miércoles, 12 de febrero de 2014

Masculinización de la mujer.

 El hombre vence; la mujer convence.

O algo parecido debería ser.

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Hace ya mucho tiempo, en un encuentro con una querida amiga (al final de todo esto le dejo un mensaje, a ver si…), le referí la anécdota de la carta que le mandé a un alto directivo de una empresa en la que trabajé. Me exhibí ante ella, le hice partícipe de mi fuerza expresiva, avasallante, sin pelos en la lengua, etc., que causó una breve respuesta final de disculpas en el susodicho mandamás. Quería demostrarle a ella que, incluso desde donde estaba, casi con el agua al cuello y subiendo, podía doblegar la rodilla a quien estaba en lo más alto, si se me ponía a tiro. Típica actitud del macho virilizado que intenta impresionar a una mujer.

Pero ella, tras satisfacer mi ego, intentó hacerme reflexionar. Intentó hacerme ver que, a pesar de tener razón, existen otras formas de conseguir las cosas. Ella habría optado por la sutilidad, la indirecta, la cooperación, el reconocimiento, incluso la adulación… para dejar abierta la remota posibilidad de volver a trabajar en esa empresa. Algo que por entonces me despertaba arcadas, y que aún ahora me sigue despertando… pero un poquito menos.

No obstante, ahí quedó la idea. Algún tiempo después, rememorando esa conversación, reconocí que tenía razón. No con la empresa en sí, sino con otros objetivos. Y recordé el papel de la mujer en la Historia de la humanidad, vinculándolo a esa conversación.

La conclusión a la que llegué es que, tradicionalmente, la mujer suele ocupar un falso segundo plano en la toma de decisiones, tanto grandes, que cambiaban el curso de dicha Historia, como pequeñas, en el marco cotidiano de la vida diaria. Y digo falso porque ésa es la sensación que resulta de una observación rápida y superficial, que es así como se suele repasar académicamente la Historia. Batallas, conquistas, revoluciones y otros hechos abruptos protagonizadas por hombres. Antes de la era moderna, los descubrimientos eran cosa de hombres. El arte era cosa de hombres, sobre todo escultura y pintura. Literatura, excepto alguna que otra poetisa griega clásica, predomina el sexo masculino.

Pero… creo que si se escudriñara la influencia de la mujer como ente propio independiente y casi opuesto al hombre, nos llevaríamos muchísimas sorpresas… inspiración, espíritu de sacrificio, perseverancia voluntaria, disciplina amable… ahí creo que el mérito correría más a cargo de figuras femeninas anónimas a las que la Historia ha metido entre las sombras… muy a nuestro pesar.

Y también en el día a día. Suele ser habitual el hombre que convive con una mujer que, cuando desaparece de su lado, entonces se le revela el valor que suponía su presencia y compañía. Y debe hacer gala de entereza para sobrellevar el subsiguiente vacío.

El legado resultante es una sociedad competitiva, en donde se sobrevive con valores mayoritariamente masculinos, a la postre destructivos, dominantes, desprovistos de empatía, compasión y sensibilidad.

Promethea Book 2

Las mujeres que triunfan hoy en día lo hacen en su mayor parte gracias a adoptar esos valores como propios, lo que creo es un error, y de proporciones catastróficas. Para ejemplo paradójico, el obligar a los hombres a aceptar que las mujeres son sus iguales con métodos de choque frontal, cuasi ultimátums, típicamente masculinos.

Y entre otras consecuencias, eso hace que para el hombre de ahora que cesa la convivencia con una mujer, ésta cada vez sea menos una mujer y más un “espejo”, con sus mismos atributos psicológicos y educativos, y por tanto la separación sea probablemente menos traumática.

Creo que la mujer debe basar su “fuerza” en la negociación, la mesura, en tener mano izquierda en situaciones delicadas, sobredosis de paciencia, mezclar dulzura y firmeza según convenga, usar el tacto y la amabilidad, el pragmatismo, en conseguir términos justos y equilibrios duraderos para ambos o más bandos aparentemente irreconciliables… quitando bastante importancia a la autoría y reconocimiento de resultados, los méritos finales, algo típico del hombre.

No digo con esto que la mujer sea perfecta, ni mucho menos. Hay especímenes por ahí en las que no confiaría ni aunque me fuera la vida en ello.

Pero… no puedo evitar pensar que es por culpa de dicha masculinización. Que de haber fomentado otros valores, los que las mujeres traerían “de serie” (con las típicas excepciones por pura estadística), las cosas habrían sido muy distintas ahora, y me atrevo a afirmar, mejores.

¿Que habrían mujeres que abusan? Sí. ¿Que habrían injusticias que clamarían al cielo? También. Me baso en dichas probabilidades, que dicen que de todo habría, buenas y malas, capaces y tontas del bote, superdotadas y negadas, altruistas y egoístas… Pero, ¿madres? Eso sólo pueden serlo las mujeres. Y aunque hayan mujeres que no puedan o no quieran ser madres, no podrían evitar la empatía osmótica por el simple trato diario con mujeres que sí son madres, contagiando y dejándose llevar… Tampoco afirmo que no habrían madres malvadas que no merecen serlo, pero en el ambiente adecuado, con la educación y los recursos que habrían previamente disponibles para toda madre por el mero hecho de serlo, me parece a mí que pocas probabilidades habrían de que su maldad saliera a flote.

Otra consecuencia de dicha “igualdad” creo que es la potente industria basada en el desnudo erótico femenino: “mi cuerpo, mis normas”. Aquí no tengo nada claro qué es lo mejor para todos… Por ejemplo, el pudor es ahora un recurso que el que esté en la actualidad muy depauperado ocasiona que reste credibilidad a las mujeres como colectivo. Y como éste, otros valores en igual estado, provocan que se las estigmatice con tópicos y minimizando su fuerza social, o peor, pervirtiéndola, haciendo que provoquen reacciones viscerales en términos masculinos (otra vez el ejemplo de “igualdad de sexos” en forma de ultimátum con exhibición de fuerza bruta).

Por desgracia, uno de esos tópicos, quizás el más enraizado, es la manipulación del hombre por parte de la mujer, sobre todo a nivel doméstico, con muchas víctimas institucionales en la actualidad. Algo que a muchas mujeres les cuesta decir que no.

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