viernes, 28 de enero de 2011

La muñeca de silicona.

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-¿Don Arturo Fantópera?

-Sí.

-Tenemos un paquete para Vd. Firme aquí, por favor…

Firmé y me hice a un lado. Metieron el enorme cajón en el vestíbulo. Tras darles una propina a los mozos, cerré la puerta y me volví despacio, con las manos en el pomo.

Por fin. Ya estaba aquí. Mi Dorotea. Mi dulce y paciente Dorotea, con sus enormes ojos azules, su delicada melena castaña, su leve sonrisa eterna… Me lancé a abrirlo a toda prisa de repente. Arranqué el embalaje, abrí con desesperación la tapa, rebusqué entre el relleno y… ahí estaba. La abarqué con suavidad por la cintura y la saqué de allí. Aún pesaba, para ser una muñequita. Pero me lo esperaba así, ya que el látex es mucho más pesado y sólido que la silicona. Además de darle un aspecto más natural y cálido, menos refulgente, según el catálogo.

Abrazada a sus rodillas, casi como un feto en el útero materno. Limpié el relleno y aparté el cajón. Fundas de plástico translúcido cubrían todo por separado. La llevé al salón y la deposité en el tresillo, tumbada de lado.

Despacito, muy despacito, empecé a desnudarla. Primero las manos, los brazos. El plástico protector no era una simple película tirante. Tenía un tacto como de seda gruesa y mullida, y lo rasgué con los dedos poco a poco. Salía una piel color café con leche apenas cargado. Incluso traía vello ralo y escaso en el antebrazo, algo que me llamó la atención cuando consulté los detalles, cosa que me agradó mucho. Las uñas, muy perfiladas, estaban sin pintar, un poco largas. Según parece, se podían cortar a voluntad, pero con cuidado, ya que lógicamente no crecerían. Incluso disponía de sus arcos de media luna en las bases. Los dedos, finos, delicados; las arrugas de los nudillos eran reales y con colores ensombrecidos…

Poco a poco, como un alumbramiento, fui desprendiendo la película. Un brazo y una pierna. La tumbé del otro lado, y desenfundé el otro brazo y la otra pierna. Extendí ambos en posición de sentada. Con igual parsimonia descubrí el torso: ombligo, senos, hombros… todo con zonas de pelusilla apenas perceptibles, alguna que otra arruguita, alguna peca, alguna estría, incluso cicatriz y una o dos varices. El hoyuelo en la base del cuello, donde empezaba el escote. Lo mejor fueron los pezones: sobre unos senos algo grandes para mi gusto, resaltaban dos pezoncitos muy traviesos, pequeños, oscuros y granulosos.

Ya sólo quedaba la cabeza. Y ahí cambié el simbolismo. De una membrana que cubre por completo a un recién nacido, pasé a un velo que se quita de la cabeza de la novia en una boda. Y a esta novia nunca le había visto la cara…

Una boca pequeña, unos labios pulposos y muy perfilados, una naricita respingona, y unos ojazos enormes de azul oscuro brillante parecían aguardar expectantes e inocentes a su futuro dueño… Las cejas eran de pelo más oscuro y recio, no afeitadas ni pintadas…

Extendí la copiosa melena parda, peinándola con los dedos a ambos lados. Un tacto sedoso, de cierto grosor rodante entre las yemas de aquéllos, nada artificial. No llegaba a cubrir los hombros.

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Me eché atrás para mirarla en conjunto. Corregí la posición de la cabeza un poco, y me regodeé largamente, hasta que retiré la vista con cierta vergüenza.

-Lo… lo siento, no me siento cómodo viéndote así… yo… eh… espera un momento, ahora vuelvo…

Cogí una manta de rayón, que tenía recogida por no saber qué uso darle, y la extendí por encima. Arrebujé sus contornos, despacito.

-Bueno, ya está. Mucho mejor así, ¿verdad…? Vaya, ¿qué es esto que tienes aquí en la nuca? ¿una válvula? A ver, discúlpame un momento, que voy a consultar en el manual… Vamos a ver… número 8, número 8… ah, aquí está: “Número 8: válvula de hinchado o deshinchado de los… los pechos, con conmutador independiente”…  ¿qué querrá decir esto último? A ver,  a ver… ah, vaya, según pone aquí, evita que si se presiona mucho un pecho, el otro se infle innecesariamente… er… jó… qué completa que vienes, ¿no…? “Atención: no sobrepasar los 1,5 bares de presión por pecho”… lógico… no querremos que estalles en plena faena, ¿no…? –reí sin ganas- bueno… yo… creo que lo dejaré así como está, me gustan así, justo así, sí… aunque un poquito más pequeños tampoco estaría mal… voy a deshincharlos un poco… a ver, a ver… así, un poquitín más… así, vale. Así me gustas más, estás más… en fin, más asequible, más creíble, más a mi alcance… Bueno. Empezamos.

Cogí una silla y me senté frente a ella, cachazudo.

