domingo, 20 de septiembre de 2015

Warren Ellis.

Contexto: En un futuro de ciencia-ficción, el viaje interplanetario es un hecho (dentro de los límites del Sistema Solar). Explorando en las lunas de Júpiter, territorio virgen, descubren en una de ellas, Europa, innumerables sarcófagos submarinos en estructura de colmena en el seno de su único océano, conteniendo en hibernación milenaria seres parecidos a los humanos. Acceden a sus bases de datos e intentan descifrar su lengua.

“-…Es demasiado fácil.

-Llevas con esto desde anoche. Si fuera fácil ya no tendría que oír cómo te quejas. ¿Qué problema hay?

-Las lenguas humanas derivan de doce sonidos raíz. Esos sonidos dependen de la estructura de la laringe y de las condiciones atmosféricas.

-¿Y?

-La grabación de voz que encontró Anna tenía esos sonidos raíz. Y el ordenador los relaciona con elementos de los caracteres lingüísticos del texto.

-Y por tanto te quejas de que es demasiado fácil. ¿Qué quieres?

-Accedemos a las palabras de una raza imposiblemente antigua, esencialmente alienígena. Debería ser más difícil.

-Venga, John. Misma laringe. Misma estructura pulmonar. Diez dedos, cosa que lleva naturalmente a unas matemáticas de base diez. Somos parecidos… Vale, es raro… pero aquí todo es muy raro. ¿Qué te preocupa?

-¿Quieres saber qué me preocupa? Se puede averiguar mucho de una cultura a través de su lengua.

-Sí.

-Bueno, si fuéramos alienígenas ante un texto inuit, veríamos que tienen cincuenta palabras distintas para decir nieve. ¿Qué deducimos de eso?

-Que en su tierra nieva una barbaridad. Ya lo entiendo.

-Pues entiende esto: de momento, tengo ciento sesenta y tres palabras distintas para decir asesinato.”

“Ocean”. Warren Ellis, guión. Chris Sprouse, dibujo.


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Contexto: Un universo con su abundante e indefinido plantel de superhéroes, tanto villanos como benignos, algunos ocultos y solitarios, otros en grupos privados, otros en grupos paraestatales, etc. Uno de esos grupos está de asueto en un bar, el “Clark’s Bar”. Un componente del grupo, Toshiro, es un gigante gaseoso contenido dentro de una enorme armadura; otro, Nigel, es un ente también gaseoso delimitado por un campo de fuerza que le da apariencia humana (cabeza, cara, ojos, brazos, piernas, etc.), pero todo él de color verde fosforito; dos mujeres con diferentes dones y habilidades, y otro hombre que puede pasar por normal sin ningún tipo de rasgo llamativo.

“-…Debe de ser muy duro para ti, Toshiro, hijo.

-¿Qué quieres decir, Nigel?

-Bueno, tú eres un post-humano gaseoso como yo. Pero yo tengo este campo de fuerza sujetándome. Y esa red electrónica interna que me hace de sistema nervioso. Pero tú eres una bolsa de gas y extraños efectos gravitacionales encerrados en una caja de metal para que no exploten… Si no te importa que lo diga, tiene que ser difícil divertirse así.

-En absoluto. Tengo un secreto. (Pausa) Tengo un orgasmo cada cinco minutos. (Pausa) Por favor, no se lo digáis a mi padre.

(Todos miran asombrados a Toshiro. Una de las mujeres le apunta con el dedo).

-Vamos, hombre. No puedes soltar eso en una conversación sin explicarte…

-Mi forma gaseosa es extremadamente sensible a las vibraciones, incluso dentro del traje de contención. La simple vibración de las personas caminando envía resonancias a mi cuerpo que hacen que masas de plasma caliente colisionen. Cada pocos minutos hay una reacción en cadena y… (Pausa)…  Allí voy otra vez. Perdonad.

-Quiero ser una entidad humana gaseosa.

-Se me acaba de ocurrir algo: si uno de los malos brinca arriba y abajo sin parar, Toshiro se quedaría completamente bloqueado en cuestión de minutos…”

“StormWatch: Cambiar o morir”. Warren Ellis, guión. Oscar Jiménez, Michael Rayan y Bryan Hitch, dibujo.

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Contexto: En un presente más o menos tormentoso, la ciudad de Los Ángeles es convertida en una prisión donde van a parar agentes de diferentes organizaciones secretas deshechos por experimentos que han salido mal. La ciudad en sí es habitable, con sus más y sus menos. Dichos agentes se relacionan entre sí en su devenir diario, portando cada uno sus rarezas como buenamente puede. Uno de ellos encarga a otro, el protagonista, una misión de detective. Como éste apenas soporta la luz del sol, entre otros inconvenientes, precisa de transporte con chófer.

“-… ¿Necesitas que te lleve antes de volver a mi estudio?

-Tengo que ver a Emily Crowe.

-Cielos, Jones.

-Tú no tienes porqué entrar. Volveré en taxi.

-Ya lo creo. Esa chica me pone los pelos de punta. Sube.

-Es lo que se supone que debe hacer. ¿No conoces su historia? Es ex agencia, como tú y Jeronimus. Y como Jeronimus, sufrió alteraciones quirúrgicas. Debería haber sido la seductora definitiva. Sobreproducción de feromonas sexuales. No funcionó. Lo que produce es algo que activa la reacción arácnida. Es miedo, y repulsión, y la confusión de estar cerca de algo extraño. En resumen, te pone los pelos de punta.

-A ti también debería pasarte, ¿no?

-No. Soy el único tipo de L. A. que puede estar en la misma habitación que ella.

-¿Por qué?

-Porque ya nada me pone los pelos de punta.

-Uno de estos días tendrás que explicarme qué era ese ‘Test desolation’”

Y es una de las escenas más potables de esta densa obra.

“Desolation Jones”. Warren Ellis, guión. J. H. Williams III. dibujo.


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Y así podría seguir, y seguir, y seguir por su prolífica obra. Diálogos que son casi una fuerza de la naturaleza, como muestran los tres ejemplos previos. Argumentos en su mayoría absurdos, pero tratados con mucha maestría para sacarles el jugo. Sin límites en mezclas de conceptos, muchos de ellos forzados y estrujados para formar nuevos conceptos en los que situar sus historias. Reflexiones demoledoras y certeras, capaces algunas de ellas de dejarme como un flan…

Es el único autor que me provocaba adicción cuando estaba cierto tiempo sin leer nada nuevo suyo. Su estilo, las perspectivas acerca de qué podía salir que me impactara, sus metáforas…

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Paradójicamente, su obra más famosa (relativamente), “Transmetropolitan”, no me llamó mucho la atención. Adquirí el número 1, sí, pero… nah, en aquellos días tenía otras colecciones más interesantes en la tienda…

Puede que en el futuro, si me da por ahí, destaque otra obra de éstas y os la presente para que os pique la curiosidad como a mí en su día.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Capitán Britania.

Imagino que esta entrada interesará a muy pocos, ya que hace clara alusión a un símbolo, Gran Bretaña, que despierta no pocas antipatías entre el respetable histórico español.

