miércoles, 16 de junio de 2010

Participaciones extrablogueras: "Solicité cita por segunda vez"

A continuación incluyo mi segundo encuentro con Maria y sus adorables secretos... Ella, en su blog, lo ha dividido en dos partes, porque me salió demasiado largo, aún así tuve que resumir, corregir, censurar... porque lo que me sugiere un encuentro con ella cunde para mucho texto, en forma de narración, fantasía, poesía, etc....

Yo lo dejo aquí de una sola tacada... Quizás es demasiado largo, pero pienso que es mejor así.

SOLICITÉ CITA POR SEGUNDA VEZ.

Ahora que estoy sumido en una niebla desordenada, húmeda y pegajosa, que oxida en pocos segundos cualquier iniciativa que pueda tener, voy a usar el recuerdo de mi segunda cita como remedio para intentar sacudirme de encima este incómodo y tupido velo mental.

Por esto dí ese paso: para reafirmar en mí el recuerdo de una hermosa y atractiva mujer que me sirviera de linterna en estos valles tan oscuros y enrevesados en los que frecuentemente me encuentro.

Y como para que esa luz sea lo más sólida posible un paso imprescindible es relatarlo, aquilatando los detalles, las sensaciones, los graciosos desencuentros y confusiones, para sublimarlo entre mi arsenal y que esté disponible en momentos como el actual, aquí cuento lo que pasó.

Escribí el martes por la mañana a Maria un email solicitándole una cita para el viernes por la tarde. Accedió encantada. De hecho, le hice partícipe de mi estado de ánimo, un poco alicaído y triste, y ella me llamó por teléfono en cuanto lo supo, para animarme, pese a que según supe después tampoco estaba muy por la labor. La tristeza que una semana antes mencionó en su blog todavía le restaba coletazos.


No es que no me importara su estado de ánimo y pensara únicamente en lo mío. Pensé que para entonces ya se le habría pasado; no fue así. Mirándolo ahora, creo que gané más aún, al poder estar con una mujer de carne y hueso, en un momento sensible, porque se reveló como una auténtica profesional, capaz de sobreponerse a sí misma y adquirir un optimismo y entusiasmo de no se sabe dónde para crear el ambiente adecuado con el que atenderme, y apreciarlo en lo que valía. Y yo quiero creer que he puesto de mi parte, aunque sea un poquito, para ayudarla a ella, no sólo hacerle las cosas más fáciles, sino animarla también... aunque no sea especialista en eso, ni mucho menos. De hecho, a veces pienso en mi falta de tacto, mis meteduras de pata… y dudo que fuera así.

Como decía, me llamó por teléfono para animarme. Primer desencuentro: no entendí apenas nada. Me gustó mucho su iniciativa y oír el sonido de su voz, pero lo imprevisto de la llamada y mi defecto auditivo se cargaron el tesoro anímico que ella intentaba transmitir. Hablaba bajito, despacio, me decía que no hablara, que sólo escuchara, y creí entender cosas cariñosas, susurradas al oído... Concretamos la cita, que reafirmé luego por email, claro, para no haber lugar a confusiones.

El resto de ese día, el miércoles y el jueves por la mañana se me fue el santo al cielo. Dado lo complaciente y atenta que es, me atreví a mandarle otro email bien cargado sugiriendo cositas pícaras para que el encuentro tuviera un tinte más erótico y festivo que de psicóloga profesional con derecho a roce, de atención anímica y soporte afectivo, distinto a nuestra primera vez.

Entre otras cosas, le confesé mi "virginidad" en cuanto a una prenda-fetiche muy poderosa en mi mente calenturienta : el liguero. Nunca había visto ninguno puesto a simple vista, mucho menos tocado y quitado por mis propias manos... Creía que eso le daría pie para "armarse" con uno de esos ligueros anchos de cintura, que parece que se cierran y se abren con llave, de tan complicados que son. Ella aceptó con picardía, me transmitió su disposición por complacerme y cumplir, me provocaba suavemente...

