miércoles, 30 de diciembre de 2015

Cafetera rota.

Un día la cafetera dejó de funcionar. En silencio, a la chita callando. Echo el agua, pongo la mezcla prensada en la cazoleta, coloco la taza, activo el aparato, se enciende el piloto y me dedico a otras cosas. Pero pasa el tiempo, pasa el tiempo y no se oye el típico silbido, ni se extiende el intenso olor del café recién hecho.

Lo apago, lo enciendo y nada.

Resignación. Quizá no sea nada, quizá tenga arreglo…

La desmonto, miro lo que hay que mirar, y tras unas mediciones, decido que no tiene arreglo.



El problema está en la resistencia calefactora que calienta el agua y que está “dentro” de la pieza de aluminio fundido que es todo el recipiente, atornillado a la espita también de aluminio fundido que guía el vapor hacia la cazoleta conteniendo la moltura. Por tanto, no se puede abrir si no es con una sierra y echando todo a perder. Si fuera una resistencia independiente, atornillada al vaso en vez de “hacer cuerpo” con él, hubiera mirado de sustituirla, aunque fuera con otro modelo de componente, que dudo encontraría a la venta. También si el fallo estuviera en los dos componentes de seguridad que detectan temperatura y sobrecarga, aún tendría solución, una sustitución de dichos sensores y listo.

Pero no. Toda la cafetera convertida en chatarra desmontada.

En fin. La llevo a un punto limpio y me acerco a comprar otra a una cadena de supermercados.

Desisto al ver los precios y los modelos en que se basan su funcionamiento, sin convencerme ninguno. No dudo de la calidad final del café que sale, pero está un poco fuera de mi presupuesto, tanto del aparato en sí como de los consumibles preparados post-venta.

Intento mantener el ritmo, el impulso, el ímpetu, el optimismo, las ganas de hacer cosas, preservar el naciente hábito, pero… poco a poco el cansancio, el desánimo, la inercia se van abriendo paso…

Todo esto pasó hace dos meses. Mi hermana me regaló otra cafetera que no emplea. La monto en mi casa, y funciona, ya tengo café otra vez. Aunque la técnica sea ligeramente diferente: en la antigua echaba el agua exacta y me olvidaba, volviendo después al rato indefinido. En ésta debo llenar un gran depósito interno, casi 1 litro de agua, y vigilar cuánto café sale. En la antigua cabía más moltura en la cazoleta, tres o cuatro tazas. En ésta dos, y escasas. En la antigua el vapor salía con mucha más furia y ruido, en ésta se activa una especie de bomba que traquetea contra la mesa el tiempo que está echando vapor. En la antigua el filtro vertía el vapor directamente en la cazoleta y de ahí a la taza. En ésta el filtro dispone de un mecanismo muy extraño compuesto por arandelas de goma que sellan el conducto cuando deja de soplar vapor, imagino que para evitar el goteo constante post-café, algo que en la antigua no pasaba, ya que cuando se acababa el agua, se acababa, sin goteo posterior. En la antigua el café salía fuerte, muy fuerte, con posos y todo. En ésta el café sale… em… casi como de pitiminí.

No me ha gustado mucho el cambio, pero a caballo regalado…


Ahora se trata de recuperar el ímpetu, la disciplina, la limpieza.

domingo, 6 de diciembre de 2015

La Victoreida.

… Víctor entró en el castillo otra vez. Pero en sus ojos brillaba una determinación. Se plantó en medio del inmenso recibidor, sin mirar a nadie.

-¿Dónde están?

Las tres mujeres que en aquel momento estaban allí casualmente se miraron entre sí, extrañadas.

-¿Qué? –preguntó una.

-¿A qué te refieres? –precisó otra.

En lo alto de la escalera se asomó Umbría, guardando silencio.

-En la grava de ahí fuera he distinguido huellas de neumáticos. Todoterrenos mixtos 285, por lo poco que he podido ver en la penumbra. Dibujos distintos, al menos tres vehículos muy… llamativos, poco menos que tanques. Y en los garajes no he visto esos coches. Además son vehículos que suelen conducir hombres, más si van en grupo –Miró a una, luego a otra. –¿Hacéis como en “Abierto hasta el amanecer”, os quedáis con esos cacharros y los tiráis por algún precipicio que no conozco? Hay muchas zonas que no me habéis enseñado por aquí…

-Cuidado con lo que dices –silabeó una, con voz ligeramente cavernosa.

-Están en los calabozos del sótano abierto. -Todos alzaron la cabeza hacia lo alto. Umbría se apoyaba con su elegancia característica en el macizo posamanos de mármol artísticamente repujado. –Llevadle allí, vosotras tres, y que los vea. Contestad a sus preguntas, sin omitir nada.

Unas que estaban arriba con ella amagaron para objetar, pero Umbría las detuvo con una mirada antes de volverse hacia adentro.

Las de abajo se miraron entre sí y se encogieron de hombros. Indicaron a Víctor el camino y echaron a andar hacia un portalón situado en esa misma planta, pero en un salón muy al fondo.

Con gran ruido de goznes y cerrojos lo abrieron. Del interior asomó una brisa fría y húmeda, por un pasillo empedrado que descendía en suave rampa, en la negrura más absoluta. Una de las mujeres abrió un armario cercano y sacó tres maderos que bañó en un cubo y los encendió con un mechero.

-¿Y eso porqué? ¿no tenéis linternas?

-Es parte del juego –dijo una, seductoramente enigmática.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Te adoré.

Te amé. Te di lo mejor de mí. Te respeté. Porque era lo que me salía del corazón. Estaba constantemente sobrecogido, asombrado por esa oportunidad, así que me comporté con el corazón abierto de par en par, relegando a un segundo plano los pensamientos racionales. Sólo aplicaba ligeros toques en la arrolladora guía que me llevaba a cultivarme sobre tu espléndido cuerpo. Y este descontrol conllevó algunos detalles de una torpeza evidente y vergonzante en aquellos momentos, pero que ahora, mucho tiempo después, se revelan ridículos e ingenuos, incluso tiernos.

Me dio igual lo que digan los demás de esos momentos y sus tremendas expectativas. Me da igual lo que pinten en los medios de comunicación, en los corrillos de amigos, en las confianzas que se toman en según qué ambientes y que yo por supuesto no otorgo. Mi recuerdo sobre nuestros momentos juntos están ahora acorazados en mí, completamente a salvo, y nadie tendrá acceso a ellos jamás.

Confiaste en mí. Tú pasabas por unos tiempos de duda conyugal, y yo respondí de la mejor manera que se me ocurría. Amé tu cuerpo en cuanto me diste ocasión. Respeté tus límites, que pasaron a ser míos sin ningún problema. Con mi empatía y atención al máximo, me disgustaba lo que a ti te disgustaba sin siquiera llegar a definirlo con palabras. Tomé lo que me dabas disfrutándolo el triple.  Me concentré en tu placer lo mejor que supe, olvidándome del mío, incluso vinculándolo al tuyo de principio a fin. Mi sed de ti y mi disposición hacia ti eran tantas, que sólo usaba mi cuerpo para atender al tuyo durante todo el tiempo que fuera necesario. Cubierto o sin cubrir, abajo, arriba o de lado, explorando y maravillándome de tus respuestas, lleno de curiosidad y empatía hacia tus señales, intentando anticiparme, saltando olímpicamente sobre mis dudas, teniendo paciencia ante una supuesta falta de respuesta, seguro de que iba por buen camino, y que el tiempo era lo único que me separaba de tu goce y bienestar. Mientras tanto, la entrepierna me escocía, aprisionada y sin poder desarrollarse por completo durante horas, pero no me importó, porque sabía que el sexo que te deparaba era mucho mejor, más candente, completo, duradero y profundo, más placentero, y sin fin a la vista. Era lo que tú querías. Me demostré a mí mismo lo que era capaz de desarrollar ante una mujer como tú, lo que me inspirabas era infinitamente más fuerte y arrollador que el pequeño escozor genital.

Una sonrisa tuya de satisfacción o aprobación, una caricia simultánea de ojos y manos, por leve que fuera, ya era como un rayo luminoso e iridiscente en medio de los nubarrones de dudas que hacía que avanzara un poco a ciegas…

Te llené de mis mejores detalles: mis ojos intentaron no perderse un ápice de cuanto de ti se desprendía, de todo cuanto te rodeaba, tus movimientos, tu ropa y estilo, tus sonrisas, tus dudas. Mis manos no se apartaban de tu bellísimo cuerpo, pero sólo cubrían aquellas zonas donde no pudieran verse rechazadas en su timidez; de vez en cuando se asomaban a tus caderas, nalgas y pechos, pero enseguida volvían a su zona segura: muslos o cintura, zonas correctas y nada ofensivas. Mi respiración se hacía superficial, mi corazón iba a cien, de vez en cuando me daba un leve temblor, pero no era consciente de nada de eso. Sólo ahora, mucho tiempo después, revivo con placer esos detalles.

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Fuiste como una reina para mí. Intentaba volcarme en ti, hacerte cosquillas, hacerte reír, sorprenderte, ser un perrito gimoteante, o un amante silencioso, sonriente y seguro de mí mismo y mis capacidades, o un amigo con quien hablar, apoyarse y abrazarte…

Sentí mucho que eso no bastase.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Parados Anónimos

“-Hola, me llamo Fulano Tal (el tratamiento de “de” en el apellido se lo dejo a las marquesas, condes, duques y toda esa piara de “rancio” abolengo) y llevo X tiempo en paro.

- (todos) Hola, Fulano Tal.

-Esta semana he tenido una entrevista, y me pedían tal, tal, tal y tal cosa.

-Yo he mandado un CV por email a tal empresa.

-Mis gestiones para establecerme por mi cuenta se topan con tal, tal y tal problema…”

Y así con todos y cada uno de los presentes en la asamblea.

Puntos a favor: se tiene un sitio donde se va una o dos veces por semana para hablar, salir de casa, ponerse en contacto con gente con problemas idénticos, que no se escudan tras una enorme mesa, mostrador o pantalla de plasma. Gente de carne y hueso, que se tratan de tú a tú, donde se pueden exponer hechos sin presiones ni juicios ni cualquier impedimento psicológico, y explayarse a gusto, sin miedos ni censuras. Puesta en común de ofertas de trabajo cuyas condiciones finales no son las que publicitan. Posibilidad muy real de formar grupos del que pueden surgir cooperativas o negocio. O bien asociaciones con fuerza social para protestar, una especie de sindicato de parados, que pueden tener peso en negociaciones de convenios colectivos, tomar medidas de presión contra estamentos administrativos, empresariales o políticos. Hacer ver y recordar a toda la sociedad las veces que hagan falta que el paro no es una estadística, un porcentaje, un número. Que es una auténtica enfermedad social, que va contra el derecho de vivir con dignidad, y que si es arrebatado de forma subrepticia y sistemática, hay que pelear contra él de la misma forma.

Puntos en contra: paternalismos, sumisiones, prejuicios y manipulaciones. Se ha de estar muy seguro de conocer a los demás en caso de compartir informaciones y conocimientos que pueden usarse mal, de forma privilegiada, aprovechada o egoísta. Sensaciones negativas que pueden aflorar: rabia, resentimiento, impotencia, vergüenza, inutilidad, desesperación, estar con un grupo de parias fracasados que se pretende evitar a toda costa de cara a la galería, pese a su férreo anonimato… Sentimientos o emociones que pueden confluir en determinados momentos de alta tensión y hacer perder el control. Posibilidad de llevar a cabo iniciativas de legalidad dudosa, cuando no directamente violentas, inmorales o fuera de la ley, siendo pasto fácil de organizaciones criminales o mafias. También se pueden infiltrar elementos vinculados con asociaciones empresariales o gubernamentales que sabotean día a día esta iniciativa, oponiéndose y objetando a toda iniciativa que se proponga, e informando a sus auténticos amos a escondidas, etc.

Por supuesto, todo esto no quiere decir que los que tengan trabajo se quedan automáticamente excluidos. Pueden seguir acudiendo a reuniones de Parados Anónimos de barrio para animar a los demás, mantener el contacto, informar de vacantes o proyectos de diversa envergadura que generen empleo. También pueden formar un estamento aparte para luchar contra la más que segura precariedad de sus puestos de trabajo, algo que los Parados Anónimos pueden apoyar, ya que se verán identificados con ellos.

Porque tal y como está ahora la sociedad, hay muchas similitudes con la esclavitud de pasados “supuestamente” remotos: seres humanos psicológicamente castrados que actúan como pollos sin cabeza, cada uno tirando hacia donde le parezca y chocando con los vecinos, a los que consideran rivales que desplazar o por el contrario, que amenazan su precario y apreciado estatus. Una especie de torre de Babel intangible, donde se suma todo el que llega y pide su parcelita, acabando en un caos donde unos pocos sacan pingües beneficios personales y hacen todo cuanto esté en su mano para que la cosa siga así. Aunque ello suponga suicidios, desahucios, ruinas o carestías en masa para la inmensa mayoría de la gente.

sábado, 24 de octubre de 2015

Garth Ennis.

Irlandés, tabernícola de a trago por jarra, pendenciero, anticatólico, emotivo, bestial y con mucha mordida cuando le sueltan la correa. Como todo ser humano, si desde arriba le ciñen, le ciñen y no hay más que hablar. Guiones alimenticios, sosos, del montón, con la misma enjundia que un saco de patatas...

(Spiderman, el hombre araña, 1, 2 y 3 ed. Fórum)



pero cuando le dan cierta libertad creativa, empieza a crecerse…

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(Constantine, números varios, ed Norma/Planeta DeAgostini)


010(Hitman, números varios, ed Norma/Planeta DeAgostini)



… y a crecerse…

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(Punisher MAX, 1 a 10 y especial, ed. Panini)



… y a crecerse…

(-(-coronel- Furia MAX, 1, 2 y especial, ed. Panini; 1, 2 y 3 Fórum)



… y ya cuando le dan libertad total (más o menos), explota:

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(Predicador, series varias, ed. Norma)



Y cuando se lo monta por su cuenta, ya es el acabóse más cabronazo que ha parido madre:

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(The boys, 1 a 12, ed. Norma)

… en donde arrambla con todo, no deja títere con cabeza y patea y tritura el mito del superhéroe moderno. Todo aquél que tenga la “desgracia” de leer The boys de principio a fin “mirará” al resto de los superhéroes con otros ojos (“como dice el proverbio: Un gran poder conlleva la total certeza de que te convertirás en un cabrón”). Y yo no soy excepción. Y como se me han pegado sus “maneras”, sus modos, motivos, estilo y demás, lo destripo aquí para vosotros con un par de machetazos. Ni aviso de “spoiler” ni pollas en vinagre.

