miércoles, 25 de noviembre de 2015

Te adoré.

Te amé. Te di lo mejor de mí. Te respeté. Porque era lo que me salía del corazón. Estaba constantemente sobrecogido, asombrado por esa oportunidad, así que me comporté con el corazón abierto de par en par, relegando a un segundo plano los pensamientos racionales. Sólo aplicaba ligeros toques en la arrolladora guía que me llevaba a cultivarme sobre tu espléndido cuerpo. Y este descontrol conllevó algunos detalles de una torpeza evidente y vergonzante en aquellos momentos, pero que ahora, mucho tiempo después, se revelan ridículos e ingenuos, incluso tiernos.

Me dio igual lo que digan los demás de esos momentos y sus tremendas expectativas. Me da igual lo que pinten en los medios de comunicación, en los corrillos de amigos, en las confianzas que se toman en según qué ambientes y que yo por supuesto no otorgo. Mi recuerdo sobre nuestros momentos juntos están ahora acorazados en mí, completamente a salvo, y nadie tendrá acceso a ellos jamás.

Confiaste en mí. Tú pasabas por unos tiempos de duda conyugal, y yo respondí de la mejor manera que se me ocurría. Amé tu cuerpo en cuanto me diste ocasión. Respeté tus límites, que pasaron a ser míos sin ningún problema. Con mi empatía y atención al máximo, me disgustaba lo que a ti te disgustaba sin siquiera llegar a definirlo con palabras. Tomé lo que me dabas disfrutándolo el triple.  Me concentré en tu placer lo mejor que supe, olvidándome del mío, incluso vinculándolo al tuyo de principio a fin. Mi sed de ti y mi disposición hacia ti eran tantas, que sólo usaba mi cuerpo para atender al tuyo durante todo el tiempo que fuera necesario. Cubierto o sin cubrir, abajo, arriba o de lado, explorando y maravillándome de tus respuestas, lleno de curiosidad y empatía hacia tus señales, intentando anticiparme, saltando olímpicamente sobre mis dudas, teniendo paciencia ante una supuesta falta de respuesta, seguro de que iba por buen camino, y que el tiempo era lo único que me separaba de tu goce y bienestar. Mientras tanto, la entrepierna me escocía, aprisionada y sin poder desarrollarse por completo durante horas, pero no me importó, porque sabía que el sexo que te deparaba era mucho mejor, más candente, completo, duradero y profundo, más placentero, y sin fin a la vista. Era lo que tú querías. Me demostré a mí mismo lo que era capaz de desarrollar ante una mujer como tú, lo que me inspirabas era infinitamente más fuerte y arrollador que el pequeño escozor genital.

Una sonrisa tuya de satisfacción o aprobación, una caricia simultánea de ojos y manos, por leve que fuera, ya era como un rayo luminoso e iridiscente en medio de los nubarrones de dudas que hacía que avanzara un poco a ciegas…

Te llené de mis mejores detalles: mis ojos intentaron no perderse un ápice de cuanto de ti se desprendía, de todo cuanto te rodeaba, tus movimientos, tu ropa y estilo, tus sonrisas, tus dudas. Mis manos no se apartaban de tu bellísimo cuerpo, pero sólo cubrían aquellas zonas donde no pudieran verse rechazadas en su timidez; de vez en cuando se asomaban a tus caderas, nalgas y pechos, pero enseguida volvían a su zona segura: muslos o cintura, zonas correctas y nada ofensivas. Mi respiración se hacía superficial, mi corazón iba a cien, de vez en cuando me daba un leve temblor, pero no era consciente de nada de eso. Sólo ahora, mucho tiempo después, revivo con placer esos detalles.

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Fuiste como una reina para mí. Intentaba volcarme en ti, hacerte cosquillas, hacerte reír, sorprenderte, ser un perrito gimoteante, o un amante silencioso, sonriente y seguro de mí mismo y mis capacidades, o un amigo con quien hablar, apoyarse y abrazarte…

Sentí mucho que eso no bastase.

sábado, 24 de octubre de 2015

Garth Ennis.

Irlandés, tabernícola de a trago por jarra, pendenciero, anticatólico, emotivo, bestial y con mucha mordida cuando le sueltan la correa. Como todo ser humano, si desde arriba le ciñen, le ciñen y no hay más que hablar. Guiones alimenticios, sosos, del montón, con la misma enjundia que un saco de patatas...

(Spiderman, el hombre araña, 1, 2 y 3 ed. Fórum)



pero cuando le dan cierta libertad creativa, empieza a crecerse…

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(Constantine, números varios, ed Norma/Planeta DeAgostini)


010(Hitman, números varios, ed Norma/Planeta DeAgostini)



… y a crecerse…

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(Punisher MAX, 1 a 10 y especial, ed. Panini)



… y a crecerse…

(-(-coronel- Furia MAX, 1, 2 y especial, ed. Panini; 1, 2 y 3 Fórum)



… y ya cuando le dan libertad total (más o menos), explota:

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(Predicador, series varias, ed. Norma)



Y cuando se lo monta por su cuenta, ya es el acabóse más cabronazo que ha parido madre:

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(The boys, 1 a 12, ed. Norma)

… en donde arrambla con todo, no deja títere con cabeza y patea y tritura el mito del superhéroe moderno. Todo aquél que tenga la “desgracia” de leer The boys de principio a fin “mirará” al resto de los superhéroes con otros ojos (“como dice el proverbio: Un gran poder conlleva la total certeza de que te convertirás en un cabrón”). Y yo no soy excepción. Y como se me han pegado sus “maneras”, sus modos, motivos, estilo y demás, lo destripo aquí para vosotros con un par de machetazos. Ni aviso de “spoiler” ni pollas en vinagre.

Veamos: ¿Superman clon? un producto depravado, hedonista y psicótico de una larga investigación dirigida por el equivalente a A. Einstein, pero en genética en vez de energía atómica. ¿Batman clon? un ricachón torpón con ínfulas que se folla cualquier agujero, sea de carne o no, como consecuencia de una enfermedad degenerativa. ¿X-Men clones? una profusa tropa de jóvenes multimillonarios dados al vicio constante y sin límites, liderados por un pederasta que los rapta de niños, los pervierte, los manipula y los aglutina a su alrededor. ¿Los Vengadores clones? un grupete de figuras a cual más pervertido, odioso, rastrero, cruel y cobarde que haya podido imaginar una mente retorcida y hastiada como la de Garth Ennis. ¿La JLA clon? ídem de ídem. Y todos ellos y unos cuantos más (incluyendo un grupo de cosecha propia basada en el fanatismo ultracristiano, por supuesto con su tonelaje de hipocresía y perversión despiadada) bajo el patrocinio de una corporación privada multinacional con intereses y estrategias de negocios hacia el “dinero de verdad”, la industria militar norteamericana. Y además encajándolo en la historia: Segunda Guerra Mundial, guerras de Corea, de Vietnam, de las Malvinas, la CIA, Rusia… hasta el presente, en que hace que confluya todo en un final… em… apocalíptico, con intento de golpe de estado incluido… y también una pequeña subtrama para dejarlo todo más o menos atado antes de concluir un tanto precipitadamente y dedicarse a otros proyectos, ahora que ya le ha sacado el jugo a esa colección… (o igual es que desde las grandes editoriales, DC y Marvel, le han “conminado” mediante chantajes y amenazas más o menos directas  a acabar cuanto antes por lo que representa para sus negocios, que todo puede ser… este tipo de maniobras creo que suelen darse de forma habitual en negocios dominados por dos o tres gigantes empresariales).

