Llevo algunos días pensando en esta nueva etiqueta que hoy estreno. Al final me he decidido llamarla así: Esvavid, siguiendo la moda de las siglas o los acrósticos.
La imagen que más insiste entre las que las que tengo en mente es... una estrella geométrica, tipo pentagrama (cinco puntas), estrella de David (seis puntas), de siete puntas, o de ocho puntas (dos cuadrados)...
Luego, a esa figura plana de número variable de puntas le otorgo una proyección, que será su tercera dimensión, que corresponderá al tiempo. Es decir, que cada día esa estrella avanza, o crece, como originando una columna estriada tras de sí. El origen de esa estrella es mi nacimiento.
Cada punta representa un campo inherente a mí, como ser humano: en un principio, había pensado sólo en los tres típicos de la expresión "salud, dinero y amor", formando un triángulo. Pero profundizando más, me dije que eso sería demasiado simple. Quizás la "Esvavid" parta de dicho triángulo, pero cada punta tiene a su vez más puntas: familia involuntaria, familia voluntaria (pareja e hijos), amistad, hogar, seguridad, imaginación o fantasía, alegría, empatía, decisión, valor, suerte, riqueza disponible, riqueza futura (o perspectivas), relaciones sociales, relaciones íntimas, salud física, salud mental, salud sensorial, capacidad de sufrimiento, determinación, nobleza, bondad, fuerza... En fin, muchas puntas que pueden depender unas de otras, o ser completamente independientes entre sí.
La robustez de dichas puntas, o su raquitismo, irá en proporción directa con el desarrollo de dichos campos. Se puede tener una familia involuntaria inexistente (hijo único y huérfano desarraigado), pero disponer de mucha riqueza disponible y futura, así como una salud física frágil y endeble y una salud mental de hierro, una pareja maravillosa pero estéril, venirse abajo en una pelea conyugal y ser una máquina imparable en la empresa; disfrutar como el que más de la pesca, pero aborrecer los deportes de competición; que toque la lotería pero ser tuerto y sufrir de sordera parcial, etc.
Cada punta varía con el paso del tiempo. Lo que ayer era una robusta punta en la seguridad laboral, hoy puede ser cercenada brutalmente. Lo que un año atrás era una familia feliz, dentro de un año puede quedar en un solo superviviente y sufrir una soledad coral. Lo que dos meses atrás son millones y millones de € a su disposición, mañana puede verse en la cárcel...
Así, la columna que deja esa estrella en su devenir diario, tiene unas estrías siempre cambiantes. Para facilitar su visión, otorgo diferentes colores al desarrollo de las puntas, y por ende, las estrias que va originando: rojo inflamado para su hiperactividad, verde para satisfación personal, azul para un menguante y resignado declive y gris o negro en el hueco de la falta o subdesarrollo de dicha estría... El blanco lo reservo para su nacimiento.
Además, la Esvavid gira muy muy despacio sobre sí misma. Por cuestiones de equilibrio, de resistencia física, debe girar para avanzar lo más recto posible...
Además, pensándolo más detenidamente aún, englobaría aquí mis pasados posts "Memoria emocional" y "Un tanque con patas", ambos sobre mí mismo, sendas puntas de mi "Esvavid".
martes, 6 de abril de 2010
domingo, 4 de abril de 2010
Participaciones extrablogueras: Contra la trata de mujeres.
Rebuscando por ahí, encontré un texto mío que, a raíz de esta entrada en mi antiguo blog, he creído conveniente rescatar para dar mayor énfasis a mi opinión sobre una de las peores lacras sociales de todos los tiempos.
Dicho texto lo escribí para la presentación de un blog mexicano que, como tantísimos proyectos en la red y en otros ámbitos, se ha quedado en nada. Tristemente, pues lo que se denuncia ahí es muy grave. Y además en un país como México, donde esto adquiere dimensiones de escándalo, pero al ser pasto del tópico del "tercer mundo", no tiene apenas eco en la sociedad.
Me lo tomé como un reto e invertí energía y tiempo en él, y además el tema en sí es suficiente motivo como para destacarlo aquí, sin importarme en absoluto contravenir la regla no escrita del bloguero de "no repetir textos antiguos".
Dicho texto lo escribí para la presentación de un blog mexicano que, como tantísimos proyectos en la red y en otros ámbitos, se ha quedado en nada. Tristemente, pues lo que se denuncia ahí es muy grave. Y además en un país como México, donde esto adquiere dimensiones de escándalo, pero al ser pasto del tópico del "tercer mundo", no tiene apenas eco en la sociedad.
Me lo tomé como un reto e invertí energía y tiempo en él, y además el tema en sí es suficiente motivo como para destacarlo aquí, sin importarme en absoluto contravenir la regla no escrita del bloguero de "no repetir textos antiguos".
remachado bajo
Participaciones_extrablogueras,
Política,
Sexo
sábado, 3 de abril de 2010
Memoria emocional.
Concepto nuevo: debería registrarlo y cobrar cada vez que se usa entre profesionales del ramo, pero en fin...
Al hilo de la expresión "inteligencia emocional", que designa una determinada actitud psíquica ya un poco pasada de moda entre el gran público deseoso de encasillar la química orgánica cerebral que deriva en diferentes sensaciones y comportamientos, acuño aquí el equivalente... contrario, casi linealmente opuesto: Memoria emocional.
¿A nadie le pasa que de repente ver u oír algo inofensivo desata en el coco una fortuita y absurda cadena de recuerdos que termina en uno especialmente significativo, que se revive tanto que el reflejo de rechazarlo con un gesto físico (una expresión, una frase, un aspaviento...) hace volver a la realidad? Y es entonces cuando se cae en la cuenta de que se ha llamado la atención de los de alrededor, tanto conocidos como desconocidos, que se quedan mirando sorprendidos... Los primeros nos preguntan qué pasa y los segundos continúan con sus quehaceres, pensando probablemente en el loco que tienen al lado... La actitud que se tiene a continuación es la de intentar disfrazar esa reacción con un canturreo, o un imaginario dolor muscular, o un rascarse en una zona un poco inaccesible...
A mí me pasa a veces. Y no sólo con un recuerdo, sino con varios, tanto recientes como de mi pasado más lejano. Torpezas y sandeces que en su momento no tuvo mayor trascendencia más que un leve correctivo o una pequeña vergüenza, pero la incómoda sensación que quedó se agarró como una lapa. Recuerdos que, cuando se está tranquilo y relajado, ni siquiera se sabe muy bien en qué consisten, están como apagados, en la sombra... En algunos determinados momentos, en que estoy centrado y seguro de mí mismo y me da por rebuscar para sacarlos y afrontarlos, quitándole toda la fuerza emocional que conllevan, no salen ni de coña. Nunca he sabido porqué. Aunque en el fondo, tampoco le doy mucha importancia...
En mi afán de intentar encontrarle una lógica, he usado una metáfora un poco siniestra, pero que le va como anillo al dedo. En la árida y accidentada llanura por la que transcurre mi razonamiento diario, donde se mezclan paisajes nuevos con recuerdos y aprendizajes, dichos momentos son como hormigas león: esos insectos carnívoros que se entierran a cierta profundidad, en la punta de un cono de arena resbaladiza, esperando a que la presa caiga en su trampa. Por mucho que ésta intente trepar para salir de ahí, al final suele caer en los fuertes quelíceros que aguardan en el fondo, y que se cerrarán como un tremendo cepo... Me veo un poco reflejado en el esfuerzo titánico que desarrolla la presa para salir de ahí cuanto antes... y una vez arriba, seguir mi camino, fingiendo que no ha pasado nada.