Además de ser reflejo “menor” surgido en la década de los 80 bajo el ala de otro símbolo de descarada manipulación patriotera de mucha más solera y raigambre, el capitán América.

Además de ser un personaje segundón y poco conocido en el abundante filón de personajes del universo Marvel.

Además del claro sentido militarista por el grado de oficialidad expresado, con lo que conlleva de pretendida autoridad, liderazgo, ejemplo, obediencia, etc.

Además del calado mínimo que la edición de sus aventuras ha tenido en España.

Además de la respuesta refleja que supone para los no aficionados al cómic, para el público en general: “Si existe el capitán América y el capitán Britania, ¿porqué no existe el capitán Hispania, o capitán España, o como se llame?”, antes de reprimir dicho reflejo por otro reflejo resultado de la vergüenza de pertenecer a un país gobernado por corruptos e incompetentes, con su identidad nacional en fuerte crisis desde hace más de cuarenta años.

Bueno, que existen multitud de personajes por ahí de los que hablar antes que éste.

Pero me he decidido por él, porque dada la reciente “reestructuración” de la deud… perdón, de mi casa (lo siento lo siento, tanto leer sobre la enorme deuda que tenemos los españoles, griegos, italianos e irlandeses para con Europa ha dejado esa relación casi indisoluble en mi psique), decía de mi casa, mis cajas de mudanzas en el trastero y desperdigadas por el salón durante casi cuatro años, he podido cumplir un viejo deseo friki: encontrar los cuatro tomos “prestigio” (un formato de cómic de antaño de alta calidad) comprados a principios de los 90, un tomo publicado casi quince años después pero cronológicamente situado antes de dichos tomos “prestigio”, y situarlos todos antes de una colección que empezó más o menos al mismo tiempo que los susodichos tomos “prestigio”, que seguí durante aproximadamente cinco años y que dejé colgada al ver la mediocridad que iban tomando sus historias. Y ponerlos todos en una de mis estanterías en su orden cronológico y de-fi-ni-ti-vo (odio el abuso al que se ha sometido en publicidad masiva a esta pobre palabra).

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Capitán Britania es un personaje al uso: musculoso, algo torpe, abundante cultura y conocimientos científicos, identidad secreta, traje de acción vistoso y muy ajustado, con un buen corazón y mejores intenciones, su historia detrás, su origen, sus motivaciones, sus enemigos, sus amigos y aliados… pero en su mejor época (ilustrada absolutamente toda por el dibujante Alan Davis) sometido a un desvarío tremendo de aventuras, a cual más descacharrante y terrorífica (muérete de envidia, Batman).

Se puede argumentar que la importancia que tiene este personaje viene dada por Alan Davis. Sí, así es. Un dibujante excepcional, de trazo cuidado y muy agradable de ver, que no reniega del erotismo que plasma en su obra, pero que hace como que no existe de cara a la galería, pues va destinada a un público juvenil. Además de permanecer fiel a sus principios, el más llamativo de los cuales es su preferencia por este personaje, al que saca siempre que puede.

Capitán Britania dio paso a Excalibur, una colección de más éxito, y por tanto más respaldo, más presión y manipulación editorial que paradójicamente dio al traste con la colaboración de Alan Davis y por ende con la colección.

Ahora, casi 15 años después, ni sé cómo está esa colección, ni sus personajes, ni quién colabora o deja de colaborar, ni me interesa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Y más café.

Esta vez, mezclado. Un tercio de cazoleta de café tueste natural y el resto descafeinado.

Poco menos que me subo por las paredes al cabo de tres cuartos de hora.

Al principio bien. Una sensación de bienestar, ánimo y ganas de hacer cosas, de cumplir con los proyectos del día, a saber: limpiar, fregar, quitar el polvo, repasar detalles… De hecho, el intenso ejercicio físico que he desarrollado para cumplir con todo eso ha venido a cubrir esa vitalidad extra que me ha despertado el café. Y sí, he subido por paredes… para limpiar a fondo lo que estaba en lo alto.

¿Por qué? Pues porque una ventaja enorme de este nuevo estado de cosas es la de poder recibir visitas y tratarlas como se merecen. No avergonzarme de cómo tengo la casa ni ocultar cosas. Mostrarles todos y cada uno de los recintos y rincones. Detenerme en los detalles que me pregunten, contestando con franqueza e ilusión.

Ventaja que pienso disfrutar en toda su plenitud, y más, si puedo.

Primero mis padres y mi hermano mayor. Hoy han sido mi hermana, su marido y su hija.

Y tengo intención de ir invitando al resto.

No obstante, en cierto momento, me he imaginado cómo sería la visita de… una mujer.

Y al tener esta base bien cubierta, este soporte que durante tantos años me ha faltado, me he sentido bien, con energía, humildad y predisposición.

Pero no sé si era por el café o porque realmente me salía de dentro.

En el fondo no importa. Ya tengo mi casa en condiciones, así que sólo faltaba un empujoncito para echar a rodar la fantasía… y, bueno… ha sido un alud, me costaba elegir sólo una.

Todas partían de que ella entraría con los brazos cruzados en el pecho, hombros encogidos y cara un poco agachada, pero mirada atenta, fijándose en cuanto detalle cayera a su alcance…

Si al cabo de un buen rato de conversación, un poquito de humor, alguna que otra bromita, y la visita de rigor a todos los rincones, consiguiera una leve sonrisa de aprobación, un brillo determinante en sus ojos, mirada fija y abierta… y yo caería a sus pies, poco menos que derretido… “Mi señora”, acertaría a musitar.

Etcétera.

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jueves, 27 de agosto de 2015

Cientos y cientos…

… de cómics. Eso he ido sacando ayer y hoy. Acumulados durante más de 25 años. Esperando a tener mi propio espacio, mi casa, mis estanterías, para ser sacados y colocados en sus sitios definitivos. De momento sólo sacados y puestos ahí. Conforme pase el tiempo, los iré ordenando. Pero el primer paso ya está hecho.

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Y el café que tengo es descafeinado, sí. No me siento distinto, ni cinco minutos después, ni una hora después.

Tengo una duda sobre los cafés… Si comprara café normal, molido, ¿cómo quedaría mezclado con descafeinado? Muchos cafeteros se llevarían las manos a la cabeza, me tacharían de criminal, de zote, de ignorante, de paleto. Pero que les den.

Mi idea es: cada día, o cada dos días (no tomo café con regularidad, porque en mi estado económico es casi un lujo), meter en la cazoleta mitad descafeinado y mitad café normal. Ambas capas no muy prensadas… Los primeros días, la capa de café normal sería más bien fina. Luego ya veríamos.