-Buenas tardes… yo… bueno, me llamo Arturo. Arturo Fantópera… y… bueno, tú estás aquí porque… porque te he comprado y… –sacudí la cabeza –Dios, qué mal que ha sonado. Discúlpame, no pretendía ofender… En fin, que me llamo Arturo y… er… esto…

Me llevé ambas manos a la cabeza, y estuve así un buen rato, en silencio.

-No debería estar nervioso, pero lo estoy. Cuando decidí comp… eh, hacer tu adquisición, hace ya tres semanas, estaba mal, muy mal, y me dije que esto no lo podría superar. Tenerte aquí no me haría sentir peor, ya había tocado fondo… y a pesar de que me costabas un riñón y un ojo… oye, tiene gracia: a Adán le quitaron una costilla para formar a Eva, y a mí, un riñón y un ojo para disponer de tí… buh, qué malo… en fin, como iba diciendo, no tenía muy claro qué hacer contigo, ni cómo tratarte, ni nada de eso. No esperaba… bueno, miento, sí que lo esperaba, pero confiaba en que mientras te… mientras te montaban y te transportaban, me aclararía la cabeza… y no es así, sigo así de confuso.

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Me levanté precipitadamente, me fui a la cocina y volví con un vaso de agua.

-En fin, te llamas Dorotea. Dorotea Puig. El nombre tiene su historia, ¿sabes? Mira, colecciono cómics, ¿los ves? –señalé la estantería que cubría la pared. –Y una de las colecciones es “Pin-up”, en donde la protagonista es una mujer que se las ha visto muy duras de jovencita, cuando su novio se alistó en la marina de los EEUU a luchar contra los japoneses, y ella se quedó sola, sobreviviendo como podía. Esta muchachita cae en manos de un dibujante de cómics que necesita de modelos de carne y hueso para abocetar y sacar sus historietas propagandísticas para los soldados… Después de terminar la guerra, rompe con su novio y con el jefe, y posa para una revista de bondage… en fin, todo un homenaje a Betty Page. Y de ahí te he sacado el apellido: Page, Puig. El nombre es el de la chica de la serie, Dottie, así que lo he traducido y… bueno, te quedas con Dorotea… ¿te gusta…?

Guardé una pausa, perdiéndome en aquella cara inmóvil.

-En fin, ya ves que soy muy hablador… Normalmente no soy así, la gente que me conoce te dirá que soy todo lo contrario, pero… en fin, contigo puedo soltarme, no creo que se lo digas a nadie, ¿verdad? –sonreí. –Además, como tú no hablas, ya hablo yo por los dos.

Me levanté y me senté a su lado. Miré con detenimiento y de cerca su inmutable perfil. Tomé su mano con delicadeza y forcé su brazo para depositar un beso. Respiré hondo.

-Bueno, Dorotea… Se supone que debería ponerme al tema ya, y la verdad es que… nada me gustaría más que empezar, probarte… pero… ya… ya habrá tiempo de eso. Ahora sólo deseo… sólo deseo conocerte. No, no me consideres un caballero. Si me conocieras bien, y me conocerás, ya verás que yo de caballero no tengo apenas nada. En realidad, ahora estoy como frenado, porque eres toda una novedad en mi vida, en mi casa y quiero disfrutar a fondo. Ya habrá tiempo de… del sexo.

Pasé los dedos por su cara. Vello suave y corto hasta en los lóbulos de las orejas. Menudo detalle. De no ser por la piel excesivamente lisa y artificial en algunas zonas y por la quietud, casi podría estar viva.

-Mientras te esperaba, he ido elucubrando un montón de posturas, iniciativas, intenciones… pero cuando me dejaba ir, la imagen que más acudía a mis ojos era… era simplemente dormir entre tus brazos. Qué tontería, ¿verdad…? ¡Dormir en brazos de una muñeca de diez mil juros! Hay quien diría que es una buena inversión, pero… es lo que… creo que es lo que voy a hacer ahora… ahora mismo, Dorotea, mi Dorotea…

Me levanté, la cogí en brazos y la llevé al dormitorio.

-¿Te gusta…? Ya sé que no es gran cosa, pero es lo que hay. Ah, por cierto –abrí con el pie una puerta al lado –éste es el baño, por si… por si quieres hacer tus necesidades… Ponerte guapa no, porque siempre estarás guapa –sonreí con timidez. La deposité en la cama y extendí sus extremidades– En fin, no sé si pasará de esta noche, pero, con esos pechos tan tiernos que tienes, me gustará apoyar mi cabeza ahí y dormir sin más… lástima no oír un corazón debajo, eso ya sería demasiado, ¿no….? pero, en fin, oiré mis propios latidos e imaginaré que son los tuyos. Ahora discúlpame, debo lavarme los dientes…

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Me fui al baño, y volví al rato con el pijama puesto. La aparté de la cama, abrí la colcha y la deposité de nuevo, extendiendo sus miembros. Me tumbé de lado hacia ella, cubriéndola, y dejando la luz de la mesilla encendida.

