miércoles, 23 de junio de 2010

"Prueba de novios" imaginaria.


-¿Sí, dígame...?

-Hola... ¿Arturo...?

-Sí, soy yo, dígame.

-Hola, Arturo. Me llamo Silvia. ¿Te pillo en mal momento, puedes hablar...?

-¿Que si puedo hablar...? Sí, claro, dime...

-Mira, te cuento. Tú a mí no me conoces, pero yo a tí sí. Suelo ir por las tardes a la Noguera, ¿sabes...? Quedo ahí con mis amigas, y tal, a tomar algo... Y te veo algunos días, a eso de las 7 o 7 y media de la tarde... Me fijé en tí, y te llamo para ver si te apetecía que quedáramos.

-... er... ¿disculpa...? No... no entiendo...

-Que me llamo Silvia, y que...

-Sí, sí, eso lo he entendido, que te llamas Silvia, y que sueles ir por la Noguera con tus amigas a las 7 o 7 y media... pero...



-¿Qué...? ¿te apetece....?

-Pero, ¿quién eres...? Estoy intentando recordar entre la gente que suele venir, y no...

-Somos dos o tres amigas, y somos muy discretas cuando nos lo proponemos. Como suele haber mucha gente, nos sentamos al fondo, donde nadie nos moleste mucho...

-Eso sí, pero...

-¿Pero qué...?

-Es que no me acuerdo de que me hayan presentado a nadie en las últimas semanas y...

-No, no, no nos han presentado. Simplemente me fijé en tí.

-Ah, y... eh... estoo... perdona, pero... pero estoy muy sorprendido, no me hago a la idea y... eh... ¿cómo has conseguido mi teléfono?

-Preguntando aquí y allá...

-Bueno, ¿y qué quieres, exactamente?

-Quedar contigo para tomar algo.

-¿Y no puedes... no puedes decírmelo en la Noguera...? Simplemente acercándote y...

-Es que soy muy tímida, y no me atrevo.

-Ah... pues... pues... eeh...

-¿Qué?

-No sé, esto es tan... tan sorprendente... no me esperaba nada así...

-Bueno, si quieres, para ayudarte a decidirte, te describo cómo soy...

-Bueno, vale...

-Pues soy un poco alta, rubia, de pelo largo, ojos azules, un poco delgada, pero porque hago mucho deporte, ¿eh?, no porque coma poco...

-Jo, pues debes tener un tipo estupendo, ¿no...?

-Bueno, la verdad es que no estoy nada mal...

-Pero es que me extraña mucho, que seas así como dices, y seas también tímida...

-Pues lo soy, no te extrañe.

-Además, no recuerdo a ninguna chica así que vaya por la Noguera... Nos habría llamado la atención a mí y a mis amigos...

-Solemos ir con ropas amplias para pasar desapercibidas.

-Ah... ¿Y quieres... quieres quedar conmigo?

-Sí.

-Pero, ¿en qué plan?

-Tomar algo juntos, conocernos mutuamente, ver si lo que veo en tí es cierto y me gustas, y también ver si yo te gusto a tí...

-Ah...

-Y si nos gustamos, podríamos cenar juntos y luego... en fin... ya sabes... en tu casa o en la mía...

-Mmm, entiendo... Pues no va a poder ser, ¿sabes?

-¿Porqué, tienes novia?

-Eso... eso no es de tu incumbencia... eh...

-Bueno, si tienes novia, no pasa nada, ¿no...?

-¿El qué no pasa nada...? ¿qué quieres decir...?

-Que si tienes novia, me retiro y ya está. Lamentaría haberte molestado. Como no te he visto con ninguna chica...

-No, no es eso... es que...

-¿Qué...? ¿tienes novia, pero quieres intentarlo de todos modos... ? Porque si es eso, podríamos intentarlo, si te interesa...

-Que no, que no es nada de eso.

-¿Entonces?

-Que me sigue extrañando que una chica como tú, atractiva, y con una voz tan bonita, no tenga pareja y recurra a estos medios para ligar...

-Ya te lo he dicho, soy tímida, y también muy discreta y, y bueno, si me dices que no, así me... bueno, me dolerá menos, y no quiero que tus amigos ni mis amigas nos vean juntos...

-Ah, entiendo.

-¿Entonces? ¿quedamos?

-No, ya te he dicho que no puede ser.

-Porque tienes novia, ¿no...?

-Que no te concierne, ya te he dicho... pero sí, tengo novia.

-Ah, bueno, entonces...

-Pero si quieres, te puedo presentar a mis amigos. Son todos muy majos, y algunos están solteros y sin compromiso.

-No, a mí sólo me interesas tú. Y por lo que veo, no tengo posibilidad, ¿no...? ¿o sí? ¿quieres quedar conmigo a pesar de tu novia...?

-A ver, eeeh, Silvia, ¿no...? Que no me acuerdo de tu nombre...

-Sí, Silvia.

-Silvia, eso no va a ser posible, te lo repito y te lo repetiré cuantas veces haga falta. La quiero mucho y soy muy feliz a su lado. Es más, te diré incluso que no funciono con nadie que no sea ella...

-Uy, qué fuerte. ¿Y eso cómo lo sabes?

-Porque cuando intento pensar en otra mujer, me quedo frío. No, mira, mi oferta va por otro lado. Si lo que quieres es quedar con alguien para tomar una cerveza después del trabajo, podemos hacerlo. He estado muchos años solo, y sé lo que duele eso. Podemos hablar, contarnos chistes, reírnos, y todo eso, desahogarnos de las perrerías del jefe, compañeros y clientes... pero nada más.

-Gracias, pero yo busco algo más.

-Pues entonces te has equivocado, Silvia. Conmigo no tienes nada que hacer en ese sentido.

-Y... ¿no hay posibilidades...?

-No.

-Bueno, pues... pues nada, qué le vamos a hacer... Oye, espera un momentito, que te paso con una amiga que te conoce...

-¿Arturo?

-¿Sí, quién...? ¿Elena...? Elena, ¿eres tú?

-Sí, lo soy, Arturo, mi Arturito mío, soy yo.

-Pero ¿qué...? ¿qué es esto, qué haces ahí...?

-Esto es una broma de la radio, una prueba de novios, ¿sabes...?

-¿Una prueba de novios en la radio...? ¿en la radio...? ¿quieres decir que esto se está emitiendo a toda España, y que media España está riéndose de mí ahora mismo...?

-Bueno, riéndose de tí, no creo, Arturo. Pero sí, esto es una prueba de novios, de Radio Moda Musical, estás en el programa Qué pasada, y yo soy Olga Mayoral.

-Pero... pero, Elena, ¿cómo has hecho esto...?

-He mandado un email al programa, que se han puesto en contacto conmigo y...

-No, no me refiero a eso, te pregunto que cómo te has atrevido a hacer esto.

-Es una broma, querido mío, una bromita que te he gastado, y ahora sé que te quiero mucho, muchísimo...

-¿Una broma? ¿has cogido lo nuestro, y lo has convertido en una broma...? ¿quién está ahí contigo, que oigo risas...?

-Marta y Sofía, cielito... ya sabes cómo son... ¡chist, callaos ya un momento, por favor...!

-Conque una broma. Y esas dos riéndose... Bien, bien, bien. Pues ahora el que se va a reír soy yo.

-Arturito, va, venga, no te enfades.

-¡Pero cómo no me voy a enfadar con lo que has hecho, Elena...! Pero ¿tú estás loca...? ¿no sabes que este tipo de pruebas son porque en realidad quien pone la trampa desea cortar...? Porque es eso, me has puesto una trampa... ¿y si hubiera caído? Tú lo que quieres es cortar conmigo, es eso lo que quieres, ¿verdad? ¿que cortemos...?

-No, Arturo, no, no quiero cortar...

-Pues hemos cortado, Elena, ¡vaya si hemos cortado!

-Pero Arturito, por fav...

-¡Déjate de Arturito ya, jod**!

-Arturo, Arturo, escúchame, no seas tan duro con Elena, nadie se ha reído de tí, has quedado muy bien...

-¿Que he quedado muy bien, Olga, o Silvia, o como diablos te llames...? No te metas en esto, ¿vale? Bastante daño has hecho ya... ¿Pero cómo podéis...? No, basta... Basta, no voy a seguir por ahí, que esto es lo que queréis vosotros y vuestra estúpida audiencia...

-Arturo..

-... pero, nada, oye, si se trata de hacer reír, vale pues, yo también puedo reírme, y de largo. Ahora me toca a mí...

-Arturo, por favor...

-Cállate, Elena, cállate, que lo empeoras. Ahora estoy hablando yo, ¿vale? ¿No quieres que cortemos? Vale pues. No cortamos. Pero la próxima vez que nos veamos... no, mejor dicho, mañana, mañana mismo, que es viernes, por la tarde, vas a venir a mi casa, tú y tus dos amiguitas del alma, esas que se han reído contigo todo lo que les ha dado la gana y más, y apuesto a que todo esto ha salido de ellas, porque sí, porque son así de descaradas y provocativas, bueno, pues os vais a venir las tres mañana a mi casa después de cenar. Y vais a venir las tres arregladas, peinadas, guapas y atractivas, porque os vais a poner a mis órdenes, ¿está claro? Así como suena. Vais a someteros a mis deseos, con alegría, la misma alegría que teníais hace unos momentos, con alegría e interés, y vais a obedecer mis órdenes, mis deseos, a rajatabla, ¿está claro? Sin chistar, sin quejarse, con una sonrisa en los labios...

-¡Pero, Arturo, ¿estás loco?! ¡pero cómo te atreves a...!

