchos colores, sonidos agradables, todo de diseño... todo al servicio del consumo, pero también se puede ir con los niños sin comprar nada, se tiene la seguridad de que vayan a donde vayan no se encontrarán con algo desagradable...

... excepto un mendigo de afecto. ¿O también sería expulsado por los guardas del centro?

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