-Dorotea… ¿no? ¿no te gusta…? Ah, menos mal… Oh, había pensado en Promethea, pero es demasiado mitológico, demasiado celestial… Es una de mis heroínas del cómic preferidas, junto con Devi, Ororo Munroe o Tormenta, Selina Kyle o Catwoman, Bélit, Red Sonja, Fénix o Jean Grey… pero todas ellas son… son demasiado… elevadas, son princesas, reinas, diosas, independientes… el sueño de todo friki que desea trascender y hacerse uno con sus sueños, pero yo no soy digno de ellas, sólo deseo estar a tu lado, al lado de una muchacha normal, a mi humilde alcance… Vamos, no te enfades… Sí, lo sé, sé que tienes un cuerpo perfecto, pero… ¿y tu voz? ¿y tu respiración? ¿tus movimientos? tu opinión, tus gustos, tus manías, tus habilidades, tus torpezas, tus risas… Dios, tus risas… eso es lo que más echaré de menos en tí, Dorotea, mi Dorotea… En fin, todo eso ya irá surgiendo con el tiempo.

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Me arrebujé más contra ella.

-¿Que porqué me he decidido por tí…? Eras la que menos cantaba de todas las del catálogo. Las demás eran todas demasiado llamativas para mi gusto… ¿Eh..? Ah, te refieres a eso…. Pues… no sé… supongo que por mi forma de ser, por mi físico, que las espanto a todas… No, ahora en serio, he tenido muy mala suerte. No te imaginas cómo está el percal por aquí. De difícil, de escaso, de duro. Muchísima competencia. Sí que hay mujeres por aquí, pero pocas. Y las que hay, o están emparejadas, o acaban de romper y no quieren saber nada, o son lesbianas, o no me siento a gusto con ellas… con las pocas que he tratado, la verdad, porque uno es tímido y apocadito, y no se relaciona casi nada… y he tenido que recurrir a profesionales, pero… puestos a gastar el dinero, he preferido probar contigo, así tengo a alguien en mi casa, alguien que sé que me espera, alguien a quien cuidar… Qué cosas, es como la versión adulta y masculina de las casas de muñecas con que jugaban las niñas cuando yo era pequeño…

Guardé una larga pausa, mientras me recreaba en aquellos grandes ojos.

-En fin, me espera una desilusión morrocotuda, ya lo sé… pero mientras no me salga de la realidad y me ciña a las expectativas, creo que todo irá bien.

Para Leer Despacio: Tristeza pública.

Normalmente mis tristezas y malos ratos los paso en privado. Pero hoy no. Hoy quiero volcar aquí el barril de denso, grumoso y maloliente aceite que se llena cada cierto tiempo.

Empieza poquito a poco. De forma imperceptible, ya que si lo notara, me pondría en guardia al momento, con las romas e imperfectas armas de que dispongo.

Crece, se retuerce, colándose poco a poco entre mis entrañas, como un gusano de plomo que se apodera de ellas y las exprime latido a latido.

Y cuando ya ha crecido mucho, ha completado su ciclo de vida parásita, entonces se suelta entre abundantes líquidos y dolores varios…

… pero no antes de dejar el huevo para el siguiente, ahí, recóndito, escondido, imperceptible.

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Cualquier cosa que mire, cualquier cosa que haga, cualquier iniciativa que tome está empañada, robotizada, disminuida, ajena a mí.

De la misma forma que existe la luz, debe existir la sombra, sí. Pero lo que siento ahora no es ni una cosa ni otra. Y muchas veces me siento bloqueado, incapaz de tomar una dirección, porque la niebla gris que me rodea es sólida, pese a que no pueda tocarla.

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“Noviembre es un mes tristísimo”, empezaba Marina Mayoral uno de sus más emotivos artículos. Calaron muy hondo en mí lo que venía a continuación. “¿Esto significa que los novembremvinos (nacidos en noviembre) somos tristes…?” me pregunto cada vez que estoy así y evoco lo que me despertó ese artículo.

En fin… esto es todo por hoy. Gracias por ser partícipes y leerme. Mañana más (y espero que mejor).

jueves, 30 de diciembre de 2010

Disimular en la cama.

-Bueno, ¿listos ambos para la escena?

-Lista.

-Listo.

-¿Estáis mentalizados…? ¿sí? Pues adelante.

Nos echamos cada uno desde el lado contrario, yo me tumbé primero boca arriba y ella pasó una pierna al otro lado, montándome. Se quitó la bata, mostrando su esplendorosa desnudez, pero a mí no me hacía efecto. Ya estaba harto de actuar con ella, de estar junto a ella, de encarármela una y otra vez, de oír su voz, de asociar en mi fuero interno todo eso con su prepotencia, divismo, desprecio hacia los demás, de su exclusividad acaparadora, de su privadísimo y bien provisto camerino. Así que ni a ella le importó que no me activara entre sus muslos, ni a mí me importó no reaccionar a su calor envolvente.

En cuanto el director dio las últimas instrucciones, se arrugaron cuidadosamente las sábanas a nuestro alrededor y gritó “¡Acción!”, ambos nos ceñimos a nuestros respectivos papeles, ambos actuamos como se esperaba, ella fingía que gozaba, con alguna lágrima de las suyas de por medio, y yo fingía que también, pero menos, con cierta inexpresividad varonil, seguro de mí mismo, tal y como exigía el guión.

