sábado, 15 de marzo de 2014
Una célula de cada mujer.
-…
-Sí, soy yo, La Mujer. No es la primera vez que te visito, pero no te acuerdas de las veces anteriores porque estabas durmiendo, como ahora mismo. Estás soñando conmigo, sí. Y ya sabes que no me aparezco en sueños de cualquiera. Si quien me invoca sólo lo hace en plan nombrar y olvidar ni siquiera me digno mirarlo. Pero si quien me llama es alguien como tú ahora, acudo sin ningún problema.
-…
-Oh, ¿esta apariencia que tengo ahora…? Sí, bueno, es la de Candice Swanepoel, en una de sus imágenes. Es la que ha calado tanto en ti en estos momentos, con esta pose, estas formas, este tocado, este fondo y estas cortinas, que me he decidido a tomarla y dotarla de vida. Pero no te hagas ilusiones, ¿eh? Que la verdadera está en estos momentos a miles de kilómetros, como tantas otras en la mayoría de tus sueños y anhelos pasados, todas viviendo sus vidas completamente ajenas a ti. Además a mí también me gusta mucho, viene a representar con bastante exactitud mi esencia, aunque falte una de las más fundamentales, la maternidad.
-…
-Estoy aquí para complacerte otra vez. Sí, así como suena. Tu sed de mujer ha alcanzado un grado de contención tal, con esas venas y esos colores a punto de explotar, que me pongo a tu entera disposición mientras dure el sueño. Así que, dime, ¿qué deseas?
-…
-Uf, vaya, tantos estornudos seguidos es buena señal, según lo que sé de ti, pero ten cuidado, porque si despiertas me perderás… Bien, así está mejor.
-…
-¿Cómo? ¿que quieres tener el don de la palabra hablada ahora? ¿y eso porqué? ¿no te basta con que esté presente aquí y ahora?
-…
-Pasa que tengo dudas. Muchas dudas. Porque si te lo concedo, estoy segura de que te saldrá alguna metáfora tan hermosa, tan profunda y brillante, que me atarás durante mucho tiempo a ti, y eso no puede ser, ¿sabes? Que de la misma forma que aparezco, debo desaparecer. No puedo estar atada a nadie, ¿lo entiendes?
-…
-Anda, ven, déjate abandonar en mis brazos… Oh, ¿quieres empezar por mis pies? Adelante, eso me gusta… Vaya, cuánto afán y delicadeza demuestras con tus manos pese a las enormes ganas que tienes… ooh, y ahora con la boca… Lo que se están perdiendo las mujeres de tu alrededor, de verdad, pero en fin, para eso estoy yo, ésta es una de mis funciones.
-…
-¿Te gustan mis muslos? Mmm… lo que ocultan entre ellos te lo vas a tener que ganar…
-…
-Sí, leí el otro día tu idea de ponerte a disposición de cualquier mujer para complacerla, pero es muy arriesgada, desde luego. Vete a saber con qué te vas a encontrar por ahí. Menos mal que sólo fue una tentativa…
-…
-Mmm… vaya, veo que están naciendo con mucha furia unas cuantas metáforas que deseas expresar en voz alta… voy a escoger una al azar. Veamos: “Soy la esencia femenina, y mi cuerpo está formado por todas las millones de mujeres que nacen, crecen, viven, aman, se reproducen, crían, envejecen y mueren. Mi cuerpo lo componen todas ellas, cada una es una célula.” Según eso, ¿te das cuenta de que ahora mismo estás haciendo el amor a todas las mujeres del mundo…? Vaya, en torno a esta han surgido otras, simplemente por prestarle atención… Veamos: “Las rivalidades entre mujeres son cánceres. Las células cancerosas son difíciles de identificar, aislar y anular. En principio porque no se distingue desde fuera cuál es la buena y cuál la mala. Pero son veneno puro. Hay muy pocas cosas más tóxicas e insidiosas que dos o más mujeres rivales.”… Bien, basta. Estás tomando carrerilla y embalándote, y no lo voy a permitir, ya te he dicho porqué. ¿Que cómo lo voy a evitar…? Mmmm, déjame pensar… ah, ya lo tengo, así.
-…
-Exacto. Creo que lo llamáis “el trono de la reina”. Tu boca sigue trabajando, pero ya no emite más eslabones que me aten. Y el placer es parecido…
-…
-Sigue así, querido. Sigue bebiendo de mi fuente íntima. Sáciate, hombre… oh, oh, matlendes kuna, burirránba matlendes… oh, ah, aaah… mmmm… jitlacori vinaeses sazem beraarja… aaaaAAAAAH
-…
-Oh… uf… uuuuf… mmh…
-…
-Dis… discúlpame… en algún sitio… en algún sitio tenía que sujetarme, y tu… tu frente era lo más a mano que tenía para apoyarme y no caer redonda… jitla… jitlacori matlendes…
-…
-Eh, es una… una lengua muy antigua que nadie habla ya… no, no voy a decirte lo que significa, ¿vale…? lo he soltado sin querer…
-…
-Bueno, me… me voy ya. Me tengo que ir, Arturo… No te preocupes, volveré, pero ahora, me tengo que ir… buf… fretibamec… Adiós…
-…
domingo, 9 de marzo de 2014
Teatro erótico: quinta parte.
Pero bueno, este panorama tan oscuro no me ha impedido retomar ese hilo, enterrarlo en lo que es mi tierra fértil de ahora, y haya germinado en algo que el otro día soñé en estado de duerme vela. Creció con fuerza tomando forma y volumen, y hoy lo cosecho y lo plasmo por escrito en el mismo blog.
Primero incluyo las partes anteriores en orden:
Primera parte.
Segunda parte.
Segundo acto, primera parte.
Segundo acto, segunda parte.
Segundo acto, tercera parte.
Segundo acto, cuarta parte.
Y ya la más reciente, a la que me refiero con esta entrada:
Quinta parte.
Que aún no sé si es la última.
Pensaba que blog.com.es cerraría después de tanto tiempo, pero no ha sido así. Más bien ha cambiado a peor, poniendo irritantes banners de publicidad en medio del texto, pero eso yo lo evito en mi navegador gracias a una extensión que los bloquea. No sé si en el tuyo pasará lo mismo. Aún con esto, no dejes de leerlo, y si quieres decirme qué te ha parecido, te lo agradecería.
Ah, qué tiempos aquellos… XD
miércoles, 5 de marzo de 2014
AVISO: Entrada ficticia…
A los poquísimos habituales que todavía os pasáis por aquí (uso el modo genérico, me refiero tanto a vosotras como a vosotros, no creo que haga falta aclararlo) ¿qué diríais si de pronto leyerais una entrada así?
“Hola.
¿Hasta aquí bien? Ahora la parte fría y condicionante, dolorosa pero necesaria:
La ** es para informarte de que sufro de hipoacusia neurosensorial bilateral (sordera parcial en ambos oídos corregida por sendos audífonos). Así que no te extrañes de verme muy pendiente de lo que dices, de tu boca y de tu cara, me guío no sólo por la voz sino también por la vocalización y la expresión facial, incluso corporal: manos, hombros, cuello…, y no te moleste que te interrumpa si creo que no he entendido lo que acabas de decir para que me lo repitas.
viernes, 28 de febrero de 2014
“Me voy a la cama…”
La puerta se abrió y entraron ambos casi de espaldas, diciendo adiós con la mano. Una pareja de jóvenes, hombre y mujer, atractivos, vitalistas, alegres, de clase alta, como atestiguaba la mansión en la que habían entrado.
Los dos vestían de gala. Él, con fajín, lazo-corbata negro y chaqueta estilo rey Alberto. Ella, con un vestido blanco marfil con motivos de pedrería entallado hasta medio muslo y amplios faldones de cola corta.