El viernes, cuando llegó la hora, estaba muy nervioso. Pensaba que el conocerla ya me daría empaque, pero no. Y la prueba está en que, en la ducha, casi una hora antes, al lavarme concienzudamente mis partes, apliqué demasiada fuerza, y en el autobús me dolían mucho, talmente como si me hubiera golpeado ahí, sólo que no tan agudo. Además me olvidé de lavarme los dientes. Me acordé en el autobús. Repasaba mentalmente que todo estuviera en su sitio: duchado, afeitado, ropa limpia, muda y calcetines limpios, zapatos limpios, patillas y nuca perfiladas, uñas cortadas de manos y de pies, colonia, sobre conteniendo lo acordado... cuando de repente se me encendió la luz: ¿los dientes...? Ouch. Casi salto de mi asiento. Me calmé al instante, me llevé la palma a la boca, eché el aliento con disimulo esperando que el lavado de dientes de la comida aún perdurara... pero no. Me olí la palma unos instantes después, y creí divisar el olor a pescado que había comido... Argh. ¿Y ahora qué hago...? Tenía el tiempo justito. Al bajar en la parada corrí a un kiosko a comprarme un paquete de chicles de menta, pero la kiosquera estaba hablando por teléfono y aún esperaba uno por ser atendido... Esperé hasta que fue demasiado tarde, y corrí a casa de Maria.

De camino miré algún sitio donde comprar eso. Dadas las numerosas tiendas que hay en esas calles céntricas, eso no debería dar ningún problema... cuando me detuve como herido por un rayo: las flores. Me había prometido comprarle por lo menos una flor, aparecer con ella en la boca cuando me abriera la puerta, darme así unos aires de palomo seguro de mí mismo, y todo eso se había ido al traste por mis prisas, nerviosismo, falta de previsión y puntualidad... Llegué al portal, miré alrededor, corrí a una calle transversal, corrí a la otra, y ya no sabía ni lo qué comprar... Pasaban los minutos, y no podía esperar más a estar con Maria, así que entré en el portal que casualmente estaba abierto y subí al ascensor.

Espléndida, con un escotado vestido negro que realzaba todos sus encantos, broche en escote, pelo suelto según mis preferencias, me abrazó y me besó... Yo estaba distraído, pensando en si notaría que no llevaba los dientes lavados, pero no dijo nada. No obstante, debió ver algo en mi contención, porque para “activarme” se le ocurrió abrir la falda un instante con una sonrisa, y mis ojos saltaron de las órbitas al ver un tirante negro en medio de su tentador muslo.

Hicimos manitas y abracitos, y me llevó al salón otra vez, sin soltarnos de la mano. Me imaginé a un cachorro torpón e inocente siendo conducido por su portentosa ama. El pasillo se me antojó más corto y menos oscuro, el salón más acogedor, los muebles más grandes… Como la primera vez, nos sentamos en el tresillo, sin separarnos, y empezamos a hablar.

Entre otras cosas, hablamos de mi blog, de la atención que parecía llamar a gente virtualmente muda. Le había hecho mucha gracia la descripción de su moño: de complicado nada, se lo podía recoger en cualquier momento, haciéndome una demostración práctica… De mi estilo, del impacto y la energía que tenían algunas de mis entradas…

A media conversación, mis ojos se fueron a lo obvio: muslos cruzados, sí, pero falda abierta. Un tentador triángulo cruzado por ligas, bocas de medias y demás vértices negros. En el interior oscuro me llamaba su potente y delicada feminidad. Mi primer reflejo de caballerosidad fue evitarlo y seguir prestando atención a su cara, a sus bonitos ojos azules. Al poco volvía a caer, tras desviar la vista en un casual giro de conversación. Y aquella vez, no sólo no aparté los ojos, sino que con una sonrisa de niño travieso, metí la cabeza en su regazo despacito, gruñendo juguetón y cediendo abiertamente a lo que me sugería la vista. Ella hizo de MQMF titulada, y yo de jovencito. Nos reímos mucho.
 