A esto lo llamo yo "memoria emocional". Dos conceptos mentales que no siempre se controlan, o que no se consigue con el efecto deseado, se juntan y... voilá! sirve para denominar asépticamente esa parte de la memoria que guarda emociones incontrolables. Dicho concepto también englobará -es un suponer, doctores más cualificados hay para determinarlo- las pesadillas que derivan de diferentes traumas graves que han vivido muchas personas: accidentes, abusos, guerras, palizas, atentados, persecuciones... y que, afortunadamente, yo no he vivido (toco madera...). Imagino que si fuera así, otro gallo cantaría, y todo lo escrito aquí, en esta entrada, saltaría por los aires.
Al hilo de la expresión "inteligencia emocional", que designa una determinada actitud psíquica ya un poco pasada de moda entre el gran público deseoso de encasillar la química orgánica cerebral que deriva en diferentes sensaciones y comportamientos, acuño aquí el equivalente... contrario, casi linealmente opuesto: Memoria emocional.
¿A nadie le pasa que de repente ver u oír algo inofensivo desata en el coco una fortuita y absurda cadena de recuerdos que termina en uno especialmente significativo, que se revive tanto que el reflejo de rechazarlo con un gesto físico (una expresión, una frase, un aspaviento...) hace volver a la realidad? Y es entonces cuando se cae en la cuenta de que se ha llamado la atención de los de alrededor, tanto conocidos como desconocidos, que se quedan mirando sorprendidos... Los primeros nos preguntan qué pasa y los segundos continúan con sus quehaceres, pensando probablemente en el loco que tienen al lado... La actitud que se tiene a continuación es la de intentar disfrazar esa reacción con un canturreo, o un imaginario dolor muscular, o un rascarse en una zona un poco inaccesible...
A mí me pasa a veces. Y no sólo con un recuerdo, sino con varios, tanto recientes como de mi pasado más lejano. Torpezas y sandeces que en su momento no tuvo mayor trascendencia más que un leve correctivo o una pequeña vergüenza, pero la incómoda sensación que quedó se agarró como una lapa. Recuerdos que, cuando se está tranquilo y relajado, ni siquiera se sabe muy bien en qué consisten, están como apagados, en la sombra... En algunos determinados momentos, en que estoy centrado y seguro de mí mismo y me da por rebuscar para sacarlos y afrontarlos, quitándole toda la fuerza emocional que conllevan, no salen ni de coña. Nunca he sabido porqué. Aunque en el fondo, tampoco le doy mucha importancia...
En mi afán de intentar encontrarle una lógica, he usado una metáfora un poco siniestra, pero que le va como anillo al dedo. En la árida y accidentada llanura por la que transcurre mi razonamiento diario, donde se mezclan paisajes nuevos con recuerdos y aprendizajes, dichos momentos son como hormigas león: esos insectos carnívoros que se entierran a cierta profundidad, en la punta de un cono de arena resbaladiza, esperando a que la presa caiga en su trampa. Por mucho que ésta intente trepar para salir de ahí, al final suele caer en los fuertes quelíceros que aguardan en el fondo, y que se cerrarán como un tremendo cepo... Me veo un poco reflejado en el esfuerzo titánico que desarrolla la presa para salir de ahí cuanto antes... y una vez arriba, seguir mi camino, fingiendo que no ha pasado nada.
A esto lo llamo yo "memoria emocional". Dos conceptos mentales que no siempre se controlan, o que no se consigue con el efecto deseado, se juntan y... voilá! sirve para denominar asépticamente esa parte de la memoria que guarda emociones incontrolables. Dicho concepto también englobará -es un suponer, doctores más cualificados hay para determinarlo- las pesadillas que derivan de diferentes traumas graves que han vivido muchas personas: accidentes, abusos, guerras, palizas, atentados, persecuciones... y que, afortunadamente, yo no he vivido (toco madera...). Imagino que si fuera así, otro gallo cantaría, y todo lo escrito aquí, en esta entrada, saltaría por los aires.
domingo, 28 de marzo de 2010
Un tanque con patas y pies de barro. Crítica al erotismo de internet.
Hay días en que mi psique está como encadenada a suelo y paredes, pero la fuerza y seguridad en mí mismo son tales que tiro y me muevo con todo ello, arrastrándolo hacia donde quiero, sin nada que lo evite... excepto la lentitud que provoca dichas ataduras, que me hace pensar cuantas veces necesite un paso antes de darlo, concluyendo en una autoconfianza completa al terminar dicho paso y emprender el siguiente.
Hoy es uno de esos días. Lo que prueba que mi inseguridad crónica es producto de la química corporal: no soy una máquina con rendimiento fijo sujeto a limitaciones físicas, sino un conjunto de reacciones químicas muy complejas que, a día de hoy, nadie puede abarcar y mucho menos comprender. Ni siquiera el mayor interesado: yo.
Por más que le doy vueltas a la cabeza, no recuerdo las circunstancias anteriores que me han conducido a este tan deseado estado anímico para enfrentarme al resto del mundo: alimentos tomados las últimas veinticuatro horas, hechos, proyectos, ocios, lecturas, razonamientos, etc. Lo único que sé es que no es la primera vez que paso por esto, y ésta no será la última vez.
Desgraciadamente, este estado de ánimo no se da con la suficiente frecuencia en mí como para generar en éste mi blog una etiqueta titulada así, "Un tanque con patas", donde escribo con una seguridad en mí mismo aplastante, sin dar concesiones ni opción a nadie, con un tono insultantemente engreído y antipático, que repateará a los tres lectores que todavía me siguen.
Así que aprovecharé este efímero cristal tan férreo por el que estoy viendo la vida, para analizar un hecho íntimo sobre el que llevo días dándole vueltas.
Hoy es uno de esos días. Lo que prueba que mi inseguridad crónica es producto de la química corporal: no soy una máquina con rendimiento fijo sujeto a limitaciones físicas, sino un conjunto de reacciones químicas muy complejas que, a día de hoy, nadie puede abarcar y mucho menos comprender. Ni siquiera el mayor interesado: yo.
Por más que le doy vueltas a la cabeza, no recuerdo las circunstancias anteriores que me han conducido a este tan deseado estado anímico para enfrentarme al resto del mundo: alimentos tomados las últimas veinticuatro horas, hechos, proyectos, ocios, lecturas, razonamientos, etc. Lo único que sé es que no es la primera vez que paso por esto, y ésta no será la última vez.
Desgraciadamente, este estado de ánimo no se da con la suficiente frecuencia en mí como para generar en éste mi blog una etiqueta titulada así, "Un tanque con patas", donde escribo con una seguridad en mí mismo aplastante, sin dar concesiones ni opción a nadie, con un tono insultantemente engreído y antipático, que repateará a los tres lectores que todavía me siguen.
Así que aprovecharé este efímero cristal tan férreo por el que estoy viendo la vida, para analizar un hecho íntimo sobre el que llevo días dándole vueltas.
domingo, 21 de marzo de 2010
Trabajo o mantenimiento.
Tal y como está planteado el mundo laboral existen básicamente dos tipos de trabajo: aquél que da réditos todos los meses y aquél que da réditos al terminar la obra.
Entre los primeros están las empresas de servicios básicos: electricidad, agua, medicinas, seguros, alimentación, telecomunicaciones (aunque éste último es cuestionable), etc... y que se debe aceptar por narices para sobrevivir o vivir con dignidad. Por ello, no hay más remedio que apechar con dichos gastos. Por tanto su rendimiento está asegurado todos los meses. La única variable es quizás la competencia, con una diferencia de precios que realmente no es tal, sino ganas de marear la perdiz.
Y entre los segundos, están todos los demás: construcción, diseño, creación, generación, montaje... Trabajos que necesitan nutrirse constantemente de proyectos y negocios para salir adelante. Esta estructura es su mayor debilidad. Pues llegará un momento en que, o bien ya no queden materias primas, o bien ya no se necesiten más productos, o bien se cubran todos los frentes disponibles sin haber lugar para más.