En el vestíbulo, nada más cerrar la puerta, ambos suspiraron. Ella cerró los ojos, infló los carrillos de forma sostenida y se pasó las manos por las sienes y la frente. Él, en cambio, sólo alzó levemente una ceja, sin variar apenas el sempiterno rictus de su cara. Ni siquiera transmitía un ápice del cansancio que sin duda soportaba a esas horas y que ella expresaba con toda soltura.
Apoyaron ambos sus espaldas contra la puerta y se dejaron escurrir hacia el suelo.
-Por fin…
-Sí, por fin.
-Qué paliza nos hemos dado hoy… Dormiría hasta pasado mañana seguido…
-Adelante, mañana es fiesta.
Ella volvió la cabeza. Admiró una vez más su porte, su aguante, su solidez. Se había aflojado el lazo, ni siquiera estaba deshecho; el resto en todo él permanecía inalterable. Le bastaría con ponerse otra vez de pie y estaría como cuando salieron, muchas horas antes. A ella en cambio se le notaban las ojeras y la palidez del trasnoche a través del maquillaje. Las eternas sonrisas mantenidas a lo largo de la jornada se cobraban su precio en un rictus levemente agrietado. Algún que otro mechón de cabellos ya se le escapaba del tenso y voluminoso moño que cubría su nuca, deshaciendo la simetría.
Se levantó de nuevo trabajosamente y se dirigió despacio a la escalera, mientras se quitaba un pendiente.
-Bueno, me voy a acostar ya.
El miró cómo andaba hacia la escalera y empezaba a subir peldaños. A medio tramo, algo terminó de fundirse en su interior, y soltó, incontenible.
-¡Espera…!
Ella se detuvo y se volvió, extrañada. Creyó haber oído mal.
Creyó haber oído un tono distinto al acostumbrado en él. Siempre tan breve, tan certero y conciso, tan comedido en sus palabras. Tan duro y recto. Tan imperturbable.
Él no había variado su postura. Sentado en el suelo, piernas encogidas, brazos apoyados sobre las rodillas, indolentes, cabeza contra la puerta.
-Estás… preciosa.
En medio de las brumas del cansancio, ella soltó un rayo de luz en forma de sonrisa luminosa que pareció caer desde las alturas y rebotar sobre la gran roca de abajo cubierta de rocío.
viernes, 21 de febrero de 2014
Carmín y cera (4)
Estrella se había quitado la larga bata blanca y las sandalias de satén, y vestía un chándal informal y cómodo, y zapatillas pantuflas. Incluso se había quitado el maquillaje y soltado el pelo.
-Quítate la cera y vístete… Tienes un trocito en el omóplato derecho, ven aquí, que te lo quito… Bien… Ya no tienes más. Termina de vestirte. Ahora siéntate, por favor.
-Se… Señora, yo…
-Estrella. Ya no soy tu Señora. Ahora simplemente Estrella, ¿vale?
-Pero… pero…
-Arturo, voy a ser franca contigo: ser sumiso no es lo tuyo. No quiere decir que no seas un buen amante, ni un buen hombre, ni una buena pareja. Todo lo contrario, por lo que he visto en ti… Arturo, mírame… Mírame. Tu capacidad de entrega es grande, eres sensible, atento, tienes imaginación y fantasía, y estás… físicamente dotado. De hecho has cumplido, has superado con creces todas y cada una de las pruebas a las que te he sometido… pero esto no es lo tuyo. No, no es lo tuyo… Mírame. Te lo voy a explicar de otro modo. Tienes amigos gays, ¿verdad…? y uno de tus mejores amigos lo es, según me dijiste. Bien, pues piensa en esto: te ríes con él, salís de copas, vais al cine, de vez en cuando vas a su casa o él a la tuya a ver partidos y prestaros vídeos y libros… Hasta aquí bien. Pero… ¿te puedes imaginar, siquiera por un instante, acostarte con él? No, ¿verdad? Ni se te pasa por la cabeza, te provoca rechazo la idea. Pues bien, esto es lo mismo, sólo que en otro ámbito. Verás, ser sumiso es más que una fantasía temporal, o una necesidad ficticia surgida de la necesidad de cariño y compañía a toda costa, que veo que es tu caso, o una opción a probar en solitario o con más gente para satisfacer una curiosidad. Dijiste que has leído mucho por internet, así que lo que te estoy diciendo te debe sonar de algo. Las Amas que somos cien por cien dominantes lo decimos sin tapujos y con la verdad por delante, de cara a la vida en pareja. Y yo prefiero ser sincera contigo antes que aprovecharme de ti. Podría fingir y divertirme a tu costa, pero, te repito y te lo diré cuantas veces haga falta, eres un buen hombre, aún con tus limitaciones y tus defectos, y no te mereces eso. No te lo mereces, ¿vale…? Mírame. No te mereces eso en absoluto. Oh… ven, ven aquí, ven a mis brazos… Siento mucho haberte dado pie, pero… ahora ya sabes por ti mismo que no eres un sumiso, y que no vale la pena que gastes energía, tiempo o ilusión en buscarte una pareja Ama… Tranquilo, Arturo, tranquilo… Ahora te duele, pero dentro de un tiempo, cuando todo esto pase y mires atrás, reconocerás que yo tenía razón. Al respecto, debo decirte también que puedes seguir intentándolo, por supuesto, puedes seguir llevando el trisquel a la vista, no soy quién para decirte que no, quizá tengas suerte y encuentres a alguien que acepte ser tu Ama en los términos que tú necesitas… Pero en mí, no. Y me atrevo a añadir que tampoco en cualquier Ama honesta. Si alguna te toma a su servicio, ten mucho cuidado con lo que te pedirá… Mejor búscate una compañera que sea tu igual, que compartís gustos y aficiones, y que estéis ambos a la par en cuanto a iniciativas en el cariño y en el sexo, ¿de acuerdo, Arturo…? Vamos, tranquilo, tranquilo, alguna habrá que aprecie lo que tienes para ofrecer, que es mucho, así que no te preocupes por eso. Lo importante es que sigas intentándolo y no desistas, pese a que falles. Y debo decirte que las Amas también nos equivocamos, también cometemos errores… Cuando nos presentamos, te vi un poco perdido, y pensé en darte una oportunidad. Pero en nuestro siguiente encuentro, cuando hablamos de nosotros mismos, nuestros gustos, defectos, aficiones, pasados, familias, trabajos… algo me decía que estaba cometiendo un error, pero aún así insistí en darte la oportunidad, podía estar equivocada y… bueno, resulta que al final no lo estaba… ¿Mejor ahora? ¿sí? Anda, toma, bebe un poco de agua… Debo decir, no obstante, que en la tercera cita, cuando hablamos de temas femdom, de nuestros límites, de lo que nos gustaba y lo que no nos gustaba, esa impresión se diluyó bastante, porque a pesar del morbo, te comportaste siempre de la manera correcta, manteniendo la compostura, mirándome a los ojos, tratándome de usted, respetando mi iniciativa en la conversación, incluso bromeando con sutilidad… De ahí a esta cita, quedar en mi casa, y constatar que realmente mi primera impresión era la correcta… En fin, no estoy orgullosa. No estoy nada orgullosa. Hoy es un mal día para mí. Siento mucho haberte puesto en esta situación… ¿qué, que has dicho…?
-Que qué vamos a hacer ahora…
-Bueno… ¿qué te parece si vamos al cine…? Invito yo… Y después, ya veremos.
domingo, 16 de febrero de 2014
Carmín y cera (3)
Se fijó en las uñas de los pies y de las manos, bonitas y cuidadas, pero sin pintar, y miró alrededor, a ver si localizaba algún neceser más o menos al alcance, como indirecta. Nada. Ya puestos, no vio aceites para masaje, ni toallas, ni artículos de limpieza, ni nada que le sugiriera algún curso de acción.
