miércoles, 21 de abril de 2010

Participaciones extrablogueras: "Un botellín de champán y una copa de agua".

Bien... A continuación dejo el desenlace de mi reciente experiencia, anunciada en la pasada entrada "De tripas corazón", que dicho sea de paso ha registrado el mayor número de comentarios de todo el blog... ¿porqué será...? :-D Pero mejor que eso, mucho más bonito, es que todos han sido positivos y respetuosos, algo que agradezco mucho, dado lo que expresaba...

Ha sido un encuentro muy bueno, intenso, revitalizador y todo lo profundo que podía ser, tanto que me he animado a escribirlo como mejor me ha salido. Una vez pulido, condensado y abrillantado, lo he enviado al email de la dama en cuestión, María, quien lo ha publicado gustosa en su blog(*)


(*) (nota añadida 5 años más tarde: María ya no ejerce, y su desaparecido blog se llamaba "Los secretos de María")




"UN BOTELLÍN DE CHAMPÁN Y UNA COPA DE AGUA".


Entusiasmo, mucho entusiasmo. Arrollador y contagioso.

Así es como defino a María, la de los secretos. Alegría, simpatía y entrega en una sola palabra: entusiasmo.

La voz que suena por teléfono es sugerente, con un exótico acento agradable. La misma que en el portero automático ahora.

Llego puntual después de un viaje en el bus demasiado largo. De ser una piedra en esa lata articulada de sardinas paso a temblar como un flan. Un escalón tras otro. Dios mío, ¿qué he hecho...? ¿qué va a pasar? ¿cómo será? ¿le agradaré, me gustará, me avasallará, me manipulará para sacarme los cuartos...? Tuve una muy mala experiencia anterior. Es todo muy forzado, muy...

Trago saliva al abrirse la puerta y asomar una bellísima mujer rubia, alta y de ojos azules. Me invita a entrar, y se disculpa encantadoramente por el cambio de agenda de última hora... Una casa acogedora, con luces pequeñas, abundantes y cálidas y decoración nada cargante, llena de detalles que no alcanzo a divisar por copar ella toda mi atención. Toda una dama que impone, y que en esos momentos está así de arreglada y de guapa por mí. Me sentí sobrecogido. En el camino a través del largo pasillo, contemplo extasiado sus andares con inútil disimulo: mucha, muchísima mujer para mí, demasiada...

Asomamos al salón. A ella le hace gracia mi gesto de sentarme en el sillón, y me invita a su lado, en el tresillo; también que yo pida agua, y me mantenga en mis trece, pese a su disposición de descorchar un botellín de champán, que da mala suerte brindar con agua... Es un rito elegante e imprescindible, que yo me salto a la torera sin darle ninguna importancia. Además, viéndolo ahora, elegí bien: la boca seca me haría beber más de la cuenta, y con lo sensible que soy al alcohol y a la cafeína...

Más detalles graciosos: yo la trato de Vd., y la tuteo con un poco de esfuerzo, me cuesta menos ahora porque ya entrené en las conversaciones telefónicas previas; ella habla de sí misma y de sus secretos en tercera persona. Pese a su portentosa feminidad es humana y vulnerable, y se abre a mí con entusiasmo, sí, pero sobre ese pequeño raíl disimulado en la abundante floresta. Se lo hago notar, y ella lo capta, corrigiéndose con una sonrisa. Seguimos hablando, y ella vuelve a usarlo inadvertidamente... De la misma forma que a mí se me escapaba antaño un "usted" por teléfono, pese a pedirme el tuteo. Sonrío con ternura para mis adentros...

Y sus secretos son su experiencia, sus reparos, sus proyectos, sus amigos, su forma de ser y de estar, a qué da más importancia en esta situación tan especial de recién conocidos... También sus gestos y sus sonrisas, expresivos y cálidos. Todo secretos de María.

Me dejo llevar, pero no olvido mi intención principal: abrazar y ser abrazado. Y si se dieran las circunstancias, que se dieron, romper la barrera de la sequía y desparramarme en lágrimas en sus brazos... Pues tengo más que comprobado que, en mí, llorar produce una serie de sustancias químicas que me tranquilizan como gruesa capa de alquitrán sobre mar embravecido. Y si además lo hago en brazos de una hermosa mujer, entusiasta, comprensiva y abierta, el chute de esas sustancias es de órdago.

Manos frías cuyo contacto posterior en mis ardores íntimos contrastarán más aún. Boca pequeña y labios finos con unos hoyuelos armoniosos en sus comisuras cuando sonríe. Nariz respingona. Mejillas leves, frente despejada, pelo en moño alto de complejo trazo... todo ello en una cara pequeña que culmina un cuerpo realmente portentoso y lleno de energía, de salud, elegancia y curvas. Curvas por doquier: en el escote de su entallada chaqueta, y en la falda que se ciñe difícilmente a unas caderas rotundas de las que parten unas potentes piernas de danzarina retirada.