La conclusión es lógica: todas las empresas o negocios que se emprendan en la segunda clase, tenderán inevitablemente hacia la primera clase. Para ello se usarán las más variadas estrategias. La más común es la publicidad. Generar necesidad permanente de un producto, de tal manera que el negocio esté asegurado el máximo tiempo posible. Otra modalidad es el "mantenimiento", con todas sus sesudas variantes, estudios, técnicas, etc.
Creo que aquí es donde ha metido la zarpa la SGAE. Montárselo de tal manera que, se produzca o no, periódicamente se generen "beneficios" por algo que simplemente ya está "ahí". Como cobrar alquileres, y encima, de algo que no necesita "mantenimiento", como un tendido de electricidad, o una instalación de fontanería...
Yo soy electricista, y según el montaje de la SGAE, debería cobrar todos los meses de las instalaciones que voy realizando, por su "uso y disfrute" ajeno. A pesar de que me han pagado por ello, habría que definir dicho "uso y disfrute" posterior por parte del usuario final. Cuantas más instalaciones eléctricas realice, más sumará el montante mensual. Simplemente porque he diseñado la instalación, he pasado el cable por los tubos, he conectado y todo funciona. Los albañiles lo mismo: de cada casa que construyan, cobrar una cantidad al mes. Idem con los fontaneros, y tantos otros gremios.
Ya que nuestro trabajo es de fin de obra. Se puede argumentar que llegará un momento en que ya estará todo hecho, que no harán falta más electricistas, albañiles, mecánicos, etc., salvo los mencionados "de mantenimiento". (Y todos sabemos que dicha labor es, a veces, "motivada" por los propios operarios, provocando averías con las que justificar sus puestos de trabajo. Tengo la experiencia suficiente como para afirmar que los que están de "mantenimiento" son eso, unos "mantenidos". Enchufados, favoritos, amiguitos, familiares... y encima, en su mayoría, vagos y perfectos inútiles).
Pero noo, por Dios. Todos se echarían las manos a la cabeza. La cantidad de gente que viviría así sería tremenda. Las facturas serían de órdago. Los gastos se multiplicarían. Los bancos y las empresas no darían abasto...
Sin embargo, es algo perfectamente lógico: un pringado como yo, que ha pasado con esfuerzo cientos y cientos de metros de cable de 100, 150, 200 pares telefónicos, de 8, 16, 32, 64 o 256 fibras ópticas, los ha conectado, comprobado y garantizado, proporcionando así soporte a un montón de "negocios virtuales" de los de traje y corbata, con sueldos mucho mayores que el mío, ¿porqué debería sufrir en mis carnes el fantasma de la degradación social, en forma de paro, disminución de sueldo, pérdida de poder adquisitivo, etc.? Cuando ha sido gracias a mi labor que todos esos "vampiros sociales de altos vuelos" están donde están... es decir, sobre mí, para caer yo antes que ellos.
Y como yo, un albañil que ha construido la sede desde la que trabajan, un mecánico que ha montado el coche por el que se mueven, un peón que ha recogido la fruta de la que se alimentan...
¿Porqué debería sufrir el pobre albañil que ha levantado y lucido la pared del local donde se va a instalar la sucursal bancaria a la que va a acudir luego para pedir una hipoteca, se la concederán (si se la conceden) con condiciones leoninas y si no levanta suficientes paredes después donde sea, le van a dar una patada en el culo? ¿porqué ese albañil se puede quedar mendigando en la puerta del local mientras los tipos trajeados entran y salen con maletines llenos de dinero? Así me siento yo cada vez que entro en el futuro despacho de un alto ejecutivo a conectar las tomas de corriente, de antena, de teléfono... y en mis esporádicos días más oscuros y llenos de rencor y mala baba pienso: "ojalá le dé un calambrazo algún día, maldita sea".
Entre los primeros están las empresas de servicios básicos: electricidad, agua, medicinas, seguros, alimentación, telecomunicaciones (aunque éste último es cuestionable), etc... y que se debe aceptar por narices para sobrevivir o vivir con dignidad. Por ello, no hay más remedio que apechar con dichos gastos. Por tanto su rendimiento está asegurado todos los meses. La única variable es quizás la competencia, con una diferencia de precios que realmente no es tal, sino ganas de marear la perdiz.
Y entre los segundos, están todos los demás: construcción, diseño, creación, generación, montaje... Trabajos que necesitan nutrirse constantemente de proyectos y negocios para salir adelante. Esta estructura es su mayor debilidad. Pues llegará un momento en que, o bien ya no queden materias primas, o bien ya no se necesiten más productos, o bien se cubran todos los frentes disponibles sin haber lugar para más.
La conclusión es lógica: todas las empresas o negocios que se emprendan en la segunda clase, tenderán inevitablemente hacia la primera clase. Para ello se usarán las más variadas estrategias. La más común es la publicidad. Generar necesidad permanente de un producto, de tal manera que el negocio esté asegurado el máximo tiempo posible. Otra modalidad es el "mantenimiento", con todas sus sesudas variantes, estudios, técnicas, etc.
Creo que aquí es donde ha metido la zarpa la SGAE. Montárselo de tal manera que, se produzca o no, periódicamente se generen "beneficios" por algo que simplemente ya está "ahí". Como cobrar alquileres, y encima, de algo que no necesita "mantenimiento", como un tendido de electricidad, o una instalación de fontanería...
Yo soy electricista, y según el montaje de la SGAE, debería cobrar todos los meses de las instalaciones que voy realizando, por su "uso y disfrute" ajeno. A pesar de que me han pagado por ello, habría que definir dicho "uso y disfrute" posterior por parte del usuario final. Cuantas más instalaciones eléctricas realice, más sumará el montante mensual. Simplemente porque he diseñado la instalación, he pasado el cable por los tubos, he conectado y todo funciona. Los albañiles lo mismo: de cada casa que construyan, cobrar una cantidad al mes. Idem con los fontaneros, y tantos otros gremios.
Ya que nuestro trabajo es de fin de obra. Se puede argumentar que llegará un momento en que ya estará todo hecho, que no harán falta más electricistas, albañiles, mecánicos, etc., salvo los mencionados "de mantenimiento". (Y todos sabemos que dicha labor es, a veces, "motivada" por los propios operarios, provocando averías con las que justificar sus puestos de trabajo. Tengo la experiencia suficiente como para afirmar que los que están de "mantenimiento" son eso, unos "mantenidos". Enchufados, favoritos, amiguitos, familiares... y encima, en su mayoría, vagos y perfectos inútiles).
Pero noo, por Dios. Todos se echarían las manos a la cabeza. La cantidad de gente que viviría así sería tremenda. Las facturas serían de órdago. Los gastos se multiplicarían. Los bancos y las empresas no darían abasto...
Sin embargo, es algo perfectamente lógico: un pringado como yo, que ha pasado con esfuerzo cientos y cientos de metros de cable de 100, 150, 200 pares telefónicos, de 8, 16, 32, 64 o 256 fibras ópticas, los ha conectado, comprobado y garantizado, proporcionando así soporte a un montón de "negocios virtuales" de los de traje y corbata, con sueldos mucho mayores que el mío, ¿porqué debería sufrir en mis carnes el fantasma de la degradación social, en forma de paro, disminución de sueldo, pérdida de poder adquisitivo, etc.? Cuando ha sido gracias a mi labor que todos esos "vampiros sociales de altos vuelos" están donde están... es decir, sobre mí, para caer yo antes que ellos.
Y como yo, un albañil que ha construido la sede desde la que trabajan, un mecánico que ha montado el coche por el que se mueven, un peón que ha recogido la fruta de la que se alimentan...
¿Porqué debería sufrir el pobre albañil que ha levantado y lucido la pared del local donde se va a instalar la sucursal bancaria a la que va a acudir luego para pedir una hipoteca, se la concederán (si se la conceden) con condiciones leoninas y si no levanta suficientes paredes después donde sea, le van a dar una patada en el culo? ¿porqué ese albañil se puede quedar mendigando en la puerta del local mientras los tipos trajeados entran y salen con maletines llenos de dinero? Así me siento yo cada vez que entro en el futuro despacho de un alto ejecutivo a conectar las tomas de corriente, de antena, de teléfono... y en mis esporádicos días más oscuros y llenos de rencor y mala baba pienso: "ojalá le dé un calambrazo algún día, maldita sea".
sábado, 13 de marzo de 2010
Iconos cálidos: Miguel Delibes.