Dichos proyectos no sé cuáles serán. Le he perdido la pista desde entonces. Imagino que Ennis estará un poco harto del mundo del cómic y quiso probar en otros campos, como el cine.

Pero sí sé la enorme cantidad de patadas que da este guionista a todo lo frívolo, aparente, contradictorio y hueco de la industria del cómic superheroico estadounidense. Ya sólo le falta incluir entre sus dianas habituales las versiones cinematográficas sucedidas en los últimos años. Sólo que ahí supongo que le obligarán a cortarse más, le atarán con una correa más corta y más sólida…

También sé el enorme bagaje cultural que porta en sus obras no superheroicas, en donde se encuentra más a gusto (por ejemplo, en “Hitman” apenas hace uso de dones metahumanos en el protagonista, justificando como que le den migrañas cuando los emplea), basadas en su mayoría en la Segunda Guerra Mundial, en donde se adentra siempre que puede, con respeto, cariño y admiración por los que lucharon y murieron, tanto de uno como de otro bando. Por supuesto, en el lado alemán, diferencia al ejército (Whermacht) de los fanáticos (SS, Gestapo y demás organizaciones).

No olvido tampoco su vertiente cómica, pero al ser extranjero, sus juegos de palabras pierden con la traducción. Aquí el menda, al dominar el inglés a un nivel menos que básico, se pierde por completo en los argots, así que las obras cómicas las percibo un poquito deslucidas y forzadas.

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(Recopilatorio Historias de la guerra, Ed. Planeta deAgostini. Especiales varios, Ed. Norma)

sábado, 17 de octubre de 2015

Índice de bases oníricas.

Recientemente contesté a una entrada en el blog de Chatarrera Nórdica (si sientes curiosidad sobre lo que opino de esta bloguera, hablo de ella aquí con más detenimiento, admiración y simpatía) en donde me dio pie para relacionar una especie de “índice de fantasías oníricas” a partir de las cuales generaba mis fantasías de vaho. En dicha respuesta me salían todas de carrerilla, y tuve que resumirlas o quitarlas para no extenderme demasiado. Luego pensé que sería buena idea relacionarlas con más detalle aquí, en mi blog, creando incluso una etiqueta nueva, Inbaon,  y dotar así de más vidilla y ganas a este pequeño espacio mío…

Llamo “fantasías de vaho” a las que se generan para diversión momentánea, para pasar el rato en colas o salas de espera, para conciliar el sueño y sentirnos bien con nosotros mismos, o bien como refugio instantáneo y sin pretenderlo de una situación tensa en donde las circunstancias favorecían dicho vaho, pero que luego se disuelven en la nada sin más importancia. Exactamente como cuando se exhala vapor sobre un cristal para limpiar una manchita persistente, dibujar una caricatura o escribir un mensaje sin apenas trascendencia (o quizás con mucha trascendencia pero sin mucha huella para el futuro, que todo puede ser), o cuando se está en un ambiente muy frío se hace un amplio anillo con la boca y se expulsa una larga bocanada de aire para recrearnos en la forma o el efecto que despierta delante de nuestra cara, y que a los niños les encanta cuando lo descubren y juegan con ello.

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Lo más llamativo es que tengo unas pocas fantasías recurrentes, básicas o troncales, a partir de las cuales se desarrollan, bien repitiéndolas una y otra vez fielmente, sin variar una coma, o bien un día se me ocurre una pequeña variación, una sorpresa que añadir y que disfruto, o bien cambio de sueño base, dependiendo de mi humor, mis ánimos, o lo que sea, que me llevan a seleccionar de dicho índice el que más me venga en gana.

Lo malo de esto es que si una noche me encuentro especialmente desanimado, desganado o susceptible, y rechazo todo a mi alrededor, incluyendo dicho índice, y me propongo componer otra base completamente nueva, independiente del resto, no me sale así como así, y siempre acabo tirando del índice en cuestión.

Mencionar también que algunas de dichas bases están ya plasmadas por escrito, de diferentes formas y sin ninguna relación entre sí, como pueden ser cuentos sueltos en este blog o en el otro, o bien diferentes blogs dedicados íntegramente a ellos, porque dichas historias daban muchísimo de sí si las desarrollaba, pero se quedaron ahí sin más, a medio nacer, la mayoría de ellas por pura vagancia.

Así que en cada cuento de este Inbaon recién inaugurado incluiré el enlace donde hago referencia a cada uno de ellos, ya sea completa de principio a fin, o sólo principio sin final a la vista. Lo bueno que tiene esta pequeña iniciativa es que puedo desarrollar unas escenas especialmente vívidas o conmovedoras, por la enorme fuerza que conllevan, sin incluir las etapas previas o posteriores que suelen resultar un lastre para mi forma de ser. Por supuesto, intentaré que sean inteligibles y asimilables, pero el esfuerzo de hacerse a la idea de qué pasa previamente en cada una de ellas es fundamental (y supongo que enorme en algunos casos), con los personajes, interacciones, circunstancias, habilidades, etc.

lunes, 12 de octubre de 2015

Té con canela (del Mercadona)

Tengo la garganta irritada. Puedo mantenerme centrado mientras no trague o tosa. Pero siento desde la campanilla hasta muy al fondo, casi hasta el esófago e incluso más allá… releches, qué me pasa que no puedo ni siquiera acertar con la palabra adecuada… hinchado, hipersensible y adormilado a la vez… Pero cuando me asalta el reflejo asociado de cualquier tipo de espasmo involuntario (tragar, toser, reírme o estornudar) siento como si raspara ahí dentro una lija, o una bola de estropajo duro.
Voy tomando cafés cada pocos días. Solos, con leche, con galletas o a sorbitos sin nada más, con azúcar o sin azúcar, cargados o ligeros (controlando la prensa manual y la cantidad de café molido en la cazoleta), más o menos cafeinados (mezcla en diversas cantidades de tueste natural y descafeinado)… Y cada vez me gusta un poquito más, lo reconozco. Es un ritual que me relaja y me hace sentir en paz mientras dura.

Y claro, en ésas, no puedo evitar imaginarme estar en compañía femenina: ella durmiendo tras una noche especialmente intensa, y yo levantándome y preparándole el café (asumiendo por supuesto que le gusta el café) y entrándolo después en una bandeja, con unas galletas, el tarro de azúcar y algún detalle primoroso, como la servilleta plegada de una forma graciosa y llamativa… (flores, bombones y demás están fuera de la ecuación económica).

Sí, suena feo mencionar la cuestión económica. Pero dada mi situación ídem, esa condición insalvable se me ha metido aceitosamente entre los resquicios de la base de mis fantasías de vaho cotidianas.

La parte negativa del ritual del café es que creo que me he habituado demasiado pronto a sus efectos vivificadores. Ya no siento apenas el empuje que me abocaba a la hiperactividad de antaño. Aunque quizás sea por el control de las dosis en la cazoleta, siempre tirando a la baja con el café tueste natural.