-¿Y bien?
-¿Que… qué desea que haga, Señora?
-Más iniciativas acerca de lo que te inspiro. –Arturo se aproximó de nuevo al pie que tenía delante, pero ella lo apartó. –No repitas. Iniciativas nuevas. Más ideas.
Arturo respiró hondo y cerró los ojos, buscando en su interior. Al no encontrar nada que se le antojara válido, la sensación de bloqueo empezó a invadirle con rapidez. Se relajó, respiró hondo, y pensó en ella, en su voz, en su manera de moverse, de vestirse, de hablar, de mirar. En las partes de su portentoso cuerpo que le mostraba. Y aunque el cuadro era para estar mucho rato en actitud contemplativa combatiendo gustosamente el ardiente deseo que se manifestaba en una erección que había nacido y se mantenía sin toque alguno, aquél no era el momento. Abrió los ojos y los fijó en los de Estrella, casi suplicantes, temiendo no pasar la imaginaria prueba.
Y entonces lo vio. En uno de los bolsillos de la bata que vestía ella asomaba tímidamente una puntita, pero brilló como clavo al rojo en la oscuridad que se cernía sobre él. Alzó la mano despacito, como pidiendo permiso. Su silencio y quietud le parecieron respuesta suficiente, pero mantuvo el ritmo. Tomó la punta que asomaba y con delicadeza tiró de ella. Logró evitar sonreír de triunfo con mucho esfuerzo.
Era una tela blanca de satén lo suficientemente grande como para llevar a cabo la idea que había tenido. Lo extendió sobre la mesa y lo arrolló en sí mismo desde una esquina, formando una venda, y con ella se tapó los ojos y la anudó tras la cabeza. A pesar de los resquicios que inevitablemente le llegaban desde abajo, cerró los ojos y esperó.
Mientras tanto, Estrella sonreía abiertamente, pero con algo de tristeza. Parecía haber llegado a una conclusión. Se incorporó, tomó el cinturón que pendía del cuello de él, se lo quitó, y doblándolo sobre sí mismo, lo chascó escandalosamente.
Arturo se estremeció, conteniendo la respiración un instante. Otro chasquido desde otra dirección, otro sobresalto. Arturo giró la cabeza.
Estrella se había levantado y caminaba hacia una estantería. De ahí sacó un mechero y una vela. Se acercó a espaldas de Arturo y prendió fuego a la vela. La inclinó un poco sobre el hombro.
La primera gota tardó un poco en causar efecto en Arturo, que reprimió un quejido y el reflejo de apartarse. Otra gota cayó sobre el otro hombro. Giró la cabeza.
Cuatro gotas más tarde, ella apagó la vela. En su cara, en sus ojos, asomaban una resolución. Respiró hondo y haciendo sonar adrede los pasos con lentitud y parsimonia, se alejó a una puerta, entrando y cerrando tras de sí.
Arturo aguardaba expectante. Las manos quietas, la cera fría, la piel perlada de sudor, la respiración superficial, entrecortada. La erección había remitido por completo.
Al cabo de un rato, Estrella entró de nuevo en el salón.
-Quítate la venda.
Arturo se la quitó despacio, y vio cómo Estrella se acercaba de nuevo al tresillo y se sentaba en él. Se quedó con los ojos muy abiertos mientras miraba cómo se servía un vaso de agua. Un torrente imparable de pensamientos, conclusiones y sensaciones se desató en su fuero interno.
viernes, 7 de febrero de 2014
Carmín y cera (2).
El joven llamó tímidamente a la puerta. La mujer abrió.
-Hola, Estrella…
-Hola, Arturo. Adelante, pasa. –Le franqueó el paso y cerró tras él.
Le quitó la chaqueta y la colgó de un perchero en el armario. El joven aguardó, y después la siguió al salón.
Espacioso, iluminado, con muebles de diseño que inspiraban un aire elegante y acogedor. Se sentaron en el tresillo. La mujer señaló la mesilla central, donde aguardaba una bandejita con bombones y gominolas, y una jarra de agua con dos vasos.
-Sírvete si quieres.
Arturo negó con un gesto, permaneciendo con las manos juntas, en actitud recogida y mirada baja. Estrella, en cambio, estaba recostada de medio lado, con la bata entreabierta luciendo buena parte de su portentosa pierna. Ambos aguardaban. Él contrito, ella con media sonrisa y mirada directa.
-He… he visto abajo en el buzón que su nombre no es Estrella, sino…
-Chisst. Estrella –dijo ella, posando el dedo índice en sus labios. –Para ti, Estrella.
-Sí, señora.
-Yo a ti, en cambio, te llamaré de varios nombres, dependiendo de mi humor. Bien. –se repantigó otra vez. –¿Qué te inspiro?
-Pues…
-En hechos.
Arturo tardó un poco en reaccionar. Se escurrió al suelo despacito y se postró en un ovillo ante sus pies. Agachó la cabeza para llegar al pie que posaba en el suelo, y empezó a cubrir de besos el empeine de satén blanco. Estuvo así un rato, hasta que notó que ella balanceaba el pie que tenía en el aire. Se enderezó un poco y lo atendió durante un buen rato. De vez en cuando lanzaba miradas furtivas a la cara de Estrella, que permanecía inmutable.
-Más hechos.
Arturo se desconcertó un poco por su frialdad. Pensó un instante y se giró hacia la mesita. Escanció un vaso de agua, y cogiéndolo del platillo, se lo acercó a Estrella. Ésta sólo sonrió levemente mientras tomaba el vaso. Bebió un poco y lo volvió a dejar, tomando una servilleta del cubo que Arturo le había aproximado, solícito. Tras dejar ambos platos, hizo lo mismo con el elegante servicio de dulces para invitados.
Un gesto de ella con la mano, mientras masticaba despacito y sinuosamente. Arturo, con la receptividad abriéndose por biombos tirados, creyó entender. Se enderezó, poniéndose en pie, y se desnudó por completo, pendiente de ella, por si se equivocaba de intención. Primero la camisa, después los zapatos, los calcetines, los pantalones y el slip. Intentó hacerlo despacio y manteniendo el ritmo, pero algún que otro requiebro y fallo delataban su nerviosismo.
Cuando iba a arrodillarse de nuevo, ella repitió el gesto. Arturo se quedó desconcertado, y miró a su alrededor. Ya lo estaba de antes, por su aparente falta de respuesta durante su desnudo. Detuvo sus ojos en los pantalones y se le encendió otra bombilla, o se le derrumbó otro biombo. Con cierta prisa, los cogió y desenfundó el cinturón. Formó un lazo con él y se lo colocó al cuello, arrodillándose ante ella y dejando el extremo suelto cerca de su mano.
Pero ella no movía un músculo. Sólo miraba, sin alterar sus armoniosos y atractivos rasgos faciales.
Arturo se aproximó otra vez al pie que ella mantenía en el aire, y pasó sus labios por el empeine de la elegante zapatilla.
Otro gesto de ella similar a los anteriores le hizo apartarse un poco y respirar profundamente, mirando en todas direcciones, intentando adivinar qué quería ella, qué podía hacer, qué esperaba… y se fijó en su mano derecha. Inerte, apoyada sobre la almohada, era muy bonita: uñas arregladas, dorso satinado con venas apenas marcadas, sin anillos, dedos estilizados pero sin marcaje de nudillos… La cogió con timidez y despacito, muy despacito, se acarició con ella la cabeza: cuero cabelludo, frente, barba… pero reincidía mucho en las mejillas, pasándose el dorso y la palma constantemente por ambas. Cerraba los ojos y se los tapaba con el dorso, acariciándose los párpados con suavidad.