-¡Corten! –gritó el director, repentinamente, y se dirigió a unos técnicos de luz a echarles la bronca. Mientras tanto, ambos permanecíamos en nuestras posturas, indiferentes el uno a la otra. Ella se reclinó un poco sobre mí, para apoyarse en sus brazos y descansar. Su pelo cayó en cascada, formando una cortina que tamizaba la luz sobre su cara, meditabunda y distraída, pensando en sus cosas.

Yo puse ambas bajo la nuca. Veía al director gritar a los técnicos, o a los del sonido, o a la maquilladora, o pensaba también en mis cosas. En un vistazo casual, mis  ojos cayeron en su cara. Y me detuve en su expresión, como si hubiera visto algo llamativo de reojo.

-Bien, repetimos la secuencia. –Ella alzó la cabeza y se erigió sobre sí misma, llevándose las manos al pelo, ahuecándoselo en un gesto natural. Una pequeña luz de alarma se encendió en mí. Traté de apartar los ojos, pero un extraño magnetismo, cada vez más fuerte, me lo impedía. –Luces… sonido… viento… sábanas… cámara… ¡acción!

Y empezamos otra vez la escena. Yo me ceñí por centésima vez a mi papel, pero una pequeñísima luz brilló en mis ojos, al apreciar por primera vez su actuación tan de cerca, en mi piel, su calor, su voz…

-¡Maldita sea, corten! –gritó otra vez el director, y se puso a abroncar a unos que habían hecho un ruido en la otra punta de la nave.

Ella giró la cabeza en aquella dirección, volteándose la cabellera y resoplando, resignada. Se cruzó los brazos, y algo explotó en mí.

“Oh, no…” pensé yo, parpadeando con fuerza. Bajé la vista hacia mi bajo vientre, como intentando combatir lo que sentía.

Así, no pude evitar ver cómo ella giraba la cabeza hacia abajo en otro movimiento espontáneo. Luego alzó la vista a mi cara, interrogante. Tragué saliva y me puse colorado.

Sus brazos se separaron un poco, en actitud de sorpresa y pudor. Eso hizo que removiera levemente las caderas, con lo cual la acción aumentó espectacularmente. Alzó con disimulo su cuerpo, dejando espacio, y me desarrollé por completo. Y la miré a los ojos con cierta timidez.

-¿Pero no se supone que…? –susurró asombrada. Y su sinceridad me deslumbró y desarmó por completo.

-Bien, ¿estáis todos listos? –gritó el director, impaciente, mientras se acercaba. Ambos nos sustraímos un instante y afirmamos con la cabeza. –Luces, sonido, aire, sábanas, cámara… ¡acción!

Y otra vez ella se puso a gemir, a moverse, a llorar, como una profesional. Y yo también. Pero, a diferencia de los actos anteriores, ahora teníamos algo entre los dos. Algo físico y tangible. Por fortuna, todo salió bien. El director alabó con dos palabras rápidas nuestra labor, y se alejó a otro lado de la nave, seguido de su tropa de operarios. Con nosotros sólo se quedaron nuestros respectivos asistentes. La de ella se subió a la cama con una bata y cubrió sus hombros.

Se levantó un poco azorada. Se ató la bata con cierta prisa y emprendió una pequeña carrera hacia su camerino. Su pelo ocultaba permanentemente sus facciones. Yo me apresuré a arrebujar la sábana encimera sobre mí.

Me abracé despacio a mis rodillas, meditabundo. Me echaron otra bata sobre mis hombros, y tardé en levantarme, el tiempo en que mi inesperada y tremenda hinchazón bajase un poco…

 

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Para Leer Despacio: La sombra.

Es la primera propiedad que tenemos todos nada más nacer, algo de uso y disfrute personal exclusivo del bebé.

Es lo primero que el bebé, lo suficientemente crecido como para tener la boca de aprendizaje abierta, capta como suyo. Nada más nacer, las tinieblas ya le han enviado el recuerdo de su existencia, del que no se separará nunca más. Y le dedica los primeros y últimos instantes de su vida a ver cuán suyo y aburrido es ese contorno oscuro que su cuerpo dibuja contra la luz. A partir de ese momento, formará parte de él, cada vez más hundido en su subconsciente. Los nublados momentos en que le falte su compañía no lo notará abiertamente, pero el desasosiego aumentará, imperceptible, llegando en ocasiones incluso a invadir su ánimo, sin averiguar el porqué.

La película ya está en marcha, y no parará hasta que el dueño se sumerja, otra vez y de forma definitiva, en la oscuridad. El rodaje se toma cortos descansos; pero en cuanto hay una vivencia, por mínima que sea, se reanuda. En la íntima cámara de revelado y composición de nuestra memoria, es testigo mudo e indiferente de nuestra selección de experiencias vitales.

Puede llegar a ser el último empujón de un suicida inspirado: hasta mi sombra es negra, el color de la amargura y de la desesperanza.

Puede ser también el motor de un hábil plasmador: simplemente con reflejar las sombras de un paisaje, se intuyen sus colores.

Es parte de la esencia de las fotografías, casi la principal en las de blanco y negro.