El otro día vi en Mercadona infusiones de té con canela, y me entró curiosidad por probarlo. La canela me gusta (arroz con leche y galletas napolitanas), así que cogí una caja de eso. Pero hoy he comprobado que al tomar el té bien caliente, apreciar el gusto a canela es casi imposible. Quizás sea que en mi estado actual, con la garganta escocida, no huelo apenas nada, ya que influirá en zonas cercanas…

sábado, 26 de septiembre de 2015

Concéptica.

Dícese de la ciencia que pone nombre a tendencias, ideas, procesos, corrientes, orígenes, destinos, fines, usos, reacciones, tolerancias… e incluso radicalismos y fanatismos varios.

Poner nombre no es baladí. Según se designe una u otra palabra a algo, ésta puede cuajar y prosperar, o si suena mal, fracasar y verse relegado al olvido o al uso especializado entre profesionales del ramo. Entiéndase como “cuajar y prosperar” el sumarse al uso cotidiano de una comunidad más o menos numerosa, y que puede usarse como ladrillo para construir más concéptica futura.

No es ciencia nueva. Y tampoco está ceñida a la Filosofía, o al Diseño, o al Descubrimiento, o a la Normativa reguladora (estandarización), o a cualquier campo con mayúscula en el que la Humanidad expresa y lleva a cabo todas las ideas que surjan en cualquier ámbito, tiempo o lugar (nótese que, a lo largo de este blog, la mayúscula no se la aplico a cualquier palabra).

Cualquiera puede usar la Concéptica en cualquier momento. Simplemente con que se le ocurra un proceso nuevo que acorta o ataja conceptos antiguos que los transforma en obsoletos, ya usa esta ciencia, ya usa la Concéptica.

Concéptica también es asignar símbolos impronunciables pero certeros al primer golpe de vista a situaciones e ideas que precisan de lecturas rápidas para actuar en consecuencia de inmediato, casi por reflejo.

Aunque esta última parte disiento un poco, porque dichos símbolos son difíciles de usar en sumas futuras para crear nueva concéptica… y por tanto tienden a estancarse y permanecer inamovibles en el imaginario y comunicación humana.

Como toda ciencia humana, también es proclive al mal uso, manipulación o tergiversación. Y como toda ciencia humana, dicho mal uso, manipulación o tergiversación produce mucho daño, dolor, destrucción e injusticia en dimensiones realmente escalofriantes.

¿Qué fue si no designar “izquierda” a unos valores sociales y “derecha” a otros? Concéptica. ¿Y qué fue radicalizar dichos valores en uno u otro sentido, oponiéndolos en numerosas ocasiones, “extrema izquierda, extrema derecha”? Concéptica. ¿Y también oponerlos contra sus vertientes “moderadas”? Concéptica.

¿Y asignar la cruz gamada al nazismo en la cultura occidental o la hoz y el martillo al comunismo? Concéptica. ¿Diferentes cruces de diferentes colores y formas a lo largo de la Historia? Concéptica. ¿Medias lunas, estrellas de David, estrellas de cinco puntas y otros símbolos que no tienen sonidos asociados pero se exhiben con propósitos llamativos? Concéptica. ¿Señales de tráfico vial, avisos de peligro y símbolos de publicidad e identidad corporativa empresarial? Concéptica. ¿Escudos, linajes, banderas, herencias culturales, pertenencia a diferentes etnias, tribus, valores, incluso modales y costumbres que determinan diferencias más o menos relevantes entre grupos vecinos? Concéptica.

¿Qué fue designar como “Teoría” a la Evolución o a la Relatividad? Concéptica. ¿Y la reacción a la primera, el creacionismo? Más concéptica.

¿”Políticamente correcto o incorrecto”? Concéptica. ¿Insultar, degradar, vejar, comparar, crear metáforas? Concéptica. ¿Convertir siglas en palabras y usarlas como sustantivos, incluso moldearlas como verbos? Concéptica. ¿Una conversación entre científicos eminentes, entre informáticos en perfecta sintonía, entre artistas formados y veteranos, entre médicos sobre cuestiones urgentes de salud…? Concéptica.

¿Esta misma entrada, en donde reflexiono y propongo como “Concéptica” a la concéptica? Más concéptica… siempre y cuando el concepto cuaje y se use entre la gente de forma espontánea, sin llevarme ningún mérito por ello.

Ya que otra de las reglas no escritas de la Concéptica es el anonimato de sus orígenes, citando éstos como anécdotas sin apenas importancia, si se llega el caso.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Warren Ellis.

Contexto: En un futuro de ciencia-ficción, el viaje interplanetario es un hecho (dentro de los límites del Sistema Solar). Explorando en las lunas de Júpiter, territorio virgen, descubren en una de ellas, Europa, innumerables sarcófagos submarinos en estructura de colmena en el seno de su único océano, conteniendo en hibernación milenaria seres parecidos a los humanos. Acceden a sus bases de datos e intentan descifrar su lengua.

“-…Es demasiado fácil.

-Llevas con esto desde anoche. Si fuera fácil ya no tendría que oír cómo te quejas. ¿Qué problema hay?

-Las lenguas humanas derivan de doce sonidos raíz. Esos sonidos dependen de la estructura de la laringe y de las condiciones atmosféricas.

-¿Y?

-La grabación de voz que encontró Anna tenía esos sonidos raíz. Y el ordenador los relaciona con elementos de los caracteres lingüísticos del texto.

-Y por tanto te quejas de que es demasiado fácil. ¿Qué quieres?

-Accedemos a las palabras de una raza imposiblemente antigua, esencialmente alienígena. Debería ser más difícil.

-Venga, John. Misma laringe. Misma estructura pulmonar. Diez dedos, cosa que lleva naturalmente a unas matemáticas de base diez. Somos parecidos… Vale, es raro… pero aquí todo es muy raro. ¿Qué te preocupa?

-¿Quieres saber qué me preocupa? Se puede averiguar mucho de una cultura a través de su lengua.

-Sí.

-Bueno, si fuéramos alienígenas ante un texto inuit, veríamos que tienen cincuenta palabras distintas para decir nieve. ¿Qué deducimos de eso?

-Que en su tierra nieva una barbaridad. Ya lo entiendo.

-Pues entiende esto: de momento, tengo ciento sesenta y tres palabras distintas para decir asesinato.”

“Ocean”. Warren Ellis, guión. Chris Sprouse, dibujo.


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Contexto: Un universo con su abundante e indefinido plantel de superhéroes, tanto villanos como benignos, algunos ocultos y solitarios, otros en grupos privados, otros en grupos paraestatales, etc. Uno de esos grupos está de asueto en un bar, el “Clark’s Bar”. Un componente del grupo, Toshiro, es un gigante gaseoso contenido dentro de una enorme armadura; otro, Nigel, es un ente también gaseoso delimitado por un campo de fuerza que le da apariencia humana (cabeza, cara, ojos, brazos, piernas, etc.), pero todo él de color verde fosforito; dos mujeres con diferentes dones y habilidades, y otro hombre que puede pasar por normal sin ningún tipo de rasgo llamativo.

“-…Debe de ser muy duro para ti, Toshiro, hijo.

-¿Qué quieres decir, Nigel?

-Bueno, tú eres un post-humano gaseoso como yo. Pero yo tengo este campo de fuerza sujetándome. Y esa red electrónica interna que me hace de sistema nervioso. Pero tú eres una bolsa de gas y extraños efectos gravitacionales encerrados en una caja de metal para que no exploten… Si no te importa que lo diga, tiene que ser difícil divertirse así.