-Más hechos –dijo ella de repente, rescatando su mano.
Arturo se quedó un poco paralizado, como un niño al que le quitan su juguete recién preferido y lo colocan otra vez en un largo estante para elegir. Miró de reojo a la cara de Estrella, y creyó divisar algo distinto, pero no lo pudo confirmar. Respiró hondo. Hizo ademán de tomar otra vez el vaso, pero se detuvo ante el leve vaivén negador de Estrella. Lo mismo para la bandejita de dulces. Cuando se reclinó hacia su pie suspendido en el aire, ella lo retiró. Arturo no sabía qué hacer…
sábado, 25 de enero de 2014
Sáhara, Atacama, Kalahari, Gobi, venid a mí.
¿Desiertos? ¡já!
Puedo internarme en uno, y os aseguro que anímicamente no habría diferencia.
De hecho, la indiferencia es lo que me protegería del sol y me abrigaría por las noches.
Pero lo que protegería esa indiferencia no es algo valioso, ni siquiera llamaría la atención en dichos entornos.
Empatizo con los eremitas de espacios abiertos: no ven ni oyen a nadie, así que no se hacen ilusiones con nadie. Los horizontes que les rodean son demasiado lejanos como para humanizarlos y esperar una respuesta. Y si dicha respuesta tiene lugar por circunstancias incontrolables, se la ve venir desde lo lejos: primero en forma de espejismo, luego en silueta muy difusa, que se va concretando poco a poco, para pasar a un contorno nítido y hacerse una idea de qué es, controlando entonces la actitud a tomar. En cambio, en conglomerados de gente, siempre se espera un mínimo de atención, un “poco de por favor, que estoy aquí”, y esa esperanza, pese a negarla, siempre es alimentada por la cercanía física.
A la mierda con todo y con todos.
sábado, 26 de octubre de 2013
Carmín y cera.
-Hola.
El joven levantó la cara de su refresco y se encontró con una mujer alta, elegante, con buena percha, media melena ondulada y mechas rubias. Abrió los ojos de asombro, al percibir el atractivo que emanaba de toda ella, y parpadeó de incredulidad.
-Hola… –acertó a decir.
-He visto que llevas el (seña de identidad poco conocida para el público en general, pero muy típica en ciertos ambientes), llevas aquí solo un buen rato, y no pareces esperar a nadie… ¿puedo sentarme?
El joven se levantó al instante hacia la silla, ofreciéndosela con caballerosidad.
-Gracias.
-¿Desea usted tomar algo…?
-Por ahora no, gracias. Tengo esto –sacudió el vaso de su mano. –¿Y tú?
-Pediré otro de lo mismo. –Hizo una seña a la barra.
-Me llamo Estrella.
-Yo Arturo. Encantado de conocerla… –dudó un momento, pero tomó la mano que le tendía y depositó un beso en el dorso. Ella parpadeó y sonrió levemente.
-Bueno, Arturo, ¿y qué haces aquí? Este no es un sitio de ambiente…
-¿No… no ha venido usted acompañada? –Arturo miró entre la gente de la barra.
-Oh, sí, pero se han ido ya. Yo me he quedado porque me fijé en ti, y he estado esperando un rato más para asegurarme de que eras lo que pareces ser.
-¿Ah…? ¿y qué parezco que soy?
-Alguien que está solo y busca una compañía muy especial… –El camarero llegó en ese momento, dejó el servicio al joven, tomó el dinero y se fue. – Pero destilas tristeza, soledad, cansancio… no miras a nadie a tu alrededor, como si tuvieras miedo y no te merecieras a nadie.
Arturo bajó la mirada, con una sombra sobre sus ojos. Ella pasó su mano por la barbilla y se la levantó.
-Todo el mundo merece una oportunidad, y tú no vas a ser menos. Así que te vuelvo a preguntar: ¿qué haces aquí portando eso?
Arturo respiró hondo.
-Conozco la señal, pero no conozco ningún sitio… Aparte me dan un poco de miedo, por lo que pueda surgir…
-Un poco cobarde, ¿no crees? Y más con esa actitud tan… derrotada.
-Pues sí, para qué lo voy a negar…
-Sin embargo, has llamado mi atención. Eres joven, guapo y de apariencia discreta… ¿Qué esperas exactamente?
Arturo fijó sus ojos en los de Estrella con un poco de ansiedad.
-Es… es muy largo de contar… y ahora, ahora mismo no creo poder hacerlo, porque… bueno… no sé si podré aguantar el tipo.
-Muy bien. Iré por otro lado: ¿qué te hace pensar que eres quien dices ser? ¿Tienes experiencia en eso? Porque algo me dice que nunca has llevado una relación así.
-Mi… mi última amante, ¿sabes…? Eh, bueno, en realidad mi única amante en muchos años… En nuestros encuentros íntimos, me comporté con ella como me salía del corazón, acariciándola, besándola, respetando sólo sus deseos, olvidando por completo los míos… Estuvimos horas y horas así… Ella era mi reina, mi princesa, mi diosa… Fue maravilloso para mí, casi revelador…
-Entiendo… ¿y crees que eso es suficiente para adoptar ese rol?
-No lo sé. –Arturo clavó sus ojos en los suyos otra vez, de forma directa, transmitiendo sus dudas y su disposición. Estuvieron ambos un buen rato así, observándose mutuamente. –Llevo unos cuantos meses leyendo por internet, pensando, y… no lo sé.
-¿Qué ha sido de esa amante? –preguntó ella, llevándose el vaso a los labios.
-Se fue. Vive en otra ciudad, muy lejos de aquí, con su familia, su trabajo y sus amigas.
-¿Cómo fue vuestra relación?
-Breve e intensa. Cometimos errores, nos hacíamos daño mutuamente… Empezamos por internet, nos hablábamos por teléfono, vino aquí, nos conocimos, ella tenía dudas… En fin, tras unos meses de tira y afloja, terminamos.
-¿Sigues en contacto con ella?
-No. Hace más de medio año que no sé nada de ella.
-¿Por ti o por ella?
-Al principio por mí, pero ahora por ella.
-Entiendo… ¿y ahora qué esperas? ¿encontrar una sustituta, alguien que llene ese vacío que crees que es así?
-No lo sé… eeeh, no. El vacío… el vacío que siento ahora no es sólo por ella…
-¿Entonces…?
-Te lo he d… perdón, se lo he dicho antes: es largo de contar, y no sé si aguantaré sin derrumbarme…
-Tendrás que intentarlo.
Arturo inspiró profundamente y cerró los ojos con fuerza, concentrándose en filtrar las emociones y sacar la información de forma telegráfica.
-Mi vida se ha vuelto monótona, aburrida, sin ilusión, sin sentido. No tengo apenas ánimos, relaciones, me estoy encerrando, rehuyendo todo contacto con la gente, no tengo proyectos, incluso estoy faltando a lo más básico…
-Vaya plan.
-Así que, llevado por el recuerdo… mejor dicho, agarrándome a él casi como un clavo ardiendo, decidí transmitir mi disposición para… eh… para servir a quienquiera tomarme como tal –Arturo señaló levemente su discreto signo público -, y dejar en sus manos mi día a día, confiando en que de esa forma pueda recuperar la disciplina necesaria para llevarlo por mí mismo…
-¿Cualquiera? –señaló Estrella con algo de desdén. Arturo lo captó un poco al aire.
-Eh, bueno, no, por supuesto, cualquiera no… alguien como usted, por ejemplo, una mujer que sepa lo que quiere y cómo lo quiere, y que lo transmite e inspire en mí. Hablaríamos antes, ver si tenemos puntos en común, aficiones, gustos, opiniones… Es un paso muy importante, porque si accedemos ambos, lo que viene a continuación sería intenso, dejaría huella en ambos, y debería salir bien…
-¿Cuánto tiempo tienes previsto que dure?
