jueves, 4 de agosto de 2016

Yo acuso.

No he leído la famosa carta de Zola, pero sí me imagino sin apenas esfuerzo la situación de corrupción, manipulación e hipocresía que llevó a un francés inocente devoto de su país  a sufrir cárcel, destierro y tortura como chivo expiatorio; la energía y decisión que destiló aquel periodista para clamar a los cuatro vientos contra los verdaderos culpables.

No la he leído porque temo encontrarme con demasiados paralelismos de entonces a ahora, y notar que no sólo no hemos avanzado desde entonces, sino que hemos retrocedido. Ahora tenemos ingentes medios de comunicación que ponen al alcance de la mano de forma inmediata cualquier dato que corrobore o refute cualquier acusación. Y sin embargo, lo ocurrido tras las elecciones del 26 J me ha llevado a la mencionada conclusión de que estamos más atrasados que la sociedad de Zola, Dreyfuss y Pickard, ya que ellos no disponían de dichos medios de comunicación. Pero consiguieron que la justicia siguiera adelante.

Así pues, siguiendo un ejemplo que debería haber inspirado a muchos periodistas en la actualidad y que no sólo no es así, sino que hacen todo lo contrario, me atrevo a tomar ese noble testigo y, desde mis humildes redes sociales, yo acuso.

Acuso al partido popular, por hacer de la corrupción corporativa una forma de gobierno. Por integrar en su decálogo métodos inmorales para llevar a cabo sus fines. Por acaparar los medios de comunicación, convirtiéndolos en montajes de propaganda descarada digna de la peor dictadura. En un país occidental mínimamente serio ese partido estaría desintegrado y muchos de sus miembros, notorios o no, en la cárcel y deshabilitados de por vida para ejercer cualquier cargo público.

Acuso al partido socialista obrero español, por no limpiar en sus filas cuando tocaba y sentar cátedra en una sociedad muy necesitada de ejemplo, degenerando en redes clientelares al estilo del partido popular.

Acuso a ambos mencionados partidos de favorecer las puertas giratorias sin absolutamente ningún rubor, destinando para ello el grueso de sus gestiones públicas durante sus mandatos y fomentando la tremenda desigualdad que se ceban en las clases bajas españolas.

Acuso a podemos, por acaparar toda la acción social del 15M y escorarla hacia una izquierda dogmática, fácilmente proclive a la ineficacia y la corrupción. En dicha protesta multitudinaria participaron muchas asociaciones y mucha gente que no comulgaban con esos postulados políticos. También les acuso de asentarse, y tomarse tiempo para reflexionar, y lamentar la pérdida de influencia que daban por ganada, y olvidar la urgencia que les motivaba en ambas campañas electorales, sabiendo que hay gente que no puede esperar más, y que ahora está más que nunca abandonada a su suerte.

Acuso a ciudadanos por negarse a dar el paso de romper con el partido popular, hacer piña con la oposición para desbancarlo e impedir que siga dañando gravemente la credibilidad de las instituciones, y presentarse como alternativa de una derecha de estilo europeo, plural, antifranquista, antiburocrática y sin absolutamente ningún lazo con la iglesia católica.

Acuso, y a voz en grito además, a la iglesia católica, por la hipocresía, reaccionaria y ultraconservadora, de una arrogante jerarquía heredera continuista de lo peor que ha asolado el país durante décadas.

Acuso a los sindicatos mayoritarios por instalarse en el inmovilismo más pétreo, erigiéndose en gigantescos conglomerados de golfos y vividores que no dan palo al agua.

Acuso a las asociaciones de banqueros y de empresarios por sus tratos, influencias y acuerdos inmorales, llevados por una codicia insaciable, abusiva e inhumana, dejando de lado el papel difícil pero decisivo que tienen en la prosperidad básica de una sociedad.

Acuso a los integrantes honrados y eficaces de todas las mencionadas organizaciones por no reaccionar contra los nefastos compañeros que bloquean, dominan y ensucian sus propias labores y gestiones, y no denunciarlas públicamente en cuanto tengan las pruebas suficientes, integrándose por pasiva en aparatos de partido y cadenas de mando que pervierten el espíritu con el que se unieron. Por no promover desde el principio un contrapoder que vigile y obligue a hacer las cosas bien, bajo amenaza de denuncia pública inmediata, que perjudiquen lo menos posible a los más vulnerables de la sociedad. Si quieren una frase lapidaria para grabarse al rojo vivo en la frente y la lea todo aquél que trate con ellos, aquí la tienen: "Justo no es el que no comete injusticias, sino el que, pudiendo cometerlas, elige no hacerlo".

Acuso a los emigrantes por irse y dejar el país en manos de los incapaces y de los que intentamos resistir cada vez con menos fuerza y medios, sin caer en la cuenta de que los que deberían haberse ido son los que arruinaron sus esfuerzos e ilusiones, los ladrones y corruptos que se han adueñado de la buena fe de la gente, de sus recursos. Son los que sí se han ido los que podían haber frenado eso con su iniciativa, energía, ejemplo y formación, y han permitido que los destierren en una sangría constante y silenciosa. Abandonaron todo y dieron la espalda a su familia, amigos, y al espíritu de barrio. Sí, el espíritu de barrio, tal y como suena, aquél que se nutría de sus pequeñas iniciativas, que promovía la participación en actos públicos cotidianos, de sostén de comunidad, como respuesta a las diferentes agresiones de todo tipo que se sufren continuamente desde dentro, desde fuera y desde arriba.

Acuso a las autoridades judiciales, jueces, tribunales y fiscales por no actuar de contrapeso con los desastrosos efectos de la gestión de los demás poderes públicos. Si su supuesta independencia es constantemente cuestionada, entonces que vuelvan ese defecto contra los que tanto perjudican a la sociedad, usando su influencia para minimizar esos daños. Por no hacer cuanto pueden para defender a, entre otras personas, doña Ana Garrido Ramos y otros testigos relevantes acosados implacablemente

Acuso a la casa real por permitir todo esto, no usar su cada vez más menoscabada influencia, y consentir y tolerar que incluso en su entorno próximo surjan ejemplos nefastos de tropelías y actitudes inmorales, y no poner remedio de forma inmediata y tajante.

Nótese que sólo uso las mayúsculas y el tratamiento de cortesía con quienes realmente se lo merecen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario