miércoles, 15 de mayo de 2013

Felicitación navideña laboral 2011

 

De: xxxxxxxxxx@empresa.com

Datos adjuntos23/12/2011

Para: lista_oficina@empresa.com, lista_empresa_externa@empresa.com, lista_empresa@empresa.com

« Sólo aquellos que nada esperan del azar son dueños de su destino »

Arnord Matthew

Feliz Navidad y un 2012 lleno de ilusión es mi deseo para el futuro

Un cordial saludo

(logo empresa)

Xxxx Xxxx Xxxxxxxx

Director General

Tel: +34 xxx xx xx xx    Fax: +34 xxx xx xx xx  www.(EMPRESA).com

Parque Empresarial X

C\ X nºX, edificio X, planta X

X X, España

Ingeniería-Instalaciones-Servicios

Q Antes de imprimir este mensaje, asegúrese de que es necesario. Proteger el medio ambiente es cosa de todos.

En función de la LEY ORGÁNICA 15/1999, este mensaje de correo electrónico y sus documentos adjuntos están dirigidos EXCLUSIVAMENTE a los destinatarios especificados. La información contenida puede ser CONFIDENCIAL y/o estar LEGALMENTE PROTEGIDA y no necesariamente refleja la opinión de (EMPRESA). Si usted recibe este mensaje por ERROR, por favor comuníqueselo inmediatamente al remitente y ELIMÍNELO ya que usted NO ESTA AUTORIZADO al uso, revelación, distribución, impresión o copia de toda o alguna parte de la información contenida. Gracias.

This e-mail message and any attached files are intended SOLELY for the addressee/s identified herein. It may contain CONFIDENTIAL and/or LEGALLY PRIVILEGED information and may not necessarily represent the opinion of (EMPRESA). If you receive this message in ERROR, please immediately notify the sender and DELETE it since you ARE NOT AUTHORIZED to use, disclose, distribute, print or copy all or part of the contained information. Thank you.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

De: (fantasma de la ópera)

Datos adjuntos25/12/2011

Para: xxxxxxxxxx@empresa.com

Estimado sr. X:

Muchas gracias por este detalle de felicitación navideña. En los seis años que trabajé en su empresa, nunca he recibido algo así por parte de Vd. Comprenderá el grado de mi sorpresa, casi estupefacción, al comprobar que aún consto en su base de datos, toda vez que fui despedido hace un año y seis meses aproximadamente. Y aunque en todo este año que ahora termina tan sólo me he referido a Vds. para solicitarle al sr. Y un mero trámite burocrático (certificado de retenciones del IRPF del pasado año 2010), me congratula comprobar que aún me tienen en su listado de... de... no se me ocurre término exacto, ni siquiera sinónimo que se le acerque, aquí confieso con toda sinceridad mi ignorancia.

Sepa Vd., sr. X, que en el contexto actual en el que personalmente me encuentro, esa frase que cita del tal Arnold Matthew me suena bastante a recochineo cínico y provocador. Llevo año y medio en paro, el mismo tiempo que llevo independizado (sí, justo cuando me entregaron las llaves del piso largamente anhelado y esperado, Vds. me entregan la carta de despido). No entro a analizar las causas por las cuales se me despidió, eso lo sabe Vd. mejor que yo, ya que un humilde servidor no disponía de información privilegiada ni de contactos por los que hacerme valer. Pero sí le menciono que, en los años que he estado trabajando para su empresa, he puesto todo el ahínco, interés, esfuerzo y demás en cumplir con mi trabajo. Nunca me he quejado cuando me venían mal dadas (por ej., cuando corría urgencia la entrega de la obra X, o la ampliación de la empresa Y, en que trabajaba sábados y domingos en largas jornadas agotadoras, o se me proporcionaban de forma habitual herramientas defectuosas o material insuficiente y yo sacaba la faena como buenamente podía). Pero dadas mis circunstancias personales (minusválido sensorial con depresión recurrente, lo cual me hacía especialmente sensible y vulnerable a roces típicos con compañeros y superiores en un ambiente cuasi-carcelario, con resultado de bajas médicas), evidentemente eso no bastó para salvarme de la crisis que estamos padeciendo.

La sensación de impotencia que sentí entonces y que siento ahora al escribir estas palabras, reviviendo aquello, hace que no sea precisamente "dueño de mi destino", como afirma la mencionada cita. Cuando el azar me golpea con dureza inmisericorde (despido+hipoteca+depresión+sordera parcial+casa sin equipar -los muebles no se comen ni pagan la hipoteca cuando se está en las últimas y se sobrevive con ahorros- +aislamiento social) yo no puedo esperar del azar más que una degradación implacable y cada vez más inminente, contra la que me encuentro completamente indefenso y bloqueado para reaccionar e intentar salir de ésta por mis propios medios.

Pero todo esto es una mera interpretación de esa cita del sr. A. Matthew, que como todas las citas son interpretadas según el cristal con que se mire.

Lo que sí me atrevo a echarle en cara, Sr. X, es su contribución a ese obsceno fenómeno mediático que es el Real Madrid C.F. y su "estrella" Cristiano Ronaldo(*). Contribución que espero sea involuntaria por su parte, pero contribución al fin y al cabo, y que además presupongo de un volumen extraordinario: las ganancias que obtiene de los negocios que emprende Vd. a lo largo y ancho del globo. Todo legal, por supuesto, pero en el contexto actual de crisis, con millones de desempleados en el país, uno de los cuales se alza para manifestarle por la presente la absoluta inmoralidad de semejante disparate social, económico y empresarial.

Porque no dudo de su espíritu emprendedor, Sr. X, completamente fundado y enérgico. No obstante, a un nivel más entre el suyo y el mío, destaco la cantidad de trepas, caraduras y lameculos inútiles de los que se rodea Vd. Algunos de los cuales acceden a sus puestos como resultado indirecto de suculentos negocios de mantenimiento realizados con padres, hermanos, amigos, etc. de los mencionados, que ocupan puestos de gran responsabilidad en el otro lado de la mesa de negociaciones.

Enchufados que, por lo que veo por su email, no realizan su trabajo con eficacia. No se han molestado en "filtrar" ni actualizar las listas de emails de su empresa, apareciendo yo en ellas sin motivo válido alguno.

Supongo que la presente se perderá en su buzón electrónico por el gran volumen de su correspondencia y lo valioso de su tiempo, o será filtrada por comandos de software o bien censurada previamente por algún empleado suyo, o bien ignorada por Vd. mismo, así que todo este esfuerzo será en vano. Pero mi tiempo es mío, y considero adecuado aprovechar el espontáneo puente de comunicación tendido entre Vd. y yo y escribirle la presente.

Le deseo también con toda sinceridad un feliz y próspero (nunca mejor dicho) año nuevo 2012 para Vd., su familia y su empresa, ya que he precisado de estos días pasados, entre los que se incluye Navidad, para preparar esta respuesta y afinarla lo más convenientemente posible.

Un saludo.

(Fantasma de la Ópera).

Parado sin ilusión.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

De: xxxxxxxxxx@empresa.com

25/12/2011

Para: (Fantasma de la Ópera)

Estimado Sr (de la Ópera)

Lamento profundamente este error que en ningún caso pretendía molestarle

Le deseo un feliz 2012 y lo mejor para el futuro

Xxxx Xxxx Xxxxxxxx
Director General
(EMPRESA)

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

(*): la (EMPRESA) pertenece al grupo ACS, de la cual es presidente Florentino Pérez, que también preside el Real Madrid C.F.

domingo, 5 de mayo de 2013

Puesto de trabajo: peón de embalaje industrial.

Estaba paseando por el centro de la ciudad, cuando me llamaron al teléfono móvil. Se presentaron como una E.T.T. (Empresa de Trabajo Temporal) de cuyo nombre no quiero acordarme, y me preguntaron por mi situación laboral en aquel momento. En paro. Cambiaron ligeramente de tono, y me preguntaron si era animoso, si tenía ganas de trabajar, si estaba dispuesto a ganar 300.000 pta/mes, una auténtica fortuna, pero que para ello debería dar lo mejor de mí mismo, que se arriesgaban mucho y debía corresponderles poco menos que besándoles los pies a la empresa donde supuestamente iba a trabajar. Y la cosa pintaba bien, porque dicha empresa no era un mindundi, tenía renombre y mucho peso a nivel nacional e internacional, prestigio y futuro. El trabajo, según me dijeron, era duro, a turnos rotatorios (mañana/tarde/noche/fin de semana), y en condiciones bastante insalubres (casi como trabajar en una fundición o en la minería, sólo para dar una idea), por eso pagaban tanto. Por supuesto, no tenía nada que ver con mi profesión habitual, electricista. Como la sede de la E.T.T. estaba cerca, quedamos en media hora. En cuanto colgué el teléfono, di el corte de mangas más gigantesco mentalmente hablando a mis estudios, mi profesión y mis esfuerzos por aprender y dominar los trucos de buen electricista, y me dirigí raudo a la sede.

Situada en plena plaza central de la ciudad, en la primera planta de un edificio con solera, subí y me encontré con el primer tic nervioso: un montón de jovencitos y jovencitas yendo de aquí para allá, en una especie de frenética actividad que yo capté enseguida como forzada; mesas desperdigadas en una especie de planta diáfana con sus ocupantes rellenando papeles, hablando por teléfono o entrevistando a mocosos prepúberes con la mirada más perdida que cordero solitario en el campo; en una mesa un poco apartada, uno mirando un vídeo de seguridad laboral, al que prestaba una atención simulada y tomando notas en un papel, mirando en derredor por si alguien se fijaba en él. No recuerdo nada más, de esto hace ya aproximadamente 10 años. Pero sí recuerdo que me pasaron a un despacho y allí me hicieron una entrevista un tanto estúpida, preguntándome si era feliz, si tenía muchas, muchísimas ganas de trabajar, cuáles eran mis motivaciones verdaderas en la vida, mis proyectos tangibles, etc. Algo en mí no convencería a la entrevistadora para ese puesto de trabajo en concreto, por lo que me propusieron pasar mi expediente a una subsidiaria de aquella empresa. Me encogí de hombros y acepté, no tenía nada que perder.

Al poco rato de salir y continuar mi paseo, me llaman de nuevo. Era otra E.T.T., no tan conocida como la anterior, a la que habían pasado mis datos. El trabajo también era duro, embalaje de perfiles de aluminio extruido en piezas de seis metros, a turnos más bien extraños (uno rotativo semanal entre mañana/noche, y otro fijo de tarde), y mucho peor pagados. Un solo autobús de empresa, que partía del centro de la ciudad. Condiciones leoninas para los que íbamos por parte de la E.T.T., ya que por convenio laboral aparte, no sé si legal o no, la plantilla directa no guardaba los descansos contemplados por ley, ocho horas seguidas a piñón fijo, ni para almorzar, ni para sentarse, y no digo para ir a servicio porque por ahí no estaba dispuesto a comprobarlo: yo iba, y si me decían algo, les contestaba como se merecían. A cambio, la empresa abonaba esos descansos. A los directos, no a los de E.T.T. A mí personalmente no me dijeron nada cuando entré, no se me avisó de esa excepción, además de por supuesto tener que cumplirla sí o sí cuando llegó el momento de comprobar en mis carnes la cruda realidad.

La inmensa mayoría de compañeros temporales eran extranjeros: rumanos, marroquíes y sudamericanos. Me pusieron bajo la tutela de un marroquí de muy malas pulgas que no sabía leer ni escribir, que nadie quería trabajar con él, y al cabo de dos semanas yo no era excepción.

Luego estaba el trato dado por la E.T.T. Un joven gordo trajeado y con falso y firme halo decidido, se paseaba por la plantilla, un rato mañanas y tardes, resolviendo cuantas dudas salieran entre nosotros, comprobando si estábamos todos los días presentes, hablando con los encargados, con los responsables bajo ellos y por encima de nosotros, con los responsables de la E.T.T., con nosotros cuando debíamos hacer horas extras en sábado, en domingo o en festivo. Delante de mí, hubo una encendida discusión entre él y un compañero acerca de si al día siguiente festivo debíamos trabajar porque el compañero no había pedido expresamente que guardaba festivo…

El ambiente era frío, de sabores metálicos, aristas cortantes y trato duro. Luces amarillas y altas, con sombras difusas. Ruido estruendoso de prensas, rodamientos, cizallas, pistones, acoplamientos neumáticos constantes. Los encargados de turnos de secciones se hacían la puñeta y se tragaban lo mínimo entre sí. El hijo del dueño o principal accionista se paseaba por toda la plantilla y preguntaba si nos veía solos, dónde estaba nuestro compañero (se trabajaba por parejas). Los riesgos laborales se corrían de forma habitual, pese a mis reservas: si tenía que coger un carro que estaba bajo una carga colgante suspendida de una grúa, se cogía; el encargado me decía que ya sería casualidad que en el preciso momento en que yo cogía el carro, se soltara esa carga, matándome ipso facto. El mismo encargado que acompañado por detrás del hijo predilecto, me abroncaba si tardaba más de cinco minutos en volver al puesto de trabajo, y luego en privado me dijo que no pasaba nada, que había sido un malentendido.

Cada viernes a partir de mediodía, los de las E.T.T.s (habían dos en aquel momento) nos agolpábamos ante los tablones de los vestuarios para saber qué turno nos tocaba la siguiente semana. Las preguntas, las quejas, las sugerencias, se sucedían en todos los idiomas. El joven gordo trajeado venía y nos atendía a todos… hasta que una semana, casi cuatro después de empezar yo allí, las listas eran extraordinariamente cortas, y el joven no compareció. Muchos no veíamos nuestros nombres, y preguntábamos a nuestros encargados de E.T.T., que se les notaban incómodos y cortantes. Así fue como me enteré de que prescindían de mis servicios.

Una cosa positiva sí saqué: el apellido del marroquí que me amargaba la existencia desde el comienzo al fin de la jornada, era sonoro y encajaba bien en las nominaciones exóticas que buscaba constantemente para mis numerosos personajes, poblaciones, mitologías… que poblaban y pueblan mi imaginación.

Suelo acompañar mis entradas con una imagen, pero no he encontrado ninguna que se adecúe a lo que aquí expreso: una cadena de trabajo extralarga con tan sólo dos operarios, que transmita frialdad, indiferencia, cansancio, con segundos planos de suciedad amarillenta generalizada, abundantes montones de virutas grasientas, y tan sólo brillo y limpieza en el producto: perfil de aluminio recién sacado del molde, enfriado y cortado. Me ha sido imposible.

Como he probado todas las opciones de búsqueda en internet que se me ocurrían, una de ellas era nombrar dicha empresa. Supongo que pasará igual con todas las demás de ese cuño, pero la inmensa mayoría de imágenes que salían relacionadas eran de… ¿imagináis de qué? grupos de trabajadores de su plantilla que defendían el convenio laboral. Y eso ha supuesto la puntilla anímica a esta entrada: ¿con qué autoridad defienden “sus” derechos, si permiten que supriman el descanso obligatorio en medio de una jornada de ocho horas, aunque se les abone dicho descanso? ¿con qué cara debo quedarme yo al ver sus protestas, si ellos mismos no hacen nada cuando delante de sus narices hay gente por E.T.T. que trabaja en condiciones mucho peores que las suyas? Andad y que os den, sindicatos de mierda. Ojalá os quiten los “privilegios” de que disfrutáis y decís defender por el “bien general”.

Te quitaba esa sonrisa de un bofetón, si supieras en qué condiciones laborales se ha montado ese armazón.

domingo, 17 de febrero de 2013

Nota social.

Hace poco escribí un email a todos mis familiares y amigos con los que tengo trato habitual.

Hola.

Aquí mando el enlace del vídeo de la magistral intervención de esta señora que, con los ovarios bien puestos, ha puesto en su lugar al Congreso.

https://www.youtube.com/watch?v=p0iS3fL42g0

Por favor, miradlo por completo y divulgadlo. Dura casi 3/4 de hora, pero no tiene desperdicio. Engancha desde el principio, desgrana palabras valientes y realistas, y no se achanta ante nadie, diciendo las cosas por su nombre.

Quizás incomode un poco su abuso de coletillas, producto de su nerviosismo y su falta de costumbre al ceñirse al lenguaje oficial que usan en esos sitios, pero eso en el fondo es un aliciente para comprobar la importancia de lo que comunica, ya que a ella le importan poco las formas, e intenta atenerse constantemente a lo que dice, y subraya lo mucho que se tiene que callar por no perderlas y por aprovechar el tiempo de la comparecencia al máximo.

Una cosa más: a veces, sobre todo después de la primera media hora, la reproducción del vídeo se para en seco y sale un aviso de Youtube diciendo que ese vídeo no está disponible. No hagáis caso: dad a "retroceder" en el navegador y ejecutad otra vez la visión del vídeo, adelantando el cursor hasta el momento de ese error de Youtube, y vedlo y escuchadlo por completo. Si tras el final, estáis interesados en ver cómo siguió esa sesión, o cómo comenzó, podéis acudir a los "vídeos relacionados" que aparecen en la columna de la derecha.

Lo del error de Youtube lo digo porque tengo que verlo cada día para infundirme algo de esperanza. Esperanza por la justicia, por que impere la cordura, el sentido común y la solidaridad. Tengo que verlo cada día a modo de oración matutina-desayuno mental, para infundirme de la facilidad de la palabra hablada, de tener claro cuanto se quiere decir, que tanto echo de menos en mi vida.

Sé que el email es un medio muy depauperado entre vosotros, que estáis por el What's app, por los textos breves e inmediatos, y por que os lo den todo masticado, al instante y sin necesidad de pensar. Pero... quiero haceros partícipe de una reflexión: como bien deja entrever esta señora, se está acercando un estallido social. Y yo personalmente estaré en primera fila por la cuenta que me trae. Así que actuad conforme a vuestras aletargadas conciencias y ateneos a ellas. Yo lo haré con la mía, caiga quien caiga.

Un saludo.

Sólo añadir una conclusión: en todas mis anteriores entradas, he mantenido un tono y una postura más o menos conciliadoras, tolerantes, lejos de radicalismos y de visceralidades. Pero con las últimas palabras, dejo entrever que eso ya no es así. Y es cierto: nos están radicalizando. A mí se me ha agotado la paciencia, y me falta esto ( ) para echarme a la calle y empezar a dar patadas a los coches blindados oficiales en que suelen ir los banqueros, políticos, directivos de empresas y demás morralla dirigente, y al diablo con las consecuencias.

P.D.: Actualización: buscando entre vídeos relacionados, he encontrado éste que deseo incluir aquí.

https://www.youtube.com/watch?v=2S0AV-AHfww

Que es la respuesta de esta señora a las diferentes intervenciones posteriores a la suya por parte de los presentes, y que viene a añadir más detalles a esta tragedia social.

lunes, 17 de diciembre de 2012

“¿Quién es Arturo?”

Hace dos meses aproximadamente, una mujer me escribió a raíz de leer un blog mío al que llegó por pura casualidad. Se interesaba por mí, por mis circunstancias actuales, mi estado sentimental, me preguntó si era feliz. Yo le respondí con cortesía, pero con toda sinceridad, breve y tajante, saliéndome una especie de ladrillo que venía a plantar los pies en la tierra. No era feliz, tenía muchos problemas que afrontar, me veía incapaz de despegar anímica y sentimentalmente, incapaz de prosperar... No obstante, ella insistió, y...

Bueno, dos meses después, en el que tuvimos nuestros más y nuestros menos, dos encuentros intensos y una amistad a toda prueba, me ha escrito lo siguiente para que lo publique aquí, en mi blog. En nuestro último encuentro, tras una observación mía completamente espontánea, me miró a la cara y con un ojo abierto, el otro semicerrado, y media sonrisa, dijo: "-Tenemos que buscarte novia".

Lógicamente, por discreción y caballerosidad, no diré nada más excepto que es una auténtica dama, alguien por quien muchos hombres perderían la cabeza y el corazón no sólo por su cuerpo, sino sobre todo también por su coraje, nobleza y tenacidad, forjadas en duros trances vitales.
 
Hola a todas aquellas mujeres que busquen a alguien especial en sus vidas, alguien que les haga sentir, alguien que les cuide, alguien que despierte todo su potencial sexual... quiero hablaros de Arturo, un hombre maravilloso que ha sido mi amante y con el que, por circunstancias de la vida, no puedo estar. 
Quiero hacerlo, porque añora una nube, en forma de mujer, que pueda llenar su soledad y sea capaz de quererle cono merece. 
Para todas aquellas, que aun creáis que podéis encontrar a una persona especial, va dirigido este post.
 
Arturo, tiene la piel suave, los ojos luminosos y profundos, cuando esta contento.
Arturo, tiene la risa alegre, joven y jovial, que siempre acaba, en una carcajada incontenible.
Arturo, tiene los labios gruesos, y los utiliza, para colmarte de besos.
Arturo, es sensible, en todas las facetas de su vida.
Es sensible cuando te escucha
Es sensible cuando escribe
Es sensible cuando te toca
Es sensible cuando te ama
Arturo, es un gran amante, entregado, ocurrente, hábil , muy, muy salido, complaciente, cariñoso, muy generoso y una vez mas, sensible.
 
Arturo, es sincero, buena persona, y respetuoso con todo el mundo.
Arturo, es de verdad.
Arturo tiene opinión sobre todas las cosas, normalmente acertada.
Arturo, tiene una capacidad de amar ilimitada.
Arturo tiene, secretos ocultos, maravillosos secretos...que te hacen vibrar...
Arturo, te puede hacer sentir, como una reina, adorada, especial, sexy, femenina, guapa y mujer totalmente mujer.
Arturo, tiene defectos, como todo el mundo, pero tu, puedes ayudarle a superarlos.
 
Arturo, es alguien con el que siempre puedes contar, por que siempre te dará, lo mejor de el.

Y esto es todo. No queda más que agradecer muy sinceramente el apoyo que he recibido, una muestra del cual es este texto, valioso para mí como pocos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Ya estás aquí otra vez?

Y te irás otra vez, sí. Cuanto antes mejor. Pero te conozco demasiado bien, no me soltarás hasta haberme sorbido toda la sangre, toda mi ansia de vivir.

¿Un simple y pequeño tropiezo, y te cuelas y te adueñas de todo? Pues vale. No soy una máquina perfecta. Es un error muy común intentar mantener siempre el mismo nivel de ánimo, día tras día. En ocasiones no me percato de ello, y empiezo a quemar las naves para mantener dicho nivel, sea a costa de lo que sea; por tanto la caída posterior será más grande y dolorosa.

Pero siempre me levantaré y volveré a tender a mi perfección, a mi humilde proyecto del día a día.

¿Colocas un cristal gris allí donde intento ver luz? Pues vale. Sé que al final lo quitarás, y entonces la luz entrará con más fuerza que nunca en mí. Y aunque sé que volverás a ponerlo mucho más adelante, intentaré que los momentos de luz sean más intensos. Que esperarlos sea el principal motivo de mi resistencia a tus embates.

¿Desvías mis razonamientos hacia los rincones más hundidos? Pues vale. A veces ahí también se encuentra la luz. A veces es necesario bañarse en la oscuridad más tangible para rehacer los ojos y apreciar pequeños brillos allí donde no es posible distinguirlos por la refulgente luz que creo es mi motor diario.

Y subiré, y volverá a alumbrarme, pero ahora sin mirar fijamente y prestando más atención a los detalles.

¿Me bloqueas mental y casi físicamente? Pues vale. Si me quitas las fuerzas, no sirve de nada pelear. Adelante, cébate en mí, quítame la sangre, como decía al principio. No voy a intentar pelear porque estás tan metido en mí, tan infiltrado, que veo las ramificaciones de tu hediondo líquido por mi parcela, mi cuerpo y mi fantasía.

Pero también sé muy bien que te irás, y que cuando te vayas, te llevarás contigo todo eso, y me dejarás como nuevo, listo para que lo invada la luz, la alegría y las ganas de vivir y de compartir.

¿Te cebas en mis pasos en falso, en los dos pasos atrás que debo dar por cada tres que doy de buena gana? Aunque hayan transcurrido un mes o veinte años. Pues vale. Cada intento que hago de conocer gente, de entablar una simple conversación, ya es un paso valioso en sí. Si lo di por instinto, si me lancé al vacío sin distinguir el fondo ni sus límites, eso que me queda, el paso en sí, y no podrás quitármelo. Igualmente cada decisión que tomo, y que con el tiempo se revela el error y que tú intentas magnificar, es parte de mi condición de no-máquina. Aparte, incluso las máquinas también se equivocan, sólo que ellas siguen machaconamente a su ritmo pese a que se autodestruyan al estar con sus rígidas condiciones de funcionamiento alteradas.

No tienes ningún poder sobre mí, excepto quizás el ser parte indivisible de mi forma de ser.

tumblr_lssxkxNb6o1qbcporo1_1280

miércoles, 2 de mayo de 2012

Juegos de guerra.

Llevaba tiempo con la idea de escribir algo sobre esto. Hace algunos meses me dí de alta en Team Fortress 2, un juego multijugador con múltiples opciones de equipamiento, habilidades, resistencias, debilidades, caracterizaciones, armas, defensas y demás. Para jugar ahí se debe poseer una cuenta en Steam, que habilité hace algunos años cuando adquirí un paquete cuyo atractivo principal por aquel entonces era “Half-Life 2”, un juego de ciencia-ficción ambientado en una cruel dictadura y personificando a un científico gafe que en la primera parte, “Half-life” (a secas) había supuestamente desencadenado los cimientos de dicha dictadura. Este juego me absorbió durante mucho tiempo, fascinado por la lucha a cuatro bandas: por un lado la resistencia, partisanos médicos, científicos y mecánicos, donde estaba el protagonista; por otro la alianza, soldados uniformados y bien equipados y robots duros y letales; por el tercero los zombies y los bichos viola-cabezas que provocan el cambio, y por el cuarto las hormigas león, insectos del tamaño de mastines que surgían de la arena, con sus tremendas “guardianas” al frente. Lo jugué y lo volví a jugar hasta que sus limitaciones me constriñeron, se hicieron demasiado repetitivas, previsibles y evidentes.

Cuando adquirí el paquete, en él se incluía Team Fortress 2, y lo activé y lo probé, no quedando nada convencido del resultado, comparado con otros juegos de que disponía entonces. Lo dejé aparcado, hasta que hace poco lo retomé y me impliqué a fondo: me hice hasta donde pude con las habilidades y limitaciones de cada personaje (nueve en total), favoreciendo a unos y sintiéndome incómodo con otros.

Como es multijugador, nunca acaba, no como los mencionados en el primer párrafo (Half-life 1 y 2, Doom 3, Quake 4, Wolfenstein, y todos sus “mods” o derivados), con principio y final, niveles cada vez más difíciles conforme se avanza, armas nuevas, enemigos más duros.., pero cuando se llega al final, se acaba. Ya no hay más. En cambio, en multijugador nunca se acaba. Se está en el mismo nivel, o se avanza todos juntos, o en dos equipos, o todos contra todos, etc., pero cuando se completa un nivel, se repite desde el principio o se toma otro mapa.

2012-04-26_00001

Hasta aquí normal. Si se puede llamar normal esta afición que da mucho de sí pero no es productiva ni socialmente valorada.

Pero un servidor, en su… fantasía, sensibilidad, empatía… no sé muy bien cómo llamarlo, se quedaba cada vez más y más impresionado con cada juego que estrenaba, con cada nivel que alcanzaba, con cada mapa que se abría ante él… Entre las cuatro insípidas paredes que es su vida actual, eso significaba lo que para muchas otras personas un viaje a un lugar exótico, un descubrimiento alucinante, una persona recién conocida que le remueve algo especial, un trabajo o proyecto nuevos, una ilusión planteada… Y no podía sustraerse al encanto de explorar todos y cada uno de los rincones que presenta un mapa, por oscuro y complicado que sea, con sus secretos, sus sustos, sus dilemas o acertijos, y quedarse literalmente fascinado ante la visión de algo nuevo, hasta que se hacía con él y seguía forzosamente adelante… En “Doom 3” por ej., probar todas las combinaciones posibles para abrir un armario o sala especial; en “Half-life” dejarse llevar por el vértigo al entrar en una dimensión alienígena con reglas de la gravedad distintas y con paisajes extraños, casi oníricos; en “Half-life 2” sentir el apoyo de compañeros, que aunque sean cachos de programas puros y duros, le ayudan o mueren a su alrededor, se siente con la responsabilidad de llevarlos a salvo; en “Team Fortress 2” ser parte de un equipo, con compañeros mucho más hábiles que el, pero que con su modesto apoyo (como médico por ejemplo), se puede ganar y saborear la victoria en grupo sin ningún tipo de complejos, siendo caballeroso con los vencidos y no matarlos ni dañarlos entre el fin de la partida y el comienzo de la siguiente, o bien si se es vencido, esperar que los vencedores no le hagan daño ni se regodeen mucho en ese mismo periodo…

shot00003

Todo esto viene a cuento de lo que significó para mí la reciente descarga de un nuevo juego, “Call of Duty Modern Warfare” (más bien una demo caducable… el juego original cuesta un riñón, y eso que es un versión multijugador de “Call of Duty”, otro juego que ocupa lo suyo, tiene mucha solera detrás y es más caro aún). Follajes, ruinas, armas, movimientos, equipos, realismo… la madre que los parió, qué agobio. Se cumple la premisa de no ver al enemigo que me domina y me mata. Así como en los juegos anteriores se ve al enemigo, o se distingue, o incluso se presiente, aquí no. Pero esto es parte del juego, y como tal se asume.

ss_530a9232c9fc6144fa7a6ef03c7bc822acdc180b_1920x1080

Lo que ya no veo tan bien es la banalización de la guerra. Jovencitos con sobrepeso, pálidos, ojerosos, solitarios y malhumorados que juegan a ser auténticos soldados entrenados que sudan, matan y mueren en batallas. Que no sufren en absoluto el miedo, el frío o el calor, el dolor de las heridas o mutilaciones, el cansancio, el esfuerzo, el hambre, la sed, la falta de sueño, la presión, las pérdidas de compañeros, la mala organización del mando, suministro o fallo de las armas, su peso, limitaciones y mantenimiento; el abuso de poder, ineptitud y corrupción de oficiales y suboficiales, y tantos y tantos otros traumas que se dejan de lado.

Qué cosas, pensé. Juegos de guerra así tienen éxito tremendo, y juegos eróticos o sexuales son censurados y no tienen ni la décima parte del éxito y el desarrollo que tienen los anteriores.

Si a todos esos jugadores los llevaran a un campo de batalla real, ¿en qué pensarían? ¿se lanzarían al combate con toda alegría como en el juego, o se mearían encima y llamarían a su mamá?

Estaría bien que las futuras guerras se libraran ahí, en el campo virtual. Nada de sangre, ni combate cuerpo a cuerpo, ni sufrimiento, ni muertes… Sólo bits contra bits.

lunes, 2 de abril de 2012

Un ahora y un después.

El niño cogió un puñado de arena, y se quedó asombrado notando cómo se escurría de su manita pese a pretar con todas sus fuerzas, intentando retenerla.

La madre, a poca distancia, percibía su asombro, lo que le proporcionó más placer y relajación que estando tumbada al sol. Casi tanto placer como ver al padre, su marido, montando un castillo de arena al lado del niño.

Era la primera vez que el niño iba a la playa con sus padres. Y aunque ya conocía la arena, nunca había sentido ese tipo de arena. Seca y húmeda a la vez, caliente por arriba, pero cuando metía sus dedos, la percibía fresca. Además de resbaladiza y deliciosamente manejable. Su padre se lo demostraba, montando una pequeña torre y dándole forma. El niño avanzaba su manita y la deshacía, y el padre volvía a darle forma, con una sonrisa que al niño le pareció que brillaba más que el sol.

Estaban los tres tan embebidos, que no notaron que la gente de alrededor se fijaba discretamente en ellos. Pese a haber otros muchos niños jugando, padres con ellos, ancianos bajo sombrillas, alguna que otra embarazada, jóvenes atractivos exhibiéndose e intentando seducirse, el cuadro de aquella simple familia irradiaba una paz y una tranquilidad que, sin quererlo, iba copando la atención.