Es el falso reducto de un ermitaño dolorosamente forzoso de la ciudad: mi sombra siempre me acompaña, nunca me traicionará. Aunque no capte que la traición viene de otras direcciones, en los momentos en que lo invade todo y lo rodea como un violador fantasma.

Es objeto de culto de muchos fetichistas: sueñan con la sombra, no con el cuerpo.

Es punto de referencia en el argumento del cine negro; el director o guionista que lo usa, o es muy capaz y prestigioso (en algún caso, llega a ser incluso su tarjeta de visita), o es un inepto pretencioso que no sabe combinar sus recursos.

Es copia barata en dos dimensiones de nosotros, traicionera, inexpugnable y directa. Puede que hayan mundos en que los seres sean de dos dimensiones, y sus sombras de tres, siendo éstas últimas las que controlen a sus dueños.

Están en perpetuo movimiento, tanto en los seres móviles como en los inmuebles, en los vivos como en los inertes, ya que, si no es el propio ser el que se mueve, sí se moverá la fuente de luz.

Si Dios fuera la luz, si Dios fuera el punto inexistente desde el que irradia toda luz absoluta, no es de extrañar que se mantenga en su eterna postura de que todo lo que ha creado es bueno, pues lo malo se oculta eternamente a su vista, detrás de la materia opaca de su creación, huyendo astutamente de su presencia.

Es parásita: chupa de nuestra radiante felicidad y permanece en su indiferente bastión cuando hay dolores que compartir. La tristeza suave, la melancolía, suele ser su aliada.

Es la discreción, la fidelidad y el silencio no reconocidos ni apreciados en lo que valen hasta que desaparece.

Es uno de los numerosos objetos de juegos de los niños: pisar sólo zonas sombreadas hasta que caen en la cuenta de que siempre pisarán sombra.

Es la sutilidad como arma seductora, predominantemente femenina, ya que realza encantos y disminuye fealdades.

En astronomía, la sombra tiene escala de medidas.

¿Sombra o silueta? He aquí la cuestión.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La bella y la bestia como debería ser.



-¿Sabes el mito de "la bella y la bestia"? Pues eso es lo que vas a sufrir tú, amigo. Sólo que sin final feliz.

-... no...

-Y con carnicería, mucha carnicería de por medio.

-... no...

-Te aconsejo que no te resistas, que será peor. Aldia no cambiará de idea, más bien al contrario, se suele ensañar con los que se resisten. Todo dependerá de los recursos que use para aplicar la sentencia en tí, ya que cuando vuelva a ella, revisará con qué vuelvo, y si comprueba que he llegado a apurar por completo el frasco de esencia violeta, montará en cólera y se ensañará contigo, ¿sabes...?

-... no...

-Vamos, no te resistas, maldita sea. No me hagas volcar todo el frasco en tí, por favor... Nunca olvidaré el miedo y el asco que sentí con el último que se resistió tozudamente a esto, hace ya dos siglos... Cuando desaparecí de su lado, no me sentí nada bien, dejándolo a su suerte...

-... no...





-Maldita sea, lo estoy haciendo por tí. Escucha... ¡escúchame! Te he mencionado "la bella y la bestia", pero sin final feliz, ¿verdad...? ¡Pues imagínatelo...! Imagínate ser tan horrendo, deforme, peludo, jorobado y repulsivo que todos, absolutamente todos, querrán darte caza como a una bestia irracional... Te perseguirán, te acorralarán, te torturarán, y agonizarás y morirás entre grandes dolores...

-... no...

-En fin, allá tú. Te he mencionado el mito, porque viene de un aristócrata que vivió hace setecientos años en los bosques negros, en el centro de Europa; pero su castigo fue leve, pues le bastó que una mujer se enamorara de él de palabra para levantárselo....



...Pero tú, por tu torpeza, tozudez y la gravedad de la sentencia, sufrirás el baño de esta esencia que ahora vuelco sobre tí hasta que una mujer acceda a tener sexo contigo... en tu otro estado.

-... no...

-Sí, en tu otro estado. Repugnarás a todas, y quizás, sólo quizás, dentro de muchos años, cuando ya te hayas amoldado a tus condiciones y las controles por completo, algún día, mejor dicho, alguna noche, salvarás a una mujer de un grave aprieto y te lo quiera agradecer de esta manera, y así te librarás de la aldiacén, la maldición de Aldia.

-... no...

-Ya es tarde. Ya ha caído la última gota sobre tí. Ahora me iré, y despertarás de este sueño tan raro, el primero de una larga e interminable cadena de pesadillas nocturnas, en las que correrás, saltarás, olfatearás, cazarás y matarás indiscriminadamente. La diferencia con los sueños es que tú dejarás tras de ti un rastro sangriento, hasta que te hagas a la idea de qué es lo que te pasa, y una vez convencido de que realmente es así, dediques esta tozudez de que haces gala ahora mismo a controlar tu ego nocturno.

-... no...