¿Por dónde iba? Ah, sí, los cómics. Por fin podré releer aquellos que tanto me hicieron soñar, reír, llorar, reflexionar, rebuscar, fantasear, elevarme, hundirme… la poesía del inimitable Warren Ellis, su ciencia-ficción, sus futuros drogados y elevados… la determinación de Alan Moore, sus detalles exhaustivos, casi agobiantes, sus remodelaciones, sus extrañas referencias… la bestialidad visceral de Garth Ennis, su feroz anti-catolicismo irlandés, sus sociedades de tabernas, su humor negro, sus corazones abiertos destilando amor, compasión, dulzura y firmeza… en fin, para qué voy a seguir…

Pero por primera vez en años, tengo algo que compite con mi dependencia de internet y me ayuda a desviar mi atención exclusiva en eso, haciendo que apague el ordenador y me sienta ahí atrás a leer un buen cómic.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tercer día con café.

Pues no sé si será el café, la cafetera, mi metabolismo cambiado o quizás el color del azúcar blanco, pero no me siento diferente al rato de tomar la taza.

Hasta anteayer, todos los cafés que me tomaba me provocaban nerviosismo, o sueño, o me desvelaban hasta bien entrada la noche aunque lo tomara a media tarde, o locuacidad, o cualquier alteración que me empujaba mucho más allá de lo que percibía como normal en mí.

Pero ayer, y hoy, no me he sentido distinto… En fin, a lo mejor es que el café sería descafeinado de máquina (me lo han traído en tarro, sin marca ni tipo ni nada), pero aunque así fuera, me ha gustado mucho cumplir ese ritual distinto, ese pequeño detalle que me recuerde que ese día debo hacer algo de lo propuesto para variar un poco el rumbo que llevaba estos últimos años.

Y así ha sido. Montar una estantería, colocar focos que apunten a mis miniaturas adquiridas en los años previos a mi independencia con el propósito de exponerlas cuando tuviera ocasión… y cuando tenía ocasión, me falló otra pata vital, por tanto tuve que posponer con dejadez e indiferencia, creciendo conforme pasaban los meses y años.

Lo más difícil son los papeles. Cientos y cientos de papeles acumulados. Facturas, extractos bancarios, manuales de instrucciones, garantías, impresos de hacienda, de salud, del INEM… Una montaña de papeles que me echan muy para atrás, y que evito como puedo, concentrándome en otras cosas, igual de importantes, pero no tan urgentes, de cara a la próxima visita de Profe y de Brava.

Aunque me digo que me pondré a ello, nunca lo hago… Entre los calores, los trabajos de montaje y el juego de solitario de windows que me da por pasar el rato para descansar entre mueble y luminaria, voy procrastinando y…

En fin, sé que al final me tendré que poner a ello.

 

Papeles y más papeles

jueves, 20 de agosto de 2015

Primer día con café.

Hace tres días me regalaron una pequeña cafetera exprés de las que se enchufan. Entre otras muchas cosas.

Se echa agua por un sitio, se pone café en una cazoleta con manivela, se coloca esa cazoleta con un cuarto de giro, se pone una taza debajo y se enciende. Y a esperar.

Como era mi primera vez, en mi casa, que tomo café a solas, me he dicho… ooye, esto, que parece tan normal, aburrido y cotidiano para mucha gente, puede ser el inicio de algo para mi blog, y así usar eso como raíl para mencionar el cambio sustancial que está tomando mi vida por estos días…

De entrada, odio el café. Y el té. Y la nicotina. Y el alcohol. Y por extensión, toda clase de estimulantes ilegales que provocan que seamos más de lo que somos o podemos dar. Marihuana, cocaína, heroína, éxtasis, metanfetaminas… Así los que no somos cafeteros, alcohólicos, bebedores de té y fumadores, nos quedamos atrás en nuestra lucha diaria por sobrevivir. Es como un doping en un deporte muy competitivo, frente al cual el ciclismo, uno de los deportes más duros que existen, es un juego de niños. Y el ciclismo no goza ahora mismo de buena reputación por las cosas que se meten los que compiten. Y es normal, dada la energía de que necesitan disponer para ganar.

Pero me estoy yendo por las ramas. Hoy he decidido tomar mi primer café. En parte para ver cómo se maneja ese trasto de cara a futuras visitas, y en parte para probar a ver cómo me sentaría si lo introduzco en mi rutina diaria.

Así que retomo del primer párrafo: “Me regalaron… entre otras muchas cosas.”

En efecto. Unos muy buenos amigos me han regalado un armario ropero, unas cuantas estanterías y unas pocas luminarias para mis bombillas. Y lo más importante: me han regalado también su tiempo, esfuerzo, interés e ilusión en que renueve mi vida, retome la iniciativa y el control. Me han ayudado a limpiar y ordenar lo que lleva ahí años acumulando polvo.

Todo empezó hace un mes aproximadamente. Yo estaba en un valle anímico. Un amigo vino a mi casa de improviso, vio cómo estaba el percal y tras un paseo juntos por mi ya no tan flamante barrio, nos despedimos, yo me metí en mi casa con mis rutinas autocastradas y él se fue a la suya.

A los pocos días, vino otra vez con una amiga, que también vio por sí misma cómo estaba todo, y dimos una vuelta. Paramos en un bar a tomar algo. Yo estaba contento de verles, porque visitas así se agradecen mucho. Pero en realidad venían con una propuesta.

El amigo es un negado en tareas de mantenimiento de su casa. Además de en otras cosas básicas. Pero esto no quiere decir en absoluto que sea un inútil en la vida. De hecho es todo lo contrario. Es profesor de preescolar con alma, y cada vez que habla de “sus niños” se le encienden los ojos. Los progresos que hacen en el día a día, la gracia que le provocan sus torpezas, la gracia aún mayor que le hace limarlas poco a poco y que aprendan a base de insistir, los juegos aparentemente sencillos que monta, los métodos que usa para captar su atención y que aprendan… Por extensión, esa gran capacidad humana de empatía, análisis y modificación de conductas, reaprendizaje, etc., las usa en su vida diaria, con su familia y sus amigos. Y yo estoy entre los más cercanos de los últimos, afortunado que soy.

Además, su fe en la humanidad está constantemente restaurada. Porque ve a “sus niños”, y renueva sus esperanzas en un futuro mejor. Al margen de los padres de los niños, con sus más y sus menos; al margen de sus compañeros y directores, a menudo con muchos menos que más para su desgracia. Pero es entrar en el aula con sus niños esperando, y me imagino la alegría, la ilusión, la curiosidad, la inocencia que portan, y dejarse llevar por todo ello.

En fin, que me voy otra vez por las ramas. “Profe” (así le llamaré para los restos),  “Brava” (así llamaré a la amiga; ya diré por qué) y servidor, estábamos en una terraza de bar, tomando refrescos, y Profe me propone algo: me “contrata” (una forma sibilina de decirme que me necesita con disciplina regular) para hacer unas cuantas tareas en su casa: cambiar bombillas, pasadores de cajones, enchufes, sintonizar una televisión, limar lechadas en juntas de baldosas y pintar techos.

No hablamos de dinero ni nada por el estilo. No hablamos de qué me iba a dar a cambio. Yo acepté, con desgana y haciendo un poco de tripas corazón, porque en mi fuero interno sabía que no podía seguir así. Y al día siguiente empecé. No sólo eso, la hermana de Profe también requirió mis servicios para pintar la verja de un balcón sesentero cuya cadencia de rejas hacía que pareciera una partitura gregoriana en tres dimensiones.