A partir de aquí, ya sólo recuerdo retazos sueltos. El más grave, un mordisco que le propiné yo en su labio, en un juego bucal de compartir una uva entre ambos. Tomé por error su labio superior y pellizqué entre mis dientes, confundiéndolo con la piel de la uva… Cuando ella se retiró con un gesto de dolor y comprendí, el mundo se me cayó a los pies y no contuve la intensa vergüenza, permitiendo que me sacudiera con toda justicia… A pesar de que ella lo relativizó de inmediato con su paciencia y comprensión, lo cierto es que me contuve de ahí en adelante, musitando un “lo siento” cada vez que creía meter la pata, hasta que ella me lo echó en cara con una sonrisa, muchísimo rato después, en medio de otro juego…

Cuando estábamos uno en brazos del otro, y tras tantear durante mucho rato, tuve que romper el hechizo para preguntar cómo demonios se quitaba ese vestido. Con una sonrisa levantó el brazo y me mostró la cremallera lateral, bien disimulada. Solté un pequeño bufido. Ya podía yo palpar su espalda, y a pesar de que disfrutaba mucho, la carga cada vez más acuciante no me dejaba margen para deshacerme de la puñetera tela que me separaba de mi tesoro… Pude quitarle el sostén sin mirar, eso sí, y hacerme con sus tiernos y sensibles globitos de agua tibia, y juguetear con los labios y la nariz a deshacer el nudo de las bocas para derramar su selecto contenido…

Poco después, el pretendido fetichismo por su liguero se quedó en nada. Esa prenda es muy erótica, sí, y me gustó poder quitársela de su cintura, pensando que sería muy complicado, pero una vez suelta, ni fu ni fa. Lo importante era lo que contenía, así que me deshice de ese retal de tela sin ningún problema y a continuación, fui yo quien se deshizo en atenciones hacia ella.

Otro de mis requerimientos en mi email previo fue una danza para mí. Quería que bailara para mí. Durante muchos años había presenciado bailes en discotecas de chicas aparentemente normales, torpes y tímidas, que se movían de tal manera que parecían tener en sus genes el seducir a los hombres, de nacimiento, sin práctica previa ni ensayo ni nada. Le había preparado un CD especial, con las canciones más eróticas que me dejaron más huella en mi pasado, lejano o reciente, con la esperanza de que alguna también lo fuera para ella. Me hizo ver que aquello estaba muy bien, que era lógico que deseara algo así, pero tenía que surgir por sí mismo, y no por imposición. Como tantas otras cosas que ignoraba, lo entendí perfectamente. Y en efecto, en medio de los besos, caricias, carantoñas y palmadas, hubo una canción que le motivó a alejarse, hacer que me sentara en un sillón y, apropiándose de un gran velo rojo, deleitarme con una danza… de la que ahora no me acuerdo nada, maldición. Mis ojos se me iban tanto de las órbitas, tratando de grabar sus movimientos, su ritmo, su mirada y las ondas de su pelo y la tela, que creo que saltaron de verdad por los aires hacia ella, porque esa zona la tengo ahora como censurada, tapada con un feo cartón gris… y los oídos también, tampoco me acuerdo de qué canción fue… creo que “You can leave your hat on”, de Tom Jones.