Ambos padres jóvenes, atractivos, y el niño, regordete, sanote, con carrillos sonrosados, recién aprendía a andar. Cuando se ponía a ello en la arena, su torpeza y novedad en ese medio provocaba unos balanceos que cualquiera iría de buena gana a ayudarle, pero eso era potestad de los padres. Privilegio que algunos suspiraban por disfrutar de aquellos instantes tan especiales…

child%20in%20wonder%20with%20sand

martes, 13 de diciembre de 2011

LA TIGRESA, LA PALOMA Y EL PARDILLO.


x-art_gabriella_anneli_veronika_girls_night_out-14-sml

Se llama Rosa, y ese nombre es ideal: bella, llamativa y con fuertes espinas. Un cuerpo potente, altanero, con piernas largas que saben portar tacones de vértigo, pecho exuberante al natural que aprisionado tendía a saltar por el escote entallado. Aura de carácter resolutivo y autoridad pétrea, desafiante ante el mundo que la despojó de sus iniciativas moralmente aceptables, como a mucha gente en esta maldita crisis, dejándola con las armas que precisamente por ser de última instancia, en ella son las más efectivas y peligrosas. Modales desenvueltos, planteamiento y actividad todo en uno, expresividad enérgica y directa, casi barriobajera, herencia de los negocios de firmes y luminosos escaparates competitivos entre sí a pie de calle; voz rotunda que rebosaba con creces las poderosas presas naturales que rodeaban el huerto reseco del pardillo en el que muy de tarde en tarde, y gracias a esas huellas, sale alguna que otra palmera cuyas raíces ahondan en el recuerdo. Su rostro, con fino maquillaje, lo artificioso del largo flequillo y el teñido rubio platino, es lo que más echa para atrás; rasgos algo duros y quebrados ocultan su disposición y animosidad que enseguida florecen ante quienes tratan con ella. Manos enérgicas y expertas, armadas con uñas afiladas. Prejuicios en el armario, vistiéndolos a gusto y disposición del amante, incluyendo algún que otro extra refinado para cuando surja la ocasión.

Legs

La paloma se llama María: delicada, presumida, graciosa. Muy coqueta. El pardillo y ella ya se conocían de antes, y eso daba una confianza abierta y sincera entre ambos. Risas y sonrisas tiernas y cálidas, abrazos fuertes y sin invasiones, mujer que se alza y emprende el vuelo en el ojo del huracán sin perder una sola de sus selectas y cuidadas plumas. Pero aún así, recuerda al candor, fragilidad y confianza de una paloma. Su curiosidad, sus ojos muy abiertos que beben de todo, intentando comprender lo que sucede a su alrededor y captar lo bueno y brillante para guardárselo en su tierno corazoncito. Sus deseos de no sobresalir del resto del palomar, aceptando sus limitaciones cotidianas. Durante la cita, sus modales lubricaban y endulzaban los zarpazos que la tigresa propinaba sin saberlo al pardillo que se aventuró a entrar en su jaula sin la protección adecuada. Pues pese a haber arreglado el inflamable encuentro con la mejor intención, se vio enseguida que Rosa era demasiada mujer para el pardillo, que ponía de su parte todo cuanto podía, pero que no era suficiente ni de lejos. No lo era para la palomita, reconocido abiertamente en ocasiones anteriores, mucho menos aún para una felina acostumbrada a mascar y escupir hombres.

gJtjCUDgoqhyo3r2YIGGPmbpo1_500

El pardillo se llama Arturo: tímido, apocado, incrédulo ante esta situación a la que, aún mucho tiempo después, todavía no da crédito. Un varoncito torpe, quebradizo, deforme y contrahecho por la vida, sin apenas atractivo alguno para las hembras, al que se le presentó una oportunidad única que a la postre se derivó en excepción que confirma la regla. Y por excepción se incluye el envasado en formol del encuentro, sin compartirlo egoístamente con nadie, al menos durante un tiempo, que dependería exclusivamente de su voluntad. No obstante, una voz creciente en su interior acabaría convenciéndole de que el mejor modo de conservar este recuerdo era dejarlo volar libre, compartirlo primero con las interesadas y después aquí con todo el que quisiera… aunque corriera el riesgo de que no volviera jamás otra vez, o de caer en malas manos anónimas y volverlo en su contra, convertido en una flecha envenenada.

Entró en la guarida de ambas princesas preparado, con la armadura impecable, las armas listas, todo lo más minuciosamente que estaba en su mano y le daba a entender su raquítico sentido de la elegancia, el porte y el detalle; pero también con muchos pájaros en la cabeza, de los cuales la inmensa mayoría eran espejismos irreales. No sabía hasta qué punto, pero los aires que inflaban sus alas daban para eso y mucho más: dos complacientes y expertas mujeres a su disposición. Y no dos aleatorias cualesquiera, sino dos que en principio se complementaban maravillosamente entre sí. La envidia de todo hombre que se preciara de serlo. Y precisamente por eso la caída fue más estrepitosa. Al salir del palacio y volver a su madriguera, lo hizo con el rabo entre las piernas, y nunca mejor dicho. Cumplió para consigo mismo, sí, pero no fue capaz de hacerlo con ellas, pese a las enérgicas y provocativas disposiciones femeninas, demasiado contundentes para su gusto en algunos instantes. Las limitaciones físicas, las expectativas, las previsiones, el cultivo de enormes fantasías que parecieron derrumbarse con gran ruido y polvareda en él a medida que se desarrollaba el encuentro íntimo…

Dejó claro que se dedicaran a él; nada de caricias y besos entre ellas. Todas las muestras de afecto, en exclusiva y sólo para él. Ellas accedieron alegremente. Se basó en su pretendida y exhibida carencia crónica de intimidad con mujeres para estar seguro de que podría beberse absolutamente todo lo que le proporcionaran sin empacho alguno. Y empezó bien: pidió a ambas que se tumbaran en la cama con sus cabezas accesibles, bien juntitas, se agachó sobre ellas y le proporcionaron un beso a tres bandas inolvidable, estimulante, con muchas y húmedas sensaciones que cristalizaron en una esfera que aún hoy brilla intensamente en su recuerdo. Y ese brillo se puede decir que colapsa el resto del encuentro, vislumbrándose alguna que otra escena asomando en su larga órbita: por ejemplo, un fuerte estímulo constante en el perineo, casi como una enérgica sierra manual; un abrazo por detrás de la paloma mientras la tigresa le hacía explotar por delante; una mezcolanza de piernas, brazos, espaldas y pechos tal que cuando prodigaba una caricia, a veces se notaba esa caricia en sí mismo. Deseos de posturas de dominios y zarpas marcadas llevados a cabo, pero con miedos en los extremos, en pasar ciertos límites que dependían del pardillo, que se encogió ante su disponibilidad.

Así que la tigresa vio enseguida el poco percal del que disponía, pese al intenso alumbramiento previo del camino durante la cena; conversación formal, cada vez más picante; la copa de champán posterior, con las piernas de ambas damas en glorioso ristre sobre su regazo… Pese a todas estas atenciones, Rosa comprobó que era poca cosa para ella, y se retiró con cierta frustración, pero con deferencia y elegancia. Volvió envuelta de un olor fresco y acogedor para él, que le llamó la atención entre tanta polvareda levantada de mucho ruido y pocas nueces…

Entre tanto, María constató, con cierto asombro, la poca importancia que daba el varoncito a su poco aguante físico. Así que, salvo un amago al principio, no hizo falta consuelos ni quitar importancia ni nada parecido.

Pues Arturo es de los que piensan que un hombre no es una máquina, al igual que una mujer no es un pedazo de carne. Sólo se quejó un poquito extramuros de la energía desplegada por Rosa, y nada más. Percibía la intención, el acompañamiento, el esfuerzo, y los valoraba y respondía en la medida de sus posibilidades. Quizás el día anterior había comido mal, quizás la luna no estaba en la fase conveniente, o las estrellas, o vete a saber qué. Pero no rebuscó en las causas, sino en disfrutar de la atención de ambas mujeres.

Por eso, con esta experiencia, es por lo que ahora miro con escepticismo cualquier escena de tríos o grupos de un hombre y dos o más mujeres. Y si esa exhibición se realiza en grupo de exclusiva camaradería masculina, suelo ocultar una sonrisa cómplice y guardar silencio, sin mencionar nada de mi auténtica opinión, preferencias o deseos que cumpliría si tuviera ocasión, como proclaman los demás en voz bien alta.

De hecho, este encuentro sucedió hace ya unos cuantos meses. Con el tiempo se ha ido calmando el pudor, se han limado los detalles en apariencia escabrosos pero que no lo eran tanto, ha ido posándose el polvo de una posible vergüenza que se ha revelado en espejismo, y ahora lo congelo en texto, omitiendo o resaltando aquello que la lejanía da a buen entender.

(Publicado originalmente en el blog de “Los secretos de María”)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Mohosos estereotipos al cuerno.

El otro día, navegando por Youtube, dí con un video-clip musical que, en sus primeros segundos, no me supuso nada especial: hardcore con unas pizcas de speed metal. No conozco de nada al grupo, Nightwish. Lo seleccioné por casualidad de entre unos cuantos que aparecían como “relacionados” tras escuchar a Marilyn Manson.