Estuve algo así como una semana haciendo todo eso. Enfrentándome a mis demonios, sobre lo de cumplir con lo prometido a tiempo, trabajar para ganarme la vida, sufrir la ansiedad que me da no ser capaz de llevarlo a cabo, y minimizar los buenos resultados una vez conseguidos. Entre otras rémoras.

Cuando terminé de pintar los techos y se acabó todo, me llevó con Brava a traición a un centro comercial de muebles, y me compraron cinco estanterías y un armario ropero. Triplicando el valor de lo que creía que costaba mi labor.

Hasta entonces, estaba como “a remolque” anímico. Pensaba que una vez cumplido todo, me daría una buena propina, y se acabó; volvería a mi rutina eremita y oscura de cada día.

Pero ni por un momento me imaginé que me harían esto. Mientras me arrastraban de los brazos, o de las orejas, por el centro comercial, yo estaba asombrado, incapaz de reaccionar. Respondía con monosílabos, alguna que otra observación, sonrisas forzadas… pero en mi fuero interno estaba paralizado. “¿Dónde demonios me han metido?”

El resultado, tres semanas después, es que Brava y Profe me han puesto todo patas arriba. Han entrado a saco en mi covacha y en cinco tardes intensas (y las que creo que me quedan, pero pocas ya), han cambiado por completo mi casa. Han limpiado, han ordenado, han tirado a la basura un montón de cosas… Como me conocen de hace años, saben de mis aficiones, mis sueños, proyectos, puntos débiles, puntos fuertes, y han actuado de acuerdo con todo ello.

En ningún momento han juzgado lo que se han encontrado a cada paso. Ni en ningún momento han puesto en tela de juicio dichos sueños ni aficiones. Por impropias que puedan parecer a sus ojos. “Esto, ¿lo necesitas?” o “¿lo quieres para algo?”. “No, sí”. ”Pues a la basura” o “déjalo por aquí que lo ordenamos después”. Sin más, sin fijarse en las apariencias del objeto ni lo pasado o roto o inútil que pueda ser.

Y así estoy ahora. Entre incrédulo y esperanzado. Incrédulo porque no creía que esto llegaría tan lejos. Un par de arreglos por aquí y por allá, y todo seguiría igual. Y esperanzado porque por primera vez en mucho tiempo, empiezo a estar a gusto en mi casa.

Además de la dosis de cafeína corriendo por mi cuerpo, muucha luz entrando a raudales por las ventanas bien abiertas y todo desordenado, sí, pero en transición con fecha de caducidad inamovible.

 

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domingo, 24 de mayo de 2015

Victis entre Roma y Toledo.

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Molesta ausencia de clavos

para asir en la pared

aquel mi hermoso cuadro

de paisaje en mi otra piel.

 

Pica al toro por su lidia

su sangre escupe en torrentes;

sangre que el pródigo envidia

con preces maledicentes.

 

Piedras y obras de castillo

como a Dios su catedral;

todo amontonado y listo

mas ¿dónde se construirá?

 

Alienaos, mis neuronas,

alienaos en camino;

pues, para guiar la aurora,

mi sol ha recién nacido.

 

Diamantes que flotan crudos

en crepúsculos sin olas;

lágrimas, o sangre incluso,

derramo si me los roban.

 

En mi recóndito estanque

también se baña mi Leda;

cisne apresado en la margen…

cisne sin pluma ni aletas.

 

Domina el sol por el día,

devora todo lucero;

de noche, allá porfían

en zodíaco y sin celos.

 

Color verde visto en rojo,

color verde, ¿dónde estás?

Letra escrita que yo escojo,

letra escrita... que se va.

 

Vete de aquí, Galatea,

vampiro de mis mentiras.

Si esculpiéndote siguiera

al final, me vaciarías.

 

Por cada esquirla que arranco

veinte más se desperdician.

Modestia me manda abajo,

pero abajo está Avaricia.

 

Tras un viril espejismo,

me perdí en este desierto;

su arena ahora es mi abismo,

y el sol azul, mi universo.

 

Zeus y Ares también escuchan,

y me anuncian sus heraldos:

si sigues solo en tu lucha,

vendrá Apolo en tu respaldo.

 

Confieso a todos que robo

hierro y pimienta del tiempo

para echar al rojo adobo

ociosos trozos de cierzo.

 

Todos los demás maldicen

cuando arquean sus flaquezas,

las mismas que a mí me impiden

cazar y bajar la testa.

 

Cadáver de lápiz roto

entre baldosas y asfaltos

suspira tu último voto

de esbozar un sueño en blanco.tumblr_n6pnq2MxhI1tc258so9_r1_1280

.

.

.

.

.

.

.

.

.

No te culpes más, idiota,

piso y pateo yo en mí,

que por lo que a mí me toca,

también estoy solo aquí.

sábado, 28 de febrero de 2015

Ya ha pasado una buena temporada…

…desde mi último escrito aquí. Y aún así, dicho escrito era un “traslado” provisional de mucho antes…

Lo que ocurre es que no me fluyen las palabras. Las ideas sí, tengo unas cuantas cosas sobre las que quiero escribir, pero las palabras sufren en mí un… desierto.

No fluyen. Por más que lo intento, no fluyen.

No sé las causas, pero puedo imaginarlas: golpes sufridos en lo personal, en lo referente a relacionarme con mujeres, en lo laboral, en lo económico… Todas ellos juntos hace que a veces desee mandar todo a paseo, me salga como me salga, pero también pienso en que este es mi último rincón-refugio, y me resisto a deshacerme de él así como así, porque temo lo que puede venir después.

Pero si ahora me animo a escribir, es por el último golpe: el aviso de Blogger de censurar cualquier imagen de desnudo erótico en todos los blogs, estén o no con la pantalla previa de aviso.

No voy a analizar el alcance de esta estupidez. Allá ellos si lo consideran conveniente. Lo que sí vengo a decir es que conservaré mi blog, pero las entradas que contengan escenas de desnudos las trasladaré tales cuales a mi espacio en tumblr.

También suprimiré mi etiqueta “sexo” en este blog.

No he encontrado otra manera de decirlo… me atasco…

Un saludo.

jueves, 14 de agosto de 2014

Un juego muy virtual.

Allí estaba ella, siempre tan entusiasta, siempre con una sonrisa en los labios, con su risa contagiosa y abundante, que soltaba a la mínima ocasión.

Y también el resto de compañeros, pero no me fijé en ellos.

El juego esta vez era ridículo en comparación con los demás: caían ruedas enormes, de dos en dos, desde una torre situada en un extremo de una explanada repleta de escombros. El objetivo era evitar esas ruedas y guiarlas hacia su destino mediante maniobras más o menos complicadas. Cuando una caía ahí, se debía hacer lo posible para que la otra cayera en su otro sitio también. Sólo entonces se iniciaba la cuenta atrás para las siguientes dos gigantescas ruedas.