Ah, sí, las medias. Y el calzado. Llevaba todo en uno. Unas botas especiales, que nunca se me había ocurrido que existían, que eran medias y zapatos de tacón a la vez. Cuando se sentó delante de mí, me arrodillé y busqué la boca del zapato o la bota o lo que fuera, del empeine fui palpando hacia arriba y no encontraba nada… Me extrañé y probé otra vez. Nada. Del ante recio del empeine pasaba directamente a la fina media. Ella me lo advertía, pero yo, sin audífonos, no entendía apenas… hasta que caí en la cuenta. Me retiré y lo ví de cerca, comprobando la singularidad de esa prenda. Me dejé llevar por sus manos, que me enseñaron a quitárselo. Del medio muslo bajé hacia abajo, con breves tironcillos cada poquito, arrugando la prenda en sí misma, despacio. Probablemente temía mi torpeza, habida cuenta del mordisco en sus labios al poco de empezar, y no se lo reproché en absoluto. Pero para la otra pierna, me dejó a mi aire, comprobando que, efectivamente, no era el manazas que en realidad soy…

Era la primera vez que veía sus pies tan de cerca. Regordetes, graciosos, con los dedos pequeñitos. Me llevé uno a la boca y los besé, los chupé y absorbí el dedo gordo, entre sus risas abiertas y sus débiles negativas típicas de mujer, "no pero sí"…

En fin… Todo esto, además de lo típico, que no voy a entrar en ello por pudor, conformó el segundo encuentro con esta dama, que sigo pensando que es demasiada mujer para mí… Esto intento tenerlo siempre muy presente, para que, el día que una muchacha me haga un anhelado “tilín”, no caer en el tremendo error de “comparar” y esperar que se comporte conmigo como lo hace Maria, con su cuerpo, su clase, su paciencia y su saber estar.

Gracias, Maria, de todo corazón. Una vez más, me has devuelto la fe en mi virilidad. A pesar de que el sustrato sobre el que crece esta relación nuestra es muy limitado, rígido, volátil, materialista y con fuertes rejas en todos sus rincones, por lo menos éstas no son electrificadas, como en muchos otros casos, que salta una dolorosa chispa de advertencia cada vez que uno se acerca demasiado al otro…

Donde quiera y con quien quiera que estés ahora, te dedico con mucho cariño una serie de besos: primero un beso mariposa, seguido de uno esquimal y otro iris; luego uno del alma, más tarde uno rosa, cuando estés cómoda te doy un beso rojo, o varios, después de cubrirte con besos gota a gota, insertando algún que otro incoloro y ventosa (o beso largo, según), para terminar con uno negro… si tú quieres y te pones en situación, claro.


13 comentarios:

  1. Mi salamandron cariñoso, ummmmmmmm.........ya mi mordisco se curo, pero me dejo una gran sed de ti, sed de tu forma de expresarte, asi como lo haces aqui, con esa pluma internauta, sed de tu sabiduria escondida que solo algunos somos privilegiados de sentir hasta que, al menos para mi, me cala en lo mas hondo de mi humilde ser. GRACIAS

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  2. Muchas gracias a tí, Maria, regia salamanquesa.

    Me halagas mucho, y no sé muy bien qué decir... sólo gracias y más gracias.

    Un beso.

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  3. Vaya arturo. Qué bueno que compartas tu experiencia con nosotros. Me parece que has escogido muy bien a tu acompañante, pues María parece tierna y amable. Y dado lo contento que quedaste y el refuerzo a tu virilidad, pues fantástico.

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  4. Muchas gracias, Susana. Sólo puedo agradecer con toda sinceridad tu sensibilidad, apoyo, comprensión y empatía en tan pocas palabras.

    ...mmmm... bueno, no, rectifico: me queda algo por añadir, aunque parezca una perogrullada. Lo que escribo es lo que me sale. Es decir, que si algún día conozco a alguien físicamente por mis blogs, ya sabe lo que puede esperar de mí... Aquí tiene una muestra.

    Y sí, Maria es un encanto de mujer. En esto he tenido mucha suerte, lo reconozco.

    Besonazos maños.

