domingo, 9 de mayo de 2010

Para Leer Despacio: Chicles virtuales.

Se suele decir que somos lo que comemos. Yo afirmo que, en internet, somos lo que leemos y escribimos.

Dime de qué careces, y desde mi ignorancia más absoluta, te diré qué necesitas. Otra cosa es que lo consigas.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces o más con la misma piedra. Y hablo por experiencia. Me gustaría pensar que la mujer no hace lo mismo.

A veces intuyo que, en cuestión de sentimientos, los niños dan siempre en el clavo. Si se les expusieran los hechos, se les dejara jugar a su aire durante el tiempo que necesiten y se escucharan finalmente sus conclusiones, nos sorprenderíamos de su precocidad.

Las pesadillas son deseos reales que nuestro subsconsciente emite para obligarnos a reaccionar y hacer frente a lo que las provoca de forma racional.

Hubo una época en que los grandes dragones surcaron los cielos con sus alas escamosas, escupiendo fuego por las fauces, luchando, cazando y comunicándose ferozmente entre sí, y viviendo en una sociedad jerárquica, siendo los dominantes unos hermosos y formidables ejemplares. Pero se extinguieron, y sus restos hoy son pasto de los paleontólogos, quienes se empeñan en denominarlos dinosaurios, torpones, feos, simples y primarios.

Si se piensa en algo, aunque no se haga realidad, es que existe. Por lo tanto, la fantasía existe.

Es tentador denominar "alma" a algo de lo que no se tienen pruebas físicas y palpables de su existencia. Vale, pues. ¿Qué tal si denominamos "alma" a las casi infinitas y complejísimas reacciones químicas que tienen lugar en nuestro cerebro, apoyado o limitado por el resto de nuestro cuerpo?

Si se razona poéticamente, hay tres objetos que puede que siempre estén en las metáforas-base: un lapicero, una goma de borrar y un candado.

Un cepillo de dientes debería bastar para limpiarnos la boca cada vez que la empleamos mal. Pero demasiadas veces, el daño ocasionado no se va en la vida, e incluso nos sobrevive.

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