-En absoluto. Tengo un secreto. (Pausa) Tengo un orgasmo cada cinco minutos. (Pausa) Por favor, no se lo digáis a mi padre.

(Todos miran asombrados a Toshiro. Una de las mujeres le apunta con el dedo).

-Vamos, hombre. No puedes soltar eso en una conversación sin explicarte…

-Mi forma gaseosa es extremadamente sensible a las vibraciones, incluso dentro del traje de contención. La simple vibración de las personas caminando envía resonancias a mi cuerpo que hacen que masas de plasma caliente colisionen. Cada pocos minutos hay una reacción en cadena y… (Pausa)…  Allí voy otra vez. Perdonad.

-Quiero ser una entidad humana gaseosa.

-Se me acaba de ocurrir algo: si uno de los malos brinca arriba y abajo sin parar, Toshiro se quedaría completamente bloqueado en cuestión de minutos…”

“StormWatch: Cambiar o morir”. Warren Ellis, guión. Oscar Jiménez, Michael Rayan y Bryan Hitch, dibujo.

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Contexto: En un presente más o menos tormentoso, la ciudad de Los Ángeles es convertida en una prisión donde van a parar agentes de diferentes organizaciones secretas deshechos por experimentos que han salido mal. La ciudad en sí es habitable, con sus más y sus menos. Dichos agentes se relacionan entre sí en su devenir diario, portando cada uno sus rarezas como buenamente puede. Uno de ellos encarga a otro, el protagonista, una misión de detective. Como éste apenas soporta la luz del sol, entre otros inconvenientes, precisa de transporte con chófer.

“-… ¿Necesitas que te lleve antes de volver a mi estudio?

-Tengo que ver a Emily Crowe.

-Cielos, Jones.

-Tú no tienes porqué entrar. Volveré en taxi.

-Ya lo creo. Esa chica me pone los pelos de punta. Sube.

-Es lo que se supone que debe hacer. ¿No conoces su historia? Es ex agencia, como tú y Jeronimus. Y como Jeronimus, sufrió alteraciones quirúrgicas. Debería haber sido la seductora definitiva. Sobreproducción de feromonas sexuales. No funcionó. Lo que produce es algo que activa la reacción arácnida. Es miedo, y repulsión, y la confusión de estar cerca de algo extraño. En resumen, te pone los pelos de punta.

-A ti también debería pasarte, ¿no?

-No. Soy el único tipo de L. A. que puede estar en la misma habitación que ella.

-¿Por qué?

-Porque ya nada me pone los pelos de punta.

-Uno de estos días tendrás que explicarme qué era ese ‘Test desolation’”

Y es una de las escenas más potables de esta densa obra.

“Desolation Jones”. Warren Ellis, guión. J. H. Williams III. dibujo.


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Y así podría seguir, y seguir, y seguir por su prolífica obra. Diálogos que son casi una fuerza de la naturaleza, como muestran los tres ejemplos previos. Argumentos en su mayoría absurdos, pero tratados con mucha maestría para sacarles el jugo. Sin límites en mezclas de conceptos, muchos de ellos forzados y estrujados para formar nuevos conceptos en los que situar sus historias. Reflexiones demoledoras y certeras, capaces algunas de ellas de dejarme como un flan…

Es el único autor que me provocaba adicción cuando estaba cierto tiempo sin leer nada nuevo suyo. Su estilo, las perspectivas acerca de qué podía salir que me impactara, sus metáforas…

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Paradójicamente, su obra más famosa (relativamente), “Transmetropolitan”, no me llamó mucho la atención. Adquirí el número 1, sí, pero… nah, en aquellos días tenía otras colecciones más interesantes en la tienda…

Puede que en el futuro, si me da por ahí, destaque otra obra de éstas y os la presente para que os pique la curiosidad como a mí en su día.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Capitán Britania.

Imagino que esta entrada interesará a muy pocos, ya que hace clara alusión a un símbolo, Gran Bretaña, que despierta no pocas antipatías entre el respetable histórico español.

Además de ser reflejo “menor” surgido en la década de los 80 bajo el ala de otro símbolo de descarada manipulación patriotera de mucha más solera y raigambre, el capitán América.

Además de ser un personaje segundón y poco conocido en el abundante filón de personajes del universo Marvel.

Además del claro sentido militarista por el grado de oficialidad expresado, con lo que conlleva de pretendida autoridad, liderazgo, ejemplo, obediencia, etc.

Además del calado mínimo que la edición de sus aventuras ha tenido en España.

Además de la respuesta refleja que supone para los no aficionados al cómic, para el público en general: “Si existe el capitán América y el capitán Britania, ¿porqué no existe el capitán Hispania, o capitán España, o como se llame?”, antes de reprimir dicho reflejo por otro reflejo resultado de la vergüenza de pertenecer a un país gobernado por corruptos e incompetentes, con su identidad nacional en fuerte crisis desde hace más de cuarenta años.

Bueno, que existen multitud de personajes por ahí de los que hablar antes que éste.

Pero me he decidido por él, porque dada la reciente “reestructuración” de la deud… perdón, de mi casa (lo siento lo siento, tanto leer sobre la enorme deuda que tenemos los españoles, griegos, italianos e irlandeses para con Europa ha dejado esa relación casi indisoluble en mi psique), decía de mi casa, mis cajas de mudanzas en el trastero y desperdigadas por el salón durante casi cuatro años, he podido cumplir un viejo deseo friki: encontrar los cuatro tomos “prestigio” (un formato de cómic de antaño de alta calidad) comprados a principios de los 90, un tomo publicado casi quince años después pero cronológicamente situado antes de dichos tomos “prestigio”, y situarlos todos antes de una colección que empezó más o menos al mismo tiempo que los susodichos tomos “prestigio”, que seguí durante aproximadamente cinco años y que dejé colgada al ver la mediocridad que iban tomando sus historias. Y ponerlos todos en una de mis estanterías en su orden cronológico y de-fi-ni-ti-vo (odio el abuso al que se ha sometido en publicidad masiva a esta pobre palabra).

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Capitán Britania es un personaje al uso: musculoso, algo torpe, abundante cultura y conocimientos científicos, identidad secreta, traje de acción vistoso y muy ajustado, con un buen corazón y mejores intenciones, su historia detrás, su origen, sus motivaciones, sus enemigos, sus amigos y aliados… pero en su mejor época (ilustrada absolutamente toda por el dibujante Alan Davis) sometido a un desvarío tremendo de aventuras, a cual más descacharrante y terrorífica (muérete de envidia, Batman).

Se puede argumentar que la importancia que tiene este personaje viene dada por Alan Davis. Sí, así es. Un dibujante excepcional, de trazo cuidado y muy agradable de ver, que no reniega del erotismo que plasma en su obra, pero que hace como que no existe de cara a la galería, pues va destinada a un público juvenil. Además de permanecer fiel a sus principios, el más llamativo de los cuales es su preferencia por este personaje, al que saca siempre que puede.

Capitán Britania dio paso a Excalibur, una colección de más éxito, y por tanto más respaldo, más presión y manipulación editorial que paradójicamente dio al traste con la colaboración de Alan Davis y por ende con la colección.

Ahora, casi 15 años después, ni sé cómo está esa colección, ni sus personajes, ni quién colabora o deja de colaborar, ni me interesa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Y más café.