Veamos: ¿Superman clon? un producto depravado, hedonista y psicótico de una larga investigación dirigida por el equivalente a A. Einstein, pero en genética en vez de energía atómica. ¿Batman clon? un ricachón torpón con ínfulas que se folla cualquier agujero, sea de carne o no, como consecuencia de una enfermedad degenerativa. ¿X-Men clones? una profusa tropa de jóvenes multimillonarios dados al vicio constante y sin límites, liderados por un pederasta que los rapta de niños, los pervierte, los manipula y los aglutina a su alrededor. ¿Los Vengadores clones? un grupete de figuras a cual más pervertido, odioso, rastrero, cruel y cobarde que haya podido imaginar una mente retorcida y hastiada como la de Garth Ennis. ¿La JLA clon? ídem de ídem. Y todos ellos y unos cuantos más (incluyendo un grupo de cosecha propia basada en el fanatismo ultracristiano, por supuesto con su tonelaje de hipocresía y perversión despiadada) bajo el patrocinio de una corporación privada multinacional con intereses y estrategias de negocios hacia el “dinero de verdad”, la industria militar norteamericana. Y además encajándolo en la historia: Segunda Guerra Mundial, guerras de Corea, de Vietnam, de las Malvinas, la CIA, Rusia… hasta el presente, en que hace que confluya todo en un final… em… apocalíptico, con intento de golpe de estado incluido… y también una pequeña subtrama para dejarlo todo más o menos atado antes de concluir un tanto precipitadamente y dedicarse a otros proyectos, ahora que ya le ha sacado el jugo a esa colección… (o igual es que desde las grandes editoriales, DC y Marvel, le han “conminado” mediante chantajes y amenazas más o menos directas  a acabar cuanto antes por lo que representa para sus negocios, que todo puede ser… este tipo de maniobras creo que suelen darse de forma habitual en negocios dominados por dos o tres gigantes empresariales).

Dichos proyectos no sé cuáles serán. Le he perdido la pista desde entonces. Imagino que Ennis estará un poco harto del mundo del cómic y quiso probar en otros campos, como el cine.

Pero sí sé la enorme cantidad de patadas que da este guionista a todo lo frívolo, aparente, contradictorio y hueco de la industria del cómic estadounidense. Ya sólo le falta incluir entre sus dianas habituales las versiones cinematográficas sucedidas en los últimos años. Sólo que ahí supongo que le obligarán a cortarse más, le atarán con una correa más corta y más sólida…

También sé el enorme bagaje cultural que porta en sus obras no superheroicas, en donde se encuentra más a gusto (por ejemplo, en “Hitman” apenas hace uso de dones metahumanos en el protagonista, justificando como que le den migrañas cuando los emplea), basadas en su mayoría en la Segunda Guerra Mundial, en donde se adentra siempre que puede, con respeto, cariño y admiración por los que lucharon y murieron, tanto de uno como de otro bando. Por supuesto, en el lado alemán, diferencia al ejército (Whermacht) de los fanáticos (SS, Gestapo y demás organizaciones).

No olvido tampoco su vertiente cómica, pero al ser extranjero, sus juegos de palabras pierden con la traducción. Aquí el menda, al dominar el inglés a un nivel menos que básico, se pierde por completo en los argots, así que las obras cómicas las percibo un poquito deslucidas y forzadas.

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(Recopilatorio Historias de la guerra, Ed. Planeta deAgostini. Especiales varios, Ed. Norma)

sábado, 17 de octubre de 2015

Índice de bases oníricas.

Recientemente contesté a una entrada en el blog de Chatarrera Nórdica (si sientes curiosidad sobre lo que opino de esta bloguera, hablo de ella aquí con más detenimiento, admiración y simpatía) en donde me dio pie para relacionar una especie de “índice de fantasías oníricas” a partir de las cuales generaba mis fantasías de vaho. En dicha respuesta me salían todas de carrerilla, y tuve que resumirlas o quitarlas para no extenderme demasiado. Luego pensé que sería buena idea relacionarlas con más detalle aquí, en mi blog, creando incluso una etiqueta nueva, Inbaon,  y dotar así de más vidilla y ganas a este pequeño espacio mío…

Llamo “fantasías de vaho” a las que se generan para diversión momentánea, para pasar el rato en colas o salas de espera, para conciliar el sueño y sentirnos bien con nosotros mismos, o bien como refugio instantáneo y sin pretenderlo de una situación tensa en donde las circunstancias favorecían dicho vaho, pero que luego se disuelven en la nada sin más importancia. Exactamente como cuando se exhala vapor sobre un cristal para limpiar una manchita persistente, dibujar una caricatura o escribir un mensaje sin apenas trascendencia (o quizás con mucha trascendencia pero sin mucha huella para el futuro, que todo puede ser), o cuando se está en un ambiente muy frío se hace un amplio anillo con la boca y se expulsa una larga bocanada de aire para recrearnos en la forma o el efecto que despierta delante de nuestra cara, y que a los niños les encanta cuando lo descubren y juegan con ello.

vahor

Lo más llamativo es que tengo unas pocas fantasías recurrentes, básicas o troncales, a partir de las cuales se desarrollan, bien repitiéndolas una y otra vez fielmente, sin variar una coma, o bien un día se me ocurre una pequeña variación, una sorpresa que añadir y que disfruto, o bien cambio de sueño base, dependiendo de mi humor, mis ánimos, o lo que sea, que me llevan a seleccionar de dicho índice el que más me venga en gana.

Lo malo de esto es que si una noche me encuentro especialmente desanimado, desganado o susceptible, y rechazo todo a mi alrededor, incluyendo dicho índice, y me propongo componer otra base completamente nueva, independiente del resto, no me sale así como así, y siempre acabo tirando del índice en cuestión.

Mencionar también que algunas de dichas bases están ya plasmadas por escrito, de diferentes formas y sin ninguna relación entre sí, como pueden ser cuentos sueltos en este blog o en el otro, o bien diferentes blogs dedicados íntegramente a ellos, porque dichas historias daban muchísimo de sí si las desarrollaba, pero se quedaron ahí sin más, a medio nacer, la mayoría de ellas por pura vagancia.

Así que en cada cuento de este Inbaon recién inaugurado incluiré el enlace donde hago referencia a cada uno de ellos, ya sea completa de principio a fin, o sólo principio sin final a la vista. Lo bueno que tiene esta pequeña iniciativa es que puedo desarrollar unas escenas especialmente vívidas o conmovedoras, por la enorme fuerza que conllevan, sin incluir las etapas previas o posteriores que suelen resultar un lastre para mi forma de ser. Por supuesto, intentaré que sean inteligibles y asimilables, pero el esfuerzo de hacerse a la idea de qué pasa previamente en cada una de ellas es fundamental (y supongo que enorme en algunos casos), con los personajes, interacciones, circunstancias, habilidades, etc.

lunes, 12 de octubre de 2015

Té con canela (del Mercadona)

Tengo la garganta irritada. Puedo mantenerme centrado mientras no trague o tosa. Pero siento desde la campanilla hasta muy al fondo, casi hasta el esófago e incluso más allá… releches, qué me pasa que no puedo ni siquiera acertar con la palabra adecuada… hinchado, hipersensible y adormilado a la vez… Pero cuando me asalta el reflejo asociado de cualquier tipo de espasmo involuntario (tragar, toser, reírme o estornudar) siento como si raspara ahí dentro una lija, o una bola de estropajo duro.
Voy tomando cafés cada pocos días. Solos, con leche, con galletas o a sorbitos sin nada más, con azúcar o sin azúcar, cargados o ligeros (controlando la prensa manual y la cantidad de café molido en la cazoleta), más o menos cafeinados (mezcla en diversas cantidades de tueste natural y descafeinado)… Y cada vez me gusta un poquito más, lo reconozco. Es un ritual que me relaja y me hace sentir en paz mientras dura.