Al principio, indiferencia. Con un poco de sorpresa: ¿un grupo de todo chicas? ¿voz, batería, guitarra, bajo y teclista (¡teclista!) femeninos…?  “Bueno, no es lo normal, pero vale, voy a escucharlas”. Luego la sorpresa aumentó: ¿chicas muy guapas y delgadas, más dignas de un desfile de moda que de tocar en un grupo así…? Vestidas con andrajos, sí, pero también con zapatos de tacón. Barbies contestatarias, pero frágiles y escuálidas. Incapaces de desarrollar la energía que exige este tipo de música: fuerza y rapidez trepidantes en los instrumentos, coros rasgados, sostenidos e hiperpotentes, bailes corporales con enérgico y mareante headbanging… es decir, “sólo para hombres”. Estuve a punto de darle a “siguiente”, pero sentía curiosidad. En contra de la tendencia general actual de voces de cazalla que salen de los estómagos en vez de los pulmones, esta voz femenina sonaba a diáfana en mis estereotipos musicales.

Hasta que llega el momento de la verdad: los coros. (“¿?¿? ¿ésa no era una chica…?”) Y entonces se revela el montaje… y me quedo enganchado, tanto por la potencia y ritmo de la música como por el gran arte de la cantante andando de aquí para allá luciendo con toda naturalidad su palmito entre tanta agresividad visceral… Ojalá todas las chicas bailaran como ella en los conciertos de heavy metal. Para los varones, el espacio, la bestialidad, el griterío hasta enronquecer, sacudirnos las cabezas melenudas, el chocarnos unos contra otros, incluso pelearnos; para las mujeres… lo que hace la cantante de este grupo.

Todo un torpedo a línea de flotación de mis descuidados estereotipos, tanto musicales como sexuales.

Ah, y que conste que sigo pensando que en este tipo de música los teclados no deberían ni existir, pero bueno… me he quedado anclado en el pasado, y creo que voy a abrirme a nuevos conceptos modernos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Iconos cálidos: “El ala oeste de la Casa Blanca.”

Basada en una presidencia moderna ficticia en EEUU, hubo una tentativa de otra serie más antigua, en la que el presidente era una mujer, “Señora Presidenta”, pero fracasó.


The-West-Wing

Uno de los protagonistas centrales, Martin Sheen, también aparece en otro “icono cálido”, “Apocalypse Now”, con lo que se puede pensar que doy cierto favoritismo a este actor…  ¿Y porqué no? De ascendencia española, no lo oculta, visitando de vez en cuando la catedral de Santiago de Compostela, y según leí por ahí no sé dónde, produciendo una serie o una película sobre dichos antepasados.

De todos modos, cuando vi un capítulo por televisión hace ya mucho tiempo, me chocó bastante verle en el papel de presidente, cuando no mucho antes interpretó a un convincente y repeinado jefe de gabinete en “El presidente y Miss Wade”, siendo la estrella Michael Douglas… Claro que, muchísimo antes, le había visto interpretar al presidente Kennedy, en la miniserie Kennedy, pero entonces yo era casi un crío.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Puesto de trabajo: Instalador electricista casero.

Hasta ahora todo lo mencionado bajo esta etiqueta, Puesto de trabajo, ha sido un auténtico sumidero de vómitos, cagarrutas, clavos oxidados, huesos rotos, costras resecas de iras y rabias varias, cadáveres momificados de ilusiones y pedazos de perspectivas pasadas tajados con serrucho del catorce.

Y seguirá así. Tengo demasiadas crónicas laborales que todavía supuran.

Pero esta vez no.

Hace poco, una amiga me dijo en plan broma que podría escribir un libro con las anécdotas de lo que me había pasado en una iniciativa mía que tuve siete años atrás. Es una frase hecha, desde luego no daría para tanto, pero me dio la idea de contarla aquí con más detalle y distensión, y de paso contrapesar un poco lo contado en el primer párrafo.

En efecto. Esta experiencia tuvo muchas cosas buenas, y alguna no tanto, la más importante, que lo hice por la cara, sin cobrar un duro. Fue iniciativa mía, y aún así por lo más sagrado que a día de hoy no me arrepiento en nada de aquella decisión.

lunes, 1 de agosto de 2011

En paro.

Ya ha pasado poco más de un año desde que me despidieron de la empresa. Trabajaba como instalador de telecomunicaciones (telefonía, radiofrecuencia –antenas y CATV-, fibra óptica y redes locales centralizadas), con muchas incursiones en la electricidad pura y dura, la industrial. La que va a camionadas y grúas virtuales, en vez de hilillos domésticos, gota a gota. En dicha empresa no estaba muy a gusto, pues a pesar de mi empeño y mis esfuerzos en aprender, mi rendimiento en tareas primordiales no era bueno. En consecuencia, no se me asignaban tareas de responsabilidad. Era el que limpiaba, el que iba a por una herramienta a la otra punta del recinto, el que vigilaba fuera de la arqueta porque no servía para apenas nada más… Nunca he tenido la habilidad manual suficiente como para equipararme con mis compañeros, pese a mis empeños y mis intentos de prácticas y soltura. Lo cual era un poco pescadilla que se muerde la cola: no tenía soltura, no me ponían a conectar por no perder el tiempo, no podía coger soltura… Las pocas veces que conseguía ponerme a ello era tan torpe y tumblr_m6gv04wX4z1qzxfy9o1_1280tardaba tanto, que la actitud de mis compañeros era determinante. Manipular cables del grosor de un dedo pulgar para pelarlos, tratando cada capa de una forma distinta, y terminar operando con fibras de vidrio más frágiles que un cabello, es como mezclar un leñador de hacha con un relojero. Esto en el caso de la fibra óptica, que si incluyo los cables de telefonía, con sus doscientos pares (cuatrocientos ocho cables) divididos en sus códigos de colores, metidos en cintas de seda que paradojas de la vida los callos en los dedos no facilitaban su manejo, y si además añado los cablerones de electricidad de una muñeca de gruesos y de a kg. el medio palmo, entonces el contraste es más acusado… Y no digamos la Alta Tensión… Pero no voy a entrar en más detalles técnicos. Sólo lo menciono para reconocer uno de mis puntos débiles.

El otro es no poder transportar escaleras manuales de más tres metros de altura y veinticinco kg. de peso en posición vertical al hombro, sean de madera, aluminio o fibra de vidrio (afortunadamente para mí, el material más pesado, la madera, está cayendo en desuso, frente a los otros dos, que me manejo mejor… pero no tanto como quisiera o se me exige como mínimo). Para todo lo demás, bueno, me defendía más o menos bien… en conocimientos, interpretación de planos, límites, medidas y demás.

A todo ello añado el independizarme, algo que me alegré mucho en su día, pues llevaba más de veinte años esperando, pero que al estar en paro, ha tomado un cariz bastante distinto.

En efecto. Mi desánimo es general. Mi desilusión completa. Y no tengo apenas esperanza de cambiar a mejor por mí mismo. Soy como un montonazo de ladrillos desperdigados, romos por el desuso (espero se note la paradoja), sin cemento sólido para unirlos, olvidados en un callejón de mala muerte…

Estar en paro es una enfermedad social, los parias occidentales a los que señalan con el dedo por la calle y casi se les lincha, de no ser por el detalle de que a cualquiera le puede tocar (excepto funcionarios, enchufados o disponer de “contrato blindado” con “despido dorado”, porque ser imprescindible ya no tiene sentido en una época en que cualquier empresa puede cerrar), y sólo un mínimo de empatía, humanidad o simple convivencia puede evitar que dicho linchamiento se lleve a cabo… en ambos sentidos.

Porque los síntomas son vergüenza, inutilidad, resignación forzada que pasa a ser propia, desgana, atonía, autoestima inexistente, que provoca no atreverse a mirar a la gente a los ojos, irritabilidad fácilmente inflamable y de cada vez más difícil contención ante prosperidades ajenas, cercanas o lejanas, sobre todo si son inmerecidas, lo que lleva a convertirse en un misántropo eremita socialmente reprimido que rehúye el contacto con la gente, familia, amigos, conocidos y vecinos.