Esta vez, mezclado. Un tercio de cazoleta de café tueste natural y el resto descafeinado.

Poco menos que me subo por las paredes al cabo de tres cuartos de hora.

Al principio bien. Una sensación de bienestar, ánimo y ganas de hacer cosas, de cumplir con los proyectos del día, a saber: limpiar, fregar, quitar el polvo, repasar detalles… De hecho, el intenso ejercicio físico que he desarrollado para cumplir con todo eso ha venido a cubrir esa vitalidad extra que me ha despertado el café. Y sí, he subido por paredes… para limpiar a fondo lo que estaba en lo alto.

¿Por qué? Pues porque una ventaja enorme de este nuevo estado de cosas es la de poder recibir visitas y tratarlas como se merecen. No avergonzarme de cómo tengo la casa ni ocultar cosas. Mostrarles todos y cada uno de los recintos y rincones. Detenerme en los detalles que me pregunten, contestando con franqueza e ilusión.

Ventaja que pienso disfrutar en toda su plenitud, y más, si puedo.

Primero mis padres y mi hermano mayor. Hoy han sido mi hermana, su marido y su hija.

Y tengo intención de ir invitando al resto.

No obstante, en cierto momento, me he imaginado cómo sería la visita de… una mujer.

Y al tener esta base bien cubierta, este soporte que durante tantos años me ha faltado, me he sentido bien, con energía, humildad y predisposición.

Pero no sé si era por el café o porque realmente me salía de dentro.

En el fondo no importa. Ya tengo mi casa en condiciones, así que sólo faltaba un empujoncito para echar a rodar la fantasía… y, bueno… ha sido un alud, me costaba elegir sólo una.

Todas partían de que ella entraría con los brazos cruzados en el pecho, hombros encogidos y cara un poco agachada, pero mirada atenta, fijándose en cuanto detalle cayera a su alcance…

Si al cabo de un buen rato de conversación, un poquito de humor, alguna que otra bromita, y la visita de rigor a todos los rincones, consiguiera una leve sonrisa de aprobación, un brillo determinante en sus ojos, mirada fija y abierta… y yo caería a sus pies, poco menos que derretido… “Mi señora”, acertaría a musitar.

Etcétera.

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jueves, 27 de agosto de 2015

Cientos y cientos…

… de cómics. Eso he ido sacando ayer y hoy. Acumulados durante más de 25 años. Esperando a tener mi propio espacio, mi casa, mis estanterías, para ser sacados y colocados en sus sitios definitivos. De momento sólo sacados y puestos ahí. Conforme pase el tiempo, los iré ordenando. Pero el primer paso ya está hecho.

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Y el café que tengo es descafeinado, sí. No me siento distinto, ni cinco minutos después, ni una hora después.

Tengo una duda sobre los cafés… Si comprara café normal, molido, ¿cómo quedaría mezclado con descafeinado? Muchos cafeteros se llevarían las manos a la cabeza, me tacharían de criminal, de zote, de ignorante, de paleto. Pero que les den.

Mi idea es: cada día, o cada dos días (no tomo café con regularidad, porque en mi estado económico es casi un lujo), meter en la cazoleta mitad descafeinado y mitad café normal. Ambas capas no muy prensadas… Los primeros días, la capa de café normal sería más bien fina. Luego ya veríamos.

¿Por dónde iba? Ah, sí, los cómics. Por fin podré releer aquellos que tanto me hicieron soñar, reír, llorar, reflexionar, rebuscar, fantasear, elevarme, hundirme… la poesía del inimitable Warren Ellis, su ciencia-ficción, sus futuros drogados y elevados… la determinación de Alan Moore, sus detalles exhaustivos, casi agobiantes, sus remodelaciones, sus extrañas referencias… la bestialidad visceral de Garth Ennis, su feroz anti-catolicismo irlandés, sus sociedades de tabernas, su humor negro, sus corazones abiertos destilando amor, compasión, dulzura y firmeza… en fin, para qué voy a seguir…

Pero por primera vez en años, tengo algo que compite con mi dependencia de internet y me ayuda a desviar mi atención exclusiva en eso, haciendo que apague el ordenador y me sienta ahí atrás a leer un buen cómic.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tercer día con café.

Pues no sé si será el café, la cafetera, mi metabolismo cambiado o quizás el color del azúcar blanco, pero no me siento diferente al rato de tomar la taza.

Hasta anteayer, todos los cafés que me tomaba me provocaban nerviosismo, o sueño, o me desvelaban hasta bien entrada la noche aunque lo tomara a media tarde, o locuacidad, o cualquier alteración que me empujaba mucho más allá de lo que percibía como normal en mí.

Pero ayer, y hoy, no me he sentido distinto… En fin, a lo mejor es que el café sería descafeinado de máquina (me lo han traído en tarro, sin marca ni tipo ni nada), pero aunque así fuera, me ha gustado mucho cumplir ese ritual distinto, ese pequeño detalle que me recuerde que ese día debo hacer algo de lo propuesto para variar un poco el rumbo que llevaba estos últimos años.

Y así ha sido. Montar una estantería, colocar focos que apunten a mis miniaturas adquiridas en los años previos a mi independencia con el propósito de exponerlas cuando tuviera ocasión… y cuando tenía ocasión, me falló otra pata vital, por tanto tuve que posponer con dejadez e indiferencia, creciendo conforme pasaban los meses y años.

Lo más difícil son los papeles. Cientos y cientos de papeles acumulados. Facturas, extractos bancarios, manuales de instrucciones, garantías, impresos de hacienda, de salud, del INEM… Una montaña de papeles que me echan muy para atrás, y que evito como puedo, concentrándome en otras cosas, igual de importantes, pero no tan urgentes, de cara a la próxima visita de Profe y de Brava.

Aunque me digo que me pondré a ello, nunca lo hago… Entre los calores, los trabajos de montaje y el juego de solitario de windows que me da por pasar el rato para descansar entre mueble y luminaria, voy procrastinando y…

En fin, sé que al final me tendré que poner a ello.

 

Papeles y más papeles

jueves, 20 de agosto de 2015

Primer día con café.

Hace tres días me regalaron una pequeña cafetera exprés de las que se enchufan. Entre otras muchas cosas.

Se echa agua por un sitio, se pone café en una cazoleta con manivela, se coloca esa cazoleta con un cuarto de giro, se pone una taza debajo y se enciende. Y a esperar.

Como era mi primera vez, en mi casa, que tomo café a solas, me he dicho… ooye, esto, que parece tan normal, aburrido y cotidiano para mucha gente, puede ser el inicio de algo para mi blog, y así usar eso como raíl para mencionar el cambio sustancial que está tomando mi vida por estos días…

De entrada, odio el café. Y el té. Y la nicotina. Y el alcohol. Y por extensión, toda clase de estimulantes ilegales que provocan que seamos más de lo que somos o podemos dar. Marihuana, cocaína, heroína, éxtasis, metanfetaminas… Así los que no somos cafeteros, alcohólicos, bebedores de té y fumadores, nos quedamos atrás en nuestra lucha diaria por sobrevivir. Es como un doping en un deporte muy competitivo, frente al cual el ciclismo, uno de los deportes más duros que existen, es un juego de niños. Y el ciclismo no goza ahora mismo de buena reputación por las cosas que se meten los que compiten. Y es normal, dada la energía de que necesitan disponer para ganar.