-No lo sé. Días, semanas, meses… Mi disposición tampoco la tengo muy clara, creo que dependerá de ella… de usted, si decide tomarme a su servicio.
(episodio siguiente)
miércoles, 15 de mayo de 2013
Felicitación navideña laboral 2011
De: xxxxxxxxxx@empresa.com
23/12/2011
Para: lista_oficina@empresa.com, lista_empresa_externa@empresa.com, lista_empresa@empresa.com
« Sólo aquellos que nada esperan del azar son dueños de su destino »
Arnord Matthew
Feliz Navidad y un 2012 lleno de ilusión es mi deseo para el futuro
Un cordial saludo
(logo empresa)
Xxxx Xxxx Xxxxxxxx
Director General
Tel: +34 xxx xx xx xx Fax: +34 xxx xx xx xx www.(EMPRESA).com
Parque Empresarial X
C\ X nºX, edificio X, planta X
X X, España
Ingeniería-Instalaciones-Servicios
Q Antes de imprimir este mensaje, asegúrese de que es necesario. Proteger el medio ambiente es cosa de todos.
En función de la LEY ORGÁNICA 15/1999, este mensaje de correo electrónico y sus documentos adjuntos están dirigidos EXCLUSIVAMENTE a los destinatarios especificados. La información contenida puede ser CONFIDENCIAL y/o estar LEGALMENTE PROTEGIDA y no necesariamente refleja la opinión de (EMPRESA). Si usted recibe este mensaje por ERROR, por favor comuníqueselo inmediatamente al remitente y ELIMÍNELO ya que usted NO ESTA AUTORIZADO al uso, revelación, distribución, impresión o copia de toda o alguna parte de la información contenida. Gracias.
This e-mail message and any attached files are intended SOLELY for the addressee/s identified herein. It may contain CONFIDENTIAL and/or LEGALLY PRIVILEGED information and may not necessarily represent the opinion of (EMPRESA). If you receive this message in ERROR, please immediately notify the sender and DELETE it since you ARE NOT AUTHORIZED to use, disclose, distribute, print or copy all or part of the contained information. Thank you.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
De: (fantasma de la ópera)
25/12/2011
Estimado sr. X:
Muchas gracias por este detalle de felicitación navideña. En los seis años que trabajé en su empresa, nunca he recibido algo así por parte de Vd. Comprenderá el grado de mi sorpresa, casi estupefacción, al comprobar que aún consto en su base de datos, toda vez que fui despedido hace un año y seis meses aproximadamente. Y aunque en todo este año que ahora termina tan sólo me he referido a Vds. para solicitarle al sr. Y un mero trámite burocrático (certificado de retenciones del IRPF del pasado año 2010), me congratula comprobar que aún me tienen en su listado de... de... no se me ocurre término exacto, ni siquiera sinónimo que se le acerque, aquí confieso con toda sinceridad mi ignorancia.
Sepa Vd., sr. X, que en el contexto actual en el que personalmente me encuentro, esa frase que cita del tal Arnold Matthew me suena bastante a recochineo cínico y provocador. Llevo año y medio en paro, el mismo tiempo que llevo independizado (sí, justo cuando me entregaron las llaves del piso largamente anhelado y esperado, Vds. me entregan la carta de despido). No entro a analizar las causas por las cuales se me despidió, eso lo sabe Vd. mejor que yo, ya que un humilde servidor no disponía de información privilegiada ni de contactos por los que hacerme valer. Pero sí le menciono que, en los años que he estado trabajando para su empresa, he puesto todo el ahínco, interés, esfuerzo y demás en cumplir con mi trabajo. Nunca me he quejado cuando me venían mal dadas (por ej., cuando corría urgencia la entrega de la obra X, o la ampliación de la empresa Y, en que trabajaba sábados y domingos en largas jornadas agotadoras, o se me proporcionaban de forma habitual herramientas defectuosas o material insuficiente y yo sacaba la faena como buenamente podía). Pero dadas mis circunstancias personales (minusválido sensorial con depresión recurrente, lo cual me hacía especialmente sensible y vulnerable a roces típicos con compañeros y superiores en un ambiente cuasi-carcelario, con resultado de bajas médicas), evidentemente eso no bastó para salvarme de la crisis que estamos padeciendo.
La sensación de impotencia que sentí entonces y que siento ahora al escribir estas palabras, reviviendo aquello, hace que no sea precisamente "dueño de mi destino", como afirma la mencionada cita. Cuando el azar me golpea con dureza inmisericorde (despido+hipoteca+depresión+sordera parcial+casa sin equipar -los muebles no se comen ni pagan la hipoteca cuando se está en las últimas y se sobrevive con ahorros- +aislamiento social) yo no puedo esperar del azar más que una degradación implacable y cada vez más inminente, contra la que me encuentro completamente indefenso y bloqueado para reaccionar e intentar salir de ésta por mis propios medios.
Pero todo esto es una mera interpretación de esa cita del sr. A. Matthew, que como todas las citas son interpretadas según el cristal con que se mire.
Lo que sí me atrevo a echarle en cara, Sr. X, es su contribución a ese obsceno fenómeno mediático que es el Real Madrid C.F. y su "estrella" Cristiano Ronaldo(*). Contribución que espero sea involuntaria por su parte, pero contribución al fin y al cabo, y que además presupongo de un volumen extraordinario: las ganancias que obtiene de los negocios que emprende Vd. a lo largo y ancho del globo. Todo legal, por supuesto, pero en el contexto actual de crisis, con millones de desempleados en el país, uno de los cuales se alza para manifestarle por la presente la absoluta inmoralidad de semejante disparate social, económico y empresarial.
Porque no dudo de su espíritu emprendedor, Sr. X, completamente fundado y enérgico. No obstante, a un nivel más entre el suyo y el mío, destaco la cantidad de trepas, caraduras y lameculos inútiles de los que se rodea Vd. Algunos de los cuales acceden a sus puestos como resultado indirecto de suculentos negocios de mantenimiento realizados con padres, hermanos, amigos, etc. de los mencionados, que ocupan puestos de gran responsabilidad en el otro lado de la mesa de negociaciones.
Enchufados que, por lo que veo por su email, no realizan su trabajo con eficacia. No se han molestado en "filtrar" ni actualizar las listas de emails de su empresa, apareciendo yo en ellas sin motivo válido alguno.
Supongo que la presente se perderá en su buzón electrónico por el gran volumen de su correspondencia y lo valioso de su tiempo, o será filtrada por comandos de software o bien censurada previamente por algún empleado suyo, o bien ignorada por Vd. mismo, así que todo este esfuerzo será en vano. Pero mi tiempo es mío, y considero adecuado aprovechar el espontáneo puente de comunicación tendido entre Vd. y yo y escribirle la presente.
Le deseo también con toda sinceridad un feliz y próspero (nunca mejor dicho) año nuevo 2012 para Vd., su familia y su empresa, ya que he precisado de estos días pasados, entre los que se incluye Navidad, para preparar esta respuesta y afinarla lo más convenientemente posible.
Un saludo.
(Fantasma de la Ópera).
Parado sin ilusión.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
De: xxxxxxxxxx@empresa.com
25/12/2011
Para: (Fantasma de la Ópera)
Estimado Sr (de la Ópera)
Lamento profundamente este error que en ningún caso pretendía molestarle
Le deseo un feliz 2012 y lo mejor para el futuro
Xxxx Xxxx Xxxxxxxx
Director General
(EMPRESA)
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
(*): la (EMPRESA) pertenece al grupo ACS, de la cual es presidente Florentino Pérez, que también preside el Real Madrid C.F.
domingo, 5 de mayo de 2013
Puesto de trabajo: peón de embalaje industrial.