Y claro, en ésas, no puedo evitar imaginarme estar en compañía femenina: ella durmiendo tras una noche especialmente intensa, y yo levantándome y preparándole el café (asumiendo por supuesto que le gusta el café) y entrándolo después en una bandeja, con unas galletas, el tarro de azúcar y algún detalle primoroso, como la servilleta plegada de una forma graciosa y llamativa… (flores, bombones y demás están fuera de la ecuación económica).

Sí, suena feo mencionar la cuestión económica. Pero dada mi situación ídem, esa condición insalvable se me ha metido aceitosamente entre los resquicios de la base de mis fantasías de vaho cotidianas.

La parte negativa del ritual del café es que creo que me he habituado demasiado pronto a sus efectos vivificadores. Ya no siento apenas el empuje que me abocaba a la hiperactividad de antaño. Aunque quizás sea por el control de las dosis en la cazoleta, siempre tirando a la baja con el café tueste natural.

El otro día vi en Mercadona infusiones de té con canela, y me entró curiosidad por probarlo. La canela me gusta (arroz con leche y galletas napolitanas), así que cogí una caja de eso. Pero hoy he comprobado que al tomar el té bien caliente, apreciar el gusto a canela es casi imposible. Quizás sea que en mi estado actual, con la garganta escocida, no huelo apenas nada, ya que influirá en zonas cercanas…

sábado, 26 de septiembre de 2015

Concéptica.

Dícese de la ciencia que pone nombre a tendencias, ideas, procesos, corrientes, orígenes, destinos, fines, usos, reacciones, tolerancias… e incluso radicalismos y fanatismos varios.

Poner nombre no es baladí. Según se designe una u otra palabra a algo, ésta puede cuajar y prosperar, o si suena mal, fracasar y verse relegado al olvido o al uso especializado entre profesionales del ramo. Entiéndase como “cuajar y prosperar” el sumarse al uso cotidiano de una comunidad más o menos numerosa, y que puede usarse como ladrillo para construir más concéptica futura.

No es ciencia nueva. Y tampoco está ceñida a la Filosofía, o al Diseño, o al Descubrimiento, o a la Normativa reguladora (estandarización), o a cualquier campo con mayúscula en el que la Humanidad expresa y lleva a cabo todas las ideas que surjan en cualquier ámbito, tiempo o lugar (nótese que, a lo largo de este blog, la mayúscula no se la aplico a cualquier palabra).

Cualquiera puede usar la Concéptica en cualquier momento. Simplemente con que se le ocurra un proceso nuevo que acorta o ataja conceptos antiguos que los transforma en obsoletos, ya usa esta ciencia, ya usa la Concéptica.

Concéptica también es asignar símbolos impronunciables pero certeros al primer golpe de vista a situaciones e ideas que precisan de lecturas rápidas para actuar en consecuencia de inmediato, casi por reflejo.

Aunque esta última parte disiento un poco, porque dichos símbolos son difíciles de usar en sumas futuras para crear nueva concéptica… y por tanto tienden a estancarse y permanecer inamovibles en el imaginario y comunicación humana.

Como toda ciencia humana, también es proclive al mal uso, manipulación o tergiversación. Y como toda ciencia humana, dicho mal uso, manipulación o tergiversación produce mucho daño, dolor, destrucción e injusticia en dimensiones realmente escalofriantes.

¿Qué fue si no designar “izquierda” a unos valores sociales y “derecha” a otros? Concéptica. ¿Y qué fue radicalizar dichos valores en uno u otro sentido, oponiéndolos en numerosas ocasiones, “extrema izquierda, extrema derecha”? Concéptica. ¿Y también oponerlos contra sus vertientes “moderadas”? Concéptica.

¿Y asignar la cruz gamada al nazismo en la cultura occidental o la hoz y el martillo al comunismo? Concéptica. ¿Diferentes cruces de diferentes colores y formas a lo largo de la Historia? Concéptica. ¿Medias lunas, estrellas de David, estrellas de cinco puntas y otros símbolos que no tienen sonidos asociados pero se exhiben con propósitos llamativos? Concéptica. ¿Señales de tráfico vial, avisos de peligro y símbolos de publicidad e identidad corporativa empresarial? Concéptica. ¿Escudos, linajes, banderas, herencias culturales, pertenencia a diferentes etnias, tribus, valores, incluso modales y costumbres que determinan diferencias más o menos relevantes entre grupos vecinos? Concéptica.

¿Qué fue designar como “Teoría” a la Evolución o a la Relatividad? Concéptica. ¿Y la reacción a la primera, el creacionismo? Más concéptica.

¿”Políticamente correcto o incorrecto”? Concéptica. ¿Insultar, degradar, vejar, comparar, crear metáforas? Concéptica. ¿Convertir siglas en palabras y usarlas como sustantivos, incluso moldearlas como verbos? Concéptica. ¿Una conversación entre científicos eminentes, entre informáticos en perfecta sintonía, entre artistas formados y veteranos, entre médicos sobre cuestiones urgentes de salud…? Concéptica.

¿Esta misma entrada, en donde reflexiono y propongo como “Concéptica” a la concéptica? Más concéptica… siempre y cuando el concepto cuaje y se use entre la gente de forma espontánea, sin llevarme ningún mérito por ello.

Ya que otra de las reglas no escritas de la Concéptica es el anonimato de sus orígenes, citando éstos como anécdotas sin apenas importancia, si se llega el caso.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Warren Ellis.

Contexto: En un futuro de ciencia-ficción, el viaje interplanetario es un hecho (dentro de los límites del Sistema Solar). Explorando en las lunas de Júpiter, territorio virgen, descubren en una de ellas, Europa, innumerables sarcófagos submarinos en estructura de colmena en el seno de su único océano, conteniendo en hibernación milenaria seres parecidos a los humanos. Acceden a sus bases de datos e intentan descifrar su lengua.

“-…Es demasiado fácil.

-Llevas con esto desde anoche. Si fuera fácil ya no tendría que oír cómo te quejas. ¿Qué problema hay?

-Las lenguas humanas derivan de doce sonidos raíz. Esos sonidos dependen de la estructura de la laringe y de las condiciones atmosféricas.

-¿Y?

-La grabación de voz que encontró Anna tenía esos sonidos raíz. Y el ordenador los relaciona con elementos de los caracteres lingüísticos del texto.

-Y por tanto te quejas de que es demasiado fácil. ¿Qué quieres?

-Accedemos a las palabras de una raza imposiblemente antigua, esencialmente alienígena. Debería ser más difícil.

-Venga, John. Misma laringe. Misma estructura pulmonar. Diez dedos, cosa que lleva naturalmente a unas matemáticas de base diez. Somos parecidos… Vale, es raro… pero aquí todo es muy raro. ¿Qué te preocupa?

-¿Quieres saber qué me preocupa? Se puede averiguar mucho de una cultura a través de su lengua.

-Sí.

-Bueno, si fuéramos alienígenas ante un texto inuit, veríamos que tienen cincuenta palabras distintas para decir nieve. ¿Qué deducimos de eso?

-Que en su tierra nieva una barbaridad. Ya lo entiendo.

-Pues entiende esto: de momento, tengo ciento sesenta y tres palabras distintas para decir asesinato.”

“Ocean”. Warren Ellis, guión. Chris Sprouse, dibujo.


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Contexto: Un universo con su abundante e indefinido plantel de superhéroes, tanto villanos como benignos, algunos ocultos y solitarios, otros en grupos privados, otros en grupos paraestatales, etc. Uno de esos grupos está de asueto en un bar, el “Clark’s Bar”. Un componente del grupo, Toshiro, es un gigante gaseoso contenido dentro de una enorme armadura; otro, Nigel, es un ente también gaseoso delimitado por un campo de fuerza que le da apariencia humana (cabeza, cara, ojos, brazos, piernas, etc.), pero todo él de color verde fosforito; dos mujeres con diferentes dones y habilidades, y otro hombre que puede pasar por normal sin ningún tipo de rasgo llamativo.

“-…Debe de ser muy duro para ti, Toshiro, hijo.

-¿Qué quieres decir, Nigel?

-Bueno, tú eres un post-humano gaseoso como yo. Pero yo tengo este campo de fuerza sujetándome. Y esa red electrónica interna que me hace de sistema nervioso. Pero tú eres una bolsa de gas y extraños efectos gravitacionales encerrados en una caja de metal para que no exploten… Si no te importa que lo diga, tiene que ser difícil divertirse así.

-En absoluto. Tengo un secreto. (Pausa) Tengo un orgasmo cada cinco minutos. (Pausa) Por favor, no se lo digáis a mi padre.

(Todos miran asombrados a Toshiro. Una de las mujeres le apunta con el dedo).

-Vamos, hombre. No puedes soltar eso en una conversación sin explicarte…

-Mi forma gaseosa es extremadamente sensible a las vibraciones, incluso dentro del traje de contención. La simple vibración de las personas caminando envía resonancias a mi cuerpo que hacen que masas de plasma caliente colisionen. Cada pocos minutos hay una reacción en cadena y… (Pausa)…  Allí voy otra vez. Perdonad.

-Quiero ser una entidad humana gaseosa.

-Se me acaba de ocurrir algo: si uno de los malos brinca arriba y abajo sin parar, Toshiro se quedaría completamente bloqueado en cuestión de minutos…”

“StormWatch: Cambiar o morir”. Warren Ellis, guión. Oscar Jiménez, Michael Rayan y Bryan Hitch, dibujo.

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Contexto: En un presente más o menos tormentoso, la ciudad de Los Ángeles es convertida en una prisión donde van a parar agentes de diferentes organizaciones secretas deshechos por experimentos que han salido mal. La ciudad en sí es habitable, con sus más y sus menos. Dichos agentes se relacionan entre sí en su devenir diario, portando cada uno sus rarezas como buenamente puede. Uno de ellos encarga a otro, el protagonista, una misión de detective. Como éste apenas soporta la luz del sol, entre otros inconvenientes, precisa de transporte con chófer.

“-… ¿Necesitas que te lleve antes de volver a mi estudio?

-Tengo que ver a Emily Crowe.

-Cielos, Jones.

-Tú no tienes porqué entrar. Volveré en taxi.

-Ya lo creo. Esa chica me pone los pelos de punta. Sube.

-Es lo que se supone que debe hacer. ¿No conoces su historia? Es ex agencia, como tú y Jeronimus. Y como Jeronimus, sufrió alteraciones quirúrgicas. Debería haber sido la seductora definitiva. Sobreproducción de feromonas sexuales. No funcionó. Lo que produce es algo que activa la reacción arácnida. Es miedo, y repulsión, y la confusión de estar cerca de algo extraño. En resumen, te pone los pelos de punta.

-A ti también debería pasarte, ¿no?

-No. Soy el único tipo de L. A. que puede estar en la misma habitación que ella.

-¿Por qué?

-Porque ya nada me pone los pelos de punta.

-Uno de estos días tendrás que explicarme qué era ese ‘Test desolation’”

Y es una de las escenas más potables de esta densa obra.

“Desolation Jones”. Warren Ellis, guión. J. H. Williams III. dibujo.


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Y así podría seguir, y seguir, y seguir por su prolífica obra. Diálogos que son casi una fuerza de la naturaleza, como muestran los tres ejemplos previos. Argumentos en su mayoría absurdos, pero tratados con mucha maestría para sacarles el jugo. Sin límites en mezclas de conceptos, muchos de ellos forzados y estrujados para formar nuevos conceptos en los que situar sus historias. Reflexiones demoledoras y certeras, capaces algunas de ellas de dejarme como un flan…

Es el único autor que me provocaba adicción cuando estaba cierto tiempo sin leer nada nuevo suyo. Su estilo, las perspectivas acerca de qué podía salir que me impactara, sus metáforas…

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Paradójicamente, su obra más famosa (relativamente), “Transmetropolitan”, no me llamó mucho la atención. Adquirí el número 1, sí, pero… nah, en aquellos días tenía otras colecciones más interesantes en la tienda…

Puede que en el futuro, si me da por ahí, destaque otra obra de éstas y os la presente para que os pique la curiosidad como a mí en su día.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Capitán Britania.

Imagino que esta entrada interesará a muy pocos, ya que hace clara alusión a un símbolo, Gran Bretaña, que despierta no pocas antipatías entre el respetable histórico español.

Además de ser reflejo “menor” surgido en la década de los 80 bajo el ala de otro símbolo de descarada manipulación patriotera de mucha más solera y raigambre, el capitán América.

Además de ser un personaje segundón y poco conocido en el abundante filón de personajes del universo Marvel.

Además del claro sentido militarista por el grado de oficialidad expresado, con lo que conlleva de pretendida autoridad, liderazgo, ejemplo, obediencia, etc.

Además del calado mínimo que la edición de sus aventuras ha tenido en España.

Además de la respuesta refleja que supone para los no aficionados al cómic, para el público en general: “Si existe el capitán América y el capitán Britania, ¿porqué no existe el capitán Hispania, o capitán España, o como se llame?”, antes de reprimir dicho reflejo por otro reflejo resultado de la vergüenza de pertenecer a un país gobernado por corruptos e incompetentes, con su identidad nacional en fuerte crisis desde hace más de cuarenta años.

Bueno, que existen multitud de personajes por ahí de los que hablar antes que éste.

Pero me he decidido por él, porque dada la reciente “reestructuración” de la deud… perdón, de mi casa (lo siento lo siento, tanto leer sobre la enorme deuda que tenemos los españoles, griegos, italianos e irlandeses para con Europa ha dejado esa relación casi indisoluble en mi psique), decía de mi casa, mis cajas de mudanzas en el trastero y desperdigadas por el salón durante casi cuatro años, he podido cumplir un viejo deseo friki: encontrar los cuatro tomos “prestigio” (un formato de cómic de antaño de alta calidad) comprados a principios de los 90, un tomo publicado casi quince años después pero cronológicamente situado antes de dichos tomos “prestigio”, y situarlos todos antes de una colección que empezó más o menos al mismo tiempo que los susodichos tomos “prestigio”, que seguí durante aproximadamente cinco años y que dejé colgada al ver la mediocridad que iban tomando sus historias. Y ponerlos todos en una de mis estanterías en su orden cronológico y de-fi-ni-ti-vo (odio el abuso al que se ha sometido en publicidad masiva a esta pobre palabra).

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Capitán Britania es un personaje al uso: musculoso, algo torpe, abundante cultura y conocimientos científicos, identidad secreta, traje de acción vistoso y muy ajustado, con un buen corazón y mejores intenciones, su historia detrás, su origen, sus motivaciones, sus enemigos, sus amigos y aliados… pero en su mejor época (ilustrada absolutamente toda por el dibujante Alan Davis) sometido a un desvarío tremendo de aventuras, a cual más descacharrante y terrorífica (muérete de envidia, Batman).