Pero me estoy yendo por las ramas. Hoy he decidido tomar mi primer café. En parte para ver cómo se maneja ese trasto de cara a futuras visitas, y en parte para probar a ver cómo me sentaría si lo introduzco en mi rutina diaria.

Así que retomo del primer párrafo: “Me regalaron… entre otras muchas cosas.”

En efecto. Unos muy buenos amigos me han regalado un armario ropero, unas cuantas estanterías y unas pocas luminarias para mis bombillas. Y lo más importante: me han regalado también su tiempo, esfuerzo, interés e ilusión en que renueve mi vida, retome la iniciativa y el control. Me han ayudado a limpiar y ordenar lo que lleva ahí años acumulando polvo.

Todo empezó hace un mes aproximadamente. Yo estaba en un valle anímico. Un amigo vino a mi casa de improviso, vio cómo estaba el percal y tras un paseo juntos por mi ya no tan flamante barrio, nos despedimos, yo me metí en mi casa con mis rutinas autocastradas y él se fue a la suya.

A los pocos días, vino otra vez con una amiga, que también vio por sí misma cómo estaba todo, y dimos una vuelta. Paramos en un bar a tomar algo. Yo estaba contento de verles, porque visitas así se agradecen mucho. Pero en realidad venían con una propuesta.

El amigo es un negado en tareas de mantenimiento de su casa. Además de en otras cosas básicas. Pero esto no quiere decir en absoluto que sea un inútil en la vida. De hecho es todo lo contrario. Es profesor de preescolar con alma, y cada vez que habla de “sus niños” se le encienden los ojos. Los progresos que hacen en el día a día, la gracia que le provocan sus torpezas, la gracia aún mayor que le hace limarlas poco a poco y que aprendan a base de insistir, los juegos aparentemente sencillos que monta, los métodos que usa para captar su atención y que aprendan… Por extensión, esa gran capacidad humana de empatía, análisis y modificación de conductas, reaprendizaje, etc., las usa en su vida diaria, con su familia y sus amigos. Y yo estoy entre los más cercanos de los últimos, afortunado que soy.

Además, su fe en la humanidad está constantemente restaurada. Porque ve a “sus niños”, y renueva sus esperanzas en un futuro mejor. Al margen de los padres de los niños, con sus más y sus menos; al margen de sus compañeros y directores, a menudo con muchos menos que más para su desgracia. Pero es entrar en el aula con sus niños esperando, y me imagino la alegría, la ilusión, la curiosidad, la inocencia que portan, y dejarse llevar por todo ello.

En fin, que me voy otra vez por las ramas. “Profe” (así le llamaré para los restos),  “Brava” (así llamaré a la amiga; ya diré por qué) y servidor, estábamos en una terraza de bar, tomando refrescos, y Profe me propone algo: me “contrata” (una forma sibilina de decirme que me necesita con disciplina regular) para hacer unas cuantas tareas en su casa: cambiar bombillas, pasadores de cajones, enchufes, sintonizar una televisión, limar lechadas en juntas de baldosas y pintar techos.

No hablamos de dinero ni nada por el estilo. No hablamos de qué me iba a dar a cambio. Yo acepté, con desgana y haciendo un poco de tripas corazón, porque en mi fuero interno sabía que no podía seguir así. Y al día siguiente empecé. No sólo eso, la hermana de Profe también requirió mis servicios para pintar la verja de un balcón sesentero cuya cadencia de rejas hacía que pareciera una partitura gregoriana en tres dimensiones.

Estuve algo así como una semana haciendo todo eso. Enfrentándome a mis demonios, sobre lo de cumplir con lo prometido a tiempo, trabajar para ganarme la vida, sufrir la ansiedad que me da no ser capaz de llevarlo a cabo, y minimizar los buenos resultados una vez conseguidos. Entre otras rémoras.

Cuando terminé de pintar los techos y se acabó todo, me llevó con Brava a traición a un centro comercial de muebles, y me compraron cinco estanterías y un armario ropero. Triplicando el valor de lo que creía que costaba mi labor.

Hasta entonces, estaba como “a remolque” anímico. Pensaba que una vez cumplido todo, me daría una buena propina, y se acabó; volvería a mi rutina eremita y oscura de cada día.

Pero ni por un momento me imaginé que me harían esto. Mientras me arrastraban de los brazos, o de las orejas, por el centro comercial, yo estaba asombrado, incapaz de reaccionar. Respondía con monosílabos, alguna que otra observación, sonrisas forzadas… pero en mi fuero interno estaba paralizado. “¿Dónde demonios me han metido?”

El resultado, tres semanas después, es que Brava y Profe me han puesto todo patas arriba. Han entrado a saco en mi covacha y en cinco tardes intensas (y las que creo que me quedan, pero pocas ya), han cambiado por completo mi casa. Han limpiado, han ordenado, han tirado a la basura un montón de cosas… Como me conocen de hace años, saben de mis aficiones, mis sueños, proyectos, puntos débiles, puntos fuertes, y han actuado de acuerdo con todo ello.

En ningún momento han juzgado lo que se han encontrado a cada paso. Ni en ningún momento han puesto en tela de juicio dichos sueños ni aficiones. Por impropias que puedan parecer a sus ojos. “Esto, ¿lo necesitas?” o “¿lo quieres para algo?”. “No, sí”. ”Pues a la basura” o “déjalo por aquí que lo ordenamos después”. Sin más, sin fijarse en las apariencias del objeto ni lo pasado o roto o inútil que pueda ser.

Y así estoy ahora. Entre incrédulo y esperanzado. Incrédulo porque no creía que esto llegaría tan lejos. Un par de arreglos por aquí y por allá, y todo seguiría igual. Y esperanzado porque por primera vez en mucho tiempo, empiezo a estar a gusto en mi casa.

Además de la dosis de cafeína corriendo por mi cuerpo, muucha luz entrando a raudales por las ventanas bien abiertas y todo desordenado, sí, pero en transición con fecha de caducidad inamovible.

 

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domingo, 24 de mayo de 2015

Victis entre Roma y Toledo.

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Molesta ausencia de clavos

para asir en la pared

aquel mi hermoso cuadro

de paisaje en mi otra piel.

 

Pica al toro por su lidia

su sangre escupe en torrentes;

sangre que el pródigo envidia

con preces maledicentes.

 

Piedras y obras de castillo

como a Dios su catedral;

todo amontonado y listo

mas ¿dónde se construirá?

 

Alienaos, mis neuronas,

alienaos en camino;

pues, para guiar la aurora,

mi sol ha recién nacido.

 

Diamantes que flotan crudos

en crepúsculos sin olas;

lágrimas, o sangre incluso,

derramo si me los roban.

 

En mi recóndito estanque

también se baña mi Leda;

cisne apresado en la margen…

cisne sin pluma ni aletas.

 

Domina el sol por el día,

devora todo lucero;

de noche, allá porfían

en zodíaco y sin celos.

 

Color verde visto en rojo,

color verde, ¿dónde estás?

Letra escrita que yo escojo,

letra escrita... que se va.

 

Vete de aquí, Galatea,

vampiro de mis mentiras.

Si esculpiéndote siguiera

al final, me vaciarías.

 

Por cada esquirla que arranco

veinte más se desperdician.

Modestia me manda abajo,

pero abajo está Avaricia.

 

Tras un viril espejismo,

me perdí en este desierto;

su arena ahora es mi abismo,

y el sol azul, mi universo.