Todo esto conduce a una tristeza sorda, falta de disciplina, de ilusión, de proyectos que calen en el ánimo y le hagan motivarse en su día a día…

Y esto siempre y cuando no mermen sus ingresos de forma significativa, porque entonces esos conflictos internos suben como la espuma; más aún si otras personas dependen de esos ingresos… Algo que, por fortuna y de momento, no he llegado a eso…

Pese a ser un cuadro muy habitual, no por ello es menos dramático y doloroso.

jueves, 21 de julio de 2011

Puesto de trabajo: Oficial 3ª instalador de telecomunicaciones.

Había recibido una carta del antiguo INEM con un número de teléfono y una dirección. Tras llamar y concertar una entrevista, me fui allá, armado con mi Currículum Vitae. No tenía absolutamente ninguna pretensión ni esperanza. ya había pasado por eso decenas de veces y sabía que nunca conseguiría trabajo así.

Las empresas que acuden a servicios públicos de empleo suelen ser bastante cachazudas y cutres, sin recursos para destinar a una selección eficaz de personal. El filtro que aplican a la gente que viene de dichos servicios suele ser basto, directo, quemado y sin ilusión ni curiosidad por encontrar a alguien que merezca la pena. Si el aspirante no es de los que sólo van a sellar la carta de recepción y manifiesta interés, entonces es sometido a una batería de condiciones que rebajan implacablemente sus perspectivas, tanto en salario como en futuro como en tareas, siendo tratado casi como un gusano. Y si aún así acepta, a tragar ambos bandos con piedras de molino: el empleador para conseguir subvenciones o descuentos en las cuotas a la Seguridad Social, coge a alguien en quien no confía, y el empleado a ser tratado como una piedra en un rodamiento en donde todo encaja a martillazos.

Así que iba con esta mentalidad. Cuál no fue mi sorpresa cuando al entregar mi CV y leerlo, el que me entrevistaba, dueño de la empresa, un hombre joven y maneras sueltas y vivas, se puso “de mi lado” en plan colegui, al constatar que había trabajado en una de las empresas en las que él también había estado muchos años antes, terminando aparentemente mal, empatizando conmigo casi al instante.

No le dí importancia al asunto (en una entrevista no está bien visto echar pestes de nadie), y además me empeñaba en mantener las distancias, tratándole de “usted”. El otro casi se ofendió y anuló dichas distancias, tuteándome. Hablamos del trabajo, del horario, del lugar, datos técnicos y tal, y nos aceptamos mutuamente. Me enseñó el taller-almacén-trastienda, y ví escaleras manuales de fibra de vidrio, algo que me situó muy a favor de la empresa. Quedamos el viernes a última hora, para presentarme al resto de la plantilla.

En casa, llamé al encargado de nuestra común empresa del pasado, y le pedí referencias. “Un cabeza loca” me dijeron de él. Primer tic nervioso.

El viernes fui a la empresa y me presentaron a la mayoría de la gente. Reinaba un ambiente de confianza absoluto: muchos volvían de viaje de donde quiera que trabajaran; se descargaban y vaciaban furgonetas, se formaban corrillos, se bebía cerveza, un abuelo (imagino que padre del dueño) se había traído a la nieta o la sobrina, y paseaban por ahí como Pedro por su casa; se gritaba, se reía, se gastaban bromas… casi un gallinero. Yo me mantenía aparte. Me llamaron y me sentaron en la misma mesa de la entrevista, y al otro lado estaba el dueño y otro, y a mi lado otro más, todos jóvenes, chistosos y en confianza. En cierto momento, uno se levantó, obligó al “jefe” a levantarse un momento, rebuscó algo por ahí debajo de la mesa y sacó un trozo de costo, casi medio dedo pulgar de grande, dejándolo encima de la mesa, a la vista de todos. Yo, atento a lo que me decían, que empezaba el lunes, no presté atención a lo que significaba eso, pero al rato caí… Otro tic nervioso. Aquello era casi una propuesta de “doping” laboral al que parecía someterse toda la plantilla, o algo así, entre otras muchas conclusiones igual de nefastas.

El lunes llegué puntual de madrugada, y me aguardaba otro buen tic nervioso: el viernes, al poco de irme yo, habían decidido pernoctar en el lugar del trabajo. Con el jaleo que había y lo “colocados” que debían estar ni se les pasó por la cabeza el avisarme, y además no entraba en las condiciones que el “jefe” me había dicho en la entrevista: ida y vuelta el mismo día, con tres horas extras. Así que llegué sin equipaje ni nada. En aquel tiempo estaba apuntado a un cursillo de natación por las tardes (era Julio) por cuya matrícula había peleado mucho, y no entraba en mis planes dejarlo. Pero de golpe y porrazo me ví en esa disyuntiva. Decidí sacrificar el cursillo, más arrastrado por los acontecimientos que por decisión propia, meditada y personal. Me acerqué a casa a toda prisa, hice la maleta y me fui con ellos al lugar de trabajo, a unos 300 km. No veía tan descabellado el ir y volver el mismo día, porque gran parte era autovía.1634

El sitio de trabajo era un pueblo perdido por el norte, a pleno sol, con cuarenta grados a la sombra. El encargado y sus validos o “trepas” siempre a esa sombra, y no tocaban una herramienta mientras no les fuera la vida en ello. El resto trasegábamos con escaleras de mano de aquí para allá, de fachada en fachada, cada uno con nuestra bolsa de herramientas, taladro, alargadera, etc. Bolsa de herramientas que, por supuesto, me habían hecho firmar su contenido como responsabilidad mía, lo cual en principio me parecía bien, de no ser por el caos que era aquello, que se cogían las herramientas del que estaba más a mano y se “perdían”, así que yo no quitaba ojo de mi bolsa, lo cual me dividía más aún la atención. Varios tics nerviosos a lo largo de esa endemoniada primera jornada vinieron a hundirme, pero no lo suficiente, aún tenía esperanzas de acomodarme y encontrar mi lugar.

En los días siguientes se impuso la realidad de forma implacable:

-¿Tres horas diarias…? Nanay, cinco horas. De 7 a 21, con una hora para comer. Para eso se había decidido pernoctar y había que estrujar al máximo la disponibilidad, sin importar la salud ni el bienestar de la gente. Como éramos todos jóvenes, podíamos aguantar. Y encima no parecía cundir mucho, por la desorganización y los mencionados “trepas”.

-Sin equipo para resguardarme del sol más que el casco reglamentario, que era un auténtico engorro. El agua, bebíamos directamente de la fuente municipal, lo cual no tiene nada de malo, de no ser porque la fuente era de grifo en arqueta bajo llave, lo que quería decir que nos podían multar si nos pillaban abriendo y cerrando ese grifo. Prácticamente cada hora ponía la cabeza bajo el agua. Eso cuando la tenía cerca; cuando trabajaba lejos, a aguantarme y a cocerme en mis sudores. De haberlo sabido, hubiera traído gorras, trapos, gafas de sol, crema solar… para defenderme mejor en aquel horno al aire libre.

-Mi tía-abuela estaba muy enferma, llamaba cada día una o dos veces por teléfono para saber cómo estaba (moriría al fin de semana siguiente). Un compañero me dijo que si el “encargado”, un ingeniero joven, alto, flacucho, gritón, faltón, con muy malas pulgas y maneras, me pillaba hablando por el móvil en horas de trabajo, directamente me despediría.

-En aquellos tiempos era muy común la “escalera de contratas”, y aquella obra no era excepción. Esa empresa era subcontrata de una subcontrata de una contrata de la empresa de telecomunicaciones local. Algo que yo intentaba evitar siempre que podía, negándome a trabajar en E.T.T.s (regla que aún mantengo mientras pueda). Así que las chapuzas eran habituales (y qué chapuzas llegué a presenciar ahí, madre sagrada), la seguridad laboral brillaba por su ausencia y, por supuesto, el futuro era una incógnita.

-Manipulábamos escaleras portátiles de madera, dos hojas correderas con cuerda y polea, aprox. veinticinco kg. de peso y tres metros y medio de altura, la más grande, algo que siempre se me apodera y con las que no podía con toda mi alma… esa herramienta era y es mi talón de Aquiles en ésta mi profesión. De ahí mi tremenda decepción con respecto a la primera impresión en la visita de la trastienda tras la entrevista.

-Al terminar la jornada, tras cenar, yo me iba a la cama directamente y caía rendido, no sabiendo qué hacían los demás. Una noche en que estaba casualmente desvelado, ví que mi compañero de habitación llegaba borracho y, con los demás en la puerta, me rociaba por encima de ambientador, no sé si porque yo olía mal por el calor que hacía, o por hacer reír a los demás. Me incliné por lo segundo, ya que me duchaba siempre antes de cenar. Por supuesto, al día siguiente lo dije.