Se puede argumentar que la importancia que tiene este personaje viene dada por Alan Davis. Sí, así es. Un dibujante excepcional, de trazo cuidado y muy agradable de ver, que no reniega del erotismo que plasma en su obra, pero que hace como que no existe de cara a la galería, pues va destinada a un público juvenil. Además de permanecer fiel a sus principios, el más llamativo de los cuales es su preferencia por este personaje, al que saca siempre que puede.

Capitán Britania dio paso a Excalibur, una colección de más éxito, y por tanto más respaldo, más presión y manipulación editorial que paradójicamente dio al traste con la colaboración de Alan Davis y por ende con la colección.

Ahora, casi 15 años después, ni sé cómo está esa colección, ni sus personajes, ni quién colabora o deja de colaborar, ni me interesa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Y más café.

Esta vez, mezclado. Un tercio de cazoleta de café tueste natural y el resto descafeinado.

Poco menos que me subo por las paredes al cabo de tres cuartos de hora.

Al principio bien. Una sensación de bienestar, ánimo y ganas de hacer cosas, de cumplir con los proyectos del día, a saber: limpiar, fregar, quitar el polvo, repasar detalles… De hecho, el intenso ejercicio físico que he desarrollado para cumplir con todo eso ha venido a cubrir esa vitalidad extra que me ha despertado el café. Y sí, he subido por paredes… para limpiar a fondo lo que estaba en lo alto.

¿Por qué? Pues porque una ventaja enorme de este nuevo estado de cosas es la de poder recibir visitas y tratarlas como se merecen. No avergonzarme de cómo tengo la casa ni ocultar cosas. Mostrarles todos y cada uno de los recintos y rincones. Detenerme en los detalles que me pregunten, contestando con franqueza e ilusión.

Ventaja que pienso disfrutar en toda su plenitud, y más, si puedo.

Primero mis padres y mi hermano mayor. Hoy han sido mi hermana, su marido y su hija.

Y tengo intención de ir invitando al resto.

No obstante, en cierto momento, me he imaginado cómo sería la visita de… una mujer.

Y al tener esta base bien cubierta, este soporte que durante tantos años me ha faltado, me he sentido bien, con energía, humildad y predisposición.

Pero no sé si era por el café o porque realmente me salía de dentro.

En el fondo no importa. Ya tengo mi casa en condiciones, así que sólo faltaba un empujoncito para echar a rodar la fantasía… y, bueno… ha sido un alud, me costaba elegir sólo una.

Todas partían de que ella entraría con los brazos cruzados en el pecho, hombros encogidos y cara un poco agachada, pero mirada atenta, fijándose en cuanto detalle cayera a su alcance…

Si al cabo de un buen rato de conversación, un poquito de humor, alguna que otra bromita, y la visita de rigor a todos los rincones, consiguiera una leve sonrisa de aprobación, un brillo determinante en sus ojos, mirada fija y abierta… y yo caería a sus pies, poco menos que derretido… “Mi señora”, acertaría a musitar.

Etcétera.

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jueves, 27 de agosto de 2015

Cientos y cientos…

… de cómics. Eso he ido sacando ayer y hoy. Acumulados durante más de 25 años. Esperando a tener mi propio espacio, mi casa, mis estanterías, para ser sacados y colocados en sus sitios definitivos. De momento sólo sacados y puestos ahí. Conforme pase el tiempo, los iré ordenando. Pero el primer paso ya está hecho.

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Y el café que tengo es descafeinado, sí. No me siento distinto, ni cinco minutos después, ni una hora después.

Tengo una duda sobre los cafés… Si comprara café normal, molido, ¿cómo quedaría mezclado con descafeinado? Muchos cafeteros se llevarían las manos a la cabeza, me tacharían de criminal, de zote, de ignorante, de paleto. Pero que les den.

Mi idea es: cada día, o cada dos días (no tomo café con regularidad, porque en mi estado económico es casi un lujo), meter en la cazoleta mitad descafeinado y mitad café normal. Ambas capas no muy prensadas… Los primeros días, la capa de café normal sería más bien fina. Luego ya veríamos.

¿Por dónde iba? Ah, sí, los cómics. Por fin podré releer aquellos que tanto me hicieron soñar, reír, llorar, reflexionar, rebuscar, fantasear, elevarme, hundirme… la poesía del inimitable Warren Ellis, su ciencia-ficción, sus futuros drogados y elevados… la determinación de Alan Moore, sus detalles exhaustivos, casi agobiantes, sus remodelaciones, sus extrañas referencias… la bestialidad visceral de Garth Ennis, su feroz anti-catolicismo irlandés, sus sociedades de tabernas, su humor negro, sus corazones abiertos destilando amor, compasión, dulzura y firmeza… en fin, para qué voy a seguir…

Pero por primera vez en años, tengo algo que compite con mi dependencia de internet y me ayuda a desviar mi atención exclusiva en eso, haciendo que apague el ordenador y me sienta ahí atrás a leer un buen cómic.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tercer día con café.

Pues no sé si será el café, la cafetera, mi metabolismo cambiado o quizás el color del azúcar blanco, pero no me siento diferente al rato de tomar la taza.

Hasta anteayer, todos los cafés que me tomaba me provocaban nerviosismo, o sueño, o me desvelaban hasta bien entrada la noche aunque lo tomara a media tarde, o locuacidad, o cualquier alteración que me empujaba mucho más allá de lo que percibía como normal en mí.

Pero ayer, y hoy, no me he sentido distinto… En fin, a lo mejor es que el café sería descafeinado de máquina (me lo han traído en tarro, sin marca ni tipo ni nada), pero aunque así fuera, me ha gustado mucho cumplir ese ritual distinto, ese pequeño detalle que me recuerde que ese día debo hacer algo de lo propuesto para variar un poco el rumbo que llevaba estos últimos años.

Y así ha sido. Montar una estantería, colocar focos que apunten a mis miniaturas adquiridas en los años previos a mi independencia con el propósito de exponerlas cuando tuviera ocasión… y cuando tenía ocasión, me falló otra pata vital, por tanto tuve que posponer con dejadez e indiferencia, creciendo conforme pasaban los meses y años.

Lo más difícil son los papeles. Cientos y cientos de papeles acumulados. Facturas, extractos bancarios, manuales de instrucciones, garantías, impresos de hacienda, de salud, del INEM… Una montaña de papeles que me echan muy para atrás, y que evito como puedo, concentrándome en otras cosas, igual de importantes, pero no tan urgentes, de cara a la próxima visita de Profe y de Brava.

Aunque me digo que me pondré a ello, nunca lo hago… Entre los calores, los trabajos de montaje y el juego de solitario de windows que me da por pasar el rato para descansar entre mueble y luminaria, voy procrastinando y…

En fin, sé que al final me tendré que poner a ello.

 

Papeles y más papeles

jueves, 20 de agosto de 2015

Primer día con café.

Hace tres días me regalaron una pequeña cafetera exprés de las que se enchufan. Entre otras muchas cosas.

Se echa agua por un sitio, se pone café en una cazoleta con manivela, se coloca esa cazoleta con un cuarto de giro, se pone una taza debajo y se enciende. Y a esperar.