 

Zeus y Ares también escuchan,

y me anuncian sus heraldos:

si sigues solo en tu lucha,

vendrá Apolo en tu respaldo.

 

Confieso a todos que robo

hierro y pimienta del tiempo

para echar al rojo adobo

ociosos trozos de cierzo.

 

Todos los demás maldicen

cuando arquean sus flaquezas,

las mismas que a mí me impiden

cazar y bajar la testa.

 

Cadáver de lápiz roto

entre baldosas y asfaltos

suspira tu último voto

de esbozar un sueño en blanco.tumblr_n6pnq2MxhI1tc258so9_r1_1280

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No te culpes más, idiota,

piso y pateo yo en mí,

que por lo que a mí me toca,

también estoy solo aquí.

sábado, 28 de febrero de 2015

Ya ha pasado una buena temporada…

…desde mi último escrito aquí. Y aún así, dicho escrito era un “traslado” provisional de mucho antes…

Lo que ocurre es que no me fluyen las palabras. Las ideas sí, tengo unas cuantas cosas sobre las que quiero escribir, pero las palabras sufren en mí un… desierto.

No fluyen. Por más que lo intento, no fluyen.

No sé las causas, pero puedo imaginarlas: golpes sufridos en lo personal, en lo referente a relacionarme con mujeres, en lo laboral, en lo económico… Todas ellos juntos hace que a veces desee mandar todo a paseo, me salga como me salga, pero también pienso en que este es mi último rincón-refugio, y me resisto a deshacerme de él así como así, porque temo lo que puede venir después.

Pero si ahora me animo a escribir, es por el último golpe: el aviso de Blogger de censurar cualquier imagen de desnudo erótico en todos los blogs, estén o no con la pantalla previa de aviso.

No voy a analizar el alcance de esta estupidez. Allá ellos si lo consideran conveniente. Lo que sí vengo a decir es que conservaré mi blog, pero las entradas que contengan escenas de desnudos las trasladaré tales cuales a mi espacio en tumblr.

También suprimiré mi etiqueta “sexo” en este blog.

No he encontrado otra manera de decirlo… me atasco…

Un saludo.

jueves, 14 de agosto de 2014

Un juego muy virtual.

Allí estaba ella, siempre tan entusiasta, siempre con una sonrisa en los labios, con su risa contagiosa y abundante, que soltaba a la mínima ocasión.

Y también el resto de compañeros, pero no me fijé en ellos.

El juego esta vez era ridículo en comparación con los demás: caían ruedas enormes, de dos en dos, desde una torre situada en un extremo de una explanada repleta de escombros. El objetivo era evitar esas ruedas y guiarlas hacia su destino mediante maniobras más o menos complicadas. Cuando una caía ahí, se debía hacer lo posible para que la otra cayera en su otro sitio también. Sólo entonces se iniciaba la cuenta atrás para las siguientes dos gigantescas ruedas.

Todos los demás eran expertos cualificados en dichas maniobras, y ella no era excepción. Yo hacía lo que podía, pero mi nivel era mediocre.

Había trabado conocimiento con ella en éste y en otros juegos. Pero era en éste en donde estábamos más a gusto, por los requisitos técnicos. Las más altas resoluciones en imágenes en 3D, jugabilidad extrema, gráficos espectaculares y realistas, efectos especiales muy trabajados, retroalimentación sensitiva líder en el mercado…

Ella ahora había elegido un avatar muy sexy. Alta, curvilínea, melena abundante gris platino, labios negros, piel rojo sangre, ojos azules, pecho bien desarrollado, caderas prominentes, piernas fuertes y ágiles. Ella ponía la voz y los movimientos.

Su atuendo tampoco estaba nada mal: una cota de malla casi integral, con placas metálicas aquí y allá, que realzaba sus encantos, pero que se iba disgregando y desprendiendo conforme las aristas cortantes de las ruedas, los empujones y las caídas actuaban a lo largo del juego.

Saltábamos ágilmente de aquí para allá, usando las herramientas que el juego nos daba, para evitar que nos pillaran las enormes moles rodantes, y llevarlas en la dirección correcta. Los escombros nos dificultaban o nos facilitaban la labor, con lo cual había que conocer bien sus emplazamientos, su altura, anchura, formas y materiales, para anticiparnos en lo posible el efecto que tendrían en la trayectoria de las ruedas y obrar en consecuencia.

Tras unas ruedas especialmente trabajosas, ella estaba agachada intentando mover un pilar para colocarlo en un sitio que consideraba oportuno para la siguiente tanda. Dos compañeros estaban apoyados indolentemente en un bloque de hormigón tras ella, echando un cigarro, cuando comprobé en qué se fijaban y de qué estaban hablando.

Un desgarrón en la tela metálica dejaba al descubierto la rabadilla, y en aquella postura, mostraba sus encantos pélvicos sin pudor alguno.

Me enfurecí bastante. Ella trabajaba duramente por el éxito del juego, pero esos dos cretinos se reían a sus espaldas y vampirizaban del trabajo en grupo, haciendo menos de lo que les tocaba.

De un salto me coloqué en el campo visual como quien no quiere la cosa, y con discreción, palmeé la prominente grupa.

-Tienes esto desgarrado y se te ven demasiadas cosas… –dije en voz bajita.

Se incorporó y se dio la vuelta.

-Esos dos de ahí se… estaban… riendo de ti –señalé con leve gesto de cabeza, mientras fingía mover unos ladrillos.

Ella no apartó la vista de mí. Supuse que su campo de visión ya abarcaba todo lo que necesitaba para saber.

-Vámonos de aquí –susurró, cogiéndome del brazo.

-¿Del juego? –no oculté mi desilusión.

-No. Del juego no. Vámonos a… a esa esquina.

Cargué con una enorme roca para fingir, y anduve a su lado.

-¿Qué ocurre? Hoy pareces… cansada.

-Nada. Vamos.

Durante el camino, en un momento casual en que se adelantó para saltar un muro inclinado, me fijé en que a media espalda, la piel estaba pálida, casi blanca.

-¿Qué te pasa en la espalda…? –pero guardó silencio.

Cuando estuvimos fuera de la vista de los demás, se detuvo y reclinó su cabeza, apoyándola contra la pared. Yo dejé el bloque y me acerqué.

-¿Qué te pasa, cielo? –pregunté sin ocultar mi preocupación.

Ella me mostró su espalda, y despacito, con las manos temblorosas, se desabrochó el sostén. Justo debajo, la piel estaba blanca lívida, con trazas brillantes y supurantes, que debían dolerle muchísimo.

-¿Pero qué…? –pregunté con asombro.

Alcé la mano por reflejo para tocar, pero me detuve a tan sólo unos milímetros.

-Estás herida… ¿porqué no has pedido ayuda? Esto debe dolerte muchísimo…

-No me lo he hecho con las ruedas.

Abrí la boca y miré sin comprender. Tomé con cierta precipitación los tirantes del sujetador y los miré por dentro. Tenían un enganchón cubierto por una costra de leche sucia.

-Oh… ¿y porqué no te has… porqué sigues vistiendo esto…?

-Porque es el que más me gusta…

-Em… ya. Entiendo.

Intenté cerrárselo correctamente, estiré para que no le siguiera rozando, pero no lo conseguí. Mi torpeza en el control del juego hacía otra vez de las suyas. Desistí al pensar que probablemente le estaba haciendo daño.