Estaba paseando por el centro de la ciudad, cuando me llamaron al teléfono móvil. Se presentaron como una E.T.T. (Empresa de Trabajo Temporal) de cuyo nombre no quiero acordarme, y me preguntaron por mi situación laboral en aquel momento. En paro. Cambiaron ligeramente de tono, y me preguntaron si era animoso, si tenía ganas de trabajar, si estaba dispuesto a ganar 300.000 pta/mes, una auténtica fortuna, pero que para ello debería dar lo mejor de mí mismo, que se arriesgaban mucho y debía corresponderles poco menos que besándoles los pies a la empresa donde supuestamente iba a trabajar. Y la cosa pintaba bien, porque dicha empresa no era un mindundi, tenía renombre y mucho peso a nivel nacional e internacional, prestigio y futuro. El trabajo, según me dijeron, era duro, a turnos rotatorios (mañana/tarde/noche/fin de semana), y en condiciones bastante insalubres (casi como trabajar en una fundición o en la minería, sólo para dar una idea), por eso pagaban tanto. Por supuesto, no tenía nada que ver con mi profesión habitual, electricista. Como la sede de la E.T.T. estaba cerca, quedamos en media hora. En cuanto colgué el teléfono, di el corte de mangas más gigantesco mentalmente hablando a mis estudios, mi profesión y mis esfuerzos por aprender y dominar los trucos de buen electricista, y me dirigí raudo a la sede.
Situada en plena plaza central de la ciudad, en la primera planta de un edificio con solera, subí y me encontré con el primer tic nervioso: un montón de jovencitos y jovencitas yendo de aquí para allá, en una especie de frenética actividad que yo capté enseguida como forzada; mesas desperdigadas en una especie de planta diáfana con sus ocupantes rellenando papeles, hablando por teléfono o entrevistando a mocosos prepúberes con la mirada más perdida que cordero solitario en el campo; en una mesa un poco apartada, uno mirando un vídeo de seguridad laboral, al que prestaba una atención simulada y tomando notas en un papel, mirando en derredor por si alguien se fijaba en él. No recuerdo nada más, de esto hace ya aproximadamente 10 años. Pero sí recuerdo que me pasaron a un despacho y allí me hicieron una entrevista un tanto estúpida, preguntándome si era feliz, si tenía muchas, muchísimas ganas de trabajar, cuáles eran mis motivaciones verdaderas en la vida, mis proyectos tangibles, etc. Algo en mí no convencería a la entrevistadora para ese puesto de trabajo en concreto, por lo que me propusieron pasar mi expediente a una subsidiaria de aquella empresa. Me encogí de hombros y acepté, no tenía nada que perder.
Al poco rato de salir y continuar mi paseo, me llaman de nuevo. Era otra E.T.T., no tan conocida como la anterior, a la que habían pasado mis datos. El trabajo también era duro, embalaje de perfiles de aluminio extruido en piezas de seis metros, a turnos más bien extraños (uno rotativo semanal entre mañana/noche, y otro fijo de tarde), y mucho peor pagados. Un solo autobús de empresa, que partía del centro de la ciudad. Condiciones leoninas para los que íbamos por parte de la E.T.T., ya que por convenio laboral aparte, no sé si legal o no, la plantilla directa no guardaba los descansos contemplados por ley, ocho horas seguidas a piñón fijo, ni para almorzar, ni para sentarse, y no digo para ir a servicio porque por ahí no estaba dispuesto a comprobarlo: yo iba, y si me decían algo, les contestaba como se merecían. A cambio, la empresa abonaba esos descansos. A los directos, no a los de E.T.T. A mí personalmente no me dijeron nada cuando entré, no se me avisó de esa excepción, además de por supuesto tener que cumplirla sí o sí cuando llegó el momento de comprobar en mis carnes la cruda realidad.
La inmensa mayoría de compañeros temporales eran extranjeros: rumanos, marroquíes y sudamericanos. Me pusieron bajo la tutela de un marroquí de muy malas pulgas que no sabía leer ni escribir, que nadie quería trabajar con él, y al cabo de dos semanas yo no era excepción.
Luego estaba el trato dado por la E.T.T. Un joven gordo trajeado y con falso y firme halo decidido, se paseaba por la plantilla, un rato mañanas y tardes, resolviendo cuantas dudas salieran entre nosotros, comprobando si estábamos todos los días presentes, hablando con los encargados, con los responsables bajo ellos y por encima de nosotros, con los responsables de la E.T.T., con nosotros cuando debíamos hacer horas extras en sábado, en domingo o en festivo. Delante de mí, hubo una encendida discusión entre él y un compañero acerca de si al día siguiente festivo debíamos trabajar porque el compañero no había pedido expresamente que guardaba festivo…
El ambiente era frío, de sabores metálicos, aristas cortantes y trato duro. Luces amarillas y altas, con sombras difusas. Ruido estruendoso de prensas, rodamientos, cizallas, pistones, acoplamientos neumáticos constantes. Los encargados de turnos de secciones se hacían la puñeta y se tragaban lo mínimo entre sí. El hijo del dueño o principal accionista se paseaba por toda la plantilla y preguntaba si nos veía solos, dónde estaba nuestro compañero (se trabajaba por parejas). Los riesgos laborales se corrían de forma habitual, pese a mis reservas: si tenía que coger un carro que estaba bajo una carga colgante suspendida de una grúa, se cogía; el encargado me decía que ya sería casualidad que en el preciso momento en que yo cogía el carro, se soltara esa carga, matándome ipso facto. El mismo encargado que acompañado por detrás del hijo predilecto, me abroncaba si tardaba más de cinco minutos en volver al puesto de trabajo, y luego en privado me dijo que no pasaba nada, que había sido un malentendido.
Cada viernes a partir de mediodía, los de las E.T.T.s (habían dos en aquel momento) nos agolpábamos ante los tablones de los vestuarios para saber qué turno nos tocaba la siguiente semana. Las preguntas, las quejas, las sugerencias, se sucedían en todos los idiomas. El joven gordo trajeado venía y nos atendía a todos… hasta que una semana, casi cuatro después de empezar yo allí, las listas eran extraordinariamente cortas, y el joven no compareció. Muchos no veíamos nuestros nombres, y preguntábamos a nuestros encargados de E.T.T., que se les notaban incómodos y cortantes. Así fue como me enteré de que prescindían de mis servicios.
Una cosa positiva sí saqué: el apellido del marroquí que me amargaba la existencia desde el comienzo al fin de la jornada, era sonoro y encajaba bien en las nominaciones exóticas que buscaba constantemente para mis numerosos personajes, poblaciones, mitologías… que poblaban y pueblan mi imaginación.
Suelo acompañar mis entradas con una imagen, pero no he encontrado ninguna que se adecúe a lo que aquí expreso: una cadena de trabajo extralarga con tan sólo dos operarios, que transmita frialdad, indiferencia, cansancio, con segundos planos de suciedad amarillenta generalizada, abundantes montones de virutas grasientas, y tan sólo brillo y limpieza en el producto: perfil de aluminio recién sacado del molde, enfriado y cortado. Me ha sido imposible.
Como he probado todas las opciones de búsqueda en internet que se me ocurrían, una de ellas era nombrar dicha empresa. Supongo que pasará igual con todas las demás de ese cuño, pero la inmensa mayoría de imágenes que salían relacionadas eran de… ¿imagináis de qué? grupos de trabajadores de su plantilla que defendían el convenio laboral. Y eso ha supuesto la puntilla anímica a esta entrada: ¿con qué autoridad defienden “sus” derechos, si permiten que supriman el descanso obligatorio en medio de una jornada de ocho horas, aunque se les abone dicho descanso? ¿con qué cara debo quedarme yo al ver sus protestas, si ellos mismos no hacen nada cuando delante de sus narices hay gente por E.T.T. que trabaja en condiciones mucho peores que las suyas? Andad y que os den, sindicatos de mierda. Ojalá os quiten los “privilegios” de que disfrutáis y decís defender por el “bien general”.
domingo, 17 de febrero de 2013
Nota social.