Todos los demás eran expertos cualificados en dichas maniobras, y ella no era excepción. Yo hacía lo que podía, pero mi nivel era mediocre.

Había trabado conocimiento con ella en éste y en otros juegos. Pero era en éste en donde estábamos más a gusto, por los requisitos técnicos. Las más altas resoluciones en imágenes en 3D, jugabilidad extrema, gráficos espectaculares y realistas, efectos especiales muy trabajados, retroalimentación sensitiva líder en el mercado…

Ella ahora había elegido un avatar muy sexy. Alta, curvilínea, melena abundante gris platino, labios negros, piel rojo sangre, ojos azules, pecho bien desarrollado, caderas prominentes, piernas fuertes y ágiles. Ella ponía la voz y los movimientos.

Su atuendo tampoco estaba nada mal: una cota de malla casi integral, con placas metálicas aquí y allá, que realzaba sus encantos, pero que se iba disgregando y desprendiendo conforme las aristas cortantes de las ruedas, los empujones y las caídas actuaban a lo largo del juego.

Saltábamos ágilmente de aquí para allá, usando las herramientas que el juego nos daba, para evitar que nos pillaran las enormes moles rodantes, y llevarlas en la dirección correcta. Los escombros nos dificultaban o nos facilitaban la labor, con lo cual había que conocer bien sus emplazamientos, su altura, anchura, formas y materiales, para anticiparnos en lo posible el efecto que tendrían en la trayectoria de las ruedas y obrar en consecuencia.

Tras unas ruedas especialmente trabajosas, ella estaba agachada intentando mover un pilar para colocarlo en un sitio que consideraba oportuno para la siguiente tanda. Dos compañeros estaban apoyados indolentemente en un bloque de hormigón tras ella, echando un cigarro, cuando comprobé en qué se fijaban y de qué estaban hablando.

Un desgarrón en la tela metálica dejaba al descubierto la rabadilla, y en aquella postura, mostraba sus encantos pélvicos sin pudor alguno.

Me enfurecí bastante. Ella trabajaba duramente por el éxito del juego, pero esos dos cretinos se reían a sus espaldas y vampirizaban del trabajo en grupo, haciendo menos de lo que les tocaba.

De un salto me coloqué en el campo visual como quien no quiere la cosa, y con discreción, palmeé la prominente grupa.

-Tienes esto desgarrado y se te ven demasiadas cosas… –dije en voz bajita.

Se incorporó y se dio la vuelta.

-Esos dos de ahí se… estaban… riendo de ti –señalé con leve gesto de cabeza, mientras fingía mover unos ladrillos.

Ella no apartó la vista de mí. Supuse que su campo de visión ya abarcaba todo lo que necesitaba para saber.

-Vámonos de aquí –susurró, cogiéndome del brazo.

-¿Del juego? –no oculté mi desilusión.

-No. Del juego no. Vámonos a… a esa esquina.

Cargué con una enorme roca para fingir, y anduve a su lado.

-¿Qué ocurre? Hoy pareces… cansada.

-Nada. Vamos.

Durante el camino, en un momento casual en que se adelantó para saltar un muro inclinado, me fijé en que a media espalda, la piel estaba pálida, casi blanca.

-¿Qué te pasa en la espalda…? –pero guardó silencio.

Cuando estuvimos fuera de la vista de los demás, se detuvo y reclinó su cabeza, apoyándola contra la pared. Yo dejé el bloque y me acerqué.

-¿Qué te pasa, cielo? –pregunté sin ocultar mi preocupación.

Ella me mostró su espalda, y despacito, con las manos temblorosas, se desabrochó el sostén. Justo debajo, la piel estaba blanca lívida, con trazas brillantes y supurantes, que debían dolerle muchísimo.

-¿Pero qué…? –pregunté con asombro.

Alcé la mano por reflejo para tocar, pero me detuve a tan sólo unos milímetros.

-Estás herida… ¿porqué no has pedido ayuda? Esto debe dolerte muchísimo…

-No me lo he hecho con las ruedas.

Abrí la boca y miré sin comprender. Tomé con cierta precipitación los tirantes del sujetador y los miré por dentro. Tenían un enganchón cubierto por una costra de leche sucia.

-Oh… ¿y porqué no te has… porqué sigues vistiendo esto…?

-Porque es el que más me gusta…

-Em… ya. Entiendo.

Intenté cerrárselo correctamente, estiré para que no le siguiera rozando, pero no lo conseguí. Mi torpeza en el control del juego hacía otra vez de las suyas. Desistí al pensar que probablemente le estaba haciendo daño.

Algo en mí se removió al verla así, tan vulnerable. En aquellos instantes sonó la alarma de resurrección previa a la siguiente ronda. Bastaría con un gesto para matarla y que resucitara en la base de equipamiento, anotándome diez puntos en mi cuenta. Pero ni se me pasó por la cabeza tal cosa.

Masajeé las zonas circundantes con toda la delicadeza de que fui capaz. Ella se removió un poco, como una gata arqueando el lomo.

Me dio un poco de repelús y morbo el comprobar que su herida supuraba cada vez que pasaba las manos por sus alrededores. Si le dolía, no lo demostraba. Pero evité aquello.

Ambos pasamos del jaleo que se desarrollaba a nuestro alrededor. El temblor de la explanada entera ante la inminente caída de las siguientes ruedas, los gritos de los jugadores, la música atronadora que elevaba el clímax… Ella permanecía de cara a la pared, la cabeza agachada, y yo masajeándole la espalda. Le fui quitando los restos de la cota de malla, descubriéndola por completo.

De repente se volvió, recogiéndose entre sus brazos, y me miró a los ojos. Creí divisar algo en ellos, me limité a abrir los brazos y esperar. Despacito, se metió entre ellos. Al cerrarlos, evité su llaga en medio de la espalda. Una mano por encima y otra por debajo, con delicadeza, cuidando que mi armadura no le desgarrara nada…

En medio del abrazo, ella bajó sus manos y a tientas, descubrió la coquilla que me protegía el sexo. Se deshizo de mi abrazo, me hizo darme la vuelta y cerró sus brazos en torno a mi torso. Una mano bajó al vientre y terminó de soltar la protección, que cayó al suelo. Se apoderó de mi enhiesta virilidad y comenzó a estimularla…

Abrí los ojos, todavía en sueños. El colchón, las sábanas, las paredes y el techo de mi dormitorio se me echaron encima al instante. Todo ocupó su lugar. Sí, fue todo un sueño. Pero la erección permanecía, recordando por sí misma la última vez que unas manos ajenas y frescas la recorrieron de arriba abajo…

jueves, 24 de abril de 2014

Iconos cálidos: Promethea (A. Moore-J.H.Williams III)

En una de mis anteriores entradas usé esta imagen:

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para realzar lo que intentaba transmitir. Y pienso si no habré hecho mal, dejándome llevar por mi faceta friki-devoradora de tebeos…

En aquel momento no me importó. Tuve en mente algo parecido a esta entrada que hoy publico. Para mí “Promethea”, de A. Moore al guión y J. H. Williams III al dibujo, es una pequeña obra maestra que representa lo que debería ser el espíritu femenino en la modernidad.