Algo en mí se removió al verla así, tan vulnerable. En aquellos instantes sonó la alarma de resurrección previa a la siguiente ronda. Bastaría con un gesto para matarla y que resucitara en la base de equipamiento, anotándome diez puntos en mi cuenta. Pero ni se me pasó por la cabeza tal cosa.

Masajeé las zonas circundantes con toda la delicadeza de que fui capaz. Ella se removió un poco, como una gata arqueando el lomo.

Me dio un poco de repelús y morbo el comprobar que su herida supuraba cada vez que pasaba las manos por sus alrededores. Si le dolía, no lo demostraba. Pero evité aquello.

Ambos pasamos del jaleo que se desarrollaba a nuestro alrededor. El temblor de la explanada entera ante la inminente caída de las siguientes ruedas, los gritos de los jugadores, la música atronadora que elevaba el clímax… Ella permanecía de cara a la pared, la cabeza agachada, y yo masajeándole la espalda. Le fui quitando los restos de la cota de malla, descubriéndola por completo.

De repente se volvió, recogiéndose entre sus brazos, y me miró a los ojos. Creí divisar algo en ellos, me limité a abrir los brazos y esperar. Despacito, se metió entre ellos. Al cerrarlos, evité su llaga en medio de la espalda. Una mano por encima y otra por debajo, con delicadeza, cuidando que mi armadura no le desgarrara nada…

En medio del abrazo, ella bajó sus manos y a tientas, descubrió la coquilla que me protegía el sexo. Se deshizo de mi abrazo, me hizo darme la vuelta y cerró sus brazos en torno a mi torso. Una mano bajó al vientre y terminó de soltar la protección, que cayó al suelo. Se apoderó de mi enhiesta virilidad y comenzó a estimularla…

Abrí los ojos, todavía en sueños. El colchón, las sábanas, las paredes y el techo de mi dormitorio se me echaron encima al instante. Todo ocupó su lugar. Sí, fue todo un sueño. Pero la erección permanecía, recordando por sí misma la última vez que unas manos ajenas y frescas la recorrieron de arriba abajo…

jueves, 24 de abril de 2014

Iconos cálidos: Promethea (A. Moore-J.H.Williams III)

En una de mis anteriores entradas usé esta imagen:

promethea

para realzar lo que intentaba transmitir. Y pienso si no habré hecho mal, dejándome llevar por mi faceta friki-devoradora de tebeos…

En aquel momento no me importó. Tuve en mente algo parecido a esta entrada que hoy publico. Para mí “Promethea”, de A. Moore al guión y J. H. Williams III al dibujo, es una pequeña obra maestra que representa lo que debería ser el espíritu femenino en la modernidad.

Una guerrera de origen antiguo y místico, sabia, poderosa, casi omnipotente (de hecho su último número es una despedida en tono épico que implosiona en denso embudo todas las creaciones de A. Moore en su línea editorial ABC antes de dar el cerrojazo y retirarse para siempre de este mundillo), con sus fallos, dudas, periplo de aprendizaje y descubrimientos, batallas y acción como todo tebeo que se precie, donde uno de sus fines es entretener… um…  creo que estoy equivocado con respecto a la idea que tenía en mente…

Así que sin más, paso a…

¡Promethea! Ya simplemente el nombre, elegante, sonoro, rotundo, evoca un mito clásico lleno de energía, fatalidad y tragedia.

¡Promethea! Donde la mujer ocupa el lugar que le debería corresponder si fueran ellas quienes mandaran en el mundo actual. Y que en esto se hayan empeñado hombres es casi de manual.

¡Promethea! Donde la magia es una dimensión, no una estafa. La astrología es un estudio sobre el pasado, no sobre el futuro. Los símbolos son aquello que el observador quiere que signifiquen, no algo dañino ni destructivo.

¡Promethea! La guerrera, la madre, la amante, la novia, la amiga, la hija, la abuela, todas en una… y una en todas. Pues no tiene problema en reconocerse a sí misma en varias guerreras sabiamente manifestadas a la vez, y luchar todas juntas contra una amenaza múltiple en forma de invasión. E incluso luchar contra sí misma, provocando una tensión en el lector que se verá satisfactoriamente resuelta conforme transcurra la acción.

¡Promethea! La de los colores caleidoscópicos, la de las páginas como escenarios barrocos de teatro secuencial que cambian de una a la siguiente, la de los interminables viajes de búsqueda en dimensiones oníricas. El hiperrealismo también cabe ahí, un número donde las protagonistas se tornan de carne y hueso, modelos fotografiados y trasladados a fondos que siguen conmoviendo visualmente.

¡Promethea! La escurridiza mensajera a la que los poderes establecidos intentan eliminar por la amenaza que supone para el sistema.

¡Promethea! La luz, la piedad, la sensibilidad, la fuerza, el cariño, el aguante, el sexo, el humor, la sabiduría, la sugerencia, la belleza, el perdón, la dulzura… todos ellos valores que los autores hilvanan sin apenas ningún chirrido.

¡Promethea! Donde una mujer del montón, gorda, antipática, vieja y solitaria tiene su papel fundamental en el transcurso de la obra.

¡Promethea! La maldad mística tiene su lugar y es encajada con toda elegancia inesperada en el argumento central, sin alharacas ni aspavientos exagerados. Incluso con un punto de humor y cariño.

¡Promethea! En la que tienen lugar la virgen María y Cristo crucificado, hasta Babalion, la lujuria hecha mujer, y los demonios del Apocalipsis. Y tendría cabida el BDSM, de no ser porque ya sería demasiado explícito…

¡Promethea! Si algún día osan hacer una película sobre ella, al estilo de “V de Vendetta”, “Watchmen” y “La liga de los caballeros extraordinarios”, por citar ejemplos de flagrantes bodrios consumistas basadas en obras maestras del mismo escritor, juro que despotricaré hasta quedarme sin dedos contra ese nuevo intento. Afortunadamente y de momento, no creo que caiga la breva. Porque sería como “Matrix”, pero en dirección opuesta y con efectos especiales elevados a la n-ésima potencia… como mínimo.

¡Promethea! La que va y viene de otra dimensión de nombre igualmente evocador, poderoso y bullente: la Inmateria. Donde la energía se puede tocar y la materia sólida se puede moldear. La Inmateria, donde vamos todos cuando dormimos. La Inmateria, donde los poderosos a este lado de la frontera allí son apenas un escupitajo en una oscura acera. La Inmateria, donde los niños son sus grandes adalides, los amantes insatisfechos buscan y encuentran cuerpos que se amolden a sus necesidades, los ancianos guardan y viven sus recuerdos, y los muertos tienen el lugar que les corresponde. ¡La Inmateria!

Ojalá viniera Promethea a por mí y me llevara con ella… no, espera… ya ha venido, ha dejado su impronta imborrable en mi recuerdo y mi cuerpo, y se ha ido para siempre, con el firme propósito de no volver más, a pesar de tener frágiles hilos que todavía me pueden comunicar con ella, y de los que penden una esperanza de reencuentro cada vez más ajada, más reseca, más disminuida, pero que aún respira…

Y como uno más de una serie de artistas menores que a lo largo de la Historia se pierden al obsesionarse con Promethea y acaban en grandes tragedias, yo también tengo mi pequeña tragedia…