Hace poco escribí un email a todos mis familiares y amigos con los que tengo trato habitual.
Hola.
Aquí mando el enlace del vídeo de la magistral intervención de esta señora que, con los ovarios bien puestos, ha puesto en su lugar al Congreso.
https://www.youtube.com/watch?v=p0iS3fL42g0
Por favor, miradlo por completo y divulgadlo. Dura casi 3/4 de hora, pero no tiene desperdicio. Engancha desde el principio, desgrana palabras valientes y realistas, y no se achanta ante nadie, diciendo las cosas por su nombre.
Quizás incomode un poco su abuso de coletillas, producto de su nerviosismo y su falta de costumbre al ceñirse al lenguaje oficial que usan en esos sitios, pero eso en el fondo es un aliciente para comprobar la importancia de lo que comunica, ya que a ella le importan poco las formas, e intenta atenerse constantemente a lo que dice, y subraya lo mucho que se tiene que callar por no perderlas y por aprovechar el tiempo de la comparecencia al máximo.
Una cosa más: a veces, sobre todo después de la primera media hora, la reproducción del vídeo se para en seco y sale un aviso de Youtube diciendo que ese vídeo no está disponible. No hagáis caso: dad a "retroceder" en el navegador y ejecutad otra vez la visión del vídeo, adelantando el cursor hasta el momento de ese error de Youtube, y vedlo y escuchadlo por completo. Si tras el final, estáis interesados en ver cómo siguió esa sesión, o cómo comenzó, podéis acudir a los "vídeos relacionados" que aparecen en la columna de la derecha.
Lo del error de Youtube lo digo porque tengo que verlo cada día para infundirme algo de esperanza. Esperanza por la justicia, por que impere la cordura, el sentido común y la solidaridad. Tengo que verlo cada día a modo de oración matutina-desayuno mental, para infundirme de la facilidad de la palabra hablada, de tener claro cuanto se quiere decir, que tanto echo de menos en mi vida.
Sé que el email es un medio muy depauperado entre vosotros, que estáis por el What's app, por los textos breves e inmediatos, y por que os lo den todo masticado, al instante y sin necesidad de pensar. Pero... quiero haceros partícipe de una reflexión: como bien deja entrever esta señora, se está acercando un estallido social. Y yo personalmente estaré en primera fila por la cuenta que me trae. Así que actuad conforme a vuestras aletargadas conciencias y ateneos a ellas. Yo lo haré con la mía, caiga quien caiga.
Un saludo.
Sólo añadir una conclusión: en todas mis anteriores entradas, he mantenido un tono y una postura más o menos conciliadoras, tolerantes, lejos de radicalismos y de visceralidades. Pero con las últimas palabras, dejo entrever que eso ya no es así. Y es cierto: nos están radicalizando. A mí se me ha agotado la paciencia, y me falta esto ( ) para echarme a la calle y empezar a dar patadas a los coches blindados oficiales en que suelen ir los banqueros, políticos, directivos de empresas y demás morralla dirigente, y al diablo con las consecuencias.
P.D.: Actualización: buscando entre vídeos relacionados, he encontrado éste que deseo incluir aquí.
https://www.youtube.com/watch?v=2S0AV-AHfww
Que es la respuesta de esta señora a las diferentes intervenciones posteriores a la suya por parte de los presentes, y que viene a añadir más detalles a esta tragedia social.
lunes, 17 de diciembre de 2012
“¿Quién es Arturo?”
Bueno, dos meses después, en el que tuvimos nuestros más y nuestros menos, dos encuentros intensos y una amistad a toda prueba, me ha escrito lo siguiente para que lo publique aquí, en mi blog. En nuestro último encuentro, tras una observación mía completamente espontánea, me miró a la cara y con un ojo abierto, el otro semicerrado, y media sonrisa, dijo: "-Tenemos que buscarte novia".
Lógicamente, por discreción y caballerosidad, no diré nada más excepto que es una auténtica dama, alguien por quien muchos hombres perderían la cabeza y el corazón no sólo por su cuerpo, sino sobre todo también por su coraje, nobleza y tenacidad, forjadas en duros trances vitales.
Hola a todas aquellas mujeres que busquen a alguien especial en sus vidas, alguien que les haga sentir, alguien que les cuide, alguien que despierte todo su potencial sexual... quiero hablaros de Arturo, un hombre maravilloso que ha sido mi amante y con el que, por circunstancias de la vida, no puedo estar.
Quiero hacerlo, porque añora una nube, en forma de mujer, que pueda llenar su soledad y sea capaz de quererle cono merece.
Para todas aquellas, que aun creáis que podéis encontrar a una persona especial, va dirigido este post.Y esto es todo. No queda más que agradecer muy sinceramente el apoyo que he recibido, una muestra del cual es este texto, valioso para mí como pocos.
Arturo, tiene la piel suave, los ojos luminosos y profundos, cuando esta contento.
Arturo, tiene la risa alegre, joven y jovial, que siempre acaba, en una carcajada incontenible.
Arturo, tiene los labios gruesos, y los utiliza, para colmarte de besos.
Arturo, es sensible, en todas las facetas de su vida.
Es sensible cuando te escucha
Es sensible cuando escribe
Es sensible cuando te toca
Es sensible cuando te ama
Arturo, es un gran amante, entregado, ocurrente, hábil , muy, muy salido, complaciente, cariñoso, muy generoso y una vez mas, sensible.
Arturo, es sincero, buena persona, y respetuoso con todo el mundo.
Arturo, es de verdad.
Arturo tiene opinión sobre todas las cosas, normalmente acertada.
Arturo, tiene una capacidad de amar ilimitada.
Arturo tiene, secretos ocultos, maravillosos secretos...que te hacen vibrar...
Arturo, te puede hacer sentir, como una reina, adorada, especial, sexy, femenina, guapa y mujer totalmente mujer.
Arturo, tiene defectos, como todo el mundo, pero tu, puedes ayudarle a superarlos.
Arturo, es alguien con el que siempre puedes contar, por que siempre te dará, lo mejor de el.
viernes, 23 de noviembre de 2012
¿Ya estás aquí otra vez?
Y te irás otra vez, sí. Cuanto antes mejor. Pero te conozco demasiado bien, no me soltarás hasta haberme sorbido toda la sangre, toda mi ansia de vivir.
¿Un simple y pequeño tropiezo, y te cuelas y te adueñas de todo? Pues vale. No soy una máquina perfecta. Es un error muy común intentar mantener siempre el mismo nivel de ánimo, día tras día. En ocasiones no me percato de ello, y empiezo a quemar las naves para mantener dicho nivel, sea a costa de lo que sea; por tanto la caída posterior será más grande y dolorosa.
Pero siempre me levantaré y volveré a tender a mi perfección, a mi humilde proyecto del día a día.
¿Colocas un cristal gris allí donde intento ver luz? Pues vale. Sé que al final lo quitarás, y entonces la luz entrará con más fuerza que nunca en mí. Y aunque sé que volverás a ponerlo mucho más adelante, intentaré que los momentos de luz sean más intensos. Que esperarlos sea el principal motivo de mi resistencia a tus embates.
¿Desvías mis razonamientos hacia los rincones más hundidos? Pues vale. A veces ahí también se encuentra la luz. A veces es necesario bañarse en la oscuridad más tangible para rehacer los ojos y apreciar pequeños brillos allí donde no es posible distinguirlos por la refulgente luz que creo es mi motor diario.