-¡Ahora soy yo quien habla, Elena! ¡no me interrumpas! ¡haberlo pensado antes de montar esta farsa...! ¿qué, qué es eso que oigo por ahí...? ¿que no vais a venir, que soy un guarro y un cerdo...? ¿eso oigo, Marta? Pues entonces, Elena, sí que hemos cortado. No quiero verte más. Vaya amigas que tienes. Es decir, para reíros a mi costa, sí, pero cuando os caéis con todo el equipo, entonces, nooo, nooo, no quiero saber nada, ¿no...? Pues saber esto, Marta y Sofía: no me interesáis nada, ¡pero nada!. A quien quiero castigar es a Elena, a vosotras no os tocaré ni un pelo, sólo estaréis de atrezzo, ¿vale? Y ojo, que eso no quiere decir que no cortemos, ¿entendido...? Dependiendo de cómo os portéis decidiré una cosa u otra. Y hemos acabado aquí en este teléfono público de la radio. Habladlo entre vosotras, y si seguís adelante, llamadme y acordaremos los detalles. Recordad: yo mando. Y ahora, adiós.
 
 

6 comentarios:

  1. jajaja.........muy bueno!! no se como hay gente capaz de hacerle eso a su pareja...esos programas me sacan de quicio, ya no los escucho; si uno desconfia de su pareja lo hablas con ella y si sigues desconfiando lo dejas y punto, pero no montas ningun numerito en la radio.

    Si ejque Dios le da ojos a quien no ve ;-)

    Besines

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  2. Pues sí, Madrileña. No suelo prestarles ninguna atención... cosas de mi sordera parcial, que me exige esfuerzo físico para entender lo que me llega.

    Es denigrante, lamentable, morboso (morbo del sucio e insano, no del otro que defiendo a capa y espada), rastrero y de cobardes. O sea, los ingredientes típicos para que triunfe y se mantenga en la cresta.

    Una de estas intervenciones, por circunstancias especiales (largo viaje en el trabajo, voces de los protagonistas, reacciones al programa discutidas con los compañeros de viaje) se me quedó en la mente, y monté esta conversación... con todos sus "añadidos" posteriores, que he omitido, por supuesto, ji ji ji ji...

    Que no sé si lo habrás notado, pero es todo conversación ininterrumpida de principio a fin. No hay elementos descriptivos, ni explicaciones de tonos o acciones, ni nada de eso... Una experiencia un pelín arriesgada, porque doy por sentado que el lector ya se encargará de eso.. y por lo que veo en tí, ha sido un éxito.

    Besonazos maños pa'tí.

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  3. Supongo que tienes razón, Arturo.
    A mí no se me ocurriría montarle un número así a mi pareja, aunque también te digo que, si lo hiciese y él reaccionase así, yo cortaría ipso facto y en directo, por no tener sentido del humor.
    Yo oí un caso real en la radio, muy, muy parecido a éste, sólo que el chico picó, y aceptó la invitacón de la chica-gancho.
    Os podéis imagiar la que se lío; éstos sí que cortaron, y en antena.
    Sabes? Creo que el Arturo de esta historia es demasiado cruel después de todo y espero que tú no sess así

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  4. Sí, tienes razón, Belkis. Se me había olvidado lo del sentido del humor de la víctima...

    No puedo decir que el Arturo de esta historia no sea como yo, porque nunca me ha pasado esto. De verdad que no sé cómo reaccionaría si me encontrase en esta situación. Seguramente no tan exigente y dominante, pero nunca se sabe, depende de muchas cosas, ¿no crees...?

    Por otra parte, la sinceridad y el buen corazón del Arturo de aquí se manifiesta con toda honestidad antes de revelarse el tinglado, y es lógico que se enfade tanto, ¿no te parece...?

    Por otra parte, he "forzado" un poquito la situación para dar una salida íntimamente morbosilla (con no mucha fortuna, es cierto), y regustarla a continuación, ¿sabes....? Eso de tener a tres chicas a mis órdenes de buena gana es algo que me "pone" cantidá.

    Besonazos maños.

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  5. Ufff!!! Coincido co nel Arturo de la conversacion ficticia.. .la corto total jajaj!! aunque eso de la tortura posterior tambien suena bien jajajaja!!

    Saludos!!!

    Oiga y no abandone su otra blog que tambien esta bueno...

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  6. Piel, lo que dejo entrever para el final no es precisamente una tortura, sino un provocar continuo y negar, quedarse siempre fuera del alcance de la sometida, nada de golpear, ni fustigar, ni humillar. Sólo caricias y besos, aumentar la temperatura y la excitación, y de repente parar, ji ji ji Al cabo de un rato, volver a empezar, y cuando esté de nuevo al borde del clímax, parar otra vez e irse a beber un vaso de agua. Y eso no sólo a la afectada, sino también a las otras dos, ji ji ji...

    Y no abandono el otro blog, no. Lo que pasa es que he marcado el post de apertura a este blog de "Gritos...", porque aquí me siento más cómodo.

    Aprovecho para decir que mi antiguo blog, el de "Forzado al no sexo", lo he transformado en algo así como un fotoblog, donde incluyo una o varias fotos representativas de las muchas que pululan por internet, con un breve comentario, todas ellas bajo la etiqueta única de "Sexutopia". Así que, si queréis visitarlo...

    Saludos también para tí, Piel. Y gracias por mencionar lo del otro blog, que no me acordaba de comentarlo aquí para recordárselo a mis dos o tres seguidoras...

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