-La dueña de la pensión nos rogó que no matáramos a los mosquitos contra las paredes, que estaban recién pintadas y dejaban marcas de sangre. De ahí los “ambientadores”.

-Sufrí varios asomos de golpes de calor: sentí  cómo la vista se me nublaba, leves calambres en brazos y piernas, y me obligaba a controlar la respiración, porque literalmente me faltaba el aire.

-Las relaciones entre compañeros no eran buenas pese a las apariencias. Según pude entender de oídas, la semana anterior hubo serios desencuentros entre el “encargado” actual y “otro”; la plantilla se dividió en dos y se hacían mutuamente la puñeta. Esto llegó a oídos del “jefe”, el cual se llevó al “otro” a otra obra bien lejos de ahí, y según parece los efectos y rencores aún coleaban en el grupo. A finales de semana oí que el “jefe” en persona vendría a encargarse de la obra, y que entonces rezáramos de las broncas y el ritmo que impondría. Yo esperaba que la complicidad despierta en la entrevista me “protegiera”… si es que llegaba hasta entonces.

Pero no llegué. El viernes por la tarde, de vuelta a Zaragoza, decidí irme de ese zoo sin vallas. Tras descargar las furgonetas me senté en la esquina de un banco de las taquillas y agaché la cabeza, respirando despacio y retomando por enésima vez el control de mis nervios, recuperándome de tantos tics nerviosos, mientras a mi alrededor todo eran gritos, risas, bromas y jaleos. Noté que alguien me tocaba en el hombro, y ví los zapatos del “jefe”. Levanté la cabeza despacio y mirándole a los ojos, le dije con voz clara: “El lunes no vengo más”. Su sonrisa desapareció y su rostro se tornó serio.

No recuerdo apenas lo que pasó después, de tan cansado y hundido que estaba. De ahí la anterior descripción, diáfana y clara como el agua en mi recuerdo. Se me llevaron aparte, una simpática secretaria me calmó, solté todo lo que tenía que decir, mis planes truncados, mis condiciones hechas polvo, lo que había visto y oído; a uno que afirmaba que allí eran todos iguales le eché en cara que era mentira…

Ese mismo fin de semana el nerviosismo se desató en una salvaje contractura dorsal que me duró cinco días, sin contar las secuelas. Tanto manipular escaleras que me podían desembocó en eso. Aparte, el sábado por la tarde-noche, fallecía mi tía-abuela, con lo que el cuadro estaba completo. El lunes cogí la baja, y a la semana siguiente, me echaron.

De este trabajo, no hubo ni un aspecto positivo a destacar. NI UNO. Como en los demás trabajos anteriormente citados aquí en mi blog, bajo esta etiqueta.

martes, 12 de julio de 2011

BALADA PARA ADELA.

 

Mañana soleada y festiva,1272295311_45815387_1-Fotos-de--se-busca-profesora-o-persona-que-prepare-coreografias-para-grupo-de-flamenco-1272295311

degustando a desconocido,

escribo un signo social de vida

en un anfiteatro marino.

 

Princesita de agua en escayola,

tus columnas recias de alabastro

orientan a un pueblo que enarbola

intenciones, pero no atentados.

 

El paciente océano te anima

sin que el seco cansancio gremial

agriete tu engarzada sonrisa

ni tus pies calzados en cristal.

 

En mi honda sima de aguas raras

repleta de corales nocturnas

cayó arriba una gota helada...

¡Ay, qué alud a la luz de la luna!

 

Ay, Adela,

cómo llegas.

A Poseidón, abismo del mar,

dí mi vela,

y ahora, navego en tinta a ciegas.

 

Margaritas en ambos tobillos

se deshojan al ritmo del tango,

y entre tus manos, el carboncillo

bosqueja el ocho echado del mambo.

 

Pasodoble en el ruedo sin toro,

rock’n’roll de aspas dicharacheras,

con el cha-cha-cha llegó el decoro

de podar la vid de la pareja.

 

Aguas bien lodosas y elegantes

enturbian en sus redes de aguja

el marfil tallado que aceptaste,

a cambio de tu voz, a la bruja.

 

Alpes serviles, y vuelta al mar;

un cauce de arroz y castañuelas

disuelve mi ataguía de sal

que un rey ya tendió a tu ciudadela.

 

Ay, Adela,

cómo llego.

En mi noche, la gigante roja

con su estela

gira en torno a su agujero negro.

 

De ermitaño, ayuno entre arañas

que tejen moho en el tragaluz.

Tras cantar al cuerpo una semana

asalto la inversión de la cruz.

 

Más eslabones forjados hoy

alargan el corazón de palabras.

Pues, como fragua en polvo que soy,

ésta es mi maldición... de oro y plata.

 

Ay, Adela,

cómo nos vamos.

Tú a la orilla norte, yo a la sur.

Centinela,

ya puedes cerrar. Ya viene el amo.

 

10794210

sábado, 9 de julio de 2011

Para Leer Despacio: “Danza para mí”

De la misma manera que afirmé en su día y sin pudor alguno que soy muy sensible a la lencería íntima femenina, hoy sublimo mi ardor visual por una danza íntima... a pesar del calor que hace, o precisamente a causa de él.

Bailar es lo primero que viene a las mentes de los demás, pero no ahora a la mía.

Bailar es moverse al ritmo de la música en pareja, a dúo. Y también en grupo, dependiendo del baile.

Pero danzar es mover el cuerpo para expresar algo: elegancia, misterio, lejanía, atracción, deseo, energía, incluso tristeza... Algo que debería estar integrado en la vida cotidiana, y más si se vive en pareja.

Y las mujeres parece que tienen ese arte “grabado” en sus genes. Con un poco que practiquen, ya despiertan todo ese tremendo potencial seductivo, concentrado en su mayor parte en… ¿adivinan dónde? exacto, las caderas.

Eso que nos ganan a los hombres, además de en algunas otras cosas.

Yo me he visto "danzar" en un vídeo, y no doy pena, no; doy grima. Un oso baila mejor que yo.

"Nueve semanas y media", "Abierto hasta el amanecer", "Gilda"... fueron despertares por esta sensación visual y musical nunca satisfecha del todo.

Claro que… se puede argumentar que, de esto, uno nunca tendrá suficiente.

Pero debo ser muy sibarita y tradicional, puesto que también sueño con una hermosa odalisca de Oriente medio, turca, egipcia, israelí, libanesa... cargada de sedas y pedrería, melena negrísima, densa, miradas que enganchan, sonrisas veladas,  interpretando una danza del vientre o de las caderas que culmine en un desnudo casi integral.

Pero por más que busco en internet "versiones" amateur de las mencionadas obras cinematográficas, además de "bellydancers" que enseñen sus atractivos cuerpos al final de un numerito, no encuentro apenas vídeos donde se den ambas cosas: danza profesional, o casi, con desnudos eróticos y encuentros sexuales al terminar.

Será que son campos incompatibles. Una danzarina profesional, que entrena duro para ganar premios, no arruinará su carrera por mostrar sus encantos íntimos en público. Y una actriz X no se va a molestar en aprender a danzar para aportar algo propio en su “arte”, si le basta con enseñar chicha. Además, las películas XXX no priman eso…

En cualquier caso, disfruto mucho viendo vídeos como estos:


Ansuya




Y estos…
Felix Cane
Jenyne Butterfly

Lo común en todos ellos es la dedicación exclusiva de sus protagonistas. Mucho, muchísimo entrenamiento, talento y sensibilidad tal que, fuera de competiciones y en grabaciones espontáneas, subliman mucho a los espectadores…

Esto no quiere decir que no disfrute de ver una danza de una chica normalita, con sus limitaciones, sus tics y sus adorables timideces. Las gorditas tampoco se libran:






Y sobre música, ahora mismo me viene a la cabeza que lo mucho que en su día me llamaron la atención Papa Levante y su “Me pongo colorada”, y me quedé con sus suaves ondulaciones de brazos y manos durante toda la canción como nota máxima, ayudados por las ondulaciones de las caderas.

Por supuesto, una moraleja analítica y a la vez calenturienta de todo esto, es sentir todos esos movimientos cuando estoy “dentro” de ella… Supongo que será programación genética, o algo así, pensar que una mujer que es capaz de danzar así, será capaz de engendrar una buena descendencia, y que por eso lo tengo entre ceja y ceja.