-Y no recordarás esta conversación, porque si fueras menos cabezón, las cosas habrían sido un poquito más fáciles para ti... Y ahora, adiós. He cumplido con mi cometido. He de volver a la corte de Aldia y mostrarle este frasco que he vaciado por completo sobre ti. Conociéndola, primero se le iluminarán los ojos, se le inflarán los cabellos, rechinará los dientes de rabia y de un plumazo desaparecerá del salón para aparecer ante ti en forma de bellísima mujer eternamente inalcanzable. Te provocará durante muchas noches, y tú correrás tras ella, pero ella permanecerá siempre fuera del alcance de tus zarpas, riéndose y mostrándote lo que te estará vedado durante el resto de tu larga y azarosa vida...
 
 
 
 

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una llamada a la moderación social y política.

Hace poco, recibí esta circular de un hermano mío fraile de una orden religiosa:

¡Hola!

El vicepresidente Rubalcaba ha expulsado a los monjes benedictinos y a los parroquianos del templo del Valle de los Caídos. Un paso más del Gobierno hacia el cierre definitivo de este complejo monumental y litúrgico, patrimonio de todos los españoles y no del Gobierno socialista.

Desde el pasado 3 de noviembre, monjes y parroquianos tienen que celebrar Misa a la intemperie, en un pinar a las afueras del recinto del Valle de Los Caídos, bajo el frio de la Sierra madrileña.

Yo acabo de firmar una petición al presidente del Gobierno exigiéndole que restablezca el derecho a asistir a Misa en el Valle de Los Caídos. Por favor, únete a mí en el siguiente enlace:

http://www.hazteoir.org/firma/34094-firma-100-000-mensajes-monjes-valle-caidos-y-libertad-religiosa-en-espana

Sólo te costará 1 minuto.

¡Gracias!

Y ésta fue mi respuesta:

lunes, 8 de noviembre de 2010

Eroomnala y su coto de caza.

Abrió los ojos. Recordaba todo cuanto había pasado en las últimas veinticuatro horas. El armagedón. El apocalipsis. El ragnarrok. El caos más completo. Todo el mundo patas arriba, y nunca mejor dicho.

Primero fueron los terremotos. Terremotos que empezaron por tumbar farolas, árboles, casas y cualquier objeto alto. Seguidamente abrían anchas grietas por las que caía todo. Los tendidos eléctricos chisporroteaban, las tuberías de agua y los alcantarillados se vaciaban a plena potencia durante unos minutos, entre nubes de polvo, llamaradas provocadas por las chispas eléctricas y las tuberías de gas. El ruido era ensordecedor; los bloques de edificios, tras desnudarse a cachos, acababan derrumbándose con grandes estruendos. A eso se añadía los retumbes de la propia tierra al abrirse...

Por todas partes la gente corría y gritaba despavorida. Muchos caían en las grietas, entre alaridos de terror, seguidos de los de sus seres queridos que se quedaban arriba con las manos tendidas hacia el abismo.

Sí, recordaba con profunda riqueza de detalles. Pero aún con todo eso, la parte férreamente encarcelada de su razón ni se inmutó. Pues cuatro meses antes, quien había sufrido un terremoto mucho más devastador fue su vida. Un estúpido accidente de tráfico se había llevado a su mujer y a su hijo. Desde entonces luchaba por emparedar sólidamente sus emociones, todas conducían al suicidio. Y estaba en una fase de indiferencia flemática y atrozmente mecánica en su mente para afrontar lo que le quedaba de vida, cuando fue el mundo de los demás el que se vino abajo de la forma más destructiva que se le antojaba a la naturaleza... o eso creía entonces. Sólo veinticuatro horas antes.

Pues de unas pocas grietas que se habían abierto transversalmente, dejando una especie de rampa en sus interiores, surgió al principio un extraño rumor. Los supervivientes, en estado de choque todavía, no prestaban atención, pero él sí. Se acercó a una de esas grietas.

jueves, 28 de octubre de 2010

La bella durmiente y el vagabundo sediento.

A continuación presento un corto cuento basado muy libremente en mi tercer encuentro con María, la de los secretos... Daba para mucho más, pero he decidido condensarlo así.

Y es que vengo constatando que, algunas experiencias íntimas, por mucho que se desee retenerlas, es químicamente imposible.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

De mudanza.

Tras mucho tiempo con este sitio parado, aclaro que el motivo es que he estado de mudanza. Con la consiguiente baja de conexión a internet, alta nueva y reconfiguración. Esto de cara a la galería, a las tres o cuatro personas que dudo se pasen ya por aquí.

En realidad, en mi día a día han sucedido toda clase de cosas. Podría relatarlas con detalle para entretenimiento del personal (pérdida y posterior recuperación de llaves con instalación de llaves nuevas en medio, pérdida y posterior recuperación de teléfono móvil, confusión entre salero y azucarero, líos con compañías de telecomunicaciones, hiperactividades, ansiedades y agobios varios, primera compra de marujo en supermercado, montaje de muebles; desmontaje, transporte y montaje de ordenador, de equipo de música; decisiones unilaterales sobre decoración, limpieza, amueblamiento, rompida de cuernos en esto último; orden y desorden, adaptación, etc.), pero son cosas que en el momento en que me pasan, no pienso precisamente en relatar en el blog....