Una guerrera de origen antiguo y místico, sabia, poderosa, casi omnipotente (de hecho su último número es una despedida en tono épico que implosiona en denso embudo todas las creaciones de A. Moore en su línea editorial ABC antes de dar el cerrojazo y retirarse para siempre de este mundillo), con sus fallos, dudas, periplo de aprendizaje y descubrimientos, batallas y acción como todo tebeo que se precie, donde uno de sus fines es entretener… um…  creo que estoy equivocado con respecto a la idea que tenía en mente…

Así que sin más, paso a…

¡Promethea! Ya simplemente el nombre, elegante, sonoro, rotundo, evoca un mito clásico lleno de energía, fatalidad y tragedia.

¡Promethea! Donde la mujer ocupa el lugar que le debería corresponder si fueran ellas quienes mandaran en el mundo actual. Y que en esto se hayan empeñado hombres es casi de manual.

¡Promethea! Donde la magia es una dimensión, no una estafa. La astrología es un estudio sobre el pasado, no sobre el futuro. Los símbolos son aquello que el observador quiere que signifiquen, no algo dañino ni destructivo.

¡Promethea! La guerrera, la madre, la amante, la novia, la amiga, la hija, la abuela, todas en una… y una en todas. Pues no tiene problema en reconocerse a sí misma en varias guerreras sabiamente manifestadas a la vez, y luchar todas juntas contra una amenaza múltiple en forma de invasión. E incluso luchar contra sí misma, provocando una tensión en el lector que se verá satisfactoriamente resuelta conforme transcurra la acción.

¡Promethea! La de los colores caleidoscópicos, la de las páginas como escenarios barrocos de teatro secuencial que cambian de una a la siguiente, la de los interminables viajes de búsqueda en dimensiones oníricas. El hiperrealismo también cabe ahí, un número donde las protagonistas se tornan de carne y hueso, modelos fotografiados y trasladados a fondos que siguen conmoviendo visualmente.

¡Promethea! La escurridiza mensajera a la que los poderes establecidos intentan eliminar por la amenaza que supone para el sistema.

¡Promethea! La luz, la piedad, la sensibilidad, la fuerza, el cariño, el aguante, el sexo, el humor, la sabiduría, la sugerencia, la belleza, el perdón, la dulzura… todos ellos valores que los autores hilvanan sin apenas ningún chirrido.

¡Promethea! Donde una mujer del montón, gorda, antipática, vieja y solitaria tiene su papel fundamental en el transcurso de la obra.

¡Promethea! La maldad mística tiene su lugar y es encajada con toda elegancia inesperada en el argumento central, sin alharacas ni aspavientos exagerados. Incluso con un punto de humor y cariño.

¡Promethea! En la que tienen lugar la virgen María y Cristo crucificado, hasta Babalion, la lujuria hecha mujer, y los demonios del Apocalipsis. Y tendría cabida el BDSM, de no ser porque ya sería demasiado explícito…

¡Promethea! Si algún día osan hacer una película sobre ella, al estilo de “V de Vendetta”, “Watchmen” y “La liga de los caballeros extraordinarios”, por citar ejemplos de flagrantes bodrios consumistas basadas en obras maestras del mismo escritor, juro que despotricaré hasta quedarme sin dedos contra ese nuevo intento. Afortunadamente y de momento, no creo que caiga la breva. Porque sería como “Matrix”, pero en dirección opuesta y con efectos especiales elevados a la n-ésima potencia… como mínimo.

¡Promethea! La que va y viene de otra dimensión de nombre igualmente evocador, poderoso y bullente: la Inmateria. Donde la energía se puede tocar y la materia sólida se puede moldear. La Inmateria, donde vamos todos cuando dormimos. La Inmateria, donde los poderosos a este lado de la frontera allí son apenas un escupitajo en una oscura acera. La Inmateria, donde los niños son sus grandes adalides, los amantes insatisfechos buscan y encuentran cuerpos que se amolden a sus necesidades, los ancianos guardan y viven sus recuerdos, y los muertos tienen el lugar que les corresponde. ¡La Inmateria!

Ojalá viniera Promethea a por mí y me llevara con ella… no, espera… ya ha venido, ha dejado su impronta imborrable en mi recuerdo y mi cuerpo, y se ha ido para siempre, con el firme propósito de no volver más, a pesar de tener frágiles hilos que todavía me pueden comunicar con ella, y de los que penden una esperanza de reencuentro cada vez más ajada, más reseca, más disminuida, pero que aún respira…

Y como uno más de una serie de artistas menores que a lo largo de la Historia se pierden al obsesionarse con Promethea y acaban en grandes tragedias, yo también tengo mi pequeña tragedia…

domingo, 20 de abril de 2014

Volúmenes no percibidos.

Desde hace meses, tengo en el escritorio de mi ordenador la siguiente imagen:

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que tomé después de ver varias veces “El reino de los cielos” en mi ordenador. Digo varias veces, seguidas y no seguidas, para separar el grano de la paja, lo valioso de lo trivial, lo que realmente me conmueve de lo tópico o previsible. Y ésta es una de las imágenes que más eco despiertan en mí. Despertaban.

Porque hoy, domingo 20 de abril de 2014, un amigo me ha propuesto ir a visitar una exposición permanente en mi ciudad sobre Pablo Gargallo, en el museo del mismo nombre. Y tras ver muchas esculturas seguidas suyas, desde diferentes puntos de vista, con la guía de mi amigo, que me abrió los ojos mientras las veía (diferenciar “formas” o “siluetas” de “volúmenes”, aplicar los conceptos “convexo” y “cóncavo” en sus obras, entre otros trucos visuales para percibir lo que transmite ese escultor), se me ha quedado una “inercia retinal” que, al llegar a casa y ponerme ante el ordenador recién encendido, ha hecho que percibiera la anterior imagen de otra forma.

En principio, la había tomado por la máscara, sus trabajadas filigranas, sus proporciones elegantes y correctas, realzadas por los brillos metálicos y la fina cota de malla que hace de pelo, el foco desde el que está tomada… Todo ello me transmite una armonía que… bueno, no descubro el oro y el moro con esto a nadie, es sólo lo que me transmite a mí: delicada y rotunda, fragilidad y orgullo sano, artesanía elaborada mezclada con crudeza y resignación bien llevada…

Pero, como decía, hoy he descubierto un volumen en su mirada. Una enorme tristeza, que se desparrama incontenible sobre todo lo que tiene delante, una tristeza serena y resuelta, pero a la vez, esperanzada… Claro que esto lo he visto en la imagen a pantalla completa. En pequeño como he enlazado aquí, quizás no se aprecie mucho…

Es inevitable tomar el contexto en el que se desarrolla la escena de la película de la imagen. No obstante, tras tanto tiempo llevándola de fondo de escritorio en mi ordenador, he logrado separar ambas cosas. De ahí este añadido que he aportado hoy, que no tiene nada que ver con la película.

martes, 1 de abril de 2014

Lecturas colaterales y harina de sueños.