En primer lugar, aclarar que el esta sección de "Iconos cálidos" haya sido copada por actores hasta ahora es pura casualidad.
Y para demostrarlo, dedicaré ésta a don Miguel Delibes. De paso le rendiré un sencillo, sincero y humilde homenaje.
Leí "El príncipe destronado", y evocó mi niñez con palabras certeras y sencillas.
Entrañable y venerable. El abuelo sabio y lúcido que todos deberíamos haber tenido. Uno de los poquísimos ejemplos (si no el único) que necesita este país para sacar lo mejor de todos nosotros, seamos de la región, tendencia política o nivel social que tengamos y unirnos un poquito más. Pues nadie, catalán, vasco, andaluz, político, empresario, obrero, parado, estudiante, extremista, moderado... nadie ha sacado una nota negativa de él.
Su vida ha sido ejemplar. Su obra también. Ahora que se ha ido, todos deberíamos intentar hacer de tripas corazón y tomarnos una pequeña pausa para recapacitar, e intentar que su estela no se pierda en la furibunda actualidad... Creo que éste es el mejor homenaje que entre todos podríamos dedicarle...
En fin. Me ha quedado un poco demagógico, pero no por ello menos cierto. Estoy en una época en que las palabras ya no me salen con tanta facilidad como antes... pero no he querido dejar pasar esta ocasión para intentar expresar lo que siento por la pérdida del maestro, aunque sea a sacacorchos.
Y para demostrarlo, dedicaré ésta a don Miguel Delibes. De paso le rendiré un sencillo, sincero y humilde homenaje.
Leí "El príncipe destronado", y evocó mi niñez con palabras certeras y sencillas.
Entrañable y venerable. El abuelo sabio y lúcido que todos deberíamos haber tenido. Uno de los poquísimos ejemplos (si no el único) que necesita este país para sacar lo mejor de todos nosotros, seamos de la región, tendencia política o nivel social que tengamos y unirnos un poquito más. Pues nadie, catalán, vasco, andaluz, político, empresario, obrero, parado, estudiante, extremista, moderado... nadie ha sacado una nota negativa de él.
Su vida ha sido ejemplar. Su obra también. Ahora que se ha ido, todos deberíamos intentar hacer de tripas corazón y tomarnos una pequeña pausa para recapacitar, e intentar que su estela no se pierda en la furibunda actualidad... Creo que éste es el mejor homenaje que entre todos podríamos dedicarle...
En fin. Me ha quedado un poco demagógico, pero no por ello menos cierto. Estoy en una época en que las palabras ya no me salen con tanta facilidad como antes... pero no he querido dejar pasar esta ocasión para intentar expresar lo que siento por la pérdida del maestro, aunque sea a sacacorchos.
remachado bajo
Iconos cálidos
sábado, 27 de febrero de 2010
Iconos cálidos: Lena Headey.
Como todos mis demás iconos cálidos, esta actriz no es muy conocida entre el público en general. Pero si menciono la película "300", y cito el papel de la bellísima reina Gorgo, a algunos se le iluminarán de inmediato sus ojos, como a mí.
remachado bajo
Iconos cálidos
domingo, 14 de febrero de 2010
¿"Una, grande y libre"?
No soy de derechas. Considero el conservadurismo, junto con todas sus filiales (neocon, catolicismo, regionalismos o nacionalismos locales, ultracon, liberalismo, capitalismo y demás ramificaciones) como algo retrógrado, egoísta, hipócrita, haciendo con la mano pública lo que deshace con la otra a escondidas, guardando las apariencias. La sociedad al servicio del dinero, de las ganancias, el "dejad hacer, dejad pasar, que el mundo gira por sí solo" (sobre el eje del dinero), los negocios, las ideas e iniciativas, sean cuales fueren, sobre todo si son buenas, siempre al servicio de lo privado, de quien se lo pueda permitir y para beneficio de unos pocos. En cualquier sociedad occidental es la peor opción que puede tener a la hora de ejercer como guía. No invertir si no se tienen ganancias posteriores, a un plazo determinado. Servicios públicos privatizados: ya se ha visto que funcionan sólo si hay ganancias de por medio. Sanidad, educación, incluso seguridad. Si por los potentados fuera, incluso existiría una judicatura, autogobierno, servicios religiosos, ejército, policía, limpieza y demás servicios sociales privados, que sólo disfrutarian ellos, por supuesto. Lógicamente, para encontrar mano de obra y cubrir los puestos que generarían dichos servicios, habría que recurrir al pueblo llano, a los comunes, pero siempre con una selección brutal y basada en resultados y eficacia. Ya que lo que pagan supuestamente lo vale. Lo único en que se diferencian las mencionadas ramificaciones son el grado de tolerancia y moderación, se llamen como se llamen, para con los que no piensan como ellos o persiguen otros objetivos.
Eso sí: cuando hay crisis, se recurre a lo social, al dinero público. Pero mientras se generan ganancias, éstas se reparten entre quienes han invertido. Y ya se ha visto que las crisis las originan en su mayor parte los que propician dichas ganancias, con montajes financieros en negocios con el mínimo control público, sin niguna previsión, y después, cuando todo cae como un castillo de naipes, es el sálvese quien pueda.
Dejando sentado lo anterior, sí echo en falta una idea en particular, que la derecha española ha hecho suya con todo descaro y sin pudor alguno durante cuarenta años, haciendo que quienes compartan a posteriori esa idea pero también están en contra del resto de sus postulados, sea tachado inmediatamente como de derechas radical. La idea de una entidad social o comunitaria con la que identificarse, el patriotismo.
¿Fueron los rusos patriotas durante la Segunda Guerra Mundial, esencia del comunismo? Polémicas fuera, la respuesta no ofrece lugar a dudas, tanto desde dentro como desde fuera, pese a la propaganda y la contrapropaganda.
¿Fueron los españoles patriotas durante el franquismo? La respuesta tampoco debería dejar lugar a dudas.
En ambas cuestiones, de signos políticos adversos, subyace la idea hermosa de un país, una madre patria, una entidad comunitaria en nombre de la cual se soportan los más indecibles sufrimientos, sacrificios y esfuerzos para acometer empresas y proyectos casi sobrehumanos. La pertenencia a algo por haber nacido ahí y haberse criado en su seno, echando raíces en forma de sentimientos emotivos por ello cuando llega el momento de participar e integrarse en la maquinaria impalpable que hace que funcione y mejorarlo para las generaciones futuras. Algo de lo que sentirse orgulloso, por lo que pensar cómo mejorar, cómo esforzarse, aún a costa de sufrir un poco...
Desgraciadamente, la historia ha demostrado que esta idea, las enormes energías destinadas a ella, da frutos muy polémicos. Para empezar, se cae con mucha facilidad en el exclusivismo, en la segregación excluyente, a menudo violenta e impuesta contra la voluntad de las llamadas "minorías". Se usa como justificación de fanatismos varios. Para seguir, dichos frutos son cosechados y pervertidos por los dirigentes de formas más o menos provocativas, además de prestarse a manipulaciones y subterfugios de lo más censurables, independientemente de sus signos políticos. Por otra parte, el daño producido por su mal uso no es inmediato: generaciones venideras que ven esa manipulación tan descarada y tergiversada hacen que se vuelvan escépticas y blindadas a los efectos de dicho eco aglutinador.
Sin embargo, hoy por hoy, es lo único que, en mi opinión, serviría como contrapeso a la corrupción. Que sea algo sincero que emane del mismo individuo, ocupe la posicion que ocupe, para hacer las cosas bien, como deben hacerse, para beneficiar a aquellos a quienes se sirve o con quienes colabora, sin ánimos exclusivistas o partidistas.