A todo esto, sumo los efectos de mi reciente despido laboral, perfectamente relatados (sin pretenderlo, además) en el post anterior, mi respuesta a Dña. Rosa Mª Artal. Punto por punto. La recuperación ha sido larga y costosa, y aún no estoy seguro de haberlo asumido y superado...

viernes, 23 de julio de 2010

Participaciones extrablogueras: "La terapia del shock".

A continuación incluyo un comentario mío escrito recientemente en el blog "El periscopio", de doña Rosa Mª Artal, donde su entrada citada, "La terapia de shock", ha despertado un especial eco en mí, y me ha inspirado lo suficiente como para responderle en un tono de desesperación y queja... casi renuncia personal a mi sitio en la sociedad y lugar que me correspondería, por lo podrida y descompuesta que está aquélla.

El asunto que trata ahí no deja de ser vital por repetitivo. Pero lo que sí es cierto es que cada vez me cuesta más participar. Tengo que reunir fuerzas y motivos para exponer mi punto de vista, más o menos el mismo, pero de forma distinta, enfocándolo desde diferentes sitios, expresándolo a través de metáforas varias... Acaba convirtiéndose en un tópico, y se va cuarteando en mí. Pues lo que sí he notado es que antes me aprestaba a proponer soluciones, o al menos, mi disposición a ponerme bajo la batuta de alguien especialmente capacitado para poner orden, pero ahora ni eso. He de reconocer que dicha disposición era un tanto ingenua: ¿cómo sabré quién está capacitado? ¿cómo estaré seguro de que una persona es honesta, inteligente y sabia, para unirme a su proyecto desde la base, de forma anónima, sin ninguna otra pretensión por mi parte...?

En esta ocasión, doña Rosa ha usado la metáfora de una terapia a base de repetidas torturas eléctricas que aplicaban hace décadas, al cabo de los cuales la víctima, si sobrevivía, acababa apagada, temerosa, sin ganas y sin fuerzas para vivir.

lunes, 19 de julio de 2010

Real guerra de Vietnam.

Durante la elaboración de mi pasada entrada, el análisis personal de "Apocalypse Now", he recopilado abundante información aquí y allá, todas ellas más o menos impactantes, pero destinadas única y exclusivamente a contribuir en profundidad y fundamento todo cuanto afirmaba. Pero voy a hacer una excepción.

Así pues, creo que en la filmación de dicha película se dejaron "esto":




No lo voy a "destripar" (nunca mejor dicho) ni analizar. El que quiera verlo y sacar conclusiones, que lo vea. Lo he encontrado en Youtube, en la siguiente dirección:


pero como creo que va a ser censurado, lo he descargado y lo he incluído íntegro aquí, en formato *.ftv, en mi blog.

viernes, 16 de julio de 2010

Iconos cálidos Para Leer Despacio: APOCALYPSE NOW.

AVISO: Entrada larga y muy profunda, sincera y erudita.


Hacía ya tiempo que me rondaba la cabeza esto: Dedicar una entrada a esta grandiosa película de guerra que cuando la vi por primera vez, me impactó mucho. Hasta ahora, la sección "Iconos cálidos" de éste mi humilde blog se centraba en personas, pero hoy rompo la norma y la dedico a una obra.

Así siento un pequeño precedente, abriéndome a cosas aparentemente inanimadas.

jueves, 17 de junio de 2010

Iconos cálidos: Mónica Bellucci.

Si Dios creó a la mujer, Dios debería haber sido mujer, porque si no, no me explico de dónde ha salido "esta" mujer.



Heredera de Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Ava Gardner y otras pocas figuras femeninas que conforman desde los orígenes del celuloide y el papel couché una impalpable corriente donde la carnalidad, la fuerza, el misterio y la elegancia alcanzan sus cotas más altas sin pelearse entre sí, Mónica Bellucci ha dejado el listón muy alto. Sólo otra italiana podrá en el futuro nombrarse su heredera. Otra italiana con infancia firme y abierta en el campo, correteando entre huertos, olivos, frutales y visitando de vez en cuando la playa; que de jovencita vaya a vivir a la ciudad y sepa cómo se las gastan ahí, sin perder la cabeza, y simplemente, conforme crezca y se desarrolle tanto física, como mental como profesionalmente, se deje ver por algún "ojeador" que capte su talento y la aúpe a las posiciones que se merece.



martes, 15 de junio de 2010

Burkas de la sociedad occidental.

Hace poco ví un anuncio de lencería francesa, en donde se veía a una hermosa y atractiva mujer ataviarse con un atrevido y sugerente conjunto íntimo, después maquillarse ante un espejo, quedando un auténtico monumento digno de disfrutarse, capaz de partir corazones masculinos a su paso con un solo guiño... y cubriéndose todo ello con un burka, o lo que sea, esa prenda de ocultación extrema que cubre absolutamente todo el cuerpo de la mujer, dejando tan sólo una rejilla en los ojos.



El efecto estaba conseguido en la mente de los espectadores: ¿para qué tanta belleza, si luego está oculta bajo una prenda así, tan "burda" y axfisiante? Lo más lógico es que saliera a la calle, se exhibiera y arramblara a su paso con todos los varones, dejando al aire su fuerte aura de seducción y atractivo...