Pompeya de aluminio, que has batallado contra el acero candente, ruega por nosotros.

Ladrillo encima de ladrillo, Hércules detrás de Héracles, hombre debajo de mujer, y seno al lado de la luna, rogad todos por nosotros.

Mondadientes, ven y escarba las onzas de platino que quedaron de la hambruna de ayer. Pero antes, ruega por nosotros.

Dragoncete achaparrado, durmiendo en forma de cenicero con sonrisa satisfecha incluida, ruega por nosotros.

Fantasía y superstición puras hechas ciencias exactas con las que se basan muchas reglas sociales de vida o muerte, rogad por nosotros.

Conchas insulsas, insultos vacuos, monstruos de feria vacíos que se llenan de ambas cosas, largaos todos de aquí a la chita callando, u os machaco con una lima del veinticinco.

Babas electrónicas, base de toda vida, base de toda comunicación, íntima o pública, no os deforméis más en la base de mi cerebro, y reformaos conforme a la vida que estoy intentando llevar.

¿Por qué las jaulas están ahí enjauladas sin poder salir al mundo a gritar que están ahí? Porque los barrotes que las contienen son los más duros del mundo: los del autoconvencimiento de su inutilidad.

¿Por qué las bellísimas siluetas tantálicas responden constantemente a mis continuas llamadas, pero en cuanto avanzo la mano, éstas se difuminan y desaparecen? Porque están hechas de la inmateria de los sueños.

 

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sábado, 15 de marzo de 2014

Una célula de cada mujer.

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-Hola, Arturo.
-…
-Sí, soy yo, La Mujer. No es la primera vez que te visito, pero no te acuerdas de las veces anteriores porque estabas durmiendo, como ahora mismo. Estás soñando conmigo, sí. Y ya sabes que no me aparezco en sueños de cualquiera. Si quien me invoca sólo lo hace en plan nombrar y olvidar ni siquiera me digno mirarlo. Pero si quien me llama es alguien como tú ahora, acudo sin ningún problema.
-…
-Oh, ¿esta apariencia que tengo ahora…? Sí, bueno, es la de Candice Swanepoel, en una de sus imágenes. Es la que ha calado tanto en ti en estos momentos, con esta pose, estas formas, este tocado, este fondo y estas cortinas, que me he decidido a tomarla y dotarla de vida. Pero no te hagas ilusiones, ¿eh? Que la verdadera está en estos momentos a miles de kilómetros, como tantas otras en la mayoría de tus sueños y anhelos pasados, todas viviendo sus vidas completamente ajenas a ti. Además a mí también me gusta mucho, viene a representar con bastante exactitud mi esencia, aunque falte una de las más fundamentales, la maternidad.
-…
-Estoy aquí para complacerte otra vez. Sí, así como suena. Tu sed de mujer ha alcanzado un grado de contención tal, con esas venas y esos colores a punto de explotar, que me pongo a tu entera disposición mientras dure el sueño. Así que, dime, ¿qué deseas?
-…
-Uf, vaya, tantos estornudos seguidos es buena señal, según lo que sé de ti, pero ten cuidado, porque si despiertas me perderás… Bien, así está mejor.
-…
-¿Cómo? ¿que quieres tener el don de la palabra hablada ahora? ¿y eso porqué? ¿no te basta con que esté presente aquí y ahora?
-…
-Pasa que tengo dudas. Muchas dudas. Porque si te lo concedo, estoy segura de que te saldrá alguna metáfora tan hermosa, tan profunda y brillante, que me atarás durante mucho tiempo a ti, y eso no puede ser, ¿sabes? Que de la misma forma que aparezco, debo desaparecer. No puedo estar atada a nadie, ¿lo entiendes?
-…
-Anda, ven, déjate abandonar en mis brazos… Oh, ¿quieres empezar por mis pies? Adelante, eso me gusta… Vaya, cuánto afán y delicadeza demuestras con tus manos pese a las enormes ganas que tienes… ooh, y ahora con la boca… Lo que se están perdiendo las mujeres de tu alrededor, de verdad, pero en fin, para eso estoy yo, ésta es una de mis funciones.
-…
-¿Te gustan mis muslos? Mmm… lo que ocultan entre ellos te lo vas a tener que ganar…
-…
-Sí, leí el otro día tu idea de ponerte a disposición de cualquier mujer para complacerla, pero es muy arriesgada, desde luego. Vete a saber con qué te vas a encontrar por ahí. Menos mal que sólo fue una tentativa…
-…
-Mmm… vaya, veo que están naciendo con mucha furia unas cuantas metáforas que deseas expresar en voz alta… voy a escoger una al azar. Veamos: “Soy la esencia femenina, y mi cuerpo está formado por todas las millones de mujeres que nacen, crecen, viven, aman, se reproducen, crían, envejecen y mueren. Mi cuerpo lo componen todas ellas, cada una es una célula.” Según eso, ¿te das cuenta de que ahora mismo estás haciendo el amor a todas las mujeres del mundo…? Vaya, en torno a esta han surgido otras, simplemente por prestarle atención… Veamos: “Las rivalidades entre mujeres son cánceres. Las células cancerosas son difíciles de identificar, aislar y anular. En principio porque no se distingue desde fuera cuál es la buena y cuál la mala. Pero son veneno puro. Hay muy pocas cosas más tóxicas e insidiosas que dos o más mujeres rivales.”… Bien, basta. Estás tomando carrerilla y embalándote, y no lo voy a permitir, ya te he dicho porqué. ¿Que cómo lo voy a evitar…? Mmmm, déjame pensar… ah, ya lo tengo, así.
-…
-Exacto. Creo que lo llamáis “el trono de la reina”. Tu boca sigue trabajando, pero ya no emite más eslabones que me aten. Y el placer es parecido…
-…
-Sigue así, querido. Sigue bebiendo de mi fuente íntima. Sáciate, hombre… oh, oh, matlendes kuna, burirránba matlendes… oh, ah, aaah… mmmm… jitlacori vinaeses sazem beraarja… aaaaAAAAAH
-…
-Oh… uf… uuuuf… mmh…
-…
-Dis… discúlpame… en algún sitio… en algún sitio tenía que sujetarme, y tu… tu frente era lo más a mano que tenía para apoyarme y no caer redonda… jitla… jitlacori matlendes…
-…
-Eh, es una… una lengua muy antigua que nadie habla ya… no, no voy a decirte lo que significa, ¿vale…? lo he soltado sin querer…
-…
-Bueno, me… me voy ya. Me tengo que ir, Arturo… No te preocupes, volveré, pero ahora, me tengo que ir… buf… fretibamec… Adiós…
-…

domingo, 9 de marzo de 2014

Teatro erótico: quinta parte.