Dicho sentimiento se manifiesta hoy en día en forma de nacionalismos regionales, clubes de fútbol o sociedades deportivas, y en el ámbito laboral, la empresa. Incluso se puede incluir aquí la pertencia a clanes, pueblos o familias numerosas...
Pero hay algo que el país o la patria dispone que ninguna entidad anteriormente mencionada posee: la historia. Casi tres mil años de invasiones, guerras, revoluciones, reacciones, mezclas, descubrimientos, hazañas, fuerzas y debilidades, fracasos... todos documentados. La historia de España.
Y es esto lo que quiero defender aquí. Quiero defender que ser español es conocer porqué lo soy, y enorgullecerme de ello. Quiero expresar mi malestar cada vez que alguien pisotea ese sentimiento. Quiero que, si alquien en quien confío plenamente para que me lidere, a mí y a los de mi alrededor, me pide que me tire por un barranco y me justifica dicha orden desde la razón, la dialéctica, el respeto y mi libertad de elección, y se me presente la oportunidad de hacerlo, pues me tiro por el barranco. Quiero que los sacrificios que han sufrido los que han venido antes que yo para estar donde estoy sirvan de ejemplo vivo en mí, sirviendo yo a mi vez de ejemplo para generaciones venideras. Y quiero que dicho ejemplo sea anónimo, humilde y sin pretensión alguna.
Tener la sensación de pertenecer a un grupo de personas honradas y trabajadoras, que nos embarcamos en una empresa y arrimamos el hombro, sin ingenuidades ni demagogias, con fuertes y justas defensas contra el aprovechamiento ilícito de unos pocos desde dentro, las épocas de vacas flacas y las previsibles embestidas de otras comunidades vecinas cuyos intereses machacarían injustamente las nuestras.
Eso sí: cuando hay crisis, se recurre a lo social, al dinero público. Pero mientras se generan ganancias, éstas se reparten entre quienes han invertido. Y ya se ha visto que las crisis las originan en su mayor parte los que propician dichas ganancias, con montajes financieros en negocios con el mínimo control público, sin niguna previsión, y después, cuando todo cae como un castillo de naipes, es el sálvese quien pueda.
Dejando sentado lo anterior, sí echo en falta una idea en particular, que la derecha española ha hecho suya con todo descaro y sin pudor alguno durante cuarenta años, haciendo que quienes compartan a posteriori esa idea pero también están en contra del resto de sus postulados, sea tachado inmediatamente como de derechas radical. La idea de una entidad social o comunitaria con la que identificarse, el patriotismo.
¿Fueron los rusos patriotas durante la Segunda Guerra Mundial, esencia del comunismo? Polémicas fuera, la respuesta no ofrece lugar a dudas, tanto desde dentro como desde fuera, pese a la propaganda y la contrapropaganda.
¿Fueron los españoles patriotas durante el franquismo? La respuesta tampoco debería dejar lugar a dudas.
En ambas cuestiones, de signos políticos adversos, subyace la idea hermosa de un país, una madre patria, una entidad comunitaria en nombre de la cual se soportan los más indecibles sufrimientos, sacrificios y esfuerzos para acometer empresas y proyectos casi sobrehumanos. La pertenencia a algo por haber nacido ahí y haberse criado en su seno, echando raíces en forma de sentimientos emotivos por ello cuando llega el momento de participar e integrarse en la maquinaria impalpable que hace que funcione y mejorarlo para las generaciones futuras. Algo de lo que sentirse orgulloso, por lo que pensar cómo mejorar, cómo esforzarse, aún a costa de sufrir un poco...
Desgraciadamente, la historia ha demostrado que esta idea, las enormes energías destinadas a ella, da frutos muy polémicos. Para empezar, se cae con mucha facilidad en el exclusivismo, en la segregación excluyente, a menudo violenta e impuesta contra la voluntad de las llamadas "minorías". Se usa como justificación de fanatismos varios. Para seguir, dichos frutos son cosechados y pervertidos por los dirigentes de formas más o menos provocativas, además de prestarse a manipulaciones y subterfugios de lo más censurables, independientemente de sus signos políticos. Por otra parte, el daño producido por su mal uso no es inmediato: generaciones venideras que ven esa manipulación tan descarada y tergiversada hacen que se vuelvan escépticas y blindadas a los efectos de dicho eco aglutinador.
Sin embargo, hoy por hoy, es lo único que, en mi opinión, serviría como contrapeso a la corrupción. Que sea algo sincero que emane del mismo individuo, ocupe la posicion que ocupe, para hacer las cosas bien, como deben hacerse, para beneficiar a aquellos a quienes se sirve o con quienes colabora, sin ánimos exclusivistas o partidistas.
Dicho sentimiento se manifiesta hoy en día en forma de nacionalismos regionales, clubes de fútbol o sociedades deportivas, y en el ámbito laboral, la empresa. Incluso se puede incluir aquí la pertencia a clanes, pueblos o familias numerosas...
Pero hay algo que el país o la patria dispone que ninguna entidad anteriormente mencionada posee: la historia. Casi tres mil años de invasiones, guerras, revoluciones, reacciones, mezclas, descubrimientos, hazañas, fuerzas y debilidades, fracasos... todos documentados. La historia de España.
Y es esto lo que quiero defender aquí. Quiero defender que ser español es conocer porqué lo soy, y enorgullecerme de ello. Quiero expresar mi malestar cada vez que alguien pisotea ese sentimiento. Quiero que, si alquien en quien confío plenamente para que me lidere, a mí y a los de mi alrededor, me pide que me tire por un barranco y me justifica dicha orden desde la razón, la dialéctica, el respeto y mi libertad de elección, y se me presente la oportunidad de hacerlo, pues me tiro por el barranco. Quiero que los sacrificios que han sufrido los que han venido antes que yo para estar donde estoy sirvan de ejemplo vivo en mí, sirviendo yo a mi vez de ejemplo para generaciones venideras. Y quiero que dicho ejemplo sea anónimo, humilde y sin pretensión alguna.
Tener la sensación de pertenecer a un grupo de personas honradas y trabajadoras, que nos embarcamos en una empresa y arrimamos el hombro, sin ingenuidades ni demagogias, con fuertes y justas defensas contra el aprovechamiento ilícito de unos pocos desde dentro, las épocas de vacas flacas y las previsibles embestidas de otras comunidades vecinas cuyos intereses machacarían injustamente las nuestras.
viernes, 8 de enero de 2010
"¿Falta grave?"
Uno de los errores más comunes de la filosofía es su desvinculación dogmática y académica de la vida real. Sólo estuve en contacto con esa asignatura medio curso, pero fue suficiente como para hacerme con unas bases que vendrían a definir cómo NO debe hacerse filosofía.
Bien, al grano. Esta mañana, dormitando ante un sudoku difícil y calentito, dejé suelto mi razonamiento. Y mediante una cadena de recuerdos, justificaciones, actuaciones, etc., se me ocurrieron las siguientes conclusiones.
Un ser vivo tiende a mirar por la supervivencia de la especie. No soporta estar solo, sin ningún semejante al lado, aunque sea más allá de sus territorios. Simplemente identifica las señales que el vecino le deja para indicar su existencia, y las cruza en la tregua periódica de las épocas de celo.
Bien. Una de las formas de sociabilidad es básica, tanto que se aprende de cachorros: no hacer daño físico, porque en los juegos con sus hermanitos, se aprende lo que sufre si se muerde demasiado fuerte, o araña, o golpea, o le quita la comida... Esto último se puede debatir, por supuesto. Pero si no amenaza a la supervivencia y hay alimento o bebida suficiente, se comparte sin ningún problema. Así que una de las finalidades de los juegos con los semejantes de la manada, o de la tribu, o de la comunidad, es hasta qué punto un hecho puede calificarse como "daño" y experimentar eso de primera mano, para abstenerse de volver ahí en el futuro.. salvo si las circunstancias lo empujan (hambre, sed, lucha por la pareja, colaboración mutua frente a terceros o extraños...). La empatía, definida muy bien en la frase: "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí".