Esa era la moraleja más evidente, la primera que se forma en la cabeza del consumidor. Después ésta se dedica a otras cosas, cada uno a lo suyo... o a recibir más lenguajes simbólicos y visualmente impactantes que sigan pastoreándolos (tal es el objetivo de la publicidad).


Pero... no puedo evitar pensar... ¿no es también la fase previa de la seducción femenina una especie de burka intangible? Maquillajes, champús, cremas corporales, carmines, lacas de uñas, lencería íntima...

Las mujeres occidentales no son precisamente libres para escoger su aspecto físico. Existen cánones que las tiranizan desde dentro para que cumplan con ellos, sí o sí. En caso contrario, serán segregadas, discriminadas, apartadas de los privilegios que gozan las afortunadas que sí cumplan... Existe también una potente industria en torno a las mujeres que se ocupan de que el "burka occidental" no pierda su vigor: cirugía plástica, en todos sus grados: silicona, bótox, extracción de grasas, estiramiento de piel, depilaciones, etc.

¿No es una especie de burka todo el perifollo que rodea a la mujer que quiere considerarse atractiva, o que debe serlo por su trabajo y su forma de vida?


A las niñas musulmanas de las etnias más radicales les espera el burka. Pero las niñas occidentales no gozan de mejor suerte, también se verán abocadas a los efectos devastadores de las modas implacables que aguardan como la boca de un oscuro túnel en su pubertad. Que se ilumine o no, será cuestión de suerte (genética, educación, afecto, forma de ser, apariencia, alimentación, oportunidades de exhibiciones... raras combinaciones de todos estos factores con muy poco margen de tolerancia).

Así que, a riesgo de atraer sobre mí las iras feministas, pregunto: ¿quién está mejor situada? ¿la que sólo tiene que ponerse una prenda para salir a la calle y realizar sus funciones sociales, sin importar su aspecto físico, cumpliendo sólo con la higiene corporal básica, o la que dedica su tiempo a los rituales de belleza obligatorios antes de exhibirse a la vista de todo el mundo?

En el primer supuesto, además, caben todas las mujeres, sea cual sea su físico, estado y edad (incluso hombres que se consideran mujeres); en el segundo, en cambio, se "sufre" para cumplir mínimamente con esa ley no escrita.

Son raras las mujeres que salen tales cuales, sin arreglarse, aunque sea de forma contestataria y rebelde, según sus gustos, para transmitir algo. De una o de otra forma, el "burka occidental" influye y se hace notar... aunque sea para reaccionar subconscientemente contra él.

Digo yo que esa prenda tiene un lado positivo que sus practicantes han asumido, y que no están por desprenderse de él así como así, visto a lo que se encuentran y se enfrentan cuando vienen a Occidente, de la mano de sus dominantes y celosos maridos...

A mí, como hombre, desde luego, estoy en contra de esa prenda. No me fiaría de una persona que va cubierta de la cabeza a los pies, que a saber qué portará debajo, si una bomba, un arma de fuego, un machete... o un "paquete" en "toda regla". Además, qué coño, me gusta ver mujeres arregladas, bonitas y atractivas paseando por la calle.



Por otra parte, ¿quién sabe...? A lo mejor  prevengo desde ya esa influencia estética que avanza desde el sur y desde oriente medio, porque con la inmigración, vienen con sus gustos y preferencias, y algún día podríamos, los nativos, "cogerle el gusto" a esa tendencia que tan extraña parece ahora a nuestros ojos... Esto inquietaría a más de un bolsillo que se llena sin cesar con la potente industria de la belleza femenina.

sábado, 12 de junio de 2010

Turismo nocturno en la gran ciudad.


El joven tomó sin ganas la copa de la mesa y se la llevó a los labios. Apenas un sorbo y la dejó otra vez. Se preguntó qué demonios hacía ahí, en ese show-girls, por el que le cobraron un pastón por un refresco normal y corriente.

Prestó atención al espectáculo que se desarrollaba unos metros más allá. El local estaba de bote en bote. Humos blancos cruzados por focos de luz de muchos colores. El ambiente era muy cargado, un pelín sórdido. Se lo habían recomendado unos amigos, pese a que no era nada asiduo a ese tipo de garitos. Pero claro, estaba en esa enorme ciudad, y esta parada era casi obligatoria, parte de la ruta turística.

En el escenario, tres chicas llevaban a cabo un numerito lésbico sobre un enorme colchón. Encima de éste, a unos dos metros escasos, una robusta reja fija de barras horizontales cruzadas servía de asidero. De esa reja colgaban aquí y allá unas pocas cuerdas que terminaban en aros, a distintas alturas, de tal manera que aquello servía como base de actuación de números eróticos donde se mezclaban el contorsionismo, la fuerza, la resistencia y el equilibrio con los desnudos, parciales o totales, con todo juego de posturas horizontales y verticales, junto con una pizca de sadomasoquismo, el dominio de quienes se colgaban sobre quienes se tumbaban en el colchón, atados o no, dependiendo de la actuación.