Mucha mujer. Y así se lo manifiesto en un momento muy sensible: mujer, mujer, mujer...

Y más detalles, muchos más detalles placenteros: cojo sus manos, se las acaricio, abarco con ellas mi cara, frotándome con sus frescas palmas, beso sus dorsos, sus dedos... Su mirada, entonces, es digna de conservarse en bola de cristal y acudir a ella en momentos de caída en el futuro. Abrazos: le demando abrazos. Pero debe tomar una postura un tanto forzada para dármelos, girando mucho la cintura, así que intento no abusar. En dichos abrazos, noto su tremenda fuerza física, colmando mi vacío interior, estrechándolo hasta expulsarlo y hacerlo rebosar otra vez de ánimo y calor... Por reflejo de educación, mis manos sólo abarcan su cintura y espalda; no bajo de ahí, pese a lo tentador y explosivo del panorama. Besos: hacía años, lustros, que no besaba ni recibía besos como los que ella me daba... Caricias con las mejillas, con las orejas... Sentir sus pechos alcolchar el mío...

Mis dedos no son de oficinista: intento ser delicado, pero las durezas, cicatrices secas y padrastros que heredo de mis cortantes y bruscas labores me inhiben de pasar por su delicada piel... Será como un estropajo. Ella obviará ese detalle, pero yo no. Es parte de la empatía por la otra persona, que se rige por el principio de los vasos comunicantes: una vez establecido el canal sumergido entre dos vasos, el nivel del fluido tiende al mismo nivel en ambos recipientes. Además, está su lencería: me da repelús pensar en enganchar siquiera un punto en un padrastro de mi pulgar, con su punta dactilar en plena muda desde días atrás.

En fin, en la penumbra de la sala de masajes, con su alto "potro de tortura", las visiones, los sonidos y los volúmenes se mezclan en un delicioso e inflamable recuerdo único, caótico, de piel rozándose en ritmos variados...

Dicho recuerdo es lo que desde entonces me lleva una y otra vez a mis cinco contra uno, sin necesidad de visiones previas. Toda una agradable sorpresa, puesto que me preocupaba mi condicionamiento por la industria X audiovisual.

Cuando todo acabó, se retiró a su reservado. Una vez recuperadas las fuerzas y el aliento, miro alrededor. Entre los restos del dulce combate, recojo el sostén con delicadeza, me lo llevo a la boca y aspiro profundamente. Se lo dejo plegado en una esquina de la revuelta camilla de masajes.

Me ducho, me visto y toco la puerta de su cuarto. En el cariño de la despedida, ella me da un regalo, un detallito: una salamanquesa de imán, que ahora tengo entre mis recuerdos más entrañables, con el reloj de mi abuelo, la uña de guitarra conseguida en un concierto de mi grupo favorito, un guijarro muy cargado de cansancio y sudor de una de mis más agotadoras salidas a la montaña, una pieza muy especial de una cadena de montaje de un antiguo trabajo mío, la tarjeta de la Seguridad Social de mi tía-abuela...

Ahora, días después del ardiente encuentro, concilio el sueño y me despierto con las turgentes penumbras de Maria.

Ahora, todas las mujeres hermosas que caen en mi campo de visión tienen algo de Maria, y como tal, ya no las veo tan imposibles. Me atrevo a sonreírles a mi paso, con la mejor de mis sonrisas y la más brillante de mis miradas a los ojos...

Ahora, ya nunca más estaré solo. Muy de vez en cuando, volveré a bañarme en sus selectos secretos... si ella me lo permite y yo sigo sin compañera habitual.

4 comentarios:

  1. Arturo, te felicito por tu grata experiencia.
    En cuanto a repetir....dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero hay muchas excepciones en las que segundas, terceras, cuartas.....partes no hacen más que mejorar las anteriores. ¿Por qué no iba a ser ésta una de ellas?
    Mucha suerte. Un abrazo.

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  2. Belkis, gracias por tu apoyo.

    No sé si "segundas partes fueron buenas", pero te aseguro que, en esto, de tanto que tengo "acumulado", nunca habrán "segundas partes"... Todas serán para mí "primeras"... y únicas.

    Y en el resto de experiencias vitales al margen del sexo, siempre intento esperar lo mejor cuando la repito... (excepto en el mundo laboral, que me armo con cada coraza que me caigo de espaldas).

    Un beso.

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  3. Gracias por tanto cariño en cada frase, en describir lo hermoso que tiene este trabajo, gracias por hacer que ese momento, llene parte de mis mas gratos recuerdos en el resto de mi vida, gracias mi salamandra.
    La tuya

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  4. Gracias a tí, Maria. De no ser por tí, esto no se habría producido, y yo hubiera seguido encadenado a mi ermita de sexo en solitario.

    Un beso.

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