Toda generación joven debe adaptarse velozmente al medio para poder sobrevivir solos cuanto antes. Uno de esos aspectos es el social. El ser humano es un animal social. Vive con otros seres humanos en sociedad, en un espacio relativamente pequeño y concentrado, y colaborando con ellos para sobrevivir. Aún así, hay roces, desencuentros, abusos, violencias...
Aunque parezca mentira, el ser humano es empático por naturaleza. Nunca he visto cómo resultaría la experiencia, pero... me gustaría saber cómo se comportan un grupito de bebés de cierta edad entre sí, si vivieran solos en un espacio cerrado, sin influencias de los adultos: con comida y bebida suministrados a su entera voluntad y sus necesidades básicas cubiertas, me gustaría llegar a ver si realmente se hacen daño entre sí y hasta qué grado. Salvo por los mencionados juegos, curiosidad por saber y experimentar de primera mano qué se siente si se hace daño o se provoca daño, y si se insiste en ello una vez probado el método...
Uno de los rasgos fundamentales de la empatía es la culpa. No la culpa social, la que se presta a manipulaciones más o menos hipócritas y soterradas para conseguir fines retorcidos, sino el remordimiento íntimo. En muchos seres humanos emocionalmente adultos, el remordimiento por una forma de actuación pasada especialmente dañina hacia otros semejantes puede ser autodestructivo. Si se es consciente del sufrimiento que ha provocado, de las consecuencias de un fallo, distracción, dejadez, abuso, indiferencia, empecinamiento en el error, fanatismo... los recuerdos de su actuación vendrán a reconcomerle el resto de su vida. Dependerá de su forma de ser y de encarar las cosas el que dichos recuerdos le aguijoneen más o menos.
Por eso, en las guerras, en las batallas, los soldados que se enfrentan entre sí, los que ponen las manos, el cuerpo, las caras, los ojos... a destruirse mutuamente, son los que quedan más "tocados del ala". Y sin embargo, su actuación se anula para la posteridad. El mérito se lo quedan los generales, los oficiales, los que mantienen su visión preclara detrás de las líneas, ejerciendo sus estrategias más o menos acertadas, como una partida de ajedrez. Los vencedores regresan a sus palacetes colmados de honores, vanagloridados, ensalzados hasta la naúsea. Pero no así los soldados rasos, que dicho sea de paso, son la inmensa mayoría, el grueso del ejército. Y da igual si vencedor o vencido. Lo único que diferencia a un grupo de otro es quizá el destino que les espera y por supuesto, el trato que recibirán las cúpulas mandatarias, siempre al capricho de los vencedores.
Al margen de esta circunstancia extraordinaria (una guerrra es algo que no se da de forma habitual), lo que sí me llama la atención es el... "nivel de depravación" que puede llegar a tener una persona que vive al margen de la ley: un ladrón puede entrar en una casa y arramblar con todo lo que encuentra. Pero raras veces herirá con gran trauma físico a su víctima, mucho menos la matará. En el cine, en la literatura, es típica la expresión "líneas que no se cruzan". Y sin embargo... ¿ese ladrón no es consciente de que, si roba, el daño que puede causar en su víctima puede ser tan grande o más que si existiera un enfrentamiento directo de consecuencias trágicas? Piezas de alto valor sentimental, ahorros trabajosamente reunidos que se destinarían a una jubilación más o menos digna, o a la adquisición de un bien necesario, o a un proyecto costoso de futuro a largo plazo...
"Líneas que no se cruzan..." ¿por qué? Si se cruzan, ¿qué pasaría? ¿se encontraría en una zona de "no retorno"? ¿se trazarían más líneas?
Nuestros antepasados se veían muchas veces abocados a situaciones límite: luchas y asaltos para atacar y para defenderse, y por sí mismos en la mayoría de los casos, con lo que tenían a mano. Alerta casi constante. Aplicaban la pena de muerte sin muchos miramientos. Así que lo único que les quedaba en esta "barra libre" del ojo por ojo sería el remordimiento posterior por el dolor causado a la víctima.
En el cristianismo (hablo de esta religión porque fui educado ahí, y por tanto, sé a qué atenerme en cada momento... hasta cierto punto y a nivel personal, claro está) dicha culpa se trató de suavizar por medio de unos ritos, para que la vida continuase de una forma más o menos provechosa en el afectado y su entorno.
Así que creo que éste es el verdadero significado de la penitencia y del perdón. Actualmente son famosos los ejemplos de soldados que en el calor de la batalla y azuzados por sus superiores, causaron mucho dolor en su momento, y durante el resto de sus vidas intentan librarse de esos recuerdos que conforman casi todas sus pesadillas como de un manto espinoso y rígido pegado a sus cuerpos.
Bien, al grano. Esta mañana, dormitando ante un sudoku difícil y calentito, dejé suelto mi razonamiento. Y mediante una cadena de recuerdos, justificaciones, actuaciones, etc., se me ocurrieron las siguientes conclusiones.
Un ser vivo tiende a mirar por la supervivencia de la especie. No soporta estar solo, sin ningún semejante al lado, aunque sea más allá de sus territorios. Simplemente identifica las señales que el vecino le deja para indicar su existencia, y las cruza en la tregua periódica de las épocas de celo.
Bien. Una de las formas de sociabilidad es básica, tanto que se aprende de cachorros: no hacer daño físico, porque en los juegos con sus hermanitos, se aprende lo que sufre si se muerde demasiado fuerte, o araña, o golpea, o le quita la comida... Esto último se puede debatir, por supuesto. Pero si no amenaza a la supervivencia y hay alimento o bebida suficiente, se comparte sin ningún problema. Así que una de las finalidades de los juegos con los semejantes de la manada, o de la tribu, o de la comunidad, es hasta qué punto un hecho puede calificarse como "daño" y experimentar eso de primera mano, para abstenerse de volver ahí en el futuro.. salvo si las circunstancias lo empujan (hambre, sed, lucha por la pareja, colaboración mutua frente a terceros o extraños...). La empatía, definida muy bien en la frase: "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí".
Toda generación joven debe adaptarse velozmente al medio para poder sobrevivir solos cuanto antes. Uno de esos aspectos es el social. El ser humano es un animal social. Vive con otros seres humanos en sociedad, en un espacio relativamente pequeño y concentrado, y colaborando con ellos para sobrevivir. Aún así, hay roces, desencuentros, abusos, violencias...
Aunque parezca mentira, el ser humano es empático por naturaleza. Nunca he visto cómo resultaría la experiencia, pero... me gustaría saber cómo se comportan un grupito de bebés de cierta edad entre sí, si vivieran solos en un espacio cerrado, sin influencias de los adultos: con comida y bebida suministrados a su entera voluntad y sus necesidades básicas cubiertas, me gustaría llegar a ver si realmente se hacen daño entre sí y hasta qué grado. Salvo por los mencionados juegos, curiosidad por saber y experimentar de primera mano qué se siente si se hace daño o se provoca daño, y si se insiste en ello una vez probado el método...
Uno de los rasgos fundamentales de la empatía es la culpa. No la culpa social, la que se presta a manipulaciones más o menos hipócritas y soterradas para conseguir fines retorcidos, sino el remordimiento íntimo. En muchos seres humanos emocionalmente adultos, el remordimiento por una forma de actuación pasada especialmente dañina hacia otros semejantes puede ser autodestructivo. Si se es consciente del sufrimiento que ha provocado, de las consecuencias de un fallo, distracción, dejadez, abuso, indiferencia, empecinamiento en el error, fanatismo... los recuerdos de su actuación vendrán a reconcomerle el resto de su vida. Dependerá de su forma de ser y de encarar las cosas el que dichos recuerdos le aguijoneen más o menos.
Por eso, en las guerras, en las batallas, los soldados que se enfrentan entre sí, los que ponen las manos, el cuerpo, las caras, los ojos... a destruirse mutuamente, son los que quedan más "tocados del ala". Y sin embargo, su actuación se anula para la posteridad. El mérito se lo quedan los generales, los oficiales, los que mantienen su visión preclara detrás de las líneas, ejerciendo sus estrategias más o menos acertadas, como una partida de ajedrez. Los vencedores regresan a sus palacetes colmados de honores, vanagloridados, ensalzados hasta la naúsea. Pero no así los soldados rasos, que dicho sea de paso, son la inmensa mayoría, el grueso del ejército. Y da igual si vencedor o vencido. Lo único que diferencia a un grupo de otro es quizá el destino que les espera y por supuesto, el trato que recibirán las cúpulas mandatarias, siempre al capricho de los vencedores.
Al margen de esta circunstancia extraordinaria (una guerrra es algo que no se da de forma habitual), lo que sí me llama la atención es el... "nivel de depravación" que puede llegar a tener una persona que vive al margen de la ley: un ladrón puede entrar en una casa y arramblar con todo lo que encuentra. Pero raras veces herirá con gran trauma físico a su víctima, mucho menos la matará. En el cine, en la literatura, es típica la expresión "líneas que no se cruzan". Y sin embargo... ¿ese ladrón no es consciente de que, si roba, el daño que puede causar en su víctima puede ser tan grande o más que si existiera un enfrentamiento directo de consecuencias trágicas? Piezas de alto valor sentimental, ahorros trabajosamente reunidos que se destinarían a una jubilación más o menos digna, o a la adquisición de un bien necesario, o a un proyecto costoso de futuro a largo plazo...
"Líneas que no se cruzan..." ¿por qué? Si se cruzan, ¿qué pasaría? ¿se encontraría en una zona de "no retorno"? ¿se trazarían más líneas?
Nuestros antepasados se veían muchas veces abocados a situaciones límite: luchas y asaltos para atacar y para defenderse, y por sí mismos en la mayoría de los casos, con lo que tenían a mano. Alerta casi constante. Aplicaban la pena de muerte sin muchos miramientos. Así que lo único que les quedaba en esta "barra libre" del ojo por ojo sería el remordimiento posterior por el dolor causado a la víctima.
En el cristianismo (hablo de esta religión porque fui educado ahí, y por tanto, sé a qué atenerme en cada momento... hasta cierto punto y a nivel personal, claro está) dicha culpa se trató de suavizar por medio de unos ritos, para que la vida continuase de una forma más o menos provechosa en el afectado y su entorno.
Así que creo que éste es el verdadero significado de la penitencia y del perdón. Actualmente son famosos los ejemplos de soldados que en el calor de la batalla y azuzados por sus superiores, causaron mucho dolor en su momento, y durante el resto de sus vidas intentan librarse de esos recuerdos que conforman casi todas sus pesadillas como de un manto espinoso y rígido pegado a sus cuerpos.
domingo, 3 de enero de 2010
Iconos cálidos: Rutger Hauer.
"Yo... he visto cosas que... vosotros no creeríais... Atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto... rayos C brillar en la oscuridad... cerca de la puerta de Tannhäuser.
Todos esos momentos... se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir."
Roy Batty ("Blade Runer", 1982)
Rutger Hauer ha hecho posible esto. Y se ha ganado un lugar privilegiado en mis recuerdos.
Todos esos momentos... se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir."
Roy Batty ("Blade Runer", 1982)
Palabras que siempre despertarán un aluvión de sentimientos contradictorios en mí. La escena más magistral de todo el cine que he visto. Suena friki, y me importa un bledo que así sea. Lo que importa es el reflejo ya asociado con la vitalidad más expresiva. Mientras sienta dicho reflejo, piense en la paloma blanca que salta volando a la lluvia de las manos del replicante; rememore la tensión de la persecución anterior para acabar así; recuerde la poderosa y amenazante silueta del rebelde saltando y cerniéndose sobre el herido... Mientras recuerde estas escenas y algo en mí se conmueva a continuación, el mensaje de esa gran obra no se habrá perdido del todo.
remachado bajo
Iconos cálidos,
Vitalidad
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Extremismos sociales basados en el trabajo.
Hoy en día, por desgracia, está de moda denominar a los extremistas (de forma o de fondo) fascistas, comunistas, nazis, neonazis, anarquistas...
Todos ellos tienen algo en común: intolerancia, predominio de la fuerza bruta sobre la razón, apego sin fisuras ni condiciones a una ideología, y sensación de pertenencia a un movimiento social con cuyos postulados se siente identificado.
Sin embargo, hoy, mientras realizaba una labor casera de gran tradición, típica de estas fechas (cascar almendras), he dejado que mis ideas fluyeran libres, sin ninguna guía.
Así que, relacionando ambos hechos, se me ha ocurrido una reflexión que quiero dejar aquí anotada. Por partes.
Todos ellos tienen algo en común: intolerancia, predominio de la fuerza bruta sobre la razón, apego sin fisuras ni condiciones a una ideología, y sensación de pertenencia a un movimiento social con cuyos postulados se siente identificado.
Sin embargo, hoy, mientras realizaba una labor casera de gran tradición, típica de estas fechas (cascar almendras), he dejado que mis ideas fluyeran libres, sin ninguna guía.
Así que, relacionando ambos hechos, se me ha ocurrido una reflexión que quiero dejar aquí anotada. Por partes.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Respuesta a "La grandeza nacional".
A continuación expongo mi comentario en la entrada "La grandeza nacional" del blog de dña Rosa María Artal "El Periscopio".
remachado bajo
Participaciones_extrablogueras,
Política
domingo, 6 de diciembre de 2009
Si a través...
Esta imagen me ha llamado mucho la atención: no por la belleza de las mujeres (indudable), ni por lo bucólico del paisaje (casi un tópico), ni por lo sensual y sexy de la postura... sino simplemente por cómo se miran ambas: la de arriba domina y lo sabe; puede conminar física y emocionalmente a la de abajo para su placer. Pero elige hacerlo con delicadeza y elegancia, respetando siempre la disposición de la "dominada". Y la de abajo responde, aceptando su papel en ese momento. Los "mirones" están de más. Y por supuesto, los hombres no tenemos nada que hacer ahí... Un falo hinchado y robusto entre ambas puede ser contraproducente.He visto muchas escenas lésbicas, heteros, tríos... sexys, tórridas, directas, cutres, complejas, elegantes, amateurs, etc., pero en ninguna como en ésta he apreciado la enorme complicidad que puede despertar para mirones extraños una pareja. ¿Sólo una pareja de mujeres puede transmitir algo así?
Puede que sea un montaje de los miles que corren por la red, pero no sé si por que estaba receptivo, sensible, harto o necesitado, el caso es que me he agenciado esta foto para comentarla aquí: dudo que sea un montaje... Quizá el fotógrafo lograse inspirarlas adecuadamente y "pillarlas", quizá en ese momento estuvieran íntimamente unidas y después continuarían con su contacto, con fotógrafo o sin él. Quizá al día siguiente ya no se acuerden una de la otra...
Ojalá una mujer me mirara así en algún momento, sin palabras y con esa alegría, conminándome con chispitas en los labios a que la deje hacer, que no me arrepentiré.
Ojalá yo pueda mirar y sonreír así a mi pareja, casi sorprendiéndola de repente y dejándome hacer lo que tengo en mente, dominando su tímida mano izquierda...
Ji, ji, ji... Aún a riesgo de recibir la callada por respuesta y tenga que recurrir al manido "cinco contra uno", ¿alguna (o algunas, en caso de pareja lésbica consolidada) se quiere aprestar como conejillo de indias para demostrarme que "eso" que sugiere esta imagen no es del todo falso...? No tiene porqué ser en una playa (soy de tierra adentro y por ahora no puedo desplazarme), bastará con una habitación de hotel...
remachado bajo
Sexo
sábado, 5 de diciembre de 2009
"¡BMW tenías que ser!"
O Audi, o Volkswagen, o Mercedes, da igual. Pero BMW es lo más típico. También incluyo en esta exclamación a los todo-terreno con ruedas como balones de playa y motores derrochadores.
El caso es que vengo constatando desde hace mucho tiempo que la mayoría de propietarios de un automóvil de esa marca son agresivos, prepotentes, maleducados y peligrosos. Hombres o mujeres.
Como si disponer "por fin" (o algo así) de un cacharro de esa marca les hiciera entrar en una especie de "club exclusivo" donde disfrutarían de unos privilegios que, al final, no son tales: guardan cola en atascos, sufren pinchazos y averías, y tienen que pasar la ITV como todo hijo de vecino. Con impuesto de lujo incluido, mantenimiento "exclusivo" (en precio), y demás gastos que conlleva. Y creo que eso les frustra. Y al final, eso se traduce en colarse sin pudor ni la más mínima cortesía, poniéndose en peligro a sí mismos y a los demás.
No es envidia. Para mí un automóvil sólo es una herramienta que me da la autonomía que necesito para sobrevivir en esta sociedad. Pero no estoy dispuesto a pasar por el aro de considerarlo mi "segunda casa", como parecen intentar pregonar en sus griteríos publicitarios. Y de entramparme hasta las cejas para ostentar esa marca, por muy cómodo, prestigioso, de diseño, potente, equipado, etc., que sea un automóvil suyo.
Me basta y me sobra con mi "Malena", una Renault Kangoo de segunda mano, con sólo aire acondicionado como "extra". Ni elevalunas eléctricos, ni cierre centralizado, ni mando a distancia, ni focos halógenos, ni calefacción hasta en la caseta del perro. Sólo útil.
remachado bajo
UEC
jueves, 3 de diciembre de 2009
U. E. C. (Una Entrada Cualquiera).
Tuvimos un Siglo de las Letras, que nos dio a Cervantes y Quevedo, entre otros. Y éste es el Siglo de las Siglas: reducir los nombres a sus iniciales, y usar la nueva composición como una palabra más, con sus plurales y su género, aunque dichos nombres sean en lenguas extranjeras, sobre todo inglés. Un paso más en la evolución del lenguaje.
Así que declaro inaugurado en este blog (intentando no caerme de inflado y superfluo) la etiqueta "U.E.C.": "una entrada cualquiera", en la que escribiré cualquier chorrada-reflexión-pensamiento-pataleo que considere oportuna (es decir, porque me da la gana).
Bien. Toco la noticia que corre por todo internet hispano y no hispano (insólito, ¿verdad...?, pero cierto) sobre esa idiotez de que el gobierno español puede cerrar blogs, sites, webs, etc., sin previo mandamiento judicial...
Vamos a ver. Reflexiones:
1.- La polvareda que ha levantado es enorme. No hay blog o sitio web que no se considere importante, que no haya incluído un "Manifiesto" contra esto. Eso ya me levanta sospechas: ¿es más importante esta ley que otros problemas más serios, como el paro, la lamentable política de exteriores de España, la corrupción de los poderes y representantes, etc., etc., etc.? ¡Que es una ley, y no creo que pase de una mera declaración de intenciones, o un intento, o un tanteo...! ¡Que se puede revocar y convertirse en papel mojado, o caerse por sí mismo...! Es importante reaccionar, sí, pero lo que más me cabrea es que asuntos más graves no levanten igual revuelo.
2.-¿A quién beneficia realmente esto? La $GA€ tiene los días contados, por sus tremendas meteduras de pata, su estructura de pseudo-mafia, su gran impopularidad... ¿Al gobierno o partido en el poder, el PSOE? De momento, están copando internet con esto, distrayendo a la atención pública y colapsando una valiosa y enorme herramienta que la gente tiene a su disposición. ¿Al partido en la oposición, el PP? Esos ni se merecen que los nombre, recua de corruptos y mangantes, pero maldita sea la gracia por proporcionarles munición válida.
3.- Habida cuenta de lo anterior, ¿será una especie de "experiencia piloto", que otros países con más solera democrática tienen intención de aplicar, pero que temen "quemarse"? Salvando las distancias, y mirándolo sin pasiones, ya ocurrió anteriormente algo parecido con la Guerra Civil: pocos meses después de terminada, empezaba la Segunda Guerra Mundial.
4.- Los poderes fácticos (petroleras, telecomunicaciones, construcción, eléctricas, bancos...) no hacen nada porque sí. Si han propiciado esto, es porque han contado con esta reacción, a ver qué cae, y saben muy bien qué caerá (o quiénes).
Por la reflexión 4.-, se ve que soy partidario de la "teoría de la conspiración". Y tal vez sea así, tal vez sea una consecuencia de mi tendencia a "intentar ver" qué demonios hay detrás de cada cosa, sea cual sea, y no quedarme satisfecho nunca... temiéndome siempre lo peor (y muchas veces se cumple, para mi desgracia...)
Así que declaro inaugurado en este blog (intentando no caerme de inflado y superfluo) la etiqueta "U.E.C.": "una entrada cualquiera", en la que escribiré cualquier chorrada-reflexión-pensamiento-pataleo que considere oportuna (es decir, porque me da la gana).
Bien. Toco la noticia que corre por todo internet hispano y no hispano (insólito, ¿verdad...?, pero cierto) sobre esa idiotez de que el gobierno español puede cerrar blogs, sites, webs, etc., sin previo mandamiento judicial...
Vamos a ver. Reflexiones:
1.- La polvareda que ha levantado es enorme. No hay blog o sitio web que no se considere importante, que no haya incluído un "Manifiesto" contra esto. Eso ya me levanta sospechas: ¿es más importante esta ley que otros problemas más serios, como el paro, la lamentable política de exteriores de España, la corrupción de los poderes y representantes, etc., etc., etc.? ¡Que es una ley, y no creo que pase de una mera declaración de intenciones, o un intento, o un tanteo...! ¡Que se puede revocar y convertirse en papel mojado, o caerse por sí mismo...! Es importante reaccionar, sí, pero lo que más me cabrea es que asuntos más graves no levanten igual revuelo.
2.-¿A quién beneficia realmente esto? La $GA€ tiene los días contados, por sus tremendas meteduras de pata, su estructura de pseudo-mafia, su gran impopularidad... ¿Al gobierno o partido en el poder, el PSOE? De momento, están copando internet con esto, distrayendo a la atención pública y colapsando una valiosa y enorme herramienta que la gente tiene a su disposición. ¿Al partido en la oposición, el PP? Esos ni se merecen que los nombre, recua de corruptos y mangantes, pero maldita sea la gracia por proporcionarles munición válida.
3.- Habida cuenta de lo anterior, ¿será una especie de "experiencia piloto", que otros países con más solera democrática tienen intención de aplicar, pero que temen "quemarse"? Salvando las distancias, y mirándolo sin pasiones, ya ocurrió anteriormente algo parecido con la Guerra Civil: pocos meses después de terminada, empezaba la Segunda Guerra Mundial.
4.- Los poderes fácticos (petroleras, telecomunicaciones, construcción, eléctricas, bancos...) no hacen nada porque sí. Si han propiciado esto, es porque han contado con esta reacción, a ver qué cae, y saben muy bien qué caerá (o quiénes).
Por la reflexión 4.-, se ve que soy partidario de la "teoría de la conspiración". Y tal vez sea así, tal vez sea una consecuencia de mi tendencia a "intentar ver" qué demonios hay detrás de cada cosa, sea cual sea, y no quedarme satisfecho nunca... temiéndome siempre lo peor (y muchas veces se cumple, para mi desgracia...)
remachado bajo
Política,
Presentación,
UEC
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