Hace algunas semanas, repasando como se repasan fotografías viejas, textos antiguos y demás, leí una pequeña obra de teatro erótico que escribí en mi otro blog, y me dije que quizá sería buena idea intentar retomar aquel espíritu chispeante, desenfadado, espontáneo e inocentón del que hacía gala ahí y que he perdido por la actual crisis y mi situación, tan diferente a la de entonces. Nunca imaginé que, con sus excelentes buenos y memorables momentos y experiencias, en general iría cuesta abajo, hasta donde estoy ahora, hundido, en el paro, desmoralizado, sin costumbres sanas que llevar a cabo cada día…

Pero bueno, este panorama tan oscuro no me ha impedido retomar ese hilo, enterrarlo en lo que es mi tierra fértil de ahora, y haya germinado en algo que el otro día soñé en estado de duerme vela. Creció con fuerza tomando forma y volumen, y hoy lo cosecho y lo plasmo por escrito en el mismo blog.

Primero incluyo las partes anteriores en orden:

Primera parte.

Segunda parte.

Segundo acto, primera parte.

Segundo acto, segunda parte.

Segundo acto, tercera parte.

Segundo acto, cuarta parte.

Y ya la más reciente, a la que me refiero con esta entrada:

Quinta parte.

Que aún no sé si es la última.

Pensaba que blog.com.es cerraría después de tanto tiempo, pero no ha sido así. Más bien ha cambiado a peor, poniendo irritantes banners de publicidad en medio del texto, pero eso yo lo evito en mi navegador gracias a una extensión que los bloquea. No sé si en el tuyo pasará lo mismo. Aún con esto, no dejes de leerlo, y si quieres decirme qué te ha parecido, te lo agradecería.

Sin título

Ah, qué tiempos aquellos… XD

miércoles, 5 de marzo de 2014

AVISO: Entrada ficticia…

…pero con visos de convertirse en realidad.

A los poquísimos habituales que todavía os pasáis por aquí (uso el modo genérico, me refiero tanto a vosotras como a vosotros, no creo que haga falta aclararlo) ¿qué diríais si de pronto leyerais una entrada así?

“Hola.

Llamadme Arturo Fantópera.

Por circunstancias de la vida, que supongo ya conoceréis por vivirlo a vuestro alrededor y de las que yo no soy excepción, me ofrezco a mujeres para:

1.-Compañía y conversación. Sé empatizar, escuchar y ponerme en el lugar del otro. Me abro con mucha facilidad y sensibilidad hacia la otra persona. Tengo sentido del humor en todas sus variantes: sutil, basto, rosa, blanco, incluso negro, aderezado todo ello por una risa fácil y creo que contagiosa.

2.- Abrazos, cariño, dulzura a raudales, sin límites. Si vemos que congeniamos lo suficiente, y lo deseas de verdad conmigo, puede que incluya el sexo, con las protecciones físicas adecuadas.

3.- Sé lo que es la depresión. He estado allí. Y creo que todavía no he vuelto. Por eso, si lo que quieres son ánimos, consejos y ejemplo de alguien que ha vivido y que sabe de lo que habla, lo que se debe hacer y lo que no, repito, NO se debe hacer, entonces yo soy tu hombre (y nunca mejor dicho). Si deseas un hombro sobre el que llorar, aquí tienes dos, además de dos brazos que te rodearán y te transmitirán vida, calor y fuerza.

4.- Como puedes ver por el presente blog (puedo equivocarme, pero algo me dice que has llegado aquí hace mucho tiempo y conoces el percal) escribo bien, con soltura, y narro de forma bastante potable. Creo que domino el arte de la conversación escrita, sus matices de espontaneidad, verdad-consecuencia, acción-reacción, profundidad e interpretación. Si quieres referencias acerca de esto, puedes leer entradas anteriores mías, tanto en el presente blog como el anterior. Tengo mucha fantasía e imaginación. Fantasía para pintar cuadros llenos de detalles consistentes, es decir, lógicos dentro de su contexto, e imaginación para dotarlos de movimiento. Intuición para saber hacia dónde deben moverse. Así que te puedo describir en esa situación en la que tú has soñado durante mucho tiempo, pero que nunca has sabido cómo darle cuerpo y continuidad. Esa situación que has usado para conciliar el sueño todas las noches. O para calmarte tras pasar momentos de alta tensión y recurres a ella dejando libres tus pensamientos y compensar así la frustración instantánea y relajarte. O que deseas leer en algún sitio para tener esa sensación de “déjà vu” que produce llegar a un pasaje inesperado y muy emocional para ti…

5.-Puedo familiarizarte con tus fantasías poniéndole palabras. Yo te escucharé muy atentamente, si acaso alguna pregunta aclaratoria o de confirmación **, y cubriré y rodearé cada paso tuyo que des en mí de plantas que explotarán de vida bajo tus pies. Seleccionaré de entre esa vegetación las mejores, y prepararé un ramillete que podrás conservar para ti el resto de tu vida. Discreción garantizada, por supuesto.

¿Hasta aquí bien? Ahora la parte fría y condicionante, dolorosa pero necesaria:

Mi tarifa es XXX € la hora. Mínimo 1 hora. Pago anticipado en metálico en sobre a los cinco-diez minutos de conversación, suficientes para conocernos y ver lo que deseas de mí y lo que puedo ofrecerte. No acepto regateos, ni compañías masculinas, homosexuales ni transexuales. Ni tríos ni parejas dobles. De momento me circunscribo en Zaragoza capital. No viajo. Si eres de otra ciudad y aún así quieres que vaya, tendrás que venir a Zaragoza a conocerme la primera vez. No hago vida en sociedad, así que no sirvo en absoluto para compañía en comidas públicas ni cualquier evento social, daría una imagen pésima. Tampoco sirvo para dar consejos acerca de modales, expresiones artísticas, postureo y demás. Mi gusto y sentido estético carece de refinamiento, no he tenido la suerte de ser educado en ese sentido. Soy muy tímido y rehúyo las aglomeraciones de gente, es mi naturaleza, influenciada en su mayor parte por **

El procedimiento sería: quedar en un sitio público, llevaríamos alguna señal previamente acordada para reconocernos mutuamente, nos presentaríamos y daríamos un paseo. Quizá nos meteríamos en una cafetería, o quizá daríamos una lenta vuelta a la manzana antes de entrar en tu hotel.

La ** es para informarte de que sufro de hipoacusia neurosensorial bilateral (sordera parcial en ambos oídos corregida por sendos audífonos). Así que no te extrañes de verme muy pendiente de lo que dices, de tu boca y de tu cara, me guío no sólo por la voz sino también por la vocalización y la expresión facial, incluso corporal: manos, hombros, cuello…, y no te moleste que te interrumpa si creo que no he entendido lo que acabas de decir para que me lo repitas.


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Si deseas contactar conmigo, mi email es arturospads@gmail.com


Fin de comillas. Esto es sólo un anuncio hipotético, que llevo días dándole vueltas, pero que hoy me atrevo a darle cuerpo y publicarlo. No obstante, el email es de verdad… por lo que pueda surgir. Quién sabe, a lo mejor funciona y todo…