Como era mi primera vez, en mi casa, que tomo café a solas, me he dicho… ooye, esto, que parece tan normal, aburrido y cotidiano para mucha gente, puede ser el inicio de algo para mi blog, y así usar eso como raíl para mencionar el cambio sustancial que está tomando mi vida por estos días…

De entrada, odio el café. Y el té. Y la nicotina. Y el alcohol. Y por extensión, toda clase de estimulantes ilegales que provocan que seamos más de lo que somos o podemos dar. Marihuana, cocaína, heroína, éxtasis, metanfetaminas… Así los que no somos cafeteros, alcohólicos, bebedores de té y fumadores, nos quedamos atrás en nuestra lucha diaria por sobrevivir. Es como un doping en un deporte muy competitivo, frente al cual el ciclismo, uno de los deportes más duros que existen, es un juego de niños. Y el ciclismo no goza ahora mismo de buena reputación por las cosas que se meten los que compiten. Y es normal, dada la energía de que necesitan disponer para ganar.

Pero me estoy yendo por las ramas. Hoy he decidido tomar mi primer café. En parte para ver cómo se maneja ese trasto de cara a futuras visitas, y en parte para probar a ver cómo me sentaría si lo introduzco en mi rutina diaria.

Así que retomo del primer párrafo: “Me regalaron… entre otras muchas cosas.”

En efecto. Unos muy buenos amigos me han regalado un armario ropero, unas cuantas estanterías y unas pocas luminarias para mis bombillas. Y lo más importante: me han regalado también su tiempo, esfuerzo, interés e ilusión en que renueve mi vida, retome la iniciativa y el control. Me han ayudado a limpiar y ordenar lo que lleva ahí años acumulando polvo.

Todo empezó hace un mes aproximadamente. Yo estaba en un valle anímico. Un amigo vino a mi casa de improviso, vio cómo estaba el percal y tras un paseo juntos por mi ya no tan flamante barrio, nos despedimos, yo me metí en mi casa con mis rutinas autocastradas y él se fue a la suya.

A los pocos días, vino otra vez con una amiga, que también vio por sí misma cómo estaba todo, y dimos una vuelta. Paramos en un bar a tomar algo. Yo estaba contento de verles, porque visitas así se agradecen mucho. Pero en realidad venían con una propuesta.

El amigo es un negado en tareas de mantenimiento de su casa. Además de en otras cosas básicas. Pero esto no quiere decir en absoluto que sea un inútil en la vida. De hecho es todo lo contrario. Es profesor de preescolar con alma, y cada vez que habla de “sus niños” se le encienden los ojos. Los progresos que hacen en el día a día, la gracia que le provocan sus torpezas, la gracia aún mayor que le hace limarlas poco a poco y que aprendan a base de insistir, los juegos aparentemente sencillos que monta, los métodos que usa para captar su atención y que aprendan… Por extensión, esa gran capacidad humana de empatía, análisis y modificación de conductas, reaprendizaje, etc., las usa en su vida diaria, con su familia y sus amigos. Y yo estoy entre los más cercanos de los últimos, afortunado que soy.

Además, su fe en la humanidad está constantemente restaurada. Porque ve a “sus niños”, y renueva sus esperanzas en un futuro mejor. Al margen de los padres de los niños, con sus más y sus menos; al margen de sus compañeros y directores, a menudo con muchos menos que más para su desgracia. Pero es entrar en el aula con sus niños esperando, y me imagino la alegría, la ilusión, la curiosidad, la inocencia que portan, y dejarse llevar por todo ello.

En fin, que me voy otra vez por las ramas. “Profe” (así le llamaré para los restos),  “Brava” (así llamaré a la amiga; ya diré por qué) y servidor, estábamos en una terraza de bar, tomando refrescos, y Profe me propone algo: me “contrata” (una forma sibilina de decirme que me necesita con disciplina regular) para hacer unas cuantas tareas en su casa: cambiar bombillas, pasadores de cajones, enchufes, sintonizar una televisión, limar lechadas en juntas de baldosas y pintar techos.

No hablamos de dinero ni nada por el estilo. No hablamos de qué me iba a dar a cambio. Yo acepté, con desgana y haciendo un poco de tripas corazón, porque en mi fuero interno sabía que no podía seguir así. Y al día siguiente empecé. No sólo eso, la hermana de Profe también requirió mis servicios para pintar la verja de un balcón sesentero cuya cadencia de rejas hacía que pareciera una partitura gregoriana en tres dimensiones.

Estuve algo así como una semana haciendo todo eso. Enfrentándome a mis demonios, sobre lo de cumplir con lo prometido a tiempo, trabajar para ganarme la vida, sufrir la ansiedad que me da no ser capaz de llevarlo a cabo, y minimizar los buenos resultados una vez conseguidos. Entre otras rémoras.

Cuando terminé de pintar los techos y se acabó todo, me llevó con Brava a traición a un centro comercial de muebles, y me compraron cinco estanterías y un armario ropero. Triplicando el valor de lo que creía que costaba mi labor.

Hasta entonces, estaba como “a remolque” anímico. Pensaba que una vez cumplido todo, me daría una buena propina, y se acabó; volvería a mi rutina eremita y oscura de cada día.

Pero ni por un momento me imaginé que me harían esto. Mientras me arrastraban de los brazos, o de las orejas, por el centro comercial, yo estaba asombrado, incapaz de reaccionar. Respondía con monosílabos, alguna que otra observación, sonrisas forzadas… pero en mi fuero interno estaba paralizado. “¿Dónde demonios me han metido?”

El resultado, tres semanas después, es que Brava y Profe me han puesto todo patas arriba. Han entrado a saco en mi covacha y en cinco tardes intensas (y las que creo que me quedan, pero pocas ya), han cambiado por completo mi casa. Han limpiado, han ordenado, han tirado a la basura un montón de cosas… Como me conocen de hace años, saben de mis aficiones, mis sueños, proyectos, puntos débiles, puntos fuertes, y han actuado de acuerdo con todo ello.

En ningún momento han juzgado lo que se han encontrado a cada paso. Ni en ningún momento han puesto en tela de juicio dichos sueños ni aficiones. Por impropias que puedan parecer a sus ojos. “Esto, ¿lo necesitas?” o “¿lo quieres para algo?”. “No, sí”. ”Pues a la basura” o “déjalo por aquí que lo ordenamos después”. Sin más, sin fijarse en las apariencias del objeto ni lo pasado o roto o inútil que pueda ser.

Y así estoy ahora. Entre incrédulo y esperanzado. Incrédulo porque no creía que esto llegaría tan lejos. Un par de arreglos por aquí y por allá, y todo seguiría igual. Y esperanzado porque por primera vez en mucho tiempo, empiezo a estar a gusto en mi casa.

Además de la dosis de cafeína corriendo por mi cuerpo, muucha luz entrando a raudales por las ventanas bien abiertas y todo desordenado, sí, pero en transición con fecha de caducidad inamovible.

 

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viernes, 26 de junio de 2015

El niño buzo.

El hombre y la mujer se dejaron llevar un momento por la sensación de ingravidez, pero eso bastó para que el niño se alejara lo suficiente de ellos. Cuando la madre abrió los ojos, creyó haber visto mal, y volvió a cerrarlos y abrirlos repetidamente. Al entrar la evidencia con la fuerza de un puñetazo directo, los abrió desmesuradamente y braceó, llamando la atención del hombre, quien también se dio la vuelta y parpadeó, centrando la vista entre las burbujas. En cuanto vio lo que era, se dejó llevar por el instinto y tendió el brazo hacia la mujer, impidiendo su paso.

Una gigantesca sombra se había perfilado de entre las difusas del fondo, acercándose despacio al niño, que se había quedado quieto. El cachalote se movía majestuosamente, procurando no formar muchos remolinos, como captando la fragilidad del diminuto ser que tenía cerca. Tanto fue así, que con la ausencia del más mínimo aleteo, el cachalote fue tomando una postura cada vez más vertical, a pesar de las incomodidades y molestias que ello le supondría. Las enormes aletas traseras se hundían en la oscuridad, y la mole cuadrada de la cabeza fue cerniéndose sobre el niño.

Éste sólo movía pies y manos para mantenerse quieto, compensando las corrientes que desplazaban aquel volumen.

El cachalote se tornó un poco de lado, lo suficiente como para que el niño estuviera en su limitado campo de visión. Una aleta pasó muy cerca, casi tocándolo, y terminó dándose la vuelta y con un aletazo vigoroso y muy pausado, se volvió al fondo del mar.

El niño no se resistió al potente rebufo, pero sí controló, con una milagrosa sabiduría recién adquirida, la distancia, las fuerzas y la vertical, regresando con sus padres tranquilamente.

Subieron a la barca y retornaron a la playa. Guardaron un intenso silencio, respetando los ecos que había despertado la experiencia en el basto libro blanco que era la mente de su hijo. Éste permanecía abrazado a sus rodillas, agarrado a la borda, la mirada perdida en el recién iniciado crepúsculo del horizonte marino.

Llegaron a tierra, aseguraron la lancha y se encaminaron a la casa, portando los enseres que habían usado durante el día.

El niño se fue enseguida a la cama, nada más cenar. Los padres seguían guardando silencio, incluso al repartirse las tareas. Eran generosos y colaboraban abiertamente, pero esa noche era especial. Trataban de imaginar el alcance, la dimensión, la energía cautivadora que el niño había captado y que anidaba en su cabeza, run-rún todo el rato con el océano inabarcable que tenían ahí al lado, y del cual habían tenido una muestra casual de su poderío.

Al día siguiente, el niño no estaba en su cama. El padre salió a buscarlo, y siguiendo su instinto, se acercó a unas rocas que estaban a un tiro de piedra de la casa. Asomó en un pequeño claro, y allí estaba el niño, sentado con las piernas cruzadas, encogido ante una enorme roca que semejaba la cabeza de un cachalote. No movió la cabeza cuando se la acarició, sentándose a su lado y contemplando con él el significado de aquella vista.

Un rato después, ambos se levantaron y volvieron a la casa, desayunaron y el niño se puso a hacer sus deberes. La madre se percató de que estaba más centrado y tranquilo de lo habitual, con lo cual terminaron antes, y en cuanto le dio permiso, salió y no se le volvió a ver hasta la comida. Por si acaso, el padre se pasó un par de veces, y lo vio fijo e inmóvil bajo la roca.

Por la tarde, el niño no se opuso en absoluto a la excursión que tenían planeada tierra adentro. Se dejaba llevar, pero sus padres ya sabían dónde estaba su mente. Nada le distraía, ni los requerimientos de sus amiguitos, que querían jugar con él, ni las preguntas de los padres a éste y a sus padres. Marinos muchos de ellos, captaron al instante lo que estaba pasando y respetaron la poderosa inercia del niño.

Volvieron a casa, y antes de cenar, el niño se acercó otra vez a la roca, apurando el tiempo ante ella. Se fue a la cama enseguida, pero el padre guardó vela en el piso de abajo, intuyendo algo que se hizo realidad.

En efecto, el niño se había levantado en medio de la noche y se había puesto una bata, había cogido una manta y una linterna. Salió de la casa en silencio y se fue a la roca. Allí se acostó hecho un ovillo contra la base, y se durmió.

El padre, guardando la distancia, creyó ver a la roca inclinarse un poco sobre el niño, y también se quedó allí, velando el sueño de su hijo.

 

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domingo, 24 de mayo de 2015

Victis entre Roma y Toledo.

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Molesta ausencia de clavos

para asir en la pared

aquel mi hermoso cuadro

de paisaje en mi otra piel.

 

Pica al toro por su lidia

su sangre escupe en torrentes;

sangre que el pródigo envidia

con preces maledicentes.

 

Piedras y obras de castillo

como a Dios su catedral;

todo amontonado y listo

mas ¿dónde se construirá?

 

Alienaos, mis neuronas,

alienaos en camino;

pues, para guiar la aurora,

mi sol ha recién nacido.

 

Diamantes que flotan crudos

en crepúsculos sin olas;

lágrimas, o sangre incluso,

derramo si me los roban.

 

En mi recóndito estanque

también se baña mi Leda;

cisne apresado en la margen…

cisne sin pluma ni aletas.

 

Domina el sol por el día,

devora todo lucero;

de noche, allá porfían

en zodíaco y sin celos.

 

Color verde visto en rojo,

color verde, ¿dónde estás?

Letra escrita que yo escojo,

letra escrita... que se va.

 

Vete de aquí, Galatea,

vampiro de mis mentiras.

Si esculpiéndote siguiera

al final, me vaciarías.

 

Por cada esquirla que arranco

veinte más se desperdician.

Modestia me manda abajo,

pero abajo está Avaricia.

 

Tras un viril espejismo,

me perdí en este desierto;

su arena ahora es mi abismo,

y el sol azul, mi universo.

 

Zeus y Ares también escuchan,

y me anuncian sus heraldos:

si sigues solo en tu lucha,

vendrá Apolo en tu respaldo.

 

Confieso a todos que robo

hierro y pimienta del tiempo

para echar al rojo adobo

ociosos trozos de cierzo.

 

Todos los demás maldicen

cuando arquean sus flaquezas,

las mismas que a mí me impiden

cazar y bajar la testa.

 

Cadáver de lápiz roto

entre baldosas y asfaltos

suspira tu último voto

de esbozar un sueño en blanco.tumblr_n6pnq2MxhI1tc258so9_r1_1280

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.

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.

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.

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No te culpes más, idiota,

piso y pateo yo en mí,

que por lo que a mí me toca,

también estoy solo aquí.

viernes, 13 de marzo de 2015

Me recuerda mucho a alguien…

Esta imagen de la bellísima Mónica Bellucci, sacada de aquí, que he recién visto me recuerda mucho a…

… no sé muy bien a quién… arisca, tímida, delicada, altiva, vulnerable, fuerte (muy muy fuerte, de fortaleza interior arrolladora, tanto que me he visto empujado a escribir esta entrada sin pensármelo mucho)…

sábado, 28 de febrero de 2015

Ya ha pasado una buena temporada…

…desde mi último escrito aquí. Y aún así, dicho escrito era un “traslado” provisional de mucho antes…

Lo que ocurre es que no me fluyen las palabras. Las ideas sí, tengo unas cuantas cosas sobre las que quiero escribir, pero las palabras sufren en mí un… desierto.

No fluyen. Por más que lo intento, no fluyen.

No sé las causas, pero puedo imaginarlas: golpes sufridos en lo personal, en lo referente a relacionarme con mujeres, en lo laboral, en lo económico… Todas ellos juntos hace que a veces desee mandar todo a paseo, me salga como me salga, pero también pienso en que este es mi último rincón-refugio, y me resisto a deshacerme de él así como así, porque temo lo que puede venir después.

Pero si ahora me animo a escribir, es por el último golpe: el aviso de Blogger de censurar cualquier imagen de desnudo erótico en todos los blogs, estén o no con la pantalla previa de aviso.

No voy a analizar el alcance de esta estupidez. Allá ellos si lo consideran conveniente. Lo que sí vengo a decir es que conservaré mi blog, pero las entradas que contengan escenas de desnudos las trasladaré tales cuales a mi espacio en tumblr.

También suprimiré mi etiqueta “sexo” en este blog.

No he encontrado otra manera de decirlo… me atasco…

Un saludo.