Y subiré, y volverá a alumbrarme, pero ahora sin mirar fijamente y prestando más atención a los detalles.
¿Me bloqueas mental y casi físicamente? Pues vale. Si me quitas las fuerzas, no sirve de nada pelear. Adelante, cébate en mí, quítame la sangre, como decía al principio. No voy a intentar pelear porque estás tan metido en mí, tan infiltrado, que veo las ramificaciones de tu hediondo líquido por mi parcela, mi cuerpo y mi fantasía.
Pero también sé muy bien que te irás, y que cuando te vayas, te llevarás contigo todo eso, y me dejarás como nuevo, listo para que lo invada la luz, la alegría y las ganas de vivir y de compartir.
¿Te cebas en mis pasos en falso, en los dos pasos atrás que debo dar por cada tres que doy de buena gana? Aunque hayan transcurrido un mes o veinte años. Pues vale. Cada intento que hago de conocer gente, de entablar una simple conversación, ya es un paso valioso en sí. Si lo di por instinto, si me lancé al vacío sin distinguir el fondo ni sus límites, eso que me queda, el paso en sí, y no podrás quitármelo. Igualmente cada decisión que tomo, y que con el tiempo se revela el error y que tú intentas magnificar, es parte de mi condición de no-máquina. Aparte, incluso las máquinas también se equivocan, sólo que ellas siguen machaconamente a su ritmo pese a que se autodestruyan al estar con sus rígidas condiciones de funcionamiento alteradas.
No tienes ningún poder sobre mí, excepto quizás el ser parte indivisible de mi forma de ser.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Juegos de guerra.
Llevaba tiempo con la idea de escribir algo sobre esto. Hace algunos meses me dí de alta en Team Fortress 2, un juego multijugador con múltiples opciones de equipamiento, habilidades, resistencias, debilidades, caracterizaciones, armas, defensas y demás. Para jugar ahí se debe poseer una cuenta en Steam, que habilité hace algunos años cuando adquirí un paquete cuyo atractivo principal por aquel entonces era “Half-Life 2”, un juego de ciencia-ficción ambientado en una cruel dictadura y personificando a un científico gafe que en la primera parte, “Half-life” (a secas) había supuestamente desencadenado los cimientos de dicha dictadura. Este juego me absorbió durante mucho tiempo, fascinado por la lucha a cuatro bandas: por un lado la resistencia, partisanos médicos, científicos y mecánicos, donde estaba el protagonista; por otro la alianza, soldados uniformados y bien equipados y robots duros y letales; por el tercero los zombies y los bichos viola-cabezas que provocan el cambio, y por el cuarto las hormigas león, insectos del tamaño de mastines que surgían de la arena, con sus tremendas “guardianas” al frente. Lo jugué y lo volví a jugar hasta que sus limitaciones me constriñeron, se hicieron demasiado repetitivas, previsibles y evidentes.
Cuando adquirí el paquete, en él se incluía Team Fortress 2, y lo activé y lo probé, no quedando nada convencido del resultado, comparado con otros juegos de que disponía entonces. Lo dejé aparcado, hasta que hace poco lo retomé y me impliqué a fondo: me hice hasta donde pude con las habilidades y limitaciones de cada personaje (nueve en total), favoreciendo a unos y sintiéndome incómodo con otros.
Como es multijugador, nunca acaba, no como los mencionados en el primer párrafo (Half-life 1 y 2, Doom 3, Quake 4, Wolfenstein, y todos sus “mods” o derivados), con principio y final, niveles cada vez más difíciles conforme se avanza, armas nuevas, enemigos más duros.., pero cuando se llega al final, se acaba. Ya no hay más. En cambio, en multijugador nunca se acaba. Se está en el mismo nivel, o se avanza todos juntos, o en dos equipos, o todos contra todos, etc., pero cuando se completa un nivel, se repite desde el principio o se toma otro mapa.
Hasta aquí normal. Si se puede llamar normal esta afición que da mucho de sí pero no es productiva ni socialmente valorada.
Pero un servidor, en su… fantasía, sensibilidad, empatía… no sé muy bien cómo llamarlo, se quedaba cada vez más y más impresionado con cada juego que estrenaba, con cada nivel que alcanzaba, con cada mapa que se abría ante él… Entre las cuatro insípidas paredes que es su vida actual, eso significaba lo que para muchas otras personas un viaje a un lugar exótico, un descubrimiento alucinante, una persona recién conocida que le remueve algo especial, un trabajo o proyecto nuevos, una ilusión planteada… Y no podía sustraerse al encanto de explorar todos y cada uno de los rincones que presenta un mapa, por oscuro y complicado que sea, con sus secretos, sus sustos, sus dilemas o acertijos, y quedarse literalmente fascinado ante la visión de algo nuevo, hasta que se hacía con él y seguía forzosamente adelante… En “Doom 3” por ej., probar todas las combinaciones posibles para abrir un armario o sala especial; en “Half-life” dejarse llevar por el vértigo al entrar en una dimensión alienígena con reglas de la gravedad distintas y con paisajes extraños, casi oníricos; en “Half-life 2” sentir el apoyo de compañeros, que aunque sean cachos de programas puros y duros, le ayudan o mueren a su alrededor, se siente con la responsabilidad de llevarlos a salvo; en “Team Fortress 2” ser parte de un equipo, con compañeros mucho más hábiles que el, pero que con su modesto apoyo (como médico por ejemplo), se puede ganar y saborear la victoria en grupo sin ningún tipo de complejos, siendo caballeroso con los vencidos y no matarlos ni dañarlos entre el fin de la partida y el comienzo de la siguiente, o bien si se es vencido, esperar que los vencedores no le hagan daño ni se regodeen mucho en ese mismo periodo…
Todo esto viene a cuento de lo que significó para mí la reciente descarga de un nuevo juego, “Call of Duty Modern Warfare” (más bien una demo caducable… el juego original cuesta un riñón, y eso que es un versión multijugador de “Call of Duty”, otro juego que ocupa lo suyo, tiene mucha solera detrás y es más caro aún). Follajes, ruinas, armas, movimientos, equipos, realismo… la madre que los parió, qué agobio. Se cumple la premisa de no ver al enemigo que me domina y me mata. Así como en los juegos anteriores se ve al enemigo, o se distingue, o incluso se presiente, aquí no. Pero esto es parte del juego, y como tal se asume.
Lo que ya no veo tan bien es la banalización de la guerra. Jovencitos con sobrepeso, pálidos, ojerosos, solitarios y malhumorados que juegan a ser auténticos soldados entrenados que sudan, matan y mueren en batallas. Que no sufren en absoluto el miedo, el frío o el calor, el dolor de las heridas o mutilaciones, el cansancio, el esfuerzo, el hambre, la sed, la falta de sueño, la presión, las pérdidas de compañeros, la mala organización del mando, suministro o fallo de las armas, su peso, limitaciones y mantenimiento; el abuso de poder, ineptitud y corrupción de oficiales y suboficiales, y tantos y tantos otros traumas que se dejan de lado.
Qué cosas, pensé. Juegos de guerra así tienen éxito tremendo, y juegos eróticos o sexuales son censurados y no tienen ni la décima parte del éxito y el desarrollo que tienen los anteriores.
Si a todos esos jugadores los llevaran a un campo de batalla real, ¿en qué pensarían? ¿se lanzarían al combate con toda alegría como en el juego, o se mearían encima y llamarían a su mamá?
Estaría bien que las futuras guerras se libraran ahí, en el campo virtual. Nada de sangre, ni combate cuerpo a cuerpo, ni sufrimiento, ni muertes… Sólo bits contra bits.