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  5. Arturo, yo también te felicito. Y me alegro por ti. Cualquier cosa que nos haga bien, bienvenida sea.
    Pero a veces creo que no sería yo si no te dejase una nota discordante, disfrazada esta vez de inocente y cariñoso tirón de oreja:
    ¿Qué es eso de que cuando una chica te haga tilín no esperes que se comporte como María,con su cuerpo, su clase,su paciencia y saber estar? (y cito palabras textuales).
    No es por quitarle mérito a María, ni mucho menos!
    Pero por qué no habrías de encontrar tú una mujer que te haga tilín y que tenga también esas cualidades?
    No, no estoy de acuerdo eh?
    Besos, un abrazo y....¿esperamos la tercera entrega?

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  6. ¡Hola, Belkis! Dichosos los ojos que te leen...

    Gracias por tus felicitaciones y tu apoyo.

    ¿Tercera entrega...? No lo sé. Siempre puede "saltar la liebre" que me "ate en corto".

    Pero tengo tanto por descubrir y aprender de mi cuerpo y del vuestro, y ateniéndome a mi realidad de solterón forzoso, lo más probable es que sí. Y más si lo aprendo con una maestra tan sabrosa, complaciente... y disponible (hasta cierto punto, claro).

    "¿por qué no habrías de encontrar tú una mujer que te haga tilín y que tenga también esas cualidades?"
    Ojalá. Pero sería demasiado perfecta, ¿no crees...? Es como si me tocara la lotería, y aún así, parte de mí no acabaría de creérselo, escéptico tras toda una vida sin pareja.

    Pero en fin, no pierdo la esperanza.

    Muchos besos y abrazos para tí también, Belkis.

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  7. Ays!! Arturo ya tenia ganas de volver a leerte en estos menesteres, leyendote dan las ganas de coger el primer tren para zaragoza y caer rendida en tus brazos ;-)

    Besines

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  8. ¿Madrileña...? ¿la Madrileña que me volvía loquito con sus alegres piques, dobles sentidos y demás en mi antiguo blog...? ¡Oh, Madrileña! Bienvenida, bienvenida... ¡ya daba por perdidos tus "Ays!" y tu chispa!

    ¡Pues ven p´aquí, maña, que mis brazos desean recoger cuerpos rendidos de mujeres con mucho gusto!

    Ays... besos, muchos besonazos maños en las vías del tren, a ver si te animas...

    Pero claro, como sigas así, igual cojo yo el tren pa los madriles... y caigo rendido en los tuyos, je je je je...

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  9. Sí la misma ;-), la que echaba de menos tus relatos picarones, que me sacaban mas de un colorcillo en las mejillas mientras te leia....si ejque describes estas cosas tan bien que parece que las estas viviendo. ¡¡ays!!

    Nunca se sabe, cualquier dia de estos o de aquellos...los trenes siempre estan para cogerlos ;-)

    Besines

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  10. ... sobre todo las que están como un ídem... como alguien que yo me sé ;-D

    De todos modos, a pesar de que mis relatos sigan siendo así de picarones y colorados (¡gracias, gracias...!), debo decirte, Madrileña de mi corazoncito, que en este blog las cosas han cambiado bastante con respecto al anterior... Aquí soy más serio y centrado, sobre todo en aquellos temas que considero importantes y que no tienen nada que ver con el sexo. Polémicos, en donde entro a saco porque sí, con fuerte trasfondo político y social, etc. Ya lo habrás notado, seguro, pero te lo menciono porque pienso continuar en esta línea.

    Besonazos maños, simpática...

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  11. sigue, sigue en tu linea, pero de vez en cuando sorprendenos con tus ardientes comentarios, que encienden tanto o mas que antes.....aunque ya sabes que a mi me gusta mas leer lo picaron que lo otro...me sirve para desconectar ;-)

    Besines

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  12. Creo que estoy celosailla, jejejje
    Madrileña y resto de seguidores, este niño es genial!!.
    besos

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  13. Muchas gracias, Maria... me he puesto colorado... y no sé qué más decir...

